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Pedro Chacón
Sábado, 16 de Mayo de 2026 Tiempo de lectura:

El obsequio de Pradales al Papa: una exaltación desaforada de nacionalismo español llevada al arte

El libro del poeta y ensayista bilbaíno Juan Larrea (1895-1980) dedicado al Guernica de Pablo Picasso, que le llevó como obsequio principal el lendacari Pradales al Papa León XIV en el Vaticano el pasado miércoles 13 de mayo en una audiencia que duró aproximadamente minuto y medio, es la manifestación más exaltada y convencida de nacionalismo español, en este caso aplicado a la crítica de arte, que he leído en mucho tiempo. Creo que la mayor de todas de las que tenga memoria. Vamos, que considero muy difícil que nadie, ninguna obra que pueda leer a partir de esta, la supere en nacionalismo español.

 

La explicación que han dado de este regalo por parte del Gobierno vasco, por supuesto que para nada hacen mención de esto que les estoy contando. Claro. Solo faltaba. Señal más que evidente de que a quien se le ha ocurrido la idea y quien ha dado la explicación en los medios sobre el sentido del regalo, no se ha leído el libro ni siquiera en sus primeras líneas. Y ni que decir tiene el que hace el regalo de manera efectiva, o sea Pradales, y el que le acompaña y lleva el libro hasta que se lo pasa a su jefe, Abel Caballero, no tenían ni idea de lo que estaban llevándole al Santo Padre. Porque, vamos, después de que les cuente de qué va el libro, ya me dirán si todo un lendacari del Gobierno vasco se puede poner a llevarle esto a nadie.

 

Les paso un parrafito del texto explicativo del Gobierno Vasco sobre la idea de regalar este libro: “Larrea analiza la obra no solo como una denuncia del bombardeo de la villa vasca de Gernika durante la Guerra Civil Española, sino también como un símbolo universal contra la violencia y la destrucción. El ensayo de Larrea destaca por su interpretación profundamente poética y filosófica del cuadro. El autor estudia cada figura –el toro, el caballo, la madre con el hijo muerto o la luz central– como elementos cargados de significado histórico y espiritual. Más que un simple análisis artístico, el libro propone una comprometida reflexión ética sobre el sufrimiento humano, el exilio y la esperanza de reconstrucción tras la guerra.”

 

Ah, y que no se me olvide comentar los otros dos regalitos de Pradales al Papa. Uno es una reproducción de un cuadro de José Luis Zumeta sobre una interpretación libre del Guernica de Picasso. Me van a permitir que no haga ningún comentario de esto. Solo les remito a dicha reproducción reinterpretativa y que cada uno saque sus propias conclusiones. Y el otro es un poema en euskera de Jon Sarasua, conocido en los ambientes que se dice, traducido también al quechua, y que en su traducción para la parroquia nacionalista y vasca en general que no sabe ni un idioma ni otro, viene a decir que el eusquera está marginado. Obvio.

 

Pero vayamos a lo mollar. Este libro de Larrea en su día lo estuve consultando para escribir un trabajo que me encargó Juan Francisco Fuentes para su Diccionario de símbolos políticos y sociales del siglo XX español (Alianza, 2021) sobre “El Guernica de Picasso”. En aquella ocasión ya saqué una cita que luego no reproduje en ese artículo pero que ahora cobra todo su significado, cuando he vuelto a repasar el libro al ver que Pradales se lo regalaba al Papa como ofrenda de un pueblo vasco con una fuerte conciencia de su ser nacional.

 

La cita era esta, refiriéndose a Picasso: “el Guernica no es un cuadro propiamente suyo sino de España, del Verbo hispánico que se ha expresado reveladoramente a través de su pintor genial” (91).

 

Pero es que cuando he vuelto a leer el libro me he dado cuenta de que esta cita es solo una desvaída y tímida expresión del nacionalismo español que impregna todo el trabajo, un nacionalismo español yo diría que salvaje y desbocado.

 

Les voy a relacionar a continuación una serie de extractos del libro dedicado por Juan Larrea al Guernica de Picasso. Apareció primero en inglés en 1947. La edición española que yo he consultado, y que fue la que le regaló Pradales al Papa, es de Cuadernos para el Diálogo y salió en 1977. Tuvieron que buscar un ejemplar impoluto, seguramente en alguna librería de segunda mano, para llevarlo al Vaticano en representación de una cultura vasca con fuerte conciencia de su ser nacional.

