Anthropic Claude sale a Bolsa
La IA llega a Wall Street
Anthropic, empresa creadora de la célbre IA Claude, ha registrado en secreto ante la SEC su intención de salir a bolsa, con una valoración que roza el billón de dólares y la ambición de protagonizar la mayor OPV de la historia
Hay fechas que marcan épocas. El 1 de junio de 2026 podría ser una de ellas. Ese día, Anthropic —la compañía que creó a la IA Claude, la misma que lleva años argumentando que la inteligencia artificial debe desarrollarse con cautela y responsabilidad— presentó de forma confidencial ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) su formulario S-1 preliminar. En román paladino: pidió permiso para cotizar en bolsa.
La noticia llegó con la discreción calculada que caracteriza a este tipo de movimientos. Un registro confidencial no es un debut; es el pistoletazo de salida de una carrera que todavía no tiene línea de llegada fijada. Pero las cifras que rodean el acontecimiento tienen poco de discretas.
La compañía busca una valoración de entre 1,75 y 1,8 billones de dólares, y espera recaudar hasta 75.000 millones de dólares, lo que podría convertirse en la mayor OPV de la historia. Para calibrar la magnitud: estamos hablando de más del doble del PIB de Portugal en una sola operación bursátil.
El camino hasta aquí ha sido vertiginoso. La trayectoria de valoración ha sido pronunciada: de 61.500 millones de dólares en marzo de 2025 se pasó a 183.000 millones en septiembre de ese mismo año. Y ahora, apenas nueve meses después, la cifra casi se ha multiplicado por diez desde aquel marzo. Los mercados, al parecer, no tienen vértigo.
Los números de negocio respaldan en parte esa euforia. Los ingresos por ejecución de Anthropic aumentaron de aproximadamente 1.000 millones de dólares a principios de 2025 a más de 5.000 millones en agosto de ese año. Durante 2026, la tasa anualizada de ingresos ha superado los 30.000 millones de dólares, impulsada principalmente por contratos empresariales. Para julio de 2026 se espera que los ingresos anualizados superen los 50.000 millones de dólares. Es el tipo de curva de crecimiento que hace que los analistas pierdan el sueño —de emoción o de preocupación, según el temperamento de cada cual—.
La base de clientes cuenta la misma historia de aceleración brutal. Anthropic ha pasado de menos de 1.000 clientes empresariales hace dos años a más de 300.000, con las cuentas de mayor tamaño multiplicándose por siete en apenas un año. Detrás de esos números hay algo concreto: empresas de todo el mundo que han decidido que la inteligencia artificial ya no es un experimento, sino infraestructura.
Anthropic no llega sola a esta cita con Wall Street. OpenAI presentó su propio registro confidencial alrededor del 22 de mayo y apunta a debutar en septiembre de 2026 con una valoración superior al billón de dólares. SpaceX, de Elon Musk, también acelera su proceso. La gran carrera de OPVs tecnológicas de 2026 —quizás la más espectacular desde la pandemia— tiene ya tres protagonistas de primera fila. Anthropic, sin embargo, llega en este momento con la valoración más alta de las tres empresas de IA.
La compañía, respaldada por Amazon y Alphabet, apunta a cotizar tan pronto como en octubre de 2026. El calendario es tentativo, como todo en este proceso, pero el otoño asoma como la ventana elegida.
Queda por ver si el mercado público recibirá a Anthropic con los brazos tan abiertos como lo han hecho sus inversores privados. Una empresa que sitúa la seguridad de la IA en el centro de su discurso fundacional, pero que se lanza al parqué con una valoración que exige un crecimiento sin pausa, tendrá que demostrar que ambas cosas no se contradicen. Esa tensión —entre la misión y el rendimiento trimestral— será el verdadero examen que le espera cuando suene la campana de apertura.
Anthropic, empresa creadora de la célbre IA Claude, ha registrado en secreto ante la SEC su intención de salir a bolsa, con una valoración que roza el billón de dólares y la ambición de protagonizar la mayor OPV de la historia
Hay fechas que marcan épocas. El 1 de junio de 2026 podría ser una de ellas. Ese día, Anthropic —la compañía que creó a la IA Claude, la misma que lleva años argumentando que la inteligencia artificial debe desarrollarse con cautela y responsabilidad— presentó de forma confidencial ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) su formulario S-1 preliminar. En román paladino: pidió permiso para cotizar en bolsa.
La noticia llegó con la discreción calculada que caracteriza a este tipo de movimientos. Un registro confidencial no es un debut; es el pistoletazo de salida de una carrera que todavía no tiene línea de llegada fijada. Pero las cifras que rodean el acontecimiento tienen poco de discretas.
La compañía busca una valoración de entre 1,75 y 1,8 billones de dólares, y espera recaudar hasta 75.000 millones de dólares, lo que podría convertirse en la mayor OPV de la historia. Para calibrar la magnitud: estamos hablando de más del doble del PIB de Portugal en una sola operación bursátil.
El camino hasta aquí ha sido vertiginoso. La trayectoria de valoración ha sido pronunciada: de 61.500 millones de dólares en marzo de 2025 se pasó a 183.000 millones en septiembre de ese mismo año. Y ahora, apenas nueve meses después, la cifra casi se ha multiplicado por diez desde aquel marzo. Los mercados, al parecer, no tienen vértigo.
Los números de negocio respaldan en parte esa euforia. Los ingresos por ejecución de Anthropic aumentaron de aproximadamente 1.000 millones de dólares a principios de 2025 a más de 5.000 millones en agosto de ese año. Durante 2026, la tasa anualizada de ingresos ha superado los 30.000 millones de dólares, impulsada principalmente por contratos empresariales. Para julio de 2026 se espera que los ingresos anualizados superen los 50.000 millones de dólares. Es el tipo de curva de crecimiento que hace que los analistas pierdan el sueño —de emoción o de preocupación, según el temperamento de cada cual—.
La base de clientes cuenta la misma historia de aceleración brutal. Anthropic ha pasado de menos de 1.000 clientes empresariales hace dos años a más de 300.000, con las cuentas de mayor tamaño multiplicándose por siete en apenas un año. Detrás de esos números hay algo concreto: empresas de todo el mundo que han decidido que la inteligencia artificial ya no es un experimento, sino infraestructura.
Anthropic no llega sola a esta cita con Wall Street. OpenAI presentó su propio registro confidencial alrededor del 22 de mayo y apunta a debutar en septiembre de 2026 con una valoración superior al billón de dólares. SpaceX, de Elon Musk, también acelera su proceso. La gran carrera de OPVs tecnológicas de 2026 —quizás la más espectacular desde la pandemia— tiene ya tres protagonistas de primera fila. Anthropic, sin embargo, llega en este momento con la valoración más alta de las tres empresas de IA.
La compañía, respaldada por Amazon y Alphabet, apunta a cotizar tan pronto como en octubre de 2026. El calendario es tentativo, como todo en este proceso, pero el otoño asoma como la ventana elegida.
Queda por ver si el mercado público recibirá a Anthropic con los brazos tan abiertos como lo han hecho sus inversores privados. Una empresa que sitúa la seguridad de la IA en el centro de su discurso fundacional, pero que se lanza al parqué con una valoración que exige un crecimiento sin pausa, tendrá que demostrar que ambas cosas no se contradicen. Esa tensión —entre la misión y el rendimiento trimestral— será el verdadero examen que le espera cuando suene la campana de apertura.
















