El censo de la raza vasca
Aunque suene a disparatado, esto ocurrió en realidad. En los años que van de la salida del PNV de territorio vasco y español, tras la caída de Bilbao el 19 de junio de 1937 y, sobre todo, tras el llamado “pacto de Santoña” de 24 de agosto de dicho año, el núcleo duro del PNV se instaló en Anglet, en una casa llamada Villa Endara, desde donde organizaron, con fecha 7 de septiembre de 1937, una pretendida asociación humanitaria llamada Comité Basque de Secours aux Réfugiés, que en realidad era una pantalla o tapadera para seguir funcionando como partido pero con apariencia de organización humanitaria, lo que hoy llamaríamos una ONG, de modo que podía recibir financiación pero sin pasar por los controles y la fiscalización de una entidad mercantil al uso.
Este comité sobrevivió a la invasión de Francia por el ejército alemán, en el verano de 1940, pero ya solo por su nombre y poco más, ya que sus principales miembros quedaron dispersos por varios países de Europa y América.
Si repasamos los componentes del “Comité Basque de Secours aux Réfugiés” en 1941, cuando intentaron hacerse con el dinero de la Continental Transit, veremos cómo ahí están todos los burukides del PNV que no estaban en el Gobierno vasco. Empezando por su presidente, Doroteo de Ziaurriz, que estaba aquí también en el Comité de presidente, lo que evidencia que Comité y PNV eran lo mismo. El vicepresidente era Luis Arredondo, el Secretario general Elías Etxeberria, y como vocales estaban Antonio Gamarra, Pedro Ormaetxea, José María Gárate y José María Izaurieta. Estos eran los que formaban la junta de gobierno del comité, todos nacionalistas muy señalados.
En esta especie de declaración de lo que era el Comité Basque de Secours aux Réfugiés del año 1941 se dice que “fueron otorgadas en diversas épocas por la Junta General presidencias de honor para las distintas secciones de la Asociación –Beneficencia, Hospitales, Refugios, Cultura, Emigración, Asistencia Religiosa y Social– a los señores siguientes”. Nos ahorramos a los franceses que utilizaron para dar curso legal a la asociación en Francia y nos centramos en los elementos del propio PNV y simpatizantes que estaban ahí: José Miguel Barandiarán, Teresa de Azkue (presidenta de Emakume Abertzale Batza, la asociación de mujeres peneuvistas), Ramón de la Sota, Domingo de Epalza, Ignacio de Rotaetxe, Ildefonso de Irala, Gorgonio de Rentería, Manuel Atejada, Isaac López de Mendizabal, Manuel Robles Aranguiz, Julio de Jauregi, y ya propiamente burukides del PNV: Carlos Solano, Andrés de Bereciartua, Félix de Zubizarreta, Luis de Arregi y aparte de estos, Eugene Goyeneche, que era un nacionalista del País Vasco francés que les ayudó mucho a los nacionalistas para ejercer de testaferro en diversos momentos ya que tenía ciudadanía francesa y sabía francés y español.
La financiación le empezó a llegar al Comité Basque de Secours aux Refugies de manera abundante en los años inmediatos siguientes. Una pequeña parte de los recursos vinieron de donativos de vascos residentes en América, a los que se les había pedido ayuda a través de la sección de Propaganda del comité. Pero el grueso de la financiación procedía sobre todo de una empresa fundada con capital público, del Gobierno vasco, que a su vez estaba financiado por el Gobierno de la Segunda República. Se trataba de una empresa de fletamiento de buques llamada Continental Transit, establecida en Londres y donde ejercía de enlace el nacionalista Luis Ortuzar.
Una vez invadida Francia por las tropas alemanas en junio de 1940, todos los componentes del Comité Basque de Secours aux Réfugiés tuvieron que dispersarse por otros países, en especial Inglaterra y América. Luis Arredondo y Elías Etxeberria, consiguieron llegar a Inglaterra y su objetivo fue seguir obteniendo los recursos económicos que venían recibiendo de la compañía Continental Transit, que estaba en fase de liquidación en Londres. Presentaron un pleito para quedarse con las acciones a lo que Luis Ortuzar, fundador de la compañía por mediación de su propio capital y el del Gobierno vasco, por encargo del consejero de Hacienda, Eliodoro de la Torre, se opuso y al final acabó saliéndose con la suya, ya que el dinero volvió a quien lo había proporcionado, es decir, al Gobierno vasco, no al PNV.
