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Sábado, 30 de Mayo de 2026 Tiempo de lectura:

La máquina y el alma: el Papa, el científico hereje y la encíclica que nadie esperaba

El primer pontífice estadounidense de la historia presentó hace unos días, en el Vaticano, el documento más relevante de la Iglesia en un siglo. A su lado, un joven canadiense que abandonó la universidad a los 18 años y hoy intenta leer la mente de las máquinas.

 

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Hay imágenes que resisten el análisis y solo se dejan contemplar. Una de ellas ocurrió el 25 de mayo de 2026, en el Aula del Sínodo del Vaticano: un hombre vestido de blanco inmaculado —matemático de formación, jesuita de vocación, papa por elección— estrechó la mano de un joven canadiense de 33 años que se cayó de la universidad siendo casi un adolescente y que hoy dirige el equipo más singular de Silicon Valley: el grupo que intenta entender qué ocurre dentro de la mente de la inteligencia artificial.

 

El papa León XIV y Christopher Olah no comparten tradición, liturgia ni lengua materna. Lo que comparten, según se desprende del acontecimiento del que hablamos, es una misma pregunta: ¿puede una máquina tener valores? ¿Y si los tiene, cómo sabemos cuáles son?

 

Un papa que escoge su nombre con premeditación

 

León XIV escogió su nombre papal en parte en honor al papa León XIII, cuya histórica encíclica Rerum Novarum ha sido parte de la doctrina social de la Iglesia durante más de un siglo. No fue un gesto estético. Fue un manifiesto de intenciones pronunciado antes incluso de haber firmado un solo documento.

 

Días después de su elección en mayo de 2025, dijo al Colegio Cardenalicio: "Hoy la Iglesia ofrece a todos su patrimonio de doctrina social para responder a otra revolución industrial y a los desarrollos de la inteligencia artificial, que comportan nuevos desafíos en la defensa de la dignidad humana, de la justicia y el trabajo." El eco con 1891 era deliberado: León XIII escribió Rerum Novarum cuando el vapor y el acero estaban dislocando el mundo del trabajo. León XIV lo hace cuando los algoritmos amenazan con dislocar algo más profundo: la propia noción de lo humano.

 

El nuevo pontífice —el primer papa estadounidense de la historia, con una licenciatura en matemáticas— se ha referido una y otra vez al tema de la IA en discursos, mensajes y entrevistas durante su primer año, lo que llevó a la revista Time a incluirlo en su lista de 2025 de las personas más influyentes.

 

Magnifica Humanitas: una encíclica que llega con el olor de la urgencia

 

Con fecha 15 de mayo de 2026, en el año del 135.° aniversario de la Rerum Novarum, León XIV publica su primera encíclica: Magnifica Humanitas. Es el primer documento del Magisterio que afronta en profundidad los desafíos de la inteligencia artificial desde la Doctrina Social de la Iglesia.

 

La fecha no es un capricho del calendario. La encíclica fue firmada el 15 de mayo, en el 135.° aniversario de Rerum Novarum, la encíclica social fundacional del papa León XIII de 1891 sobre el trabajo y el capital, escrita durante la primera Revolución Industrial. La simetría histórica es tan perfecta que casi parece fabricada. Y, sin embargo, es real.

 

"La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos." Con esas palabras arranca el texto. No hay ambigüedad, no hay concesiones diplomáticas. La metáfora bíblica de Babel —la soberbia tecnológica que desintegra a los hombres en lugar de unirlos— suena como una sirena.

 

El primer papa estadounidense de la historia, matemático y canonista de formación, advierte en el texto de que la IA "no puede considerarse moralmente neutra" y reclama "desarmarla" para "evitar que domine al ser humano".

 

León XIV explicó que escogió deliberadamente la palabra "desarmada" por tratarse de un término "fuerte" que busca "despertar conciencias" en un momento que describió como de "gravedad" histórica.

 

El documento no se limita a la abstracción filosófica. La encíclica advierte sobre múltiples riesgos asociados al desarrollo de la inteligencia artificial, entre ellos la manipulación de la opinión pública mediante algoritmos, la proliferación de desinformación y discursos de odio, la vigilancia masiva y la recopilación indiscriminada de datos personales. Además, alerta sobre formas de explotación laboral vinculadas a la extracción de minerales necesarios para las tecnologías digitales y denuncia la aparición de nuevas modalidades de colonialismo económico sustentadas en el control de información y plataformas digitales.

