Tres semanas para la segunda vuelta
Colombia vota y se parte en dos: un trumpista outsider de la derecha y el extremaizquierdista heredero de Petro disputarán la presidencia en segunda vuelta
Colombia ha votado y se ha partido en dos: un outsider de la derecha y el extremaizquierdista heredero de Petro disputarán la presidencia en segunda vuelta
![[Img #30600]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/06_2026/9566_screenshot-2026-06-01-at-11-24-38-abelardo-de-la-espriella-youtube-buscar-con-google.png)
Colombia amaneció ayer domingo con la pregunta que lleva años sin poder responder: ¿hacia dónde quiere ir? Y las urnas, fieles a su costumbre de no dar respuestas sencillas, devolvieron una vez más el veredicto más incómodo —el del empate moral, el del país que no se pone de acuerdo consigo mismo— obligando a una segunda vuelta que se celebrará el próximo 21 de junio.
El candidato de la nueva derecha Abelardo de la Espriella dio la sorpresa al ser el más votado en la primera vuelta, dejando en segundo lugar al extremaizquierdista Iván Cepeda, quien rechazó los resultados preliminares y pidió esperar la proclamación de las comisiones escrutadoras.
Los números son elocuentes. Con más de diez millones de votos —el 43,73 % del total, la cifra más alta de respaldos obtenida por un candidato en primera vuelta desde que se estrenó ese modelo electoral en 1994— De la Espriella picó en punta. Le sacó al menos 668.000 votos a Iván Cepeda, el candidato izquierdista del Pacto Histórico y del presidente Gustavo Petro, quien tuvo el apoyo de 9.683.000 ciudadanos, un 40,91 %.
El tsunami tiene nombre y apellido barranquillero. Simpatizante declarado de Donald Trump y Nayib Bukele, De la Espriella votó en su ciudad natal y proclamó al amanecer: "Hoy se define la libertad, la democracia, el futuro de Colombia. Vamos a derrotar a la tiranía en la primera vuelta." No lo logró, pero se quedó a apenas seis puntos de lograrlo, lo cual, en la aritmética emocional de la política, es casi una victoria.
La jornada, sin embargo, no estuvo exenta de ruido. Como buen tirano progresista, el presidente Gustavo Petro, que no se ha caracterizado precisamente por la discreción, denunció una duplicación de cédulas y cuestionó el software electoral, encendiendo una polémica que su propio candidato, Cepeda, acabó secundando al reclamar verificación de los resultados. La respuesta institucional fue inmediata: el registrador nacional subrayó que "el proceso electoral está lleno de garantías en cada una de sus etapas y no hay posibilidad alguna de cambios o alteraciones".
El expresidente Iván Duque, desde las redes, fue más directo: acusó a Petro de "querer desconocer la democracia y a la organización electoral" y pidió la unidad de todos los demócratas del país para "rechazar este intento de usurpar el triunfo del pueblo".
Mientras tanto, el tablero internacional comenzó a moverse con rapidez. Javier Milei y Daniel Noboa fueron de los primeros en felicitar a De la Espriella, trazando la línea ideológica de lo que se avecina si el abogado barranquillero llega a la Casa de Nariño. Desde España, Santiago Abascal, líder de Vox, también expresó su respaldo en redes sociales, completando el triángulo de la nueva derecha continental.
En el campo contrario, la geometría es más compleja. Cambio Radical fue uno de los primeros partidos en anunciar su apoyo a De la Espriella para la segunda vuelta, con el argumento de evitar "la reelección del fracasado proyecto político de Gustavo Petro". Roy Barreras, en cambio, anunció su respaldo a Cepeda y le pidió abrir la campaña.
La elección se explica con el ascenso de una nueva derecha que desplazó al uribismo tradicional, con los límites del petrismo, con el fracaso de las apuestas de centro y con una polarización que sigue organizando la política colombiana.
Lo que se viene el 21 de junio es, pues, una segunda vuelta que en el fondo plantea la misma pregunta de siempre, pero esta vez con actores nuevos y viejos rencores renovados: la Colombia que mira hacia Bukele y Trump, contra la Colombia que quiere continuar la senda de Petro. Un país que, como tantas veces antes, tendrá que elegir no tanto a quién quiere, sino a quién teme menos.
