Las gran ola naranja: triunfo de la nueva derecha soberanista de Nigel Farage en un Reino Unido harto del extremismo izquierdista de Keir Starmer
![[Img #30440]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/05_2026/1663_screenshot-2026-05-08-at-11-26-00-reform-uk-buscar-con-google.png)
Londres, 8 de mayo de 2026. Cuando amanecía sobre las Islas Británicas, los primeros rayos de sol iluminaban un mapa político irreconocible. El Reino Unido había votado, y las urnas devolvían un veredicto tan rotundo como inquietante para el statu quo izquierdista y liberal: Reform UK, el partido soberanista y de la nueva derecha de Nigel Farage, se ha convertido en la fuerza electoral más disruptiva del país desde que Margaret Thatcher barrió en 1979.
La noche del jueves fue larga, agotadora y, para los laboristas de Keir Starmer, el "Pedro Sánchez británico", traumática.
Inglaterra: la marea naranja rompe en Londres
Mientras en la madrugada caían los primeros resultados de los 136 municipios ingleses convocados a las urnas, la imagen era la de una marea. Reform UK acumulaba más de 300 concejales ganados en pocas horas, mientras el Laborismo perdía más de 200 y los Conservadores tradicionales se hundían con más de un centenar de escaños menos.
El experto electoral Sir John Curtice, infatigable oráculo de la antes prestigiosa BBC, lo resumió con la frialdad de quien ha visto muchas madrugadas electorales: "Sin importar cómo se mire, Reform está en la pole position."
En Londres, la sorpresa llegó de dos frentes. Los Conservadores reconquistaron Westminster City Council de las manos laboristas, haciéndose con 32 de los 54 escaños. Al mismo tiempo, Reform UK se alzó con su primer borough londinense, Havering, arrebatándoselo al grupo de concejales independientes que lo controlaba. Nadie habría apostado hace cuatro años por que el partido de Farage plantaría su bandera naranja en la capital.
El extremismo laborista también perdió el control de Wandsworth, el antiguo bastión tory que había conquistado en 2022 como símbolo del cambio de ciclo. La rueda giraba de nuevo, esta vez en una dirección que nadie había previsto con tanta celeridad.
Gales: el fin de una era de 27 años
Si la noche inglesa fue mala para el Laborismo, la jornada galesa fue directamente histórica. Por primera vez desde que Gales inauguró su propio Parlamento en 1999, el Partido Laborista podría perder el control del Senedd. Veintisiete años de hegemonía ininterrumpida se tambalean ante el empuje combinado de dos fuerzas que, paradójicamente, poco tienen en común: el independentismo galés de Plaid Cymru y la nueva derecha de Reform UK.
Una fuente del interior del laborismo galés resumió el estado de ánimo con una crudeza que corrió por las redes: "Nunca he visto nada igual. Llamábamos a puertas de personas que siempre habían votado laborista y la inmensa mayoría había optado por Plaid, Reform, los Verdes o, simplemente, se había quedado en casa."
La elección se celebra por primera vez con un nuevo sistema proporcional que agranda el Senedd de 60 a 96 escaños. Las 16 nuevas circunscripciones, donde cada una elige seis representantes, suponen la mayor reforma de la política parlamentaria galesa desde la propia devolution en 1999.
Los últimos sondeos de campaña daban a Plaid Cymru un 31,2% y a Reform UK un 28,4%, mientras laboristas y conservadores se desplomaban. El lema que resonó en los últimos días —"solo Plaid puede parar a Reform"— movilizó un voto estratégico que podría consagrar a Rhun ap Iorwerth como Primer Ministro galés. Los escrutinios continúan.
Escocia: el SNP resiste, Reform irrumpe en Holyrood
En Edimburgo, el recuento arrancó con la llegada del viernes. El Partido Nacional Escocés de John Swinney salía de las urnas como favorito para conservar el gobierno, aunque probablemente en minoría. Pero la gran historia de la noche al norte de la frontera no era la supervivencia nacionalista, sino el ascenso espectacular de un partido que en 2021 no tenía ni un solo escaño en el Parlamento escocés.
Los modelos de proyección situaban a Reform UK como la segunda fuerza política en Holyrood, con unos 18 escaños, superando a laboristas y conservadores. Cuatro años antes, Farage no era ni una nota a pie de página en la política escocesa.
Por primera vez desde la creación del Parlamento Escocés en 1999, ni los conservadores ni los laboristas estaban en condiciones de aspirar a ser la principal oposición. Un paisaje que habría parecido ciencia ficción hace apenas un lustro.
El gran retrato: Starmer acorralado
El extremista Keir Starmer llegó al poder en julio de 2024 con una mayoría parlamentaria aplastante. Apenas dos años después, el mensaje de las urnas es un bofetón colectivo. Según las encuestas previas, Reform UK lideraba las intenciones de voto en el conjunto del Reino Unido con un 25%, mientras Laborismo y Conservadores se repartían la derrota.
El viceprimier ministro David Lammy reconoció que la jornada había sido "dura" para el Laborismo. Una descripción que, a la vista de los números, podría pasar a los anales del eufemismo político.
La pregunta que Londres se hacía mientras terminaban de contarse los votos era la misma en todos los corrillos: ¿cuánto aguantará Starmer? Los resultados de ayer no son el fin de su gobierno —las próximas elecciones generales no se prevén hasta 2029—, pero sí la señal de que el reloj político corre ahora en su contra.
El Reino Unido amaneció este viernes sin saber todavía con exactitud cuántos escaños habría ganado Reform en Cardiff y Edimburgo. Pero sabía, con la claridad que solo dan las urnas, que su política había cambiado de forma irreversible.
