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Miércoles, 06 de Mayo de 2026 Tiempo de lectura:

Bud Bunny, el orgullo latino y la sal del mundo

A Gabriel, y a todos los venezolanos que vagáis por el mundo con el alma rota,

Dios quiera que pronto podáis volver a vuestra tierra

 

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Reconozco que no había reparado en el show interpretado por Bud Bunny en el intermedio de la Super Bowl de 2026 hasta que un amigo venezolano residente en California me hablo de el.

 

Sinceramente, no conocía al interprete, ni siquiera sabia exactamente su nombre, confundiéndolo con Bugs Bunny, el mítico dibujo animado de la Warner. En esto me paso lo mismo que al presiente de los Estados Unidos de América, desconocía totalmente a este cantante aunque, a diferencia de Donald Trump, si había escuchado y bailado sus canciones, sin saber que su autor se hiciera llamar con una denominación, Bud Bunny (conejo malo), tan jocosa y aparentemente sexual.

 

El caso es que recordaba el revuelo que la interpretación del puertorriqueño había generado en los medios de comunicación por su polémica con el Presidente Trump, pero no me había parado a ver el video de la actuación, uno de los espectáculos con más repercusión del mundo.

 

Pues bien, detrás de mis prejuicios iniciales hacia determinadas melodías, como el reguetón, tengo que reconocer que he encontrado en esta actuación una viva metáfora de muchas de las cosas que le están pasando actualmente al orbe hispano, un movimiento de reconocimiento de nuestra peculiar idiosincrasia y puesta en valor de nosotros mismos que recorre el mundo desde la Patagonia hasta California o España y que impregna desde las universidades hasta los canales de YouTube, desde la música, los documentales y el cine hasta los premios Grammy o los galardones Princesa de Asturias.

 

Llevo años leyendo libros, visualizando contenido en la red y asistiendo a conferencias en las que se lucha contra la leyenda negra antiespañola y se defiende el mundo hispano, en todas sus modalidades y acentos, en toda su diversidad y esplendor. Hay una especie de resurgir de nuestra identidad que se puede observar en ámbitos tan dispares como la difusión de nuestra música, la relevancia de un descendiente de cubanos como Marcos Rubio en la política estadounidense, el ascenso de México o Brasil como nuevas potencias económicas emergentes o la consolidación de los hispanos como grupo diferenciado en Norteamérica, con su lamentable protagonismo en las vergonzosas deportaciones masivas.

 

Bien es verdad que no somos actualmente una civilización que nos caractericemos por la arrogancia y el orgullo, antes al contrario, la visión de nosotros mismos como herederos de un antiguo imperio que domino el mundo hace siglos nos ha hecho vivir durante años con una melancólica sensación entre la persistente decadencia y el glorioso pero lejano pasado. Tal vez nuestro alma católica, tan dada a la humildad y el martirio, nos haya impedido poner en valor uno de los pasajes mas interesantes de la historia de la humanidad del que hemos sido protagonistas y creadores: el descubrimiento y colonización de todo un continente, proceso que ha creado una comunidad que actualmente formamos mas de quinientos millones de personas: El Mundo Hispano.

 

Hasta ahora había circunscrito mi interés por este movimiento de defensa de nuestras raíces comunes hispanas al ámbito académico siguiendo a la gran impulsora del movimiento Elvira Roca Barea, a los profesores Marcelo Gullo, Matos Moctezuma, divulgadores como Juan Manuel Zunzunegui, Eric Cardenas, cineastas como Jose Luis López-Linares y un sin fin de académicos, políticos y referentes sociales que defienden, a ambos lados del océano, nuestra herencia hispana y mestiza común, destacando lo bueno sobre lo malo (que también lo hubo) y honrando los lazos comunes que nos unen quinientos años después del descubrimiento de América.

 

Fundaciones, actividades, simposios, exposiciones… exaltan nuestro pasado común, recopilan datos, publican documentos, ordenan pensamientos y difunden ideas que alimentan nuestros lazos fraternos. Pero siempre he tenido la sensación de que faltaba algo, de que toda esta colosal labor de recuperación de nuestras raíces compartidas no podía circunscribirse a las bibliotecas y a las salas de exposiciones porque, si algo nos caracteriza como grupo, es precisamente nuestra orientación hacia lo folclórico e informal como parte esencial de nuestra cultura.