El pleito entre la Continental Transit y el Comité Basque de Secours aux Réfugiés fue el ejemplo paradigmático del espíritu de rapiña con el que actuó el PNV una vez que se vio en el exilio y sin los recursos que había venido recibiendo del Gobierno vasco de José Antonio Aguirre. En medio de aquel pleito, Elías Etxeberria y Luis Arredondo, como cabezas visibles de la conspiración para quedarse con las acciones de la compañía, llegaron a inscribir el Comité Basque de Secours aux Réfugiés en el registro de Brazzaville, capital del Congo francés, todavía colonia francesa y que Charles de Gaulle, desde su exilio en Londres, había nombrado como capital oficial de la Francia Libre. Pero a los del PNV no les sirvió de nada la estratagema porque, con la liquidación de la compañía Continental Transit en 1945, las acciones volvieron al Gobierno vasco de José Antonio Aguirre, que es de donde habían salido, como dijimos. Más de treinta mil libras esterlinas de la época, que al cambio actual serían más de dos millones de euros.
El Comité Basque de Secours aux Réfugiés tenía una actividad digamos que principal, lo cual no quiere decir necesariamente que fuera la que más gasto demandaba, consistente en dar subsidios y ayudas a los refugiados nacionalistas vascos. Esto se canalizaba a través de la entidad Euzko-Anaitasuna, cuyo director era Elías Etxeberria. Y aparte de esta tenía otra actividad propiamente ideológica, de propaganda, que se ejercía de dos maneras. Por una parte, creando un Censo de la raza vasca, en francés “Recensement de la race basquaise”, del que les mostramos aquí el membrete con el que marcaban sus comunicaciones:
![[Img #30585]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/05_2026/9997_imagen1.png)
Y de otra parte con la publicación de un periódico mensual, titulado “Euzko-Enda”, del que les enseñamos aquí la cabecera del primer número y cuyo subtítulo era: “Boletín mensual dedicado a la unión de la raza vasca”. Este boletín consiguió publicar quince números, cada uno de dieciséis páginas, donde aparecían una serie de secciones fijas, entre las cuales estaba la de recopilación de apellidos, empeño en el que no podemos dejar de ver detrás la figura de Isaac López Mendizábal, que aparece entre los consejeros de honor del Comité Basque de Secours aux Réfugiés, y del cual en esta serie de “El balle del ziruelo” ya dimos noticia con un par de artículos titulados “El buruquide etimologista, I y II”, que salieron los días 31 de octubre y 7 de noviembre de 2021.
Estamos ante una persona que apellidándose López Mendizábal y siendo su padre inmigrante y su madre a medias, mitad originaria de la inmigración de otras partes de España y mitad autóctona vasca, se permitía hablar de la raza vasca como algo que le venía por la sangre y se transmitía a través de los apellidos. Pero es que no quedaba ahí la cosa, sino que, para su primer apellido López, incluso proponía un origen en el País Vasco francés, concretamente en Sare, tal como explicaba en los artículos que he comentado antes. También en aquellos artículos se comentaban otros hechos absurdos de este aficionado a la etimología, según los cuales el apellido Arana no podía significar “ciruelo” o “ciruela” porque eso sería una especie de afrenta para su líder carismático, fundador del nacionalismo vasco. En fin, estamos con gente, como se suele decir, para echarles de comer aparte.
Gentes que en el boletín de suscripción para el periódico “Euzko-Enda”, escribían: “Un grupo de vascos que ha vivido la tragedia de su Pueblo y que conoce el martirio a que se le tiene sometido, temiendo por su suerte futura y tratando de evitar el designio monstruoso de hacer desaparecer hasta los últimos vestigios de una Raza que, por sus virtudes privadas y públicas, individuales y colectivas solo alabanzas debiera merecer de todo el mundo, constituido en «Comité basque de Secours aux Réfugiés» llama con acento angustioso a cuantos llevan en sus venas sangre vasca y les incita a colaborar en esta obra de humanidad y de justicia, sea cual fuere su credo religioso o político, nacidos en el Solar de sus mayores o que hayan visto la luz en la libertad de las tierras americanas”. Aquí, para recabar los fondos apelaban a todos los vascos sea cual fuere su credo religioso o político, pero en los estatutos de la asociación Comité Basque de Secours aux Réfugiés”, en su artículo 2, reservaban el derecho de admisión de esta forma: “2.- El objeto de esta asociación es la asistencia de los vascos demócratas exilados en Francia, Inglaterra y América.” Demócratas, dicen, empleando el término “demócrata” en el mismo sentido excluyente que hacen ahora.
