El hermano de Pedro Sánchez
De la pléyade de asuntos judiciales que directa o indirectamente afectan al PSOE, ha empezado a juzgarse el correspondiente al hermano de Pedro Sánchez. Bien es verdad que, al lado de las imputaciones a Santos Cerdán, José Luis Ábalos, Leire Díez o José Luis Rodríguez Zapatero, la contratación de David Sánchez es peccata minuta. Además, el delito menos importante de todos, el de aceptación de nombramiento ilegal, ha sido desestimado al haber prescrito.
Aun así, el juicio al hermano músico es sintomático de las prácticas de confundir lo público y lo privado, tan comunes en tiempos del socialismo. Eso no supone la culpabilidad del encausado, que puede ser declarado inocente de los delitos más graves de prevaricación y tráfico de influencias.
Con todo, decimos, el juicio tiene un carácter de ejemplaridad, como lo tendrá en su día el de Begoña Gómez, pues no es nada común que sea encausado el entorno familiar presidencial.
En el caso del hermano no ha quedado demostrado ni siquiera el contenido de su puesto como director de artes escénicas, cuyos objetivos no han sido capaces de demostrar ni el propio titular del puesto ni otros testigos. Por no saber, ni siquiera han podido ubicar la localización física de la citada oficina. Bien es verdad que eso supone que David Sánchez difícilmente ha podido acudir a un fantasmagórico puesto de trabajo, aunque claro está, el absentismo laboral en principio no es un delito, aunque muestre muy a las claras la catadura del personaje.
En las semanas previas al juicio, el escuadrón mediático gubernamental ha querido convencernos de la idoneidad del presunto director de la oficina de artes escénicas, con un currículum aparatoso lleno de virtudes, como las de haber estudiado en diferentes centros del extranjero y hablar varios idiomas. Cuesta trabajo, sin embargo, pensar en qué puede beneficiar eso a los extremeños ni en qué necesidad tenían éstos de que se difundiese la ópera en la comunidad, como ha llegado a decir otro de los imputados.
Estamos, pues, ante un juicio, si no más, al menos entretenido, hasta que la próxima causa nos traiga nuevas aventuras procesales dignas de nuestro máximo interés.
De la pléyade de asuntos judiciales que directa o indirectamente afectan al PSOE, ha empezado a juzgarse el correspondiente al hermano de Pedro Sánchez. Bien es verdad que, al lado de las imputaciones a Santos Cerdán, José Luis Ábalos, Leire Díez o José Luis Rodríguez Zapatero, la contratación de David Sánchez es peccata minuta. Además, el delito menos importante de todos, el de aceptación de nombramiento ilegal, ha sido desestimado al haber prescrito.
Aun así, el juicio al hermano músico es sintomático de las prácticas de confundir lo público y lo privado, tan comunes en tiempos del socialismo. Eso no supone la culpabilidad del encausado, que puede ser declarado inocente de los delitos más graves de prevaricación y tráfico de influencias.
Con todo, decimos, el juicio tiene un carácter de ejemplaridad, como lo tendrá en su día el de Begoña Gómez, pues no es nada común que sea encausado el entorno familiar presidencial.
En el caso del hermano no ha quedado demostrado ni siquiera el contenido de su puesto como director de artes escénicas, cuyos objetivos no han sido capaces de demostrar ni el propio titular del puesto ni otros testigos. Por no saber, ni siquiera han podido ubicar la localización física de la citada oficina. Bien es verdad que eso supone que David Sánchez difícilmente ha podido acudir a un fantasmagórico puesto de trabajo, aunque claro está, el absentismo laboral en principio no es un delito, aunque muestre muy a las claras la catadura del personaje.
En las semanas previas al juicio, el escuadrón mediático gubernamental ha querido convencernos de la idoneidad del presunto director de la oficina de artes escénicas, con un currículum aparatoso lleno de virtudes, como las de haber estudiado en diferentes centros del extranjero y hablar varios idiomas. Cuesta trabajo, sin embargo, pensar en qué puede beneficiar eso a los extremeños ni en qué necesidad tenían éstos de que se difundiese la ópera en la comunidad, como ha llegado a decir otro de los imputados.
Estamos, pues, ante un juicio, si no más, al menos entretenido, hasta que la próxima causa nos traiga nuevas aventuras procesales dignas de nuestro máximo interés.
















