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Miércoles, 29 de Abril de 2026 Tiempo de lectura:
Giro ideológico hacia la derecha

El 68% de los jóvenes españoles declara tener poca o ninguna satisfacción con el funcionamiento de la democracia

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La juventud española está experimentando transformaciones profundas en sus valores, percepciones y condiciones de vida. Así lo pone de manifiesto el informe Jóvenes Españoles 2026 de la Fundación SM, que analiza las principales tendencias de los jóvenes entre 15 y 29 años en ámbitos como los valores, la educación, la política, la discriminación o el ocio, entre otros.

 

Uno de los cambios más destacados es el aumento del peso de la religión y la espiritualidad. Actualmente, el 38,4% de los jóvenes considera la religión “bastante o muy importante” en su vida, el dato más alto de toda la serie histórica. Además, el porcentaje de jóvenes que se identifica como católico —incluidos los no practicantes— ha crecido de forma notable, pasando del 31,6 % en 2020 al 45 % en 2025. Este incremento se produce en paralelo a una reducción de las posiciones explícitamente no religiosas.

 

Sin embargo, esta identificación religiosa convive con una notable hibridación de creencias. Una proporción significativa de jóvenes que se identifican como católicos practicantes afirma creer también en el karma (60,7%), la reencarnación (48,5%), las artes mágicas (44,1%), la predicción del futuro (37,1%) o las energías curativas (40,3 %).

 

Nota: Los suscriptores de La Tribuna del País Vasco pueden solicitar una copia del estudio por los canales habituales: [email protected] o en el teléfono 650114502

 

El informe también refleja una percepción generalizada de obstáculos para avanzar en aspectos clave de la vida. En una escala de 0 a 10, los jóvenes sitúan la dificultad para acceder a una vivienda adecuada en 6,7; la de lograr la independencia económica o trabajar en algo que les guste en 6,2, y la de formar una familia en 6,1. Esta percepción es sensiblemente peor entre los hombres jóvenes, que han incrementado su sensación de dificultad en los últimos años.

 

En el ámbito educativo, los datos muestran una fuerte influencia del origen social. El 35% de los jóvenes con progenitores universitarios alcanza estudios superiores frente al 18,4 % de quienes proceden de familias con menor nivel educativo.

 

Aunque las mujeres jóvenes superan a los hombres en la mayoría de los indicadores educativos, persisten desigualdades vinculadas al entorno familiar. Factores como la calidad de las relaciones entre progenitores o la estabilidad familiar tienen un impacto significativo en los logros educativos. En este sentido, aunque las personas jóvenes que crecieron en familias biparentales alcanzan, en promedio, mayores niveles educativos —el 29,26 % tiene estudios superiores frente al 22,7 % en familias monomarentales, y en torno al 17 % en familias reconstituidas—, estas diferencias son significativamente menores que las asociadas al origen social.

 

Entre jóvenes de familias monomarentales, cerca de la mitad alcanza estudios universitarios cuando hay buena relación entre los progenitores frente al 35,2 % cuando la relación es conflictiva (17 puntos menos). También influye la estabilidad familiar: el porcentaje de jóvenes con estudios universitarios baja del 55,5 % entre quienes no vivieron cambios en la estructura familiar (divorcios, fallecimientos, nuevos matrimonios), durante la infancia, al 40,2 % entre quienes vivieron tres o más.

 

Los jóvenes entre los 15 y 29 años no muestran desinterés por la política, pero sí manifiestan una creciente desconfianza hacia el funcionamiento del sistema democrático. El 68% declara poca o ninguna satisfacción con la democracia, y el apoyo al sistema ha descendido desde más del 80% en 2019 (según datos del CIS) hasta alrededor del 60 % en la actualidad.

 

En paralelo, gana terreno la simpatía por soluciones autoritarias. Casi la mitad de los jóvenes considera que en ocasiones es necesaria “más mano dura” o que un régimen autoritario puede garantizar mejor la paz social. Una idea que está más presente entre los jóvenes que se sitúan en el espectro ideológico más situado a la derecha.  El descontento generalizado hacia la clase política también refuerza el apoyo hacia soluciones tecnocráticas (expertos elegidos por méritos).

 

A pesar de lo anterior, la juventud no presenta altos niveles de polarización: solo el 23% afirma que perdería amistades por motivos políticos.

 

En términos ideológicos, se observa un desplazamiento: en los últimos cinco años, quienes se identifican con la izquierda o el centro izquierda han disminuido en torno a 12 puntos, mientras que los que se sitúan en el centro derecha o la derecha han aumentado cerca de 14 puntos.

 

En el entorno digital, los jóvenes muestran una alta conciencia sobre la existencia de desinformación. Puntúan con un 7,3 su disposición a verificar noticias, aunque su confianza en la capacidad para identificar contenidos fiables es algo menor (6,7). Los hombres siguen en mayor medida a influencers políticos, y son también quienes declaran cambiar más de opinión tras consumir estos contenidos.

 

El 66% cree que algunas mujeres buscan privilegios en nombre de la igualdad, el 60% considera que utilizan su atractivo para manipular a los hombres y el 54% opina que exageran el sexismo en comentarios inocentes.

 

Las percepciones sobre inmigración han evolucionado hacia posiciones más exigentes. El 72% considera que las personas inmigrantes deben adaptarse a las costumbres del país frente al 47  en 2020. Además, el 59 % cree que los inmigrantes reciben demasiadas facilidades.

 

Sin embargo, en el ámbito laboral se observa una evolución en otra línea: desciende significativamente la idea de que los inmigrantes “quitan el trabajo” (del 78 % en 2005 al 43 % en 2025), y se mantiene estable el reconocimiento de su aportación económica.

 

Nuevas formas de ocio y consolidación de la lectura

 

En el ámbito del ocio, se consolida un modelo más centrado en el hogar y en el uso de tecnologías, que convive con actividades sociales como compartir tiempo con amistades. Pierden peso las prácticas asociadas al consumo de alcohol y la vida nocturna.

 

Pese a la preocupación por el impacto del ocio digital, los datos reflejan una evolución positiva del hábito lector: uno de cada tres jóvenes lee a diario o casi a diario, y uno de cada cuatro lo hace varias veces por semana, consolidando la lectura como una práctica habitual en su tiempo libre.

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