Y terminamos con el periódico mensual “Euzko-Enda”. El nombre seguramente se lo puso José Miguel de Barandiarán. Lo decimos por la referencia que nos da Inés Pagola en su libro dedicado a los neologismos de Sabino Arana. Ya saben que Sabino Arana se inventó muchas palabras para el eusquera. Pues entre ellas estaba la de “enda”, que para él significaba raza. Lo empezó a utilizar con ese significado en 1895 pero ya para 1896 lo desechó y lo sustituyó por “abenda”, para decir lo mismo, raza, integrada por “aba” (antepasados) y “enda” (raza). También “aba” es otra invención de Sabino Arana, que también la empleó para formar “aberri”, patria (de “aba”, antepasados, y “herri”, pueblo). Se podría decir que “abenda” para decir raza era un neologismo al cuadrado, formado por dos neologismos, ambos de autoría sabiniana, “aba” y “enda”. Pagola nos dice que Barandiarán, por su parte, utilizaba “giza-enda” para significar raza humana. Y de ahí que pudiera ser este cura y antropólogo nacionalista, que ya hemos visto que estaba entre los consejeros honoríficos del Comité, quien diera la idea de ese nombre para la revista, el de “Euzko-Enda”. El contenido, se lo pueden imaginar, todo el rato con la raza vasca, sus apellidos y su historia tergiversada y reducida a una especie de clasificación de razas como si se tratara de razas caninas o equinas.
Anotamos una curiosidad en cuanto a la utilización de los adjetivos en francés, basque y basquais-basquaise. Basque se utiliza para temas políticos o identitarios mientras que basquais, basquaise se suele utilizar para cuestiones gastronómicas o agropecuarias. Pues bien, si se fijan, en el Recensement lo emplean con un sentido pretendidamente desprovisto de carga política: “Recensement de la race basquaise”, censo de la raza vasca, que, al fin y al cabo, lo basan única y exclusivamente en los apellidos. Pero en la cabecera del periódico “Euzko-Enda” lo emplean ya en sentido político: “Bulletin mensuel dédié à l’union de la race basque”.
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Aunque suene a disparatado, esto ocurrió en realidad. En los años que van de la salida del PNV de territorio vasco y español, tras la caída de Bilbao el 19 de junio de 1937 y, sobre todo, tras el llamado “pacto de Santoña” de 24 de agosto de dicho año, el núcleo duro del PNV se instaló en Anglet, en una casa llamada Villa Endara, desde donde organizaron, con fecha 7 de septiembre de 1937, una pretendida asociación humanitaria llamada Comité Basque de Secours aux Réfugiés, que en realidad era una pantalla o tapadera para seguir funcionando como partido pero con apariencia de organización humanitaria, lo que hoy llamaríamos una ONG, de modo que podía recibir financiación pero sin pasar por los controles y la fiscalización de una entidad mercantil al uso.
Este comité sobrevivió a la invasión de Francia por el ejército alemán, en el verano de 1940, pero ya solo por su nombre y poco más, ya que sus principales miembros quedaron dispersos por varios países de Europa y América.
Si repasamos los componentes del “Comité Basque de Secours aux Réfugiés” en 1941, cuando intentaron hacerse con el dinero de la Continental Transit, veremos cómo ahí están todos los burukides del PNV que no estaban en el Gobierno vasco. Empezando por su presidente, Doroteo de Ziaurriz, que estaba aquí también en el Comité de presidente, lo que evidencia que Comité y PNV eran lo mismo. El vicepresidente era Luis Arredondo, el Secretario general Elías Etxeberria, y como vocales estaban Antonio Gamarra, Pedro Ormaetxea, José María Gárate y José María Izaurieta. Estos eran los que formaban la junta de gobierno del comité, todos nacionalistas muy señalados.