 

León XIV dice que el control de la inteligencia artificial no debe permanecer "en manos de unos pocos" mientras advierte que la tecnología está alimentando los conflictos mundiales. La advertencia tiene destinatarios implícitos. OpenAI y Anthropic, las dos principales competidoras del sector, figuran entre las empresas privadas más valiosas de Estados Unidos, con valoraciones de cientos de miles de millones de dólares, superiores al PIB de numerosos países.

 

Una presentación sin precedentes

 

Si el contenido del documento ya era excepcional, su presentación lo fue aún más. Los papas anteriores normalmente delegaban el papel de presentar una encíclica a los cardenales u otras figuras de alto rango. León XIV rompió con esa tradición de siglos.

 

Con el Aula del Sínodo del Vaticano llena —con cardenales, obispos, miembros de la curia romana, embajadores acreditados ante la Santa Sede, invitados especiales y periodistas— León XIV se ha convertido en el primer papa que presenta su propia encíclica, algo sin precedente. Y adem,as en otro gesto sin parangón, el papa León XIV estuvo presente en persona en la conferencia de prensa del Vaticano junto con el cofundador de Anthropic Claude,  una de las empresas de inteligencia artificial de más rápido crecimiento del mundo.

 

Ese cofundador era Christopher Olah.

 

El hombre que quiere leer la mente de las máquinas

 

Para entender por qué Olah estaba allí, hay que entender quién es. Y para eso hay que empezar por lo que no es: no es un empresario al uso de Silicon Valley, no es un vendedor de utopías digitales, no es de los que habla de "cambiar el mundo" con la seguridad de quien nunca ha tenido que pensar demasiado en el mundo que existe.

 

Christopher Olah tiene solo 33 años, es canadiense y puede ser considerado un producto directo del entorno tecnológico norteamericano. A pesar de haber abandonado la universidad a los 18 años, un año más tarde recibió una beca de la fundación de Peter Thiel —nombre de gran importancia en el Big Tech— que le permitió formarse en investigación y proyectos independientes a pesar de haber abandonado la educación formal.

 

Su trayectoria es la de alguien que prefirió la pregunta al título. Olah trabajó en Google Brain y luego fue parte de OpenAI, donde dirigió investigaciones sobre interpretabilidad, llegando a trabajar también en Google Brain, además de fundar Distill, una revista científica.

 

A finales de 2020, los hermanos Dario y Daniela Amodei abandonaron OpenAI junto a quince científicos clave —incluido el propio Olah— para fundar Anthropic. Según explicó el propio Dario Amodei en una entrevista en 2024, no compartían la visión de Sam Altman, CEO de OpenAI, en materia de seguridad. La ruptura tenía la textura de un cisma: no de poder, sino de conciencia.

 

Hoy, Christopher Olah se desarrolla como director de investigación sobre interpretabilidad en Anthropic. Su campo es tan técnico que resulta casi esotérico, y tan urgente que resulta casi político.

 

Su campo de especialidad es la interpretabilidad mecanicista, disciplina que busca comprender cómo funcionan los mecanismos internos de la inteligencia artificial. Se perfila como uno de los pioneros de la interpretabilidad mecanicista, un campo científico bastante nuevo diseñado para analizar algoritmos de IA impenetrables con el objetivo de hacerlos más seguros.

 

En lenguaje llano: Olah intenta abrir la caja negra. Intenta descubrir, en los billones de conexiones matemáticas que conforman un modelo de lenguaje, qué valores morales tiene la máquina y si esos valores son los que nosotros creemos que tiene. Lo han llamado "interpretabilidad mecanicista", y es algo así como una técnica para "leer el pensamiento" de la máquina mediante una especie de detector de mentiras informático. El objetivo es asegurarse de que los valores de esos billones de parámetros de las neuronas artificiales implicadas en el sistema se corresponden con aquello que buscamos, de manera que lo que "diga" la IA coincida con lo que "piensa".

 

Como líder del equipo de interpretabilidad, Olah busca entender cómo "piensa" la IA y ya ha tenido éxito analizando la forma en que Claude 3 Sonnet organizaba sus conceptos. Olah frecuentemente usa la palabra "cultivar" para describir el desarrollo de los modelos de inteligencia artificial, dejando de lado el determinismo que había en los sistemas de programación anteriores.

