Provincia de Ituri
El ébola vuelve a golpear el Congo: 65 muertos y 246 casos detectados mientras el virus amenaza las fronteras del país
El ébola no descansa. Cinco meses después de que la República Democrática del Congo anunciara con alivio el fin de su último brote —45 muertos, 64 contagios, un capítulo cerrado—, el virus ha vuelto a emerger de la selva del noreste con renovada ferocidad. Esta vez en Ituri, una provincia remota y convulsa del este congoleño donde la miseria, la violencia armada y las carreteras inexistentes conforman el caldo de cultivo perfecto para que una epidemia se convierta en catástrofe.
Los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades (Africa CDC) han confirmado el nuevo brote: 246 casos sospechosos y al menos 65 muertos, la gran mayoría concentrados en las zonas sanitarias de Mongwalu y Rwampara. De esas muertes, cuatro han sido confirmadas en laboratorio; las otras 61 aguardan análisis mientras los equipos de campo siguen recibiendo casos nuevos. Las pruebas preliminares del Instituto Nacional de Investigación Biomédica de Kinshasa ya han detectado el virus en 13 de las 20 muestras analizadas.
Ituri es, en muchos sentidos, el peor lugar imaginable para combatir una epidemia. Situada a más de 1.000 kilómetros de Kinshasa, la capital congoleña, la provincia padece redes viarias casi inexistentes, una pobreza estructural aplastante y —como si fuera poco— la presencia activa de las Fuerzas Democráticas Aliadas (ADF), un grupo yihadista vinculado al Estado Islámico que ha perpetrado decenas de masacres en la región.
A ese panorama se suman los grandes desplazamientos de población ligados a la minería artesanal en Mongwalu, donde cientos de trabajadores se mueven constantemente entre zonas afectadas. El movimiento humano, en epidemiología, es gasolina sobre el fuego.
Africa CDC ha subrayado que la capital de la provincia, Bunia, ya registra casos sospechosos a la espera de confirmación. Bunia está situada junto a la frontera con Uganda. El virus, que no entiende de líneas en los mapas, ya mira hacia el otro lado.
Quizá el elemento más preocupante de este brote sea su geografía. Ituri hace frontera con Uganda y Sudán del Sur, dos países con sistemas sanitarios frágiles y amplias comunidades en tránsito constante. Por eso, Jean Kaseya, Director General de Africa CDC, convocó para hoy mismo una reunión de urgencia de alto nivel con las autoridades sanitarias de los tres países y los principales organismos internacionales, incluyendo agencias de Naciones Unidas.
"Dada la alta movilidad de la población entre las zonas afectadas y los países vecinos, la coordinación regional rápida es esencial", declaró Kaseya. "Estamos trabajando con la RDC, Uganda, Sudán del Sur y los socios para reforzar la vigilancia, la preparación y la respuesta."
Una variante que no es la más letal, pero es ébola
Hay un matiz técnico que los epidemiólogos señalan con cautela: los resultados preliminares sugieren que la cepa detectada no sería la variante Zaire, históricamente la más mortífera de las conocidas. Es, si se puede llamar así, una buena noticia relativa dentro de un cuadro sombrío. El ébola, en cualquiera de sus formas, sigue siendo uno de los patógenos más letales que conoce la medicina, capaz de matar a entre el 25% y el 90% de los infectados dependiendo del brote y el acceso a atención médica.
El año pasado, durante el brote de Kasai —que duró tres meses—, la OMS reconoció haber sufrido "importantes dificultades" para distribuir vacunas por falta de acceso y fondos insuficientes. La historia amenaza con repetirse en Ituri, donde el terreno es aún más hostil.
El Congo y el ébola: una relación trágica y casi crónica
Desde que el virus fue identificado por primera vez en 1976 junto al río Ébola, precisamente en lo que hoy es la RDC, el país ha sufrido más brotes que ningún otro en el mundo. El de 2018-2020 en las provincias de Ituri y Kivu del Norte fue el segundo más grave de la historia: casi 3.500 casos y más de 2.200 muertos. Entonces, la OMS llegó a describir la situación como "luchar contra uno de los virus más peligrosos del mundo en una de las zonas más peligrosas del mundo".
