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Miércoles, 20 de Mayo de 2026 Tiempo de lectura:

El precio de Mango

Cómo la muerte de un hombre en un barranco de Montserrat convirtió a uno de los grandes imperios de la moda española en el escenario de un drama de herencias, sospechas y traición familiar

 

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Hay una paradoja íntima en el origen de toda esta historia. Isak Andic llegó a Barcelona con catorce años procedente de Estambul, con su familia y con apenas lo puesto. Décadas más tarde, los investigadores policiales sostendrán que su hijo lo mató, al menos en parte, por miedo a perder una porción de los miles de millones que ese mismo hombre había construido desde la nada. Del mercadillo de la calle Balmes al barranco de Collbató, la historia de Isak Andic es la historia de alguien que lo tuvo todo y lo perdió todo en la misma montaña.

 

La fruta y el nombre

 

Nacido en 1953 en Estambul en el seno de una familia judía sefardí, Andic llegó a Cataluña a los catorce años. Tres años después ya vendía ropa y calzado en mercadillos. No había en él nada del emprendedor que aparece retratado en los manuales de negocio: era simplemente un inmigrante joven con olfato comercial y una urgencia casi física por progresar. Durante la década de los sesenta comenzó vendiendo blusas de estilo hippie venidas de Turquía en un pequeño puesto de mercadillo situado en la calle Balmes de Barcelona.

 

El paso de vendedor ambulante a constructor de imperios ocurrió despacio, y luego de golpe. En 1984, Andic, junto a su hermano Nahman y el empresario Enric Casi, abrió la primera tienda de la compañía en el número 65 del Paseo de Gracia barcelonés. El nombre lo eligió él, con la lógica sencilla de quien piensa en grande: Andic escogió la palabra "mango" después de probar la fruta en un viaje a Filipinas. Le pareció que se pronunciaba igual en todos los idiomas. Era una marca pensada para el mundo desde el primer día.

 

Lo que vino después pertenece a la categoría de las fábulas del capitalismo tardío. Mango se convirtió en uno de los principales grupos de moda de Europa, con alrededor de 2.800 tiendas en todo el mundo. Sus ingresos en 2025 alcanzaron los 3.767 millones de euros, un incremento del 13% respecto al año anterior. Forbes estimó la fortuna de la familia Andic en 4.500 millones de dólares. Era el hombre más rico de Cataluña. Había llegado con cuatro blusas bordadas a mano y había construido uno de los mayores imperios del textil continental.

 

El hombre discreto

 

Andic llevó un modo de vida extraordinariamente discreto: hasta el año 2007 no realizaba apariciones públicas e incluso resultaba imposible conseguir fotografías suyas. Le gustaba el mar, los viajes, el esquí y el arte contemporáneo. Era un hombre activo, divertido, inquieto, generoso y familiar. Tan familiar que, según cuentan quienes lo conocieron, acabó trayendo a su familia completa a España, contratando incluso a su madre, que de muy mayor acudía a las oficinas de Mango los miércoles a firmar talones.

 

Tuvo tres hijos de su matrimonio con Neus Raig: Jonathan, Judith y Sarah. Al mayor, Jonathan, lo fue incorporando al negocio con los años. Jonathan comenzó su carrera profesional en Mango en 2005, tras estudiar comunicación audiovisual en Estados Unidos y empresas en España. Dos años después impulsó la creación de la línea Mango Man, y llegó a ocupar el cargo de vicepresidente del consejo de administración. Padre e hijo compartían empresa, apellido y, al parecer, ciertas tensiones que con el tiempo se harían insoportables.

 

En 2024, meses antes de su muerte, Isak Andic recibió el Premio Reino de España a la Trayectoria Empresarial de manos del rey Felipe VI. Era el reconocimiento a toda una vida. Nadie imaginaba que sería uno de sus últimos actos públicos.

 

El barranco

 

El 14 de diciembre de 2024, Isak Andic falleció tras caer por un desnivel en una zona de senderismo en Montserrat, mientras realizaba una excursión junto a su hijo Jonathan. Era un sábado. La ruta que habían elegido, el sendero que enlaza las Coves del Salnitre en Collbató con el monasterio de Montserrat, es un camino relativamente fácil, popular entre familias los fines de semana.

 

Jonathan Andic declaró que caminaba unos metros por delante de su padre cuando escuchó un desprendimiento de piedras y, al girarse, lo vio precipitarse. Llamó al 112 antes del mediodía. Los bomberos rescataron el cuerpo sin vida de Isak Andic desde el fondo de un barranco de más de cien metros. La primera hipótesis fue la del accidente. España entera lamentó la pérdida.

 

Pero algo no encajaba.

 

A mediados de octubre de 2025 se supo que la situación judicial de Jonathan Andic había cambiado: en septiembre había pasado de testigo a investigado por un presunto delito de homicidio. El giro fue consecuencia de meses de trabajo de los Mossos d'Esquadra, que habían detectado algo que los investigadores llaman con frialdad burocrática "inconsistencias".

