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Viernes, 24 de Abril de 2026 Tiempo de lectura:

La emoción de la lírica llega a Torre del Lago con Plácido Domingo y Vittorio Grigolo

[Img #30339]La temporada pucciniana empezó a tomar forma en Torre del Lago con una velada de fuerte carga cultural. A comienzos de abril, Plácido Domingo regresó a la localidad italiana para dirigir un concierto extraordinario del ciclo Aspettando Turandot, una cita concebida como antesala del Festival Puccini y marcada por la presencia de Vittorio Grigolo como gran voz invitada. La combinación entre repertorio emblemático, contexto institucional y atención pública situó el encuentro entre las citas más relevantes del calendario lírico local en las semanas previas al verano.

 

El concierto se celebró en el Auditorium Caruso del Gran Teatro Giacomo Puccini con un programa centrado en algunas de las áreas e intermedios más conocidos del universo pucciniano. Junto a ese núcleo aparecieron además dos incursiones en Mascagni y Catalani, una elección que amplió el recorrido musical de la noche y permitió abrir la escucha hacia otros nombres esenciales de la tradición toscana. Sobre esa base, Plácido Domingo condujo una propuesta pensada con criterio teatral, buscando continuidad entre piezas muy reconocibles y evitando el efecto de simple repertorio reunido.

 

Vittorio Grigolo asumió el frente vocal con una selección de páginas de gran exposición escénica, vinculadas además a títulos que durante años ocuparon un lugar importante en la carrera de Plácido Domingo. Ese cruce aportó profundidad al concierto, no tanto por una evocación del pasado como por la forma en que ambos nombres quedaron unidos dentro de una misma línea interpretativa. Grigolo sostuvo una intervención seguida con atención por el público, que respondió con entusiasmo visible a lo largo de la velada.

 

Plácido Domingo lidera una noche de exactitud musical en el corazón del Festival Puccini

 

El diseño del programa reforzó esa impresión de unidad. Sonaron fragmentos de Manon Lescaut, La Bohème, Tosca, La fanciulla del West y Turandot, junto a momentos orquestales de Suor Angelica, La Wally y Cavalleria rusticana. La secuencia permitió alternar tensión, lirismo y contraste sin perder cohesión. Desde el podio, Plácido Domingo ordenó ese material con una lectura atenta al pulso interno de cada pasaje y a la relación entre orquesta y voz, un aspecto decisivo en una noche construida sobre fragmentos de gran peso dentro del repertorio italiano.

 

La presencia de Grigolo llegaba además en un momento de amplia visibilidad en Italia, impulsada por su participación reciente en televisión. Aun así, el concierto mantuvo el centro en la música y encontró su mayor valor en el equilibrio entre dirección, orquesta y canto. Ahí residió una de las claves de la velada, que evitó apoyarse en elementos externos y sostuvo su interés desde la consistencia del programa y desde el modo en que cada intervención fue encajando dentro de una arquitectura común.

 

La jornada tuvo además una lectura institucional clara. La participación de Plácido Domingo en abril reforzó su relación con Torre del Lago y anticipó su regreso previsto para el 30 de agosto, dentro de la próxima edición del Festival Puccini. Ese dato dio al concierto un peso añadido dentro de la programación general, ya que lo situó como primer movimiento de una temporada llamada a concentrar buena parte de la atención operística de la zona. Más que una cita aislada, la noche funcionó como apertura real de una narrativa festivalera que irá creciendo en los próximos meses.

 

Torre del Lago acelera rumbo al verano operístico

 

Durante su estancia, Plácido Domingo dedicó también parte de su agenda al trabajo con jóvenes cantantes de la Accademia Pucciniana, institución de la que es director artístico. Junto a la soprano Maria Pia Ionata participó en sesiones centradas en formación y acompañamiento, una dimensión menos visible que el concierto, aunque plenamente integrada en la vida del festival. Ese trabajo añadió otra capa a su paso por Torre del Lago y conectó la gran cita pública con la tarea de preparación que sostiene el relevo dentro del mundo lírico.

 

El resultado fue una noche de perfil claro, bien encajada dentro del calendario cultural de Torre del Lago y resuelta con una combinación eficaz de repertorio, dirección y proyección institucional. Plácido Domingo ocupó el centro de esa escena desde el podio, Vittorio Grigolo aportó el impulso vocal y el ciclo Aspettando Turandot encontró un arranque capaz de activar el interés alrededor del Festival Puccini sin caer en excesos. La velada dejó así una imagen de continuidad artística y de preparación sólida hacia uno de los momentos más observados del verano operístico italiano, en una etapa en la que la presencia pública de Plácido Domingo en Italia también ha ganado visibilidad, como mostró su participación reciente como invitado especial en Dalla strada al palco, emitido por RAI Uno el pasado viernes.

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