(*) Los recuentos de Escocia y Gales continuaban al cierre de esta crónica.
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Londres, 8 de mayo de 2026. Cuando amanecía sobre las Islas Británicas, los primeros rayos de sol iluminaban un mapa político irreconocible. El Reino Unido había votado, y las urnas devolvían un veredicto tan rotundo como inquietante para el statu quo izquierdista y liberal: Reform UK, el partido soberanista y de la nueva derecha de Nigel Farage, se ha convertido en la fuerza electoral más disruptiva del país desde que Margaret Thatcher barrió en 1979.
La noche del jueves fue larga, agotadora y, para los laboristas de Keir Starmer, el "Pedro Sánchez británico", traumática.
Inglaterra: la marea naranja rompe en Londres
Mientras en la madrugada caían los primeros resultados de los 136 municipios ingleses convocados a las urnas, la imagen era la de una marea. Reform UK acumulaba más de 300 concejales ganados en pocas horas, mientras el Laborismo perdía más de 200 y los Conservadores tradicionales se hundían con más de un centenar de escaños menos.
El experto electoral Sir John Curtice, infatigable oráculo de la antes prestigiosa BBC, lo resumió con la frialdad de quien ha visto muchas madrugadas electorales: "Sin importar cómo se mire, Reform está en la pole position."
En Londres, la sorpresa llegó de dos frentes. Los Conservadores reconquistaron Westminster City Council de las manos laboristas, haciéndose con 32 de los 54 escaños. Al mismo tiempo, Reform UK se alzó con su primer borough londinense, Havering, arrebatándoselo al grupo de concejales independientes que lo controlaba. Nadie habría apostado hace cuatro años por que el partido de Farage plantaría su bandera naranja en la capital.
El extremismo laborista también perdió el control de Wandsworth, el antiguo bastión tory que había conquistado en 2022 como símbolo del cambio de ciclo. La rueda giraba de nuevo, esta vez en una dirección que nadie había previsto con tanta celeridad.
Gales: el fin de una era de 27 años
Si la noche inglesa fue mala para el Laborismo, la jornada galesa fue directamente histórica. Por primera vez desde que Gales inauguró su propio Parlamento en 1999, el Partido Laborista podría perder el control del Senedd. Veintisiete años de hegemonía ininterrumpida se tambalean ante el empuje combinado de dos fuerzas que, paradójicamente, poco tienen en común: el independentismo galés de Plaid Cymru y la nueva derecha de Reform UK.
Una fuente del interior del laborismo galés resumió el estado de ánimo con una crudeza que corrió por las redes: "Nunca he visto nada igual. Llamábamos a puertas de personas que siempre habían votado laborista y la inmensa mayoría había optado por Plaid, Reform, los Verdes o, simplemente, se había quedado en casa."
La elección se celebra por primera vez con un nuevo sistema proporcional que agranda el Senedd de 60 a 96 escaños. Las 16 nuevas circunscripciones, donde cada una elige seis representantes, suponen la mayor reforma de la política parlamentaria galesa desde la propia devolution en 1999.
Los últimos sondeos de campaña daban a Plaid Cymru un 31,2% y a Reform UK un 28,4%, mientras laboristas y conservadores se desplomaban. El lema que resonó en los últimos días —"solo Plaid puede parar a Reform"— movilizó un voto estratégico que podría consagrar a Rhun ap Iorwerth como Primer Ministro galés. Los escrutinios continúan.
Escocia: el SNP resiste, Reform irrumpe en Holyrood
En Edimburgo, el recuento arrancó con la llegada del viernes. El Partido Nacional Escocés de John Swinney salía de las urnas como favorito para conservar el gobierno, aunque probablemente en minoría. Pero la gran historia de la noche al norte de la frontera no era la supervivencia nacionalista, sino el ascenso espectacular de un partido que en 2021 no tenía ni un solo escaño en el Parlamento escocés.
Los modelos de proyección situaban a Reform UK como la segunda fuerza política en Holyrood, con unos 18 escaños, superando a laboristas y conservadores. Cuatro años antes, Farage no era ni una nota a pie de página en la política escocesa.
Por primera vez desde la creación del Parlamento Escocés en 1999, ni los conservadores ni los laboristas estaban en condiciones de aspirar a ser la principal oposición. Un paisaje que habría parecido ciencia ficción hace apenas un lustro.
El gran retrato: Starmer acorralado
El extremista Keir Starmer llegó al poder en julio de 2024 con una mayoría parlamentaria aplastante. Apenas dos años después, el mensaje de las urnas es un bofetón colectivo. Según las encuestas previas, Reform UK lideraba las intenciones de voto en el conjunto del Reino Unido con un 25%, mientras Laborismo y Conservadores se repartían la derrota.
El viceprimier ministro David Lammy reconoció que la jornada había sido "dura" para el Laborismo. Una descripción que, a la vista de los números, podría pasar a los anales del eufemismo político.
La pregunta que Londres se hacía mientras terminaban de contarse los votos era la misma en todos los corrillos: ¿cuánto aguantará Starmer? Los resultados de ayer no son el fin de su gobierno —las próximas elecciones generales no se prevén hasta 2029—, pero sí la señal de que el reloj político corre ahora en su contra.
El Reino Unido amaneció este viernes sin saber todavía con exactitud cuántos escaños habría ganado Reform en Cardiff y Edimburgo. Pero sabía, con la claridad que solo dan las urnas, que su política había cambiado de forma irreversible.
(*) Los recuentos de Escocia y Gales continuaban al cierre de esta crónica.











