Documento registrado por la ONU
EE.UU. y la URSS tuvieron en cuenta las “visitas ovni” en sus acuerdos para evitar una guerra nuclear
Un documento oficial firmado entre Estados Unidos y la Unión Soviética en plena Guerra Fría revela que ambas superpotencias contemplaron la aparición de “objetos no identificados” en sus sistemas de alerta nuclear como un posible factor de riesgo para el estallido accidental de una guerra atómica.
El texto, firmado en Washington el 30 de septiembre de 1971 y registrado oficialmente por Naciones Unidas, formaba parte de los acuerdos bilaterales destinados a reducir el peligro de una confrontación nuclear entre ambas potencias.
El documento resulta especialmente llamativo porque, en uno de sus apartados, establece que tanto Washington como Moscú debían notificarse “inmediatamente” si sus sistemas de alerta detectaban “objetos no identificados” o interferencias capaces de ser interpretadas como un posible ataque nuclear.
La cláusula aparece en el artículo 3 del acuerdo y refleja hasta qué punto las dos superpotencias temían que un error técnico, una anomalía inexplicable o una interpretación errónea de sus radares pudiera desencadenar el inicio de una guerra atómica por accidente.
Nota: Los suscriptores de La Tribuna del País Vasco pueden solicitar una copia del documento por los canales habituales: [email protected] o en el teléfono 650114502
El tratado fue redactado apenas nueve años después de la crisis de los misiles de Cuba, el momento en el que el mundo estuvo más cerca de un intercambio nuclear directo entre Washington y Moscú. Desde entonces, ambos bloques comenzaron a desarrollar mecanismos de comunicación urgente y protocolos destinados a evitar decisiones precipitadas en situaciones ambiguas.
El acuerdo también obligaba a ambas partes a informarse mutuamente sobre lanzamientos de misiles fuera de sus fronteras nacionales y sobre cualquier incidente relacionado con armas nucleares que pudiera ser malinterpretado por el adversario.
Aunque el documento no menciona extraterrestres ni fenómenos paranormales, el uso explícito de la expresión “objetos no identificados” ha despertado interés entre investigadores del fenómeno OVNI/UAP, especialmente por el histórico vínculo entre avistamientos anómalos y bases militares o instalaciones nucleares.
Durante décadas han salido a la luz numerosos testimonios de militares estadounidenses y soviéticos que afirmaron haber observado fenómenos extraños cerca de silos nucleares, centros de lanzamiento y sistemas de detección estratégica. Algunos de esos episodios —como los incidentes de Malmstrom Air Force Base en Estados Unidos— continúan siendo objeto de debate.
Especialistas en historia militar subrayan, no obstante, que el objetivo principal de la cláusula era evitar falsas alarmas en un contexto tecnológico extremadamente tenso. Durante la Guerra Fría, ambos bloques vivían bajo la amenaza constante de un error de interpretación provocado por fallos de radar, interferencias atmosféricas, satélites, fenómenos astronómicos o señales desconocidas.
El texto demuestra, en cualquier caso, que Washington y Moscú llegaron a considerar oficialmente la posibilidad de que “objetos no identificados” aparecieran en sus sistemas de vigilancia estratégica y que dichos episodios podían llegar a generar una escalada nuclear involuntaria.
Más de medio siglo después, en plena nueva carrera armamentística global y con el fenómeno UAP nuevamente investigado por organismos oficiales estadounidenses, el documento adquiere una dimensión histórica y simbólica que vuelve a situar la relación entre seguridad nuclear y fenómenos aéreos no identificados en el centro del debate internacional.
Un documento oficial firmado entre Estados Unidos y la Unión Soviética en plena Guerra Fría revela que ambas superpotencias contemplaron la aparición de “objetos no identificados” en sus sistemas de alerta nuclear como un posible factor de riesgo para el estallido accidental de una guerra atómica.
El texto, firmado en Washington el 30 de septiembre de 1971 y registrado oficialmente por Naciones Unidas, formaba parte de los acuerdos bilaterales destinados a reducir el peligro de una confrontación nuclear entre ambas potencias.
El documento resulta especialmente llamativo porque, en uno de sus apartados, establece que tanto Washington como Moscú debían notificarse “inmediatamente” si sus sistemas de alerta detectaban “objetos no identificados” o interferencias capaces de ser interpretadas como un posible ataque nuclear.
La cláusula aparece en el artículo 3 del acuerdo y refleja hasta qué punto las dos superpotencias temían que un error técnico, una anomalía inexplicable o una interpretación errónea de sus radares pudiera desencadenar el inicio de una guerra atómica por accidente.
Nota: Los suscriptores de La Tribuna del País Vasco pueden solicitar una copia del documento por los canales habituales: [email protected] o en el teléfono 650114502
El tratado fue redactado apenas nueve años después de la crisis de los misiles de Cuba, el momento en el que el mundo estuvo más cerca de un intercambio nuclear directo entre Washington y Moscú. Desde entonces, ambos bloques comenzaron a desarrollar mecanismos de comunicación urgente y protocolos destinados a evitar decisiones precipitadas en situaciones ambiguas.
El acuerdo también obligaba a ambas partes a informarse mutuamente sobre lanzamientos de misiles fuera de sus fronteras nacionales y sobre cualquier incidente relacionado con armas nucleares que pudiera ser malinterpretado por el adversario.
Aunque el documento no menciona extraterrestres ni fenómenos paranormales, el uso explícito de la expresión “objetos no identificados” ha despertado interés entre investigadores del fenómeno OVNI/UAP, especialmente por el histórico vínculo entre avistamientos anómalos y bases militares o instalaciones nucleares.
Durante décadas han salido a la luz numerosos testimonios de militares estadounidenses y soviéticos que afirmaron haber observado fenómenos extraños cerca de silos nucleares, centros de lanzamiento y sistemas de detección estratégica. Algunos de esos episodios —como los incidentes de Malmstrom Air Force Base en Estados Unidos— continúan siendo objeto de debate.
Especialistas en historia militar subrayan, no obstante, que el objetivo principal de la cláusula era evitar falsas alarmas en un contexto tecnológico extremadamente tenso. Durante la Guerra Fría, ambos bloques vivían bajo la amenaza constante de un error de interpretación provocado por fallos de radar, interferencias atmosféricas, satélites, fenómenos astronómicos o señales desconocidas.
El texto demuestra, en cualquier caso, que Washington y Moscú llegaron a considerar oficialmente la posibilidad de que “objetos no identificados” aparecieran en sus sistemas de vigilancia estratégica y que dichos episodios podían llegar a generar una escalada nuclear involuntaria.
Más de medio siglo después, en plena nueva carrera armamentística global y con el fenómeno UAP nuevamente investigado por organismos oficiales estadounidenses, el documento adquiere una dimensión histórica y simbólica que vuelve a situar la relación entre seguridad nuclear y fenómenos aéreos no identificados en el centro del debate internacional.



















