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Viernes, 08 de Mayo de 2026 Tiempo de lectura:

“Hay algo ahí fuera”: los documentos desclasificados de la NASA revelan décadas de extraños avistamientos durante las misiones lunares

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Las voces llegan desde el vacío. Son astronautas norteamericanos flotando entre la Tierra y la Luna, hombres entrenados para medir, calcular y describir con precisión técnica aquello que ven frente a sus ventanas. Pero en varios documentos desclasificados por el Gobierno de Estados Unidos aparecen frases que todavía hoy conservan una extraña fuerza: “Tenemos un bogey a las diez en punto”, “hay algo ahí fuera”, “acabo de ver un flash en la superficie lunar”.

 

Los archivos, difundidos dentro del nuevo proceso de apertura documental sobre fenómenos anómalos no identificados (UAP), reúnen transcripciones e informes técnicos de las misiones Gemini, Apolo y Skylab. Leídos en conjunto, ofrecen una imagen singular de la carrera espacial norteamericana: astronautas observando luces, fragmentos brillantes, objetos giratorios y destellos sobre la Luna mientras Houston intentaba determinar si aquello era hielo, basura espacial, etapas del cohete Saturno o simples efectos ópticos.

 

Uno de los episodios más conocidos aparece en la misión Gemini 7, en diciembre de 1965. El astronauta Frank Borman comunicó a Houston la presencia de un “bogey” (objeto desconocido detectado) a las diez en punto. El término, habitual en el lenguaje militar para referirse a un objeto no identificado, provocó inmediatamente preguntas desde el control de misión. Borman insistió en que observaban “cientos de pequeñas partículas” desplazándose junto a la nave y, además, otro objeto brillante distinto del impulsor principal. James Lovell describió aquel cuerpo como “un brillante objeto” recortado contra el fondo negro del espacio, rodeado de “trillones de partículas”.

 

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La NASA acabaría interpretando muchos de estos fenómenos como restos desprendidos de la propia misión —fragmentos de hielo, partículas expulsadas por los propulsores o piezas del cohete—, pero algunos testimonios siguieron dejando dudas abiertas incluso en los informes posteriores.

 

Eso ocurrió en el Apolo 11.

 

En el informe técnico realizado tras el regreso de la primera misión lunar, Buzz Aldrin, Neil Armstrong y Michael Collins hablaron extensamente sobre un objeto observado durante el viaje hacia la Luna. Inicialmente pensaron que podía tratarse de la etapa S-IVB del Saturno V, pero Houston les informó de que el cohete se encontraba a unas 6.000 millas de distancia. El objeto, sin embargo, seguía siendo visible y parecía tener una forma definida.

 

Aldrin afirmó que observaron aquella estructura con un monocular y que “parecía un cilindro”. Armstrong sugirió que quizá fueran “dos anillos conectados”, mientras Collins lo describió como “un cilindro hueco” que cambiaba de aspecto según rotaba en el espacio. Ninguno de los tres aseguró haber visto una nave desconocida. De hecho, insistieron varias veces en que probablemente se tratara de algún elemento relacionado con la propia misión. Pero también reconocieron que nunca lograron identificarlo completamente.

 

El mismo documento recoge otro fenómeno todavía más inquietante: destellos luminosos dentro de la cápsula observados incluso con los ojos cerrados. Aldrin habló de pequeños flashes que parecían atravesar la cabina durante el vuelo translunar. Armstrong sugirió que podían estar relacionados con partículas cósmicas capaces de producir señales visibles en la retina humana, una hipótesis que posteriormente sería respaldada por estudios sobre radiación espacial.

 

Años después, durante Apolo 12 y especialmente en Apolo 17, las observaciones extrañas se multiplicaron.

 

En noviembre de 1969, uno de los astronautas del módulo lunar Intrepid informó de la presencia de “partículas de luz” visibles desde el cuadrante oscuro alrededor de la Luna. “Parecen salir disparadas hacia las estrellas”, explicó durante una comunicación con Houston. Sin embargo, fue la última misión lunar tripulada, Apolo 17, la que dejó algunos de los pasajes más llamativos de toda la documentación desclasificada.

 

Durante las maniobras iniciales, Eugene Cernan, Harrison Schmitt y Ronald Evans describieron enormes campos de fragmentos brillantes flotando junto a la nave. “Parece el Cuatro de Julio”, comentó uno de ellos. Los astronautas observaron partículas “angulares”, “dentadas” y “muy brillantes” que giraban lentamente bajo la luz solar. La explicación más probable seguía siendo hielo o restos desprendidos del Saturno V, pero el fenómeno impresionó claramente a la tripulación.

 

Poco después apareció otro objeto.

 

Cernan explicó a Houston que estaba observando algo “muy lejos”, distinto de las partículas cercanas. El objeto emitía destellos regulares y parecía girar lentamente. “Hay algo ahí fuera”, afirmó el comandante de Apolo 17 mientras los controladores de misión intentaban calcular la posición exacta utilizando los ángulos de la nave y referencias visuales.

 

La conversación muestra un tono muy diferente al sensacionalismo habitual asociado al fenómeno ovni. Nadie habla de extraterrestres. Nadie plantea hipótesis fantásticas. Los astronautas describen aquello que ven y Houston intenta encajarlo dentro de parámetros físicos conocidos. En un momento dado, Schmitt sugirió que el objeto podía ser el propio S-IVB reflejando la luz solar mientras rotaba en la distancia. Pero ni siquiera entonces desapareció completamente la incertidumbre.

 

El episodio más sorprendente llegó cuando Schmitt observaba la región lunar de Grimaldi. “Acabo de ver un flash en la superficie lunar”, comunicó de repente. El astronauta describió una breve y brillante estría luminosa cerca de un cráter situado al norte de Grimaldi y sugirió a Houston comprobar si los sismómetros lunares habían registrado algún impacto meteórico.

 

La explicación científica más aceptada es precisamente esa: un pequeño meteorito impactando contra la superficie lunar y generando un destello visible desde órbita. Pero el hecho de que un astronauta contemplara directamente un fenómeno semejante mientras sobrevolaba la cara visible de la Luna añade una dimensión casi irreal al documento.

 

Las misiones Skylab, ya en órbita terrestre, continuaron registrando fenómenos similares. Los astronautas describieron flashes luminosos, puntos rojizos y objetos brillantes observados durante minutos enteros antes de desaparecer en la oscuridad orbital. Uno de ellos habló de un objeto más brillante que Júpiter, visible durante aproximadamente diez minutos mientras giraba lentamente.

 

La lectura conjunta de estos documentos no demuestra la existencia de naves extraterrestres ni confirma ninguna teoría conspirativa. Lo que sí revela es otra realidad menos conocida de la carrera espacial: el espacio cercano estaba lleno de fenómenos visuales que, en muchas ocasiones, resultaban desconcertantes incluso para los propios astronautas.

 

Entre partículas de hielo, fragmentos metálicos, reflejos solares, radiación cósmica y posibles impactos lunares, aquellos hombres aprendieron que el espacio no era un vacío silencioso e inmóvil, sino un territorio dinámico, extraño y lleno de luces imposibles de interpretar a simple vista.

 

Y en medio de aquella oscuridad absoluta, a cientos de miles de kilómetros de la Tierra, quedaron registradas frases que todavía hoy conservan intacta toda su capacidad de inquietar.

 

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