En esta especie de declaración de lo que era el Comité Basque de Secours aux Réfugiés del año 1941 se dice que “fueron otorgadas en diversas épocas por la Junta General presidencias de honor para las distintas secciones de la Asociación –Beneficencia, Hospitales, Refugios, Cultura, Emigración, Asistencia Religiosa y Social– a los señores siguientes”. Nos ahorramos a los franceses que utilizaron para dar curso legal a la asociación en Francia y nos centramos en los elementos del propio PNV y simpatizantes que estaban ahí: José Miguel Barandiarán, Teresa de Azkue (presidenta de Emakume Abertzale Batza, la asociación de mujeres peneuvistas), Ramón de la Sota, Domingo de Epalza, Ignacio de Rotaetxe, Ildefonso de Irala, Gorgonio de Rentería, Manuel Atejada, Isaac López de Mendizabal, Manuel Robles Aranguiz, Julio de Jauregi, y ya propiamente burukides del PNV: Carlos Solano, Andrés de Bereciartua, Félix de Zubizarreta, Luis de Arregi y aparte de estos, Eugene Goyeneche, que era un nacionalista del País Vasco francés que les ayudó mucho a los nacionalistas para ejercer de testaferro en diversos momentos ya que tenía ciudadanía francesa y sabía francés y español.
La financiación le empezó a llegar al Comité Basque de Secours aux Refugies de manera abundante en los años inmediatos siguientes. Una pequeña parte de los recursos vinieron de donativos de vascos residentes en América, a los que se les había pedido ayuda a través de la sección de Propaganda del comité. Pero el grueso de la financiación procedía sobre todo de una empresa fundada con capital público, del Gobierno vasco, que a su vez estaba financiado por el Gobierno de la Segunda República. Se trataba de una empresa de fletamiento de buques llamada Continental Transit, establecida en Londres y donde ejercía de enlace el nacionalista Luis Ortuzar.
Una vez invadida Francia por las tropas alemanas en junio de 1940, todos los componentes del Comité Basque de Secours aux Réfugiés tuvieron que dispersarse por otros países, en especial Inglaterra y América. Luis Arredondo y Elías Etxeberria, consiguieron llegar a Inglaterra y su objetivo fue seguir obteniendo los recursos económicos que venían recibiendo de la compañía Continental Transit, que estaba en fase de liquidación en Londres. Presentaron un pleito para quedarse con las acciones a lo que Luis Ortuzar, fundador de la compañía por mediación de su propio capital y el del Gobierno vasco, por encargo del consejero de Hacienda, Eliodoro de la Torre, se opuso y al final acabó saliéndose con la suya, ya que el dinero volvió a quien lo había proporcionado, es decir, al Gobierno vasco, no al PNV.
El pleito entre la Continental Transit y el Comité Basque de Secours aux Réfugiés fue el ejemplo paradigmático del espíritu de rapiña con el que actuó el PNV una vez que se vio en el exilio y sin los recursos que había venido recibiendo del Gobierno vasco de José Antonio Aguirre. En medio de aquel pleito, Elías Etxeberria y Luis Arredondo, como cabezas visibles de la conspiración para quedarse con las acciones de la compañía, llegaron a inscribir el Comité Basque de Secours aux Réfugiés en el registro de Brazzaville, capital del Congo francés, todavía colonia francesa y que Charles de Gaulle, desde su exilio en Londres, había nombrado como capital oficial de la Francia Libre. Pero a los del PNV no les sirvió de nada la estratagema porque, con la liquidación de la compañía Continental Transit en 1945, las acciones volvieron al Gobierno vasco de José Antonio Aguirre, que es de donde habían salido, como dijimos. Más de treinta mil libras esterlinas de la época, que al cambio actual serían más de dos millones de euros.
El Comité Basque de Secours aux Réfugiés tenía una actividad digamos que principal, lo cual no quiere decir necesariamente que fuera la que más gasto demandaba, consistente en dar subsidios y ayudas a los refugiados nacionalistas vascos. Esto se canalizaba a través de la entidad Euzko-Anaitasuna, cuyo director era Elías Etxeberria. Y aparte de esta tenía otra actividad propiamente ideológica, de propaganda, que se ejercía de dos maneras. Por una parte, creando un Censo de la raza vasca, en francés “Recensement de la race basquaise”, del que les mostramos aquí el membrete con el que marcaban sus comunicaciones:
![[Img #30585]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/05_2026/9997_imagen1.png)
Y de otra parte con la publicación de un periódico mensual, titulado “Euzko-Enda”, del que les enseñamos aquí la cabecera del primer número y cuyo subtítulo era: “Boletín mensual dedicado a la unión de la raza vasca”. Este boletín consiguió publicar quince números, cada uno de dieciséis páginas, donde aparecían una serie de secciones fijas, entre las cuales estaba la de recopilación de apellidos, empeño en el que no podemos dejar de ver detrás la figura de Isaac López Mendizábal, que aparece entre los consejeros de honor del Comité Basque de Secours aux Réfugiés, y del cual en esta serie de “El balle del ziruelo” ya dimos noticia con un par de artículos titulados “El buruquide etimologista, I y II”, que salieron los días 31 de octubre y 7 de noviembre de 2021.