 

Lo que dijo en el Vaticano: "encontramos evidencia de introspección"

 

Ante cardenales, teólogos, embajadores y cámaras de medio mundo, Olah habló con una honestidad que tiene el extraño valor de quien no ha aprendido a disfrazarla. Advirtió sobre hallazgos "misteriosos, e incluso inquietantes" en torno a la IA: "Detectamos estructuras que reflejan los hallazgos de la neurociencia humana. Encontramos evidencia de introspección. No sé qué significa eso, pero creo que requiere un discernimiento constante."

 

La frase retumbó en el Aula del Sínodo como una piedra en un estanque. Encontramos evidencia de introspección. Un investigador de inteligencia artificial, en el corazón de la institución cristiana más antigua de Occidente, diciendo que las máquinas podrían mirarse a sí mismas. Que algo en su interior podría ser llamado, con cautela, reflexión.

 

Olah, que lidera un equipo de investigación que estudia la estructura interna de estos sistemas, no ocultó el marco de "limitaciones" dentro del cual trabaja, que, en ocasiones, "puede entrar en conflicto con hacer lo correcto".

 

Su intervención dejó una idea provocadora: interactuar debidamente con la IA es una cuestión más humana y religiosa que tecnológica.

 

El conflicto con Trump: cuando la ética choca con el Pentágono

 

La presencia de Olah en el Vaticano no es solo simbólica. Tiene la dimensión concreta de una empresa que está pagando un precio político por sus convicciones.

 

En 2026, el Departamento de Guerra de Estados Unidos exigió a Anthropic que permitiera que su tecnología de IA se usara en vigilancia interna y en armas autónomas. La empresa rechazó esa exigencia, por lo que el ministerio la declaró como "riesgo para la cadena de suministro" y prohibía a todos los contratistas, proveedores y socios privados del ejército estadounidense trabajar para ella. Ahora, con este acto, el Vaticano no dice que Anthropic sea buena. Dice que existe y que merece ser escuchada. En el mundo actual, eso ya es una declaración.

 

Anthropic conversa con teólogos: la ética como ingeniería

 

La relación entre Anthropic y la reflexión espiritual no nació hace unos días en Roma. Tiene raíces más profundas y más insólitas.

 

A finales de marzo de 2026, Anthropic organizó en su sede de San Francisco un inusual seminario donde reunió a 15 destacados líderes y teólogos cristianos junto a sus propios investigadores. Se trataba de buscar asesoramiento externo para el desarrollo del "espíritu", del comportamiento ético y moral, de sus próximos modelos.

 

Una empresa de Silicon Valley invitando a teólogos para diseñar el carácter de sus máquinas. La imagen habría sido impensable hace una década. Ahora es noticia en el Vaticano.

 

Como Olah declaraba en su intervención, el impacto social de la IA ha alcanzado una dimensión tan profunda que exige trascender los límites de la propia tecnología. El rastro que conecta los pasillos del Vaticano con los supercomputadores de Silicon Valley no es la ingeniería, sino la antiquísima necesidad humana de descifrar y guiar la conciencia.

 

El horizonte que se abre

 

El papa también anunció la creación de un grupo de estudio dedicado a la inteligencia artificial dentro del Vaticano para revisar su desarrollo desde el marco ético católico.

 

La encíclica, en suma, no es un cierre sino una apertura. Servirá como guía conceptual no solo para los mil trescientos millones de católicos del planeta, sino para comités de ética parlamentarios en Europa y América Latina que buscan marcos de referencia robustos para legislar el código del mañana.

 

León XIV llega tarde a algunas conversaciones —la IA lleva años fuera del control de cualquier institución— pero llega con la legitimidad de quien representa la tradición moral más longeva del mundo occidental. Y llega acompañado de un hombre que no sabe responder sus preguntas más profundas pero que, al menos, tiene la honestidad de formularlas.

 

"No sé qué significa eso", dijo Olah ante los cardenales, refiriéndose a la introspección que detectó en sus máquinas. Es, quizás, la frase más honesta que se ha pronunciado en el Vaticano en mucho tiempo. Y también la más inquietante.

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