Las urnas ya dijeron la mitad. La otra mitad queda para dentro de tres semanas.
Colombia ha votado y se ha partido en dos: un outsider de la derecha y el extremaizquierdista heredero de Petro disputarán la presidencia en segunda vuelta
![[Img #30600]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/06_2026/9566_screenshot-2026-06-01-at-11-24-38-abelardo-de-la-espriella-youtube-buscar-con-google.png)
Colombia amaneció ayer domingo con la pregunta que lleva años sin poder responder: ¿hacia dónde quiere ir? Y las urnas, fieles a su costumbre de no dar respuestas sencillas, devolvieron una vez más el veredicto más incómodo —el del empate moral, el del país que no se pone de acuerdo consigo mismo— obligando a una segunda vuelta que se celebrará el próximo 21 de junio.
El candidato de la nueva derecha Abelardo de la Espriella dio la sorpresa al ser el más votado en la primera vuelta, dejando en segundo lugar al extremaizquierdista Iván Cepeda, quien rechazó los resultados preliminares y pidió esperar la proclamación de las comisiones escrutadoras.
Los números son elocuentes. Con más de diez millones de votos —el 43,73 % del total, la cifra más alta de respaldos obtenida por un candidato en primera vuelta desde que se estrenó ese modelo electoral en 1994— De la Espriella picó en punta. Le sacó al menos 668.000 votos a Iván Cepeda, el candidato izquierdista del Pacto Histórico y del presidente Gustavo Petro, quien tuvo el apoyo de 9.683.000 ciudadanos, un 40,91 %.
El tsunami tiene nombre y apellido barranquillero. Simpatizante declarado de Donald Trump y Nayib Bukele, De la Espriella votó en su ciudad natal y proclamó al amanecer: "Hoy se define la libertad, la democracia, el futuro de Colombia. Vamos a derrotar a la tiranía en la primera vuelta." No lo logró, pero se quedó a apenas seis puntos de lograrlo, lo cual, en la aritmética emocional de la política, es casi una victoria.
La jornada, sin embargo, no estuvo exenta de ruido. Como buen tirano progresista, el presidente Gustavo Petro, que no se ha caracterizado precisamente por la discreción, denunció una duplicación de cédulas y cuestionó el software electoral, encendiendo una polémica que su propio candidato, Cepeda, acabó secundando al reclamar verificación de los resultados. La respuesta institucional fue inmediata: el registrador nacional subrayó que "el proceso electoral está lleno de garantías en cada una de sus etapas y no hay posibilidad alguna de cambios o alteraciones".
El expresidente Iván Duque, desde las redes, fue más directo: acusó a Petro de "querer desconocer la democracia y a la organización electoral" y pidió la unidad de todos los demócratas del país para "rechazar este intento de usurpar el triunfo del pueblo".
Mientras tanto, el tablero internacional comenzó a moverse con rapidez. Javier Milei y Daniel Noboa fueron de los primeros en felicitar a De la Espriella, trazando la línea ideológica de lo que se avecina si el abogado barranquillero llega a la Casa de Nariño. Desde España, Santiago Abascal, líder de Vox, también expresó su respaldo en redes sociales, completando el triángulo de la nueva derecha continental.
En el campo contrario, la geometría es más compleja. Cambio Radical fue uno de los primeros partidos en anunciar su apoyo a De la Espriella para la segunda vuelta, con el argumento de evitar "la reelección del fracasado proyecto político de Gustavo Petro". Roy Barreras, en cambio, anunció su respaldo a Cepeda y le pidió abrir la campaña.
La elección se explica con el ascenso de una nueva derecha que desplazó al uribismo tradicional, con los límites del petrismo, con el fracaso de las apuestas de centro y con una polarización que sigue organizando la política colombiana.
Lo que se viene el 21 de junio es, pues, una segunda vuelta que en el fondo plantea la misma pregunta de siempre, pero esta vez con actores nuevos y viejos rencores renovados: la Colombia que mira hacia Bukele y Trump, contra la Colombia que quiere continuar la senda de Petro. Un país que, como tantas veces antes, tendrá que elegir no tanto a quién quiere, sino a quién teme menos.
Las urnas ya dijeron la mitad. La otra mitad queda para dentro de tres semanas.