 

Solo les voy a relatar aquí una parte de todo lo que he ido entresacando, para no sobrecargar el artículo, pero va todo en el mismo sentido de nacionalismo español completamente desinhibido. Mis comentarios serán mínimos. Todo el mérito es de Juan Larrea.

 

Del mismo estilo que la cita que les he puesto al principio serían estas otras tres:

 

“Se ha insinuado, no sin verosimilitud, que a fin de cuentas el Guernica no era una creación del individuo Picasso, en la que operó como instrumento cómplice, sino del pueblo español –mediterráneo-atlántico–, cuyo espíritu se adueñó del alma del artista.” (17)

 

Guernica no es obra que surgiese de Picasso en cuanto a individuo, sino que se produjo a través de él, como instrumento genial, por el espíritu apocalíptico que animaba a la tragedia española.” (20)

 

“Comprendí que se me había presentado la oportunidad de expresar por escrito cuanto para mí podía significar el Guernica en cuanto manifestación del espíritu de la tragedia española.” (23)

 

La explicación de que el cuadro se llame Guernica, según Juan Larrea, no tiene nada que ver con el bombardeo, sino con la implicación del pueblo vasco en la epopeya hispanoamericana y en la Contrarreforma religiosa: “Si el cuadro porta ese nombre se debe a que resume en una sola entidad, la sustancia de ese pueblo misterioso y democrático cuyos vástagos dieron la primera vuelta al mundo y contribuyeron vivamente a la emancipación hispanoamericana, además de haber erigido con San Ignacio el baluarte hoy en quiebra de la Contrarreforma”. Concedamos que cuando habla aquí Larrea de “pueblo misterioso y democrático” habla del pueblo vasco. Pero será el único detalle que tendrá con él y por eso lo saco aquí, para que se aprecie que no voy a ocultar nada que pueda haber en el otro sentido. Que desde ahora les digo que no lo hay. Vamos, que no hay más.

 

Para Juan Larrea el espíritu de la Contrarreforma se vería superado por un Espíritu universal pero siempre con un protagonismo de fondo de lo hispano: “¿Y qué es lo que el cuadro significa sino la debacle del mundo encallado y clerical de la Contrarreforma, aparentemente victorioso, pero en realidad predestinado a superarse por el Espíritu universal y su verdadero Reino en el ámbito del Verbo castellano?” (22)

 

Para muestra de su postergación de “lo vasco”, veamos cómo explica cada elemento del cuadro, empezando por esta introducción: “Los símbolos figurados o actores plásticos que en este escenario representan la tragedia, son los mismos que aparecían en obras anteriores de Picasso sin relación alguna con lo vascuence.” (32)

 

Sobre el significado que le da al caballo alguno quizás se anime a creer que Larrea es de los suyos y que Pradales hizo buena elección con este libro: “En definitiva pocas dudas pueden subsistir de que tal jamelgo decrépito y destartalado, atravesado por una lanza o pica, figura que ha dado lugar al mayor número de bocetos y estudios parciales, dotado siempre de rasgos innobles y depresivos como los caballos de las corridas de toros, representa ni más ni menos, en el ánimo del pintor, que la España nacionalista.” (51)

 

Pero tras este amago de condescendencia con las posiciones de Pradales y los que le pusieron en el puesto de lendacari, lo que viene después, o sea el toro, ya no ofrece la más mínima duda: “El papel del toro revela entonces su importancia: está protegiendo con su cuerpo a la madre y al niño, al presente y al futuro hispánicos.” (54) “El toro parece ser el símbolo que figura al «pueblo», tanto más cuanto que este animal es algo así como el tótem peninsular a cuyo sacrificio los españoles asisten con apasionado entusiasmo.” (53). Del pueblo español en Guerra Civil se compadece y dice: “El pueblo español llevaba cerca de un año atado al potro de la iniquidad y del tormento, víctima de los pecados mortales de todos.” (31)

 

Luego viene la madre con el niño: “La madre con el niño en brazos es otro de los protagonistas de la tragedia. (…) Casi boca con boca, en comunidad de aliento, la del toro o pueblo español y la suya, traduce posiblemente un atributo característico de este pueblo, la maternidad de la madre España.” (54)

