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Pedro Chacón
Viernes, 01 de Mayo de 2026 Tiempo de lectura:

EH Bildu hace que terrorismo y eusquera sean indisociables

Los que ahora vivimos y vemos a la gente que actúa en política como de nuestra misma edad o incluso ya más jóvenes, resulta que nunca hemos vivido en primera persona lo que pasó en la Guerra Civil y en el primer franquismo. Sabemos lo que ocurrió allí por lo que hemos leído o por lo que nos han dicho nuestros mayores, pero no por lo que hemos vivido. Y sabemos que básicamente pudieron pasar dos cosas: que la Segunda República fuera un régimen invivible, lleno de sectarismo y de polarización y que acabó como acabó; o que la Segunda República fuera un régimen poco menos que idílico, pacífico y promisorio y que se vio de repente acosado y destruido por una derecha inmisericorde que solo buscó el poder y el sometimiento de los demás. Esta segunda opción es la favorita de quienes hablan ahora de auge de la extrema derecha y que suponen que lo que está pasando ahora (en el resto de España porque aquí no) está conectado con lo que pasó hace ya casi un siglo, aunque que nadie de los que estamos ahora aquí lo viviéramos.

 

Es curioso. Aquí la extrema izquierda aberchale habla de auge del fascismo y de la extrema derecha, cuando apenas hay presencia política de esas opciones, a diferencia de lo que ocurre en el resto de Europa y en menor medida en el resto de España. Pero utilizan ese fantasma para mantener bien amarrado su predominio indiscutible sobre la población vasca actual, hecho a base del miedo que todos hemos pasado aquí durante la mayor parte de nuestras vidas.

 

Al mismo tiempo, quienes hablan de auge de la extrema derecha y lo conectan con esa opción interpretativa de la Segunda República que nos muestra una situación que nunca fue, son los mismos que nos dicen que el terrorismo de ETA es algo que ya no existe y que somos los demás, sin duda gente de derecha y de extrema derecha, los que nos empeñamos en que exista, cuando ya no existe. Bueno, no existe pero ha existido y sobre todo ha existido en nuestras vidas. Lo hemos vivido. Aquello de la Guerra Civil y el franquismo no lo vivimos, pero esto otro del terrorismo todos lo hemos vivido y sabemos lo que ha sido.

 

Por eso sabemos que los dirigentes más viejos de EH Bildu son los mismos que entonces, con el terrorismo, ocupaban lugares prominentes en todo ese entramado y ahora nos quieren hacer creer que han cambiado. Sabemos que no han cambiado. Que los Otegi y Aizpurua son los mismos de entonces, los mismos amedrentadores, los mismos supremacistas, los mismos hiperventilados que nos amargaban la vida hasta hace muy poco tiempo. Ahora han puesto a gente que entonces no salía, como el actual candidato a lendacari, Pello Otxandiano Kanpo (con ka y ene antes de pé), o Nerea Kortajarena Ibañez (sin tilde en la a), que entonces no sonaban porque estaban a otras cosas y ahora están ahí, ocupando la primera fila, como si no hubieran roto un plato, haciéndonos creer que ya no son los de antes los que mandan y que ese mundo ya es otra cosa. Pero todos sabemos que esos que antes no estaban y ahora están, aunque antes no estuvieran en primera fila, apoyaban y apoyan lo que hizo la banda terrorista y no lo critican ni se desmarcan de aquello.

 

Estos partidarios de amedrentar o incluso de eliminar a la gente discrepante entonces son los que ahora nos quieren gobernar y para ello quieren que nos olvidemos de lo que todos hemos vivido.

 

Y estos mismos personajes de la política infame que tenemos aquí son los que ahora nos vienen con lo del “salto cualitativo” en el eusquera, una especie de terrorismo lingüístico con el que nos quieren imponer la guinda de lo que llevan persiguiendo durante los últimos cincuenta años de predominio nacionalista: la imposición total y absoluta de sus absurdos y delirantes postulados.

 

Pero, mientras vivamos, toda la generación que hemos padecido el terrorismo de ETA desde que nacimos y durante una gran parte de nuestra vida, no podremos nunca disociar, por un lado, ese infierno en vida que nos ha marcado tanto y, por otro, la exigencia de eusquera que asociamos sin remedio con ese mundo. Porque ambas cuestiones parten de un mismo movimiento político. Es el partido y la ideología que apoyó, jaleó y justificó el terrorismo durante todo este tiempo y que lo sigue hoy en día defendiendo, después de que el terrorismo decidiera tomarse un descanso, la misma que impulsa, organiza y subvenciona la política de imposición del eusquera en todos los órdenes de nuestra vida, laboral, política y de ocio y tiempo libre y la misma que ahora nos propone un “salto cualitativo” en el conocimiento y uso del eusquera.

 

Leemos los objetivos que pretende cumplir EH Bildu en relación con eso que llaman un “salto cualitativo” en la imposición del eusquera a toda la población y que nosotros preferimos denominar “terrorismo lingüístico” y estos son los principales aspectos en los que pretenden reforzar dicha presencia del eusquera:

 

  • Obligar a que el eusquera sea lengua de relación y de trabajo en las empresas, tanto entre sus trabajadores como en las relaciones con sus proveedores y con los consumidores de sus productos, lo mismo que en las administraciones públicas, entendemos que incluidas las sanitarias.

 

  • Reforzar el actual modelo D para conseguir “euscaldunes integrales”, se entiende que una especie de robots que hablen en eusquera todo el tiempo y con todo el mundo, incluidos sus padres, hijos y hermanos, sin importarles el contexto en el que estén y el conocimiento que los de alrededor tengan del eusquera. Se trata de cortar por lo sano y acabar con ese principio no escrito de que si hay alguien que no sepa eusquera todos se pasen al castellano. Con los “euscaldunes integrales” esto se acabó, el que no sepa eusquera es su problema.

 

  • Aprendizaje gratuito hasta el C1, con lo cual el desembolso de la administración tendrá que ser descomunal para sostener a los profesores que impartan la enseñanza y para proveerles de locales adecuados a los que habrá que sostener en sus gastos corrientes, así como de medios pedagógicos, materiales docentes y demás.

 

  • Una renta mínima para creadores en eusquera, debido a la previsible escasa repercusión de sus obras, por tratarse de un idioma minorizado, pero minorizado básicamente por sus propias limitaciones intrínsecas, seamos claros, que lo hace una lengua menos práctica y eficaz que el castellano o español, debido a que el verbo vasco debe incluir, de antemano, la marca de si la frase lleva complemento directo, complemento indirecto y el número de los mismos, sin contar con la construcción al revés, respecto del castellano, de sus frases de relativo y de los complementos del sustantivo. Una estructura así no está al alcance de cualquiera que quiera realizar una exposición espontánea de argumentos basados en frases complejas. Por eso no avanza su uso, cuando tiene todos los apoyos oficiales para ello. No veamos otras dificultades donde no las hay. De modo que la renta mínima para estos creadores en eusquera incluiría ayudas para la traducción y apoyo constante tanto económico como a través de la televisión pública vasca, sometida por completo a las necesidades comunicativas del eusquera.

 

  • Adaptar la inteligencia artificial a las necesidades de la lengua, poniéndola a su servicio. Ese es el objetivo, claro, pero lo que no se quiere advertir es que aquí se corre un riesgo evidente porque la inteligencia artificial, por ser un potente recurso para facilitar su producción, al intervenir en el desarrollo y el sostenimiento de un idioma complejo y minorizado como el eusquera, puede convertir a este idioma en dependiente total de dicha inteligencia artificial, lo cual supondría someterlo a un instrumento carente por completo de originalidad y de frescura, ya que la inteligencia artificial no es más que el refrito de un conocimiento previo acumulado y reproducido, sin adaptación a la realidad ni incorporación de originalidades, recursos ambos que son los que mantienen vivo y pujante a cualquier idioma. La inteligencia artificial podría, paradójicamente, acelerar el completo desuso del eusquera como lengua viva y de uso comunicativo habitual.

 

Pero todos estos aspectos y objetivos están de antemano pervertidos y viciados de raíz porque el partido que los propone es el que estaba hasta hace pocos años sosteniendo, justificando y hasta impulsando el terrorismo sobre toda la población con los resultados que hoy conocemos. Y que no ha hecho tampoco ejercicio de resarcimiento del daño causado ni se ha concienciado de que aquello fue horrible. Todo lo contrario. De ese modo, Guipúzcoa es una provincia en la que sus municipios pequeños están todos sometidos a la dictadura de la izquierda abertzale, a través de elecciones municipales condicionadas por todo lo que aquí hemos vivido y donde se confunde la defensa del eusquera con el amordazamiento ideológico de la población.

 

Que el partido y la ideología que hasta hace poco sostenía al terrorismo sea quien proponga hoy el salto cualitativo en el uso del eusquera, convierte a ambos elementos en algo indisociable, en algo mutuamente alimentado, en las dos caras de la misma moneda. Es más, ese partido sigue hoy presionando a la administración para que los presos de la banda terrorista salgan a la calle, bien por su paso al tercer grado, bien por fórmulas como la del 100.2, que les permite salir durante el día, gracias al entramado que tienen organizado con asociaciones y ONGs para que los presos puedan justificar su salida, cosa que el resto de presos comunes tienen prácticamente vedado, al no contar con esa infraestructura a su servicio. Los presos de ETA no tienen que arrepentirse de lo que hicieron ni encauzar su vida en tareas en favor de su comunidad. Nada de eso. Pueden seguir pensando que lo que hicieron estuvo muy bien porque hay una organización política que sostiene eso. La misma organización que nos propone un salto cualitativo con el eusquera.

 

Por eso digo que terrorismo y eusquera forman un binomio indisociable teniendo en cuenta que el partido político que nos propone ese impulso al idioma vernáculo es el mismo que ha estado detrás de las actividades de una banda terrorista que ha mantenido aterrorizada a la población durante cincuenta años y sigue estando hoy también detrás, apoyándoles para que salgan antes del cumplimiento efectivo de sus penas.

 

No puede ser que ambas cosas se consideren separadamente. Ambas forman un todo indisociable en manos de ese partido y hay que huir de ambas, así planteadas, como de la peste.

 

También cuando había terrorismo, este partido que entonces lo jaleaba y lo justificaba y lo comprendía y lo ayudaba en todo lo que podía, proponía políticas de impulso del eusquera y había construido todo un entramado de euscalteguis para enseñar eusquera e ideología y ya había puesto en marcha iniciativas como la Corrica y todo lo demás. De entonces viene toda esa tergiversación. Y desde entonces ambos elementos, eusquera y terrorismo, estaban ya íntimamente asociados entre sí. Ahora siguen con lo mismo pero dándole una vuelta más a la tuerca de la imposición y del agobio de la población. Este partido siempre ha hecho lo mismo: agobiar a la gente con sus propuestas, no dejarla en paz, ponerle deberes continuamente. Terrorismo y eusquera es su receta. Antes terrorismo y eusquera. Ahora eusquera solo, más que nada porque el terrorismo ya hizo sus efectos, acogotando a la población en los pueblos pequeños de una manera directa y en los pueblos más grandes, en las ciudades, de una manera indirecta pero igualmente efectiva.

 

Y, mientras, ahí están, a la chita callando, organizando todas las salidas de los presos, que para eso han conseguido su concentración en cárceles del País Vasco y para eso han contribuido a traer para aquí la competencia de prisiones y para eso apoyan a Pedro Sánchez en todo lo que se le ocurra: para poder seguir sacando a sus presos. Escribiéndoles sus cartas de arrepentimiento, proporcionándoles sus abogados, organizándoles sus salidas para poderlas justificar luego y todo lo que necesiten, teniendo en cuenta que esos presos nunca han hecho dejación ni de su ideología ni de los motivos por los que mataron.

 

Y mientras tanto imponiéndonos su política del eusquera, ahora con ese salto cualitativo basado en los puntos que hemos visto anteriormente. Que no nos hagan perder la perspectiva de lo que hacen. Y cuando nos vengan con eso de que son capaces de esperar a que llegue su oportunidad, como si esa oportunidad tuviera que caerles como fruta madura, que nos coja preparados, sabiendo quiénes son y lo que pretenden. Terrorismo lingüístico es ahora lo suyo. Podríamos haber titulado así este artículo, pero prefiero titularlo como va para tener claro de lo que estamos hablando.

 

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