Esa descripción sigue siendo válida hoy.
El ébola no descansa. Cinco meses después de que la República Democrática del Congo anunciara con alivio el fin de su último brote —45 muertos, 64 contagios, un capítulo cerrado—, el virus ha vuelto a emerger de la selva del noreste con renovada ferocidad. Esta vez en Ituri, una provincia remota y convulsa del este congoleño donde la miseria, la violencia armada y las carreteras inexistentes conforman el caldo de cultivo perfecto para que una epidemia se convierta en catástrofe.
Los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades (Africa CDC) han confirmado el nuevo brote: 246 casos sospechosos y al menos 65 muertos, la gran mayoría concentrados en las zonas sanitarias de Mongwalu y Rwampara. De esas muertes, cuatro han sido confirmadas en laboratorio; las otras 61 aguardan análisis mientras los equipos de campo siguen recibiendo casos nuevos. Las pruebas preliminares del Instituto Nacional de Investigación Biomédica de Kinshasa ya han detectado el virus en 13 de las 20 muestras analizadas.
Ituri es, en muchos sentidos, el peor lugar imaginable para combatir una epidemia. Situada a más de 1.000 kilómetros de Kinshasa, la capital congoleña, la provincia padece redes viarias casi inexistentes, una pobreza estructural aplastante y —como si fuera poco— la presencia activa de las Fuerzas Democráticas Aliadas (ADF), un grupo yihadista vinculado al Estado Islámico que ha perpetrado decenas de masacres en la región.
A ese panorama se suman los grandes desplazamientos de población ligados a la minería artesanal en Mongwalu, donde cientos de trabajadores se mueven constantemente entre zonas afectadas. El movimiento humano, en epidemiología, es gasolina sobre el fuego.
Africa CDC ha subrayado que la capital de la provincia, Bunia, ya registra casos sospechosos a la espera de confirmación. Bunia está situada junto a la frontera con Uganda. El virus, que no entiende de líneas en los mapas, ya mira hacia el otro lado.
Quizá el elemento más preocupante de este brote sea su geografía. Ituri hace frontera con Uganda y Sudán del Sur, dos países con sistemas sanitarios frágiles y amplias comunidades en tránsito constante. Por eso, Jean Kaseya, Director General de Africa CDC, convocó para hoy mismo una reunión de urgencia de alto nivel con las autoridades sanitarias de los tres países y los principales organismos internacionales, incluyendo agencias de Naciones Unidas.
"Dada la alta movilidad de la población entre las zonas afectadas y los países vecinos, la coordinación regional rápida es esencial", declaró Kaseya. "Estamos trabajando con la RDC, Uganda, Sudán del Sur y los socios para reforzar la vigilancia, la preparación y la respuesta."
Una variante que no es la más letal, pero es ébola
Hay un matiz técnico que los epidemiólogos señalan con cautela: los resultados preliminares sugieren que la cepa detectada no sería la variante Zaire, históricamente la más mortífera de las conocidas. Es, si se puede llamar así, una buena noticia relativa dentro de un cuadro sombrío. El ébola, en cualquiera de sus formas, sigue siendo uno de los patógenos más letales que conoce la medicina, capaz de matar a entre el 25% y el 90% de los infectados dependiendo del brote y el acceso a atención médica.
El año pasado, durante el brote de Kasai —que duró tres meses—, la OMS reconoció haber sufrido "importantes dificultades" para distribuir vacunas por falta de acceso y fondos insuficientes. La historia amenaza con repetirse en Ituri, donde el terreno es aún más hostil.
El Congo y el ébola: una relación trágica y casi crónica
Desde que el virus fue identificado por primera vez en 1976 junto al río Ébola, precisamente en lo que hoy es la RDC, el país ha sufrido más brotes que ningún otro en el mundo. El de 2018-2020 en las provincias de Ituri y Kivu del Norte fue el segundo más grave de la historia: casi 3.500 casos y más de 2.200 muertos. Entonces, la OMS llegó a describir la situación como "luchar contra uno de los virus más peligrosos del mundo en una de las zonas más peligrosas del mundo".
Esa descripción sigue siendo válida hoy.











