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Sábado, 13 de Junio de 2026 Tiempo de lectura:
Venezuela

Estados Unidos neutraliza al "Niño Guerrero", el fundador de "El tren de Aragua" que convirtió una cárcel en un imperio criminal

Trump anunció en Truth Social la muerte del fundador del Tren de Aragua en un "ataque cinético rápido y letal". Caracas, ya bajo el gobierno interino de Delcy Rodríguez, confirmó horas después que la operación fue "combinada" y se ejecutó en el estado Bolívar. Es el primer ataque estadounidense en tierra contra un presunto terrorista en Venezuela.


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Durante una década dirigió uno de los mayores entramados criminales de América Latina desde el lugar más improbable: una celda. La noche del viernes 12 de junio de 2026, Héctor Rusthenford Guerrero Flores —"Niño Guerrero", 42 años, fundador y jefe de "El Tren de Aragua— murió bajo las bombas en una zona selvática del sureste de Venezuela. El anuncio no llegó desde Caracas, sino desde una cuenta de Truth Social.

 

"Bajo mi dirección, el Comando Sur de los Estados Unidos ejecutó un ataque cinético rápido y letal", proclamó Donald Trump, que adjuntó un video de diez segundos: una toma aérea de un edificio de techo verde rodeado de vegetación, y después una nube de humo donde antes había una casa. El presidente describió a Guerrero como el líder de "una de las organizaciones terroristas más sanguinarias del planeta" y aseguró que la acción se coordinó "en estrecha cooperación con nuestros amigos en Venezuela".

 

Esa última frase marca la distancia entre este episodio y cualquier otro de los últimos años. Hace apenas cinco meses, Washington y Caracas eran enemigos declarados. El 3 de enero, fuerzas estadounidenses atacaron la capital venezolana y capturaron a Nicolás Maduro, hoy detenido en Nueva York a la espera de juicio por narcotráfico. Su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, juró el cargo de presidenta encargada dos días después —la primera mujer en ejercer la jefatura del Estado en la historia del país— e inició una política de cooperación con la potencia que acababa de derribar a su predecesor. El cadáver del "Niño Guerrero" es, en cierto modo, la prueba de ese giro.

 

El relato oficial se construyó en cascada a lo largo del viernes. Tras el mensaje de Trump, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, precisó en X que la operación había tenido lugar "a principios de esta semana", sin concretar el día, y que el objetivo era un complejo del Tren de Aragua en territorio venezolano.

 

Poco después intervino el general Francis L. Donovan, jefe del Comando Sur, con el agradecimiento explícito que sella la nueva alianza: reconoció el apoyo de las fuerzas de seguridad venezolanas a una operación conjunta contra un complejo del grupo que terminó con