Machismo, fascismo: lindezas descontadas por el mercado
Hubo un tiempo en que me tocó legislar. Lo hice desde el Parlamento de los vascos. Fueron cinco legislaturas, controlando, instando, promoviendo y desarrollando las competencias estatutarias con todo el respeto a la Constitución Española de 1978. Y así creamos el Ente Público de la radio televisión pública vasca. Nos pusimos estupendos y comprometidos con el purismo. El gran medio audiovisual era para la sociedad. No podíamos consentir que fuera otra versión de aquel NODO o que los informativos copiaran al denominado "parte" que terminaba con aquel recuerdo a los caídos por Dios y por España. Y tras la televisión española con sus dos cadenas vinieron las cadenas privadas. Pero en todas ellas los estatutos se comprometían a informar, entretener y educar. Se establecían controles de calidad y participación político social que vigilara cuentas y contenidos.
Pues bien. Cualquier parecido con lo actual es mera coincidencia. La invasión de basura en nuestros hogares constituye una auténtica enfermedad social que compite con cualquier intento honesto educativo por parte de las instancias escolares o universitarias. Pero es que los informativos son ocupados por esos gaznápiros presuntuosos que pontifican y ponen de moda descalificaciones a las que podríamos señalar con aquella famosa frase: "padre... perdónales por qué no saben lo que dicen".
La evolución del concepto de machismo, surgido en España a principios del siglo XX en referencia a modelos de masculinidad típicos de la cultura hispana, como el donjuán- sobre este estereotipo recomiendo leer la obra de Don Gregorio Marañón- , el señorito, el torero y el chulapo de zarzuela. El término fue utilizado por escritores y periodistas que lo empleaban en un contexto el auge del feminismo sufragista.
La manipulación del concepto de machismo es un fenómeno que ocurre desde el discurso público hasta la esfera personal. Se puede definir al machismo como una ideología que defiende y justifica la superioridad y el dominio del hombre sobre la mujer mientras estigmatiza las cualidades femeninas, como debilidad, dependencia y sumisión.
Algunas de las críticas sobre el uso excesivo o incorrecto de este concepto incluyen: Criminalización genérica: Críticos señalan que bajo el marco de la lucha contra la violencia de género, a veces se asume que cualquier denuncia hecha por una mujer es automáticamente cierta, lo que puede llevar a una presunción de culpabilidad para los hombres. Percepción de desigualdad inversa: Una parte de la población percibe que las políticas de igualdad han ido tan lejos que pueden resultar discriminatorias hacia los hombres. Manipulación: Se argumenta que la etiqueta de machismo se aplica a veces a comportamientos menores para ejercer presión social, Aprovechamiento de la ley: Se ha señalado que, en contextos de separación o conflicto familiar, puede ser instrumentalizado para obtener ventajas legales o económicas, desvirtuando el propósito de la protección real a las víctimas
Cómo Actuar ante una Falsa Acusación: Asesoramiento Legal Inmediato: Es fundamental buscar un abogado penalista para gestionar el caso. Se recomienda no intentar resolver la situación directamente con la persona que acusa. Recopilar Pruebas: Guardar conversaciones, testigos o cualquier elemento que demuestre la inocencia. Aunque el impacto de las denuncias falsas es un tema complejo y a menudo objeto de debate, la ley española prevé herramientas para castigar la simulación de delitos. En España, esto constituye un delito de denuncia falsa o calumnia (artículos 456 y 457 del Código Penal) cuando se imputa falsamente un delito a sabiendas de su falsedad.
Resulta innegable que el término fascista, a estas alturas de la historia, sobrepasa su uso concreto referido a ciertos movimientos políticos totalitarios de los años 20 y 30 del siglo XX. De hecho, en su aplicación más general, no tardamos en definir a no pocos individuos, debido a su predisposición psicológica autoritaria, con el epíteto en cuestión. El uso continuado y, a menudo, indiscriminado del término "fascista" por parte de diversos partidos políticos es objeto de críticas por analistas, historiadores y politólogos, quienes señalan una banalización del concepto y una pérdida de rigor en el debate público actual. Esta etiqueta se emplea frecuentemente como un epíteto para desacreditar a oponentes políticos, en lugar de describir con precisión fenómenos totalitarios del siglo XX.
Se sustituye la argumentación política por la descalificación personal, simplificando conflictos complejos. Impide un diagnóstico preciso de los nuevos populismos, que no siempre replican las estructuras del fascismo clásico.
Lo señalado sobre machismo y fascismo trata de contribuir a una crítica sobre el abuso ignorante de ambos términos que forman parte del medio grosero que utiliza la vieja, casposa y rancia izquierda, la que presume de progre y sólo pretende la implantación del pensamiento único y crear un ambiente de complejo culpable en quienes no comparten su ideario.