Estamos ante una persona que apellidándose López Mendizábal y siendo su padre inmigrante y su madre a medias, mitad originaria de la inmigración de otras partes de España y mitad autóctona vasca, se permitía hablar de la raza vasca como algo que le venía por la sangre y se transmitía a través de los apellidos. Pero es que no quedaba ahí la cosa, sino que, para su primer apellido López, incluso proponía un origen en el País Vasco francés, concretamente en Sare, tal como explicaba en los artículos que he comentado antes. También en aquellos artículos se comentaban otros hechos absurdos de este aficionado a la etimología, según los cuales el apellido Arana no podía significar “ciruelo” o “ciruela” porque eso sería una especie de afrenta para su líder carismático, fundador del nacionalismo vasco. En fin, estamos con gente, como se suele decir, para echarles de comer aparte.
Gentes que en el boletín de suscripción para el periódico “Euzko-Enda”, escribían: “Un grupo de vascos que ha vivido la tragedia de su Pueblo y que conoce el martirio a que se le tiene sometido, temiendo por su suerte futura y tratando de evitar el designio monstruoso de hacer desaparecer hasta los últimos vestigios de una Raza que, por sus virtudes privadas y públicas, individuales y colectivas solo alabanzas debiera merecer de todo el mundo, constituido en «Comité basque de Secours aux Réfugiés» llama con acento angustioso a cuantos llevan en sus venas sangre vasca y les incita a colaborar en esta obra de humanidad y de justicia, sea cual fuere su credo religioso o político, nacidos en el Solar de sus mayores o que hayan visto la luz en la libertad de las tierras americanas”. Aquí, para recabar los fondos apelaban a todos los vascos sea cual fuere su credo religioso o político, pero en los estatutos de la asociación Comité Basque de Secours aux Réfugiés”, en su artículo 2, reservaban el derecho de admisión de esta forma: “2.- El objeto de esta asociación es la asistencia de los vascos demócratas exilados en Francia, Inglaterra y América.” Demócratas, dicen, empleando el término “demócrata” en el mismo sentido excluyente que hacen ahora.
Y terminamos con el periódico mensual “Euzko-Enda”. El nombre seguramente se lo puso José Miguel de Barandiarán. Lo decimos por la referencia que nos da Inés Pagola en su libro dedicado a los neologismos de Sabino Arana. Ya saben que Sabino Arana se inventó muchas palabras para el eusquera. Pues entre ellas estaba la de “enda”, que para él significaba raza. Lo empezó a utilizar con ese significado en 1895 pero ya para 1896 lo desechó y lo sustituyó por “abenda”, para decir lo mismo, raza, integrada por “aba” (antepasados) y “enda” (raza). También “aba” es otra invención de Sabino Arana, que también la empleó para formar “aberri”, patria (de “aba”, antepasados, y “herri”, pueblo). Se podría decir que “abenda” para decir raza era un neologismo al cuadrado, formado por dos neologismos, ambos de autoría sabiniana, “aba” y “enda”. Pagola nos dice que Barandiarán, por su parte, utilizaba “giza-enda” para significar raza humana. Y de ahí que pudiera ser este cura y antropólogo nacionalista, que ya hemos visto que estaba entre los consejeros honoríficos del Comité, quien diera la idea de ese nombre para la revista, el de “Euzko-Enda”. El contenido, se lo pueden imaginar, todo el rato con la raza vasca, sus apellidos y su historia tergiversada y reducida a una especie de clasificación de razas como si se tratara de razas caninas o equinas.
Anotamos una curiosidad en cuanto a la utilización de los adjetivos en francés, basque y basquais-basquaise. Basque se utiliza para temas políticos o identitarios mientras que basquais, basquaise se suele utilizar para cuestiones gastronómicas o agropecuarias. Pues bien, si se fijan, en el Recensement lo emplean con un sentido pretendidamente desprovisto de carga política: “Recensement de la race basquaise”, censo de la raza vasca, que, al fin y al cabo, lo basan única y exclusivamente en los apellidos. Pero en la cabecera del periódico “Euzko-Enda” lo emplean ya en sentido político: “Bulletin mensuel dédié à l’union de la race basque”.
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