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Miércoles, 20 de Mayo de 2026 Tiempo de lectura:
Colossal Biosciences y la "desextinción"

Los hechiceros de Dallas

Colossal Biosciences quiere borrar la extinción del diccionario. La ciencia —y la filosofía— tienen algo que decir al respecto

 

[Img #30531]El ascensor se abre en el segundo piso y uno entra, sin advertencia, en otra era geológica.

 

La recepción es penumbrosa y silenciosa. Los techos exponen tuberías pintadas de negro. Los suelos de piedra blanca brillan como hielo. En una pared de pantallas desfilan mamuts, dodós y tigres de Tasmania. Y allí, sobre un peñasco artificial, un lobo feroz animatrónico gira la cabeza cada pocos segundos con una lentitud casi amenazante, como si olisquease el aire en busca de algo que extinguir —o de algo que resucitar.

 

"Bienvenido a nuestros laboratorios", dice Ben Lamm, cofundador y CEO de Colossal Biosciences Inc., "la primera empresa de desextinción y conservación del mundo".

 

No es una frase de marketing. O sí lo es. Pero también es, de algún modo perturbador, completamente literal.

 

El hombre que quiere enmendar la muerte

 

El billonario de Dallas Ben Lamm y el genetista de Harvard George Church fundaron Colossal en 2021 con un objetivo aparentemente delirante: devolver el mamut lanudo a la faz de la Tierra. Cuatro años después, esa apuesta fundacional parece razonable comparada con lo que la compañía ha llegado a hacer.

 

En abril de 2025, nacieron tres cachorros de lobo que no deberían existir. Sus nombres eran Rómulo, Remo y Khaleesi. Eran sanos, fueron fotografiados y llegaron a la portada de la revista Time. También eran, en términos genéticos, algo que el mundo no había visto en 13.000 años. El lobo terrible —el depredador ápice de la Era del Hielo, el animal que una vez dominó Norteamérica junto al mamut y el tigre dientes de sable— había regresado. O algo parecido a él.

 

Para lograrlo, el equipo de Colossal extrajo ADN utilizable de un diente de 13.000 años y de un hueso auricular de 72.000 años. Reconstruyeron el genoma, identificaron los 20 rasgos clave que definían al lobo terrible y reescribieron 14 genes en 45 óvulos modificados. Esos óvulos se convirtieron en embriones, que fueron llevados por perras mestizas utilizadas como sustitutas, que dieron a luz a tres cachorros sanos. Funcionó. En el primer intento a esa escala.

 

El inventor y emprendedor Peter Diamandis lo llamó "el milagro científico de la década". Sus detractores lo llamaron otra cosa.

 

El portafolio del imposible

 

Colossal no trabaja con una sola especie extinta. Trabaja con un catálogo.

 

La compañía ya anunciaba en 2026 la incorporación del bluebuck —un antílope de pelaje azulado que habitó Sudáfrica y fue cazado hasta su extinción hace más de dos siglos— como el sexto miembro de su "portafolio de desextinción". Antes estaban el mamut lanudo, el dodó, el tilacino (el tigre de Tasmania), el moa de Nueva Zelanda y el lobo terrible.

 

El programa del dodó utiliza al palomo de Nicobar —su pariente vivo más cercano— como sustituto genético, y la compañía colabora con organizaciones de vida silvestre en Mauricio para crear un refugio para los futuros híbridos. En cuanto al moa, Colossal anunció en 2025 que recuperaría y analizaría ADN del ave gigante neozelandesa para compararlo con sus parientes extintos y vivos; el director de cine Peter Jackson, inversor en la empresa, participa en el proyecto.

 

El laboratorio, mientras tanto, acumula hitos con una cadencia que marea. En septiembre de 2025, los científicos de Colossal fueron los primeros en la historia en cultivar células germinales primordiales de palomas, un paso fundamental para resucitar al dodó. Y apenas unos días antes de la publicación de este reportaje, Ben Lamm revelaba en televisión el que puede ser su avance más disruptivo: un sistema de huevo artificial completamente funcional que logró hacer eclosionar polluelos sin necesidad de una cáscara real. Una matriz mecánica que incuba vida. Una madre sin cuerpo.

 

El ratón lanudo y la madre artificial

 

Dentro del laboratorio, Matt James, director de animales de Colossal, levanta la tapa de una caja de cristal. Cuatro ratoncillos corretean en su interior. En otra caja, un adulto más grande y peludo permanece quieto en la cama blanca de virutas. Se llama Chip. Él y su hermano Dale fueron los dos primeros "ratones lanudos" producidos por Colossal: a diferencia de los ratones típicos, de pelo corto y grisáceo, estos tienen un pelaje rubio y largo que imita la piel que protegía a los mamuts del frío ártico.

 

Son la prueba de concepto. Si los genes del mamut pueden hacer crecer ese pelo en un ratón, pueden hacer lo mismo en un elefante asiático. Y si pueden hacerlo en un elefante asiático, pueden crear algo que camine, trompe y resople como un mamut. Colossal llama a ese objetivo "el mamut lanudo". Sus críticos lo llaman "un elefante asiático con abrigo de invierno".

 

El proyecto del mamut tiene como objetivo producir embriones en 2026 y una cría viva para finales de 2028. Pero hay un problema filosófico y logístico de primer orden: el elefante asiático, la especie más próxima al mamut, está en peligro de extinción. Y Lamm ha sido categórico: Colossal no someterá a animales en peligro a procedimientos reproductivos invasivos.

 

La solución que han propuesto es de ciencia ficción: un útero artificial. Un dispositivo que tome un embrión unicelular fertilizado y lo lleve hasta el nacimiento sin necesidad de ninguna madre viva. Lamm ha declarado públicamente que espera tener resultados en pequeños mamíferos primero, y escalar la tecnología para finales de 2026.

 

El dinero de los dinosaurios

 

Nada de esto es barato, y nada de esto es discreto.

 

Con una valoración de 10.000 millones de dólares, la startup liderada por Ben Lamm ha recaudado cientos de millones para financiar su misión. Desde su lanzamiento en septiembre de 2021, Colossal ha captado más de 555 millones de dólares en financiación total. Los Emiratos Árabes Unidos invirtieron 60 millones de dólares en la última ronda, donde también participaron el director Peter Jackson, el exjugador de fútbol americano Tom Brady y el golfista Tiger Woods.

 

La nueva sede de Colossal en Dallas ocupa 55.000 pies cuadrados y reúne a los 230 científicos e investigadores de la compañía bajo un mismo techo. Y la empresa no intenta pasar desapercibida: aproximadamente el 30% de los inversores llegaron porque sus hijos les hablaron de la empresa después de ver contenidos sobre desextinción en clase o en TikTok.

 

La ciencia más ambiciosa del planeta la están financiando, en parte, los niños.

 

La pregunta que no tiene respuesta fácil

 

Pero ¿es esto realmente desextinción?

 

Dusko Ilic, profesor de ciencia de células madre en el King's College de Londres, calificó al lobo terrible recreado como un "proxy sintético", diseñado para imitar los rasgos físicos del animal original. Los comportamientos aprendidos y el nicho ecológico de la especie son otro asunto, dijo, y describió la "desextinción" como una "ilusión".

 

La propia Beth Shapiro, paleogenetista jefa de Colossal, reconoció en 2024 que "una vez que una especie se pierde, se ha ido". Y sin embargo trabaja ahí dentro, sosteniendo colmillos de mamut, oliendo el ADN quemado con una sierra eléctrica, convencida de que lo que hacen importa aunque el resultado no sea idéntico al original. "Será un mamut porque parecerá un mamut y actuará como un mamut, y restaurará las interacciones de ese ecosistema que los mamuts tenían con otras especies", argumenta.

 

"No creo que la gente entienda la crisis de extinción en la que estamos", dice Lamm. "Estamos en la sexta extinción masiva, que está siendo acelerada por el ser humano."

 

La pregunta, entonces, no es solo si Colossal puede devolver a la vida a criaturas extintas. Es si el verbo "devolver" significa algo cuando lo que nació no es exactamente lo que murió. Es si un lobo con ADN antiguo editado sobre una base de lobo gris es un acto de resurrección o de (re)creación. Y es si, ante la presunta catástrofe ecológica que algunos dicen que avanza, esa distinción filosófica tiene todavía alguna importancia práctica.

 

En Dallas, el lobo animatrónico sigue girando la cabeza cada pocos segundos. Afuera, en algún santuario no revelado del estado de Texas, Rómulo, Remo y Khaleesi corren, comen y duermen. No saben que son un debate. No saben que son un milagro. No saben, probablemente, que son la primera frase de una historia que aún no tiene final escrito.

 

Solo saben que existen. Y eso, por ahora, puede que sea suficiente.

 


Nota: Reportaje elaborado con fuentes de NPR, Axios, CNN, Euronews y registros corporativos de Colossal Biosciences (2025-2026)

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