Sábado, 30 de Mayo de 2026

Actualizada Sábado, 30 de Mayo de 2026 a las 18:13:09 horas

Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

Continuar...

Patxi Iribarri
Sábado, 30 de Mayo de 2026 Tiempo de lectura:

Cuando cae la bandera

[Img #30590]Esta mañana estaba yo desayunando en el caserío, con mi café con leche y mis dos tostadas con mantequilla de mis vacas, cuando en la televisión apareció una imagen que me dejó pensativo. Durante un acto oficial, mientras se procedía al izado de la bandera de España, algo falló y la enseña nacional acabó desplomándose ante la mirada de los asistentes.

 

Ya sé que fue un accidente. Ya sé que una cuerda puede romperse, un mecanismo puede fallar y que no hay ninguna conspiración detrás del asunto. Pero también sé que algunas imágenes poseen una fuerza simbólica que va mucho más allá de los hechos. Y mientras veía aquella bandera caer lentamente pensé que pocas escenas describen mejor el estado actual de nuestro país.

 

Porque España lleva demasiado tiempo cayéndose.

 

Se cae la confianza en las instituciones. Se cae la credibilidad de la política. Se cae la separación de poderes bajo las sospechas permanentes de interferencias, escándalos y enfrentamientos. Se cae la ejemplaridad pública mientras cada semana aparecen nuevas investigaciones, nuevos casos de corrupción o nuevos episodios que alimentan la sensación de que existe una élite política cada vez más preocupada por sobrevivir que por gobernar.

 

La bandera cayó unos segundos. España lleva años cayendo.

 

Se cae la clase media, que cada vez trabaja más para vivir peor. Se cae el pequeño empresario, ahogado por impuestos, burocracia y costes crecientes. Se cae el autónomo, convertido en una especie protegida que sobrevive contra toda lógica económica. Se cae el acceso a la vivienda para millones de jóvenes que contemplan cómo comprar una casa se ha transformado en un sueño tan lejano como ganar la lotería.

 

Y mientras tanto, nuestros dirigentes discuten sobre cuestiones que a menudo parecen pertenecer a un universo paralelo.

 

Desde mi caserío observo a mis sobrinos y a los hijos de mis vecinos. Algunos tienen carreras universitarias. Otros dominan idiomas. Muchos han hecho exactamente lo que se les pidió durante años: estudiar, esforzarse y prepararse. Y sin embargo viven peor que sus padres a su misma edad. Cobran menos en términos reales, tardan más en independizarse y contemplan el futuro con una mezcla de resignación y desconfianza que resulta profundamente preocupante.

 

También ellos son una bandera que se está cayendo.

 

Lo más triste es que parece que nos hemos acostumbrado. Antes, cuando algo funcionaba mal, alguien asumía responsabilidades. Hoy todo se convierte en ruido político, en propaganda, en una batalla de relatos donde nadie reconoce errores y todos buscan culpables ajenos. Da igual que hablemos de corrupción, de inseguridad, de vivienda o de empleo. Siempre existe una excusa, una explicación externa o un enemigo conveniente.

 

Pero la realidad sigue ahí.

 

Los salarios siguen siendo insuficientes. Los jóvenes siguen retrasando sus proyectos de vida. Las familias siguen perdiendo capacidad adquisitiva. La deuda pública continúa creciendo. Y la sensación de decadencia se extiende silenciosamente por amplias capas de la sociedad.

 

Por eso, mientras veía aquella bandera desplomarse por el mástil, no pude evitar pensar que la imagen tenía algo de metáfora involuntaria.

 

No era la bandera la que caía.

 

Era la confianza.

 

Era la esperanza.

 

Era la sensación de pertenecer a un país que avanza.

 

Quizá exagero. Ya me conocen. Los del caserío tenemos tendencia a darle vueltas a las cosas. Pero sospecho que muchos españoles sintieron algo parecido al contemplar aquellas imágenes.

 

Porque cuando una nación atraviesa tiempos difíciles, incluso los accidentes más pequeños adquieren significado.

 

La bandera volvió a izarse. Eso fue lo importante.

 

Ahora falta saber si España será capaz de hacer lo mismo.

Portada

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.