 

Lo más curioso si cabe es que, según Juan Larrea, esa “maternidad de la madre España” se transmutaría nada menos que en Madrid, la capital de España. De manera que en un cuadro titulado Guernica y ansiado por los nacionalistas hasta el punto de pedirlo no sé cuántas veces y de llevarle al Papa León XIV su obsequio principal relacionado con ese tema, resulta que uno de los protagonistas principales del cuadro, para el autor del libro regalado por Pradales al Papa, es Madrid: “Consciente o inconscientemente, queriéndolo o no, lo que el pintor ha expresado al encajar dentro del contorno del toro, y de manera no poco forzada, la figura de la madre, constituye un jeroglífico sumamente preciso de España en cuyo centro se ubica Madrid, su capital.” (54) “Quiere ello decir que le bastó al pintor asociar a la figura del toro la entidad materna para que en lenguaje gráfico la madre se le transfigurara en Madrid.” (54)

 

A Madrid Juan Larrea le da una significación muy especial desde el principio: “Madrid, madriguera a su vez de la Contrarreforma, como capital del mundo que, con apoyo de Roma, soñaba conquistar el rey Felipe que la situó en el centro exacto del cuadrilátero peninsular, inmensamente ampliado por las conquistas españolas del siglo XVI. (…) De aquí que Madrid se convirtiera, a la vez que la villa de Guernica era arrasada, en la capital del mundo, «capitale de la douleur», cuando, a partir de 1936 los ojos y los corazones de millones de seres humanos distribuidos por la faz de la tierra permanecían clavados en su aflicción de Madre de una ingente familia de naciones. Las gestas allí vividas quedaron grabadas, no en la memoria de una generación, sino para siempre en la del globo entero.” (22)

 

Y de la mesa que hay a la izquierda en el cuadro, detrás del toro, Juan Larrea dice que simboliza esto: “No me atrevo a sostener que al pintar la «mesa» tan extrañamente asociada al toro, Picasso pensara en la «meseta» castellana, al mismo tiempo que respondía a estímulos de orden plástico. Pero teniendo en cuenta la gran libertad y riqueza asociativas de que ha dado prueba verbal en sus textos poéticos no parece improbable.” (en nota 1, p. 55).

 

En cuanto a la figura que sale de la derecha adelantando la lámpara hacia el centro: “El último de los grandes personajes de la tragedia es el significado por la voluminosa cabeza y el busto de mujer que empuña la lámpara.” (55) “Es el busto representativo de la República Española. Sin demasiado riesgo puede, por consiguiente, aventurarse aquí que esa misma República, en actitud militante, es la que se precipita sobre el caballo nacional blandiendo la lámpara.” (56)

 

Una vez comprobado cómo analiza los elementos del cuadro, vamos al significado del conjunto. Juan Larrea considera que el “Guernica es una revelación española trascendental.” (22) Y no solo eso, dice también que es una obra española “por los cuatro costados”. Veamos cómo lo explica: “En realidad no es este un cuadro nacido del capricho ni de la iniciativa particular de Picasso. Para comprenderlo en su plena objetividad conviene recordar: que fue una obra encargada por la administración republicana española, es decir, por la representación política del pueblo español, a quien correspondió la iniciativa; que tenía una finalidad inmediata y precisa: decorar el Pabellón de España en la Exposición Universal de París de 1937; que es reflejo emotivo de los sucesos que a la sazón se desarrollaban en la península, correspondiendo por tanto a estos la parte principal del fenómeno objetivo; que está concebida y ejecutada por el pintor español más prominente de nuestro siglo y quién sabe si de todos, el cual es un español salido de España, universalizado; que este ha escogido para traducir su emoción española y sus intenciones, no las escenas superficiales y anecdóticas de los sucesos, sino los símbolos más profundamente arraigados de lo que pudiera llamarse el subconsciente nacional, la fiesta de toros, con cuantos arrastres llevan tales símbolos consigo. Se trata, por consiguiente, de una obra española por sus cuatro costados y de una España que se extravierte, que se sale de madre. Por el éxodo ocurrido después, a resultas de los sucesos políticos que dieron origen al Guernica, se sabe hoy que dicho extravertimiento formaba parte natural de su destino, cosa que autoriza razonablemente a suponer que dicha pintura no es una obra personal de Picasso sino revelación de España a través de su órgano de expresión natural, el más destacado y universal de sus pintores.” (77)

 

¿A qué se referirá Juan Larrea cuando dice que Picasso no tuvo en cuanta en su cuadro “las escenas superficiales y anecdóticas de los sucesos, sino los símbolos más profundamente arraigados de lo que pudiera llamarse el subconsciente nacional”? ¿Está tal vez definiendo el bombardeo de Guernica como una escena superficial y anecdótica? No debería haber llegado a tanto. Pero como sé que Pradales, que le llevó este libro al Papa León XIV pensando que con él le transmitía al Santo Padre el sentir general de un pueblo vasco con profunda consciencia de sí mismo, no va a leer este artículo, ni tampoco nadie de su alrededor, empezando por Abel Caballero, que le acompañó con el libro en la mano, hasta que se lo pasó a su jefe para que este se lo entregara al Papa, pues no hay cuidado.

 

En fin, y tras este desahogo de españolidad, Larrea se introduce en temas como el Apocalipsis y el psicoanálisis para analizar diversos aspectos del cuadro, sin salirse en ningún momento de ese criterio español que lleva por bandera desde el principio de su ensayo. Para no cansarles más les voy a referir otra cita donde vuelve a las primeras que vimos, en el sentido de que el Guernica sería una expresión del alma española por la mano de uno de sus más egregios representantes en toda la historia: “En el desarrollo de ese proceso místico, el Guernica se revela como una obra que corresponde a todas sus dimensiones físico-psíquico-históricas, con lo que adquiere en estos momentos de patética incertidumbre una calidad incomparable de revelador prototipo. Y sobre él se levante en el Espíritu un nombre para nosotros augusto: España.” (89)

 

“Un nombre para nosotros augusto: España.” Esto hay que repetirlo. O sea, Pradales que no dice España ni que le ahorquen, que dice siempre “el Estado”, o como mucha concesión “el Estado español”, va y le lleva al Papa León XIV, en audiencia solemne de minuto y medio un libro pensando que, como es de alguien que se llama Juan Larrea pues tiene que ser una interpretación muy vasca e incluso hasta filonacionalista vasca del cuadro de Picasso. Quién le iba a decir que era todo lo contrario. Que era una intepretación muy española, incluso muy nacionalista española. Nada raro en muchos de los que perdieron la Guerra Civil. Posiblemente la mayoría. Inimaginable. Pues ya ven, qué cosas.

 

Incluso Juan Larrea llega al punto de permitirse disculpar el comunismo de Picasso, porque lo importante no sería esa ideología sino lo que el genio representa para España: “Adviértase que Picasso se ha visto incluso desde 1939 en uno de los más ardientes focos de lucha político-social, en la que ha participado activamente como individuo, hasta alistarse en el partido comunista. Pues bien, no ha pintado durante estos años ningún lienzo que pueda catalogarse como pintura social o política. Sigue haciendo pintura humana sencillamente, su pintura, dando a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. Verdad es que, como ya antes dijimos y esto parece venir a confirmarlo, el Guernica no es un cuadro propiamente suyo sino de España, del Verbo hispánico que se ha expresado reveladoramente a través de su pintor genial.” (92)

 

Y ahora qué me dicen, pacientes lectores de “El balle del ziruelo”. Qué es este libro que Pradales le llevó con tanto arrobo al Papa León XIV sino una muestra destacadísima –de hecho, no recuerdo otra igual– de exaltación de España, de lo español, de su idioma, de sus grandes genios, de su papel en la historia universal, de su significado como portadora de valores trascendentes para la humanidad en su conjunto y con lo que el Guernica vendría a confluir en múltiples sentidos que el autor va analizando minuciosamente en este trabajo. Conste que me dejo muchas citas sin sacarles aquí de la misma extensión y en el mismo sentido que estas que hemos visto. Pero para completarlas pueden consultar el libro directamente. Está en ocho bibliotecas, creo, de la Red de Bibliotecas Públicas de Euscadi. Yo lo he cogido de la UPV, donde tenemos como cuatro o cinco ejemplares. El que estoy utilizando está machacadísimo por su cubierta, señal de que ha pasado por muchas manos. Pero es de papel de muy alta calidad, por lo que por dentro está en perfecto estado. En libros de segunda mano lo he visto por 28 euros.

 

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