Hubo un tiempo en que me tocó legislar. Lo hice desde el Parlamento de los vascos. Fueron cinco legislaturas, controlando, instando, promoviendo y desarrollando las competencias estatutarias con todo el respeto a la Constitución Española de 1978. Y así creamos el Ente Público de la radio televisión pública vasca. Nos pusimos estupendos y comprometidos con el purismo. El gran medio audiovisual era para la sociedad. No podíamos consentir que fuera otra versión de aquel NODO o que los informativos copiaran al denominado "parte" que terminaba con aquel recuerdo a los caídos por Dios y por España. Y tras la televisión española con sus dos cadenas vinieron las cadenas privadas. Pero en todas ellas los estatutos se comprometían a informar, entretener y educar. Se establecían controles de calidad y participación político social que vigilara cuentas y contenidos.
Pues bien. Cualquier parecido con lo actual es mera coincidencia. La invasión de basura en nuestros hogares constituye una auténtica enfermedad social que compite con cualquier intento honesto educativo por parte de las instancias escolares o universitarias. Pero es que los informativos son ocupados por esos gaznápiros presuntuosos que pontifican y ponen de moda descalificaciones a las que podríamos señalar con aquella famosa frase: "padre... perdónales por qué no saben lo que dicen".
La evolución del concepto de machismo, surgido en España a principios del siglo XX en referencia a modelos de masculinidad típicos de la cultura hispana, como el donjuán- sobre este estereotipo recomiendo leer la obra de Don Gregorio Marañón- , el señorito, el torero y el chulapo de zarzuela. El término fue utilizado por escritores y periodistas que lo empleaban en un contexto el auge del feminismo sufragista.
La manipulación del concepto de machismo es un fenómeno que ocurre desde el discurso público hasta la esfera personal. Se puede definir al machismo como una ideología que defiende y justifica la superioridad y el dominio del hombre sobre la mujer mientras estigmatiza las cualidades femeninas, como debilidad, dependencia y sumisión.
Algunas de las críticas sobre el uso excesivo o incorrecto de este concepto incluyen: Criminalización genérica: Críticos señalan que bajo el marco de la lucha contra la violencia de género, a veces se asume que cualquier denuncia hecha por una mujer es automáticamente cierta, lo que puede llevar a una presunción de culpabilidad para los hombres. Percepción de desigualdad inversa: Una parte de la población percibe que las políticas de igualdad han ido tan lejos que pueden resultar discriminatorias hacia los hombres. Manipulación: Se argumenta que la etiqueta de machismo se aplica a veces a comportamientos menores para ejercer presión social, Aprovechamiento de la ley: Se ha señalado que, en contextos de separación o conflicto familiar, puede ser instrumentalizado para obtener ventajas legales o económicas, desvirtuando el propósito de la protección real a las víctimas
Cómo Actuar ante una Falsa Acusación: Asesoramiento Legal Inmediato: Es fundamental buscar un abogado penalista para gestionar el caso. Se recomienda no intentar resolver la situación directamente con la persona que acusa. Recopilar Pruebas: Guardar conversaciones, testigos o cualquier elemento que demuestre la inocencia. Aunque el impacto de las denuncias falsas es un tema complejo y a menudo objeto de debate, la ley española prevé herramientas para castigar la simulación de delitos. En España, esto constituye un delito de denuncia falsa o calumnia (artículos 456 y 457 del Código Penal) cuando se imputa falsamente un delito a sabiendas de su falsedad.
Resulta innegable que el término fascista, a estas alturas de la historia, sobrepasa su uso concreto referido a ciertos movimientos políticos totalitarios de los años 20 y 30 del siglo XX. De hecho, en su aplicación más general, no tardamos en definir a no pocos individuos, debido a su predisposición psicológica autoritaria, con el epíteto en cuestión. El uso continuado y, a menudo, indiscriminado del término "fascista" por parte de diversos partidos políticos es objeto de críticas por analistas, historiadores y politólogos, quienes señalan una banalización del concepto y una pérdida de rigor en el debate público actual. Esta etiqueta se emplea frecuentemente como un epíteto para desacreditar a oponentes políticos, en lugar de describir con precisión fenómenos totalitarios del siglo XX.
Se sustituye la argumentación política por la descalificación personal, simplificando conflictos complejos. Impide un diagnóstico preciso de los nuevos populismos, que no siempre replican las estructuras del fascismo clásico.
Lo señalado sobre machismo y fascismo trata de contribuir a una crítica sobre el abuso ignorante de ambos términos que forman parte del medio grosero que utiliza la vieja, casposa y rancia izquierda, la que presume de progre y sólo pretende la implantación del pensamiento único y crear un ambiente de complejo culpable en quienes no comparten su ideario.














