Un barco de expedición antártica, tres cadáveres, un patógeno sin cura y una pregunta que nadie ha sabido responder todavía: ¿cómo llegó el hantavirus al MV Hondius?
Tres fallecidos en alta mar: el virus del ratón acecha a bordo de un crucero de lujo con destino a Canarias
![[Img #30410]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/05_2026/6788_screenshot-2026-05-04-at-12-00-14-mv-hondius-buscar-con-google.png)
El primer indicio de que algo iba mal llegó con la respiración de un hombre de 70 años. Llevaba días a bordo del MV Hondius, un crucero polar de bandera neerlandesa que navegaba por el Atlántico Sur, alejado de cualquier hospital, de cualquier ciudad, de cualquier posibilidad rápida de rescate. Sus pulmones empezaron a fallar. Los médicos de a bordo no podían hacer gran cosa. El hombre murió, y su cuerpo fue desembarcado en Santa Elena, la misma isla remota donde Napoleón pasó su exilio final.
No sería el único. En los días siguientes, otros dos pasajeros fallecieron. El tercero murió en el barco: el cadáver permaneció a bordo mientras la embarcación seguía su ruta hacia el norte, como si el viaje pudiera continuar con normalidad. No podía. La Organización Mundial de la Salud confirmó el domingo lo que las autoridades sanitarias sudafricanas ya sospechaban: hantavirus. El virus del ratón, la enfermedad de los campos y los graneros, había aparecido en uno de los cruceros de expedición más lujosos del Atlántico Sur.
Un barco de película de terror
El MV Hondius no es un crucero ordinario. Operado por la compañía neerlandesa Oceanwide Expeditions, este buque polar está diseñado para llevar a aventureros adinerados a los rincones más inhóspitos del planeta: la Antártida, las islas Georgias del Sur, Santa Elena. Sus 80 suites y camarotes de cuatro estrellas contrastan con los paisajes de hielo y soledad que se asoman por las ventanas. Capacidad para 170 pasajeros y 70 tripulantes. Un micromundo sellado, autónomo, alejado de tierra firme durante semanas.
![[Img #30411]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/05_2026/6833_captura-de-pantalla-2026-05-04-115329.jpg)
Esa misma majestuosidad aislada, que es el atractivo del viaje, se convirtió en trampa. Cuando los primeros síntomas aparecieron, el barco estaba lejos de cualquier UCI. Las evacuaciones médicas en esas latitudes no son operaciones de minutos, sino de horas o días.
El ciudadano británico de 69 años que logró sobrevivir fue trasladado a Sudáfrica en estado crítico y permanece, a esta hora, en cuidados intensivos. Otros dos pasajeros con síntomas compatibles son estudiados para ser hospitalizados en Cabo Verde, donde el barco está ahora retenido en el puerto de Praia.
El misterio que nadie ha resuelto
El hantavirus es un patógeno de comportamiento conocido, pero de origen perturbador. Se transmite por el contacto con roedores infectados: su orina, sus heces, su saliva, el polvo que levantan sus madrigueras. La pregunta que los epidemiólogos llevan horas intentando responder es, en apariencia, sencilla: ¿cómo llegó ese virus al interior de un crucero de expedición polar?
La respuesta todavía no existe. Lo que sí existe es una pista geográfica crucial: el MV Hondius realizó escala en las islas Georgias del Sur y en Santa Elena antes de poner rumbo a Cabo Verde. Ambos archipiélagos albergan ecosistemas de fauna salvaje donde los roedores campan a sus anchas. En algún punto de esa ruta —en tierra, al cargar provisiones, quizás al respirar el polvo de un muelle— alguien, o algo, introdujo el virus a bordo.
El vacío de control en Ushuaia
El barco zarpó de Ushuaia el 1 de abril. Y aquí aparece una grieta institucional que hace aún más incómodas las preguntas. Roberto Murcia, presidente de la Dirección Provincial de Puertos de Tierra del Fuego, lo reconoció sin rodeos: desde la intervención federal del puerto en enero de 2026, la provincia perdió el control de sus propios muelles. "Hoy no tenemos control ni acceso al puerto de Ushuaia, no siquiera podemos ingresar al muelle", declaró. Nadie vigilaba los recambios de pasajeros. Nadie inspeccionaba la carga. El barco entró y salió sin que la autoridad sanitaria provincial pudiera fiscalizar nada.
![[Img #30412]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/05_2026/4989_captura-de-pantalla-2026-05-04-115041.jpg)
El Ministerio de Salud de Tierra del Fuego, por su parte, asegura que la provincia no ha registrado ningún caso de hantavirus desde que existen registros epidemiológicos. La zona endémica del virus en Argentina es la franja cordillerana de Neuquén, Río Negro y Chubut. No Ushuaia. Lo que añade otra vuelta de tuerca al enigma: si el virus no estaba en el puerto de origen, ¿en cuál de las escalas posteriores se coló?
El destino suspendido
El MV Hondius tenía previsto llegar a las Islas Canarias. Ese desembarco está ahora en suspenso indefinido. Las autoridades sanitarias canarias estudian los protocolos; la OMS coordina con los gobiernos afectados. A bordo, 160 pasajeros que no han enfermado esperan. Nadie les ha dicho cuándo podrán bajar. La embarcación permanece fondeada en Praia mientras los laboratorios procesan muestras y los epidemiólogos intentan reconstruir la cadena de contagio.
No hay cura para el hantavirus. No hay vacuna. Lo único que puede marcar la diferencia entre morir y sobrevivir es la velocidad con la que un paciente llega a cuidados intensivos. En alta mar, esa velocidad nunca es suficiente. De los seis afectados, tres ya no pudieron contarlo.
La historia del MV Hondius es, en el fondo, la historia de una paradoja: cuanto más lejos nos lleva el lujo, más vulnerables somos a lo que habita en esos lugares remotos. La naturaleza no entiende de suites de cuatro estrellas. Y el virus del ratón, al parecer, tampoco.
![[Img #30410]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/05_2026/6788_screenshot-2026-05-04-at-12-00-14-mv-hondius-buscar-con-google.png)
El primer indicio de que algo iba mal llegó con la respiración de un hombre de 70 años. Llevaba días a bordo del MV Hondius, un crucero polar de bandera neerlandesa que navegaba por el Atlántico Sur, alejado de cualquier hospital, de cualquier ciudad, de cualquier posibilidad rápida de rescate. Sus pulmones empezaron a fallar. Los médicos de a bordo no podían hacer gran cosa. El hombre murió, y su cuerpo fue desembarcado en Santa Elena, la misma isla remota donde Napoleón pasó su exilio final.
No sería el único. En los días siguientes, otros dos pasajeros fallecieron. El tercero murió en el barco: el cadáver permaneció a bordo mientras la embarcación seguía su ruta hacia el norte, como si el viaje pudiera continuar con normalidad. No podía. La Organización Mundial de la Salud confirmó el domingo lo que las autoridades sanitarias sudafricanas ya sospechaban: hantavirus. El virus del ratón, la enfermedad de los campos y los graneros, había aparecido en uno de los cruceros de expedición más lujosos del Atlántico Sur.
Un barco de película de terror
El MV Hondius no es un crucero ordinario. Operado por la compañía neerlandesa Oceanwide Expeditions, este buque polar está diseñado para llevar a aventureros adinerados a los rincones más inhóspitos del planeta: la Antártida, las islas Georgias del Sur, Santa Elena. Sus 80 suites y camarotes de cuatro estrellas contrastan con los paisajes de hielo y soledad que se asoman por las ventanas. Capacidad para 170 pasajeros y 70 tripulantes. Un micromundo sellado, autónomo, alejado de tierra firme durante semanas.
![[Img #30411]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/05_2026/6833_captura-de-pantalla-2026-05-04-115329.jpg)
Esa misma majestuosidad aislada, que es el atractivo del viaje, se convirtió en trampa. Cuando los primeros síntomas aparecieron, el barco estaba lejos de cualquier UCI. Las evacuaciones médicas en esas latitudes no son operaciones de minutos, sino de horas o días.
El ciudadano británico de 69 años que logró sobrevivir fue trasladado a Sudáfrica en estado crítico y permanece, a esta hora, en cuidados intensivos. Otros dos pasajeros con síntomas compatibles son estudiados para ser hospitalizados en Cabo Verde, donde el barco está ahora retenido en el puerto de Praia.
El misterio que nadie ha resuelto
El hantavirus es un patógeno de comportamiento conocido, pero de origen perturbador. Se transmite por el contacto con roedores infectados: su orina, sus heces, su saliva, el polvo que levantan sus madrigueras. La pregunta que los epidemiólogos llevan horas intentando responder es, en apariencia, sencilla: ¿cómo llegó ese virus al interior de un crucero de expedición polar?
La respuesta todavía no existe. Lo que sí existe es una pista geográfica crucial: el MV Hondius realizó escala en las islas Georgias del Sur y en Santa Elena antes de poner rumbo a Cabo Verde. Ambos archipiélagos albergan ecosistemas de fauna salvaje donde los roedores campan a sus anchas. En algún punto de esa ruta —en tierra, al cargar provisiones, quizás al respirar el polvo de un muelle— alguien, o algo, introdujo el virus a bordo.
El vacío de control en Ushuaia
El barco zarpó de Ushuaia el 1 de abril. Y aquí aparece una grieta institucional que hace aún más incómodas las preguntas. Roberto Murcia, presidente de la Dirección Provincial de Puertos de Tierra del Fuego, lo reconoció sin rodeos: desde la intervención federal del puerto en enero de 2026, la provincia perdió el control de sus propios muelles. "Hoy no tenemos control ni acceso al puerto de Ushuaia, no siquiera podemos ingresar al muelle", declaró. Nadie vigilaba los recambios de pasajeros. Nadie inspeccionaba la carga. El barco entró y salió sin que la autoridad sanitaria provincial pudiera fiscalizar nada.
![[Img #30412]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/05_2026/4989_captura-de-pantalla-2026-05-04-115041.jpg)
El Ministerio de Salud de Tierra del Fuego, por su parte, asegura que la provincia no ha registrado ningún caso de hantavirus desde que existen registros epidemiológicos. La zona endémica del virus en Argentina es la franja cordillerana de Neuquén, Río Negro y Chubut. No Ushuaia. Lo que añade otra vuelta de tuerca al enigma: si el virus no estaba en el puerto de origen, ¿en cuál de las escalas posteriores se coló?
El destino suspendido
El MV Hondius tenía previsto llegar a las Islas Canarias. Ese desembarco está ahora en suspenso indefinido. Las autoridades sanitarias canarias estudian los protocolos; la OMS coordina con los gobiernos afectados. A bordo, 160 pasajeros que no han enfermado esperan. Nadie les ha dicho cuándo podrán bajar. La embarcación permanece fondeada en Praia mientras los laboratorios procesan muestras y los epidemiólogos intentan reconstruir la cadena de contagio.
No hay cura para el hantavirus. No hay vacuna. Lo único que puede marcar la diferencia entre morir y sobrevivir es la velocidad con la que un paciente llega a cuidados intensivos. En alta mar, esa velocidad nunca es suficiente. De los seis afectados, tres ya no pudieron contarlo.
La historia del MV Hondius es, en el fondo, la historia de una paradoja: cuanto más lejos nos lleva el lujo, más vulnerables somos a lo que habita en esos lugares remotos. La naturaleza no entiende de suites de cuatro estrellas. Y el virus del ratón, al parecer, tampoco.