 

Las sospechas se habían centrado en supuestas incoherencias dentro del relato de Jonathan, especialmente en aspectos como el lugar exacto en el que se encontraba durante la caída, el punto donde habría estacionado el vehículo, o si tomó fotografías durante la excursión. Dos versiones de los mismos hechos con detalles que no casaban entre sí.

 

Pero el verdadero vuelco en el caso llegó desde un lugar inesperado: el testimonio de una mujer. Estefanía Knuth, la última pareja de Isak Andic con quien mantuvo un vínculo durante seis años, describió ante los investigadores la existencia de relaciones tensas entre el empresario y su hijo. Knuth, golfista profesional, tenía además sus propios motivos de fricción con la familia: se mostró en desacuerdo con la cuantía que le había correspondido en el testamento de Andic, considerando que debía percibir 70 millones de euros, una cifra muy superior a la establecida. Los hijos estuvieron dispuestos a negociar, pero nunca llegaron a ese número. Era una mujer con agravios propios que, sin embargo, aportó datos que apuntaban en la misma dirección que la investigación.

 

Si los investigadores tenían dudas sobre el "cómo", trabajaban con una hipótesis sobre el "por qué" que era tan antigua como los crímenes de familia: el dinero y el miedo a perderlo.

 

La jueza encargada de investigar la muerte de Isak Andic considera que existen indicios de que su hijo Jonathan habría provocado su fallecimiento de manera "premeditada", motivado por una supuesta "obsesión con el dinero" y por el temor a que su padre modificara el testamento para destinar parte de su patrimonio a una fundación benéfica.

 

Esa es la tesis judicial: que Jonathan Andic, vicepresidente del grupo textil más importante de la moda española después de Inditex, heredero de un nombre y de una fortuna de miles de millones, habría actuado por miedo a que una fundación benéfica le arrebatara una parte de lo que consideraba suyo. Un hombre que, en un vídeo promocional de la propia empresa, había declarado: "Si tienes claro hacia dónde quieres ir y sigues adelante, acabarás logrando tus objetivos".

 

El pasado 19 de mayo de 2026, los Mossos d'Esquadra se presentaron en el domicilio de Jonathan Andic. Fue detenido y trasladado a dependencias policiales, ante quienes se negó a declarar. Posteriormente lo condujeron al Juzgado de Instrucción número 5 de Martorell. Durante su comparecencia ante la jueza, el investigado únicamente respondió a las preguntas de su abogado.

 

La fiscal de la sección de jurado de Barcelona pidió a la instructora el ingreso en prisión de Andic, eludible bajo una fianza de un millón de euros. La jueza impuso, además de la fianza, la retirada del pasaporte, la prohibición de salir del país y la obligación de comparecer semanalmente ante la justicia.

 

En apenas minutos, tras notificársele el auto de la jueza instructora, Jonathan Andic depositó, por transferencia bancaria, el millón de euros de fianza. Un millón de euros transferidos en minutos. Poco después salió de los juzgados sin pronunciar palabra, acompañado de su abogado, Cristóbal Martell, quien calificó de "inconsistente" y "dolorosa" la hipótesis del homicidio. "Ahora comienza auténticamente el proceso y brillará la verdad y la inocencia", declaró el letrado.

 

La familia del fundador de Mango defendió la inocencia de Jonathan y se mostró "absolutamente" convencida de que "ni existen ni se hallarán pruebas de cargo legítimas" contra él. Es una declaración notable en su rotundidad: no solo niegan la culpa, sino la posibilidad misma de la prueba.

 

El caso permanece bajo secreto de sumario. Mango, entre tanto, sigue funcionando con la precisión de una multinacional que no puede permitirse el lujo del drama. La gestión de la marca continúa en manos de Toni Ruiz, quien ejerce como presidente y consejero delegado, y la herencia empresarial de Andic fue repartida entre sus tres hijos, quienes recibieron partes iguales de Punta Na Holding, la sociedad que controla la mayor parte de las acciones.

 

Lo que queda

 

Isak Andic llegó a Barcelona con catorce años y cuatro blusas bordadas a mano. Construyó desde allí un imperio que viste a millones de personas en más de ciento veinte países. Le gustaba el mar y el arte y la discreción. Recibió el Premio Reino de España de manos del rey. Murió en una montaña un sábado de diciembre junto a su hijo mayor.

 

Lo que ocurrió realmente en ese sendero de Collbató —si fue un accidente, un impulso o algo fríamente calculado— es lo que ahora debe determinar la justicia. Pero el caso ya ha dibujado algo más perturbador que cualquier sentencia: el retrato de una fortuna tan grande que, según la acusación, fue capaz de convertir a un hijo en el mayor peligro para su propio padre.

 

El mango, aquella fruta que Isak probó en Filipinas y cuyo nombre dio la vuelta al mundo, tiene un sabor dulce con un punto de acidez que lo hace inconfundible. La historia de los Andic también.


Nota: El caso continúa bajo secreto de sumario. Jonathan Andic, investigado por homicidio, permanece en libertad provisional tras depositar una fianza de un millón de euros. La familia mantiene su presunción de inocencia.

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