 

Volviendo al tema que nos ocupa, la interpretación de Bud Bunny en el intermedio de la Super Bowl comienza con esta frase: “Que sabroso es ser latino”, y en ese mismo instante empiezo a entenderlo todo. En una identidad cultural tan sensitiva y popular como la nuestra, si los estudios académicos no van de la mano de otras expresiones más acordes con nuestra idiosincrasia, vivaz y callejera, si no somos capaces de difundir nuestro mensaje de formas mas acordes a nuestra propia alma, no terminará de madurar el fruto común que todos queremos difundir y defender: La Hispanidad. Iniciar una actuación en un ámbito como la Super Bowl, tan simbólicamente norteamericano, con una frase como esta es una autentica declaración de intenciones que encarna en pocas palabras lo que realmente es nuestra cultura común… sabor y sentimiento.

 

Continua la actuación con varios bailes estilo reguetón, cargados de movimientos sexuales y claramente eróticos, que tanto identifica el resto del mundo con nuestra identidad latina. ¿Acaso el mestizaje, del que tanto nos enorgullecemos, no esta protagonizado de manera explicita por el sexo? Esta propensión a la mezcla, que nos diferencia de otras culturas, es al fin y al cabo la unión de culturas de la manera más profunda que se puede realizar, con el yacimiento sexual que engendra un nuevo ser que une las características genéticas de ambos progenitores en uno solo, eso es ser mestizo. Y esto, no esta demás decirlo, es imposible sin el sexo, por eso nuestra manera de bailar y de relacionarnos tiene como telón de fondo la erótica, porque nuestra alma mestiza brota esencialmente de lo sexual.

 

Habrá alguno de esos profesores o eruditos que crea que esta exaltación de la diversión y la sensualidad suponga una vuelta atrás, un retorno al tópico manido que nos devuelve al pasado. Nada más lejos de la realidad. Es precisamente lo que nos define, lo que nos hace diferentes, lo que nos identifica como latinos es nuestra propensión al disfrute de la vida, a la alegría, al agradecimiento por estar vivos. Frente al recato protestante, al puritanismo sobrio y frígido surgimos nosotros con nuestra desbordante vitalidad. Carpe Diem, aprovecha el tiempo, probablemente estas ganas de disfrutar de la vida sea una de nuestras mas importantes herencias del mundo grecorromano, mucho mas que el derecho o la filosofía. La Hispanidad ha sabido recoger esas ganas de vivir y disfrutar de nuestra corta existencia, por encima de adversidades y penas… y mira que España e Hispanoamérica tienen penas que contar, pero somos capaces de mostrar nuestra mejor sonrisa y de dejar el lamento para luego, para después de la fiesta, somos así, no podemos evitarlo.

 

Con respecto a esta cuestión de la alegría debemos hacer una pequeña disertación, para colocarnos correctamente en el contexto mundial. Hablaba el otro día con un amigo que me describía la Semana Santa que acabamos de pasar como tétrica, exaltadora del sufrimiento, llena de remordimiento y culpa. Nada más lejos de la realidad, le respondía yo, en la Pascua de Resurrección bien es verdad que nos recreamos en el sufrimiento de Jesús, exaltamos su calvario y su muerte, pero conscientes de que el domingo resucitará y volveremos a nuestra exaltación vital de la existencia, precisamente, porque sabemos que es finita, que debemos disfrutarla porque todos vamos a morir. El recuerdo cada año por estas fechas de la muerte de Nuestro Señor, nos hace vivir con más intensidad,con más ganas de disfrutar el momento, conscientes de nuestra propia finitud.

 

Esta es otra de las características del hispano heredada de nuestra raíz católica, disfrutamos de la vida precisamente porque sabemos que nos vamos a morir. Aunque tengamos la posibilidad de alcanzar la eternidad, contradictoriamente, preferimos llevarnos de este mundo todo lo que podamos disfrutar de el, ¡Que nos quiten lo bailado! Una de las grandes frases que nos definen. Sobre estas premisas… ¿Quién puede negar que los países mas divertidos del mundo son los católicos? ¿Dónde se dan fiestas similares al Carnaval de Rio de Janeiro o Venecia, dónde son las romerías más pintorescas, quién exalta la muerte con mayor alegría y colorido que nuestro Día de los Muertos?

 

En este sentido, por nuestra manera de disfrutar de la vida no es de extrañar que los turistas elijan mayoritariamente pasar sus vacaciones en países como Francia, España, Italia o México, todos de raíz católica que cuentan además con magnificas catedrales, exuberantes palacios, fabulosas fontanas fruto de nuestro innato amor a rodearnos de belleza en nuestro breve, pero intenso, paso por este mundo.

 

Nadie se divierte tanto y nadie dedica tanto tiempo al disfrute de la vida como nosotros. Por nuestro folclore, nuestra música, nuestro patrimonio cultural, nuestra actitud positiva, nuestras fiestas, por la propia actuación de Bud Bunny en la Super Bowl, se podría decir de nosotros los latinos sin lugar a dudas, que entre todas las naciones que confirman el mundo, somos “la sal de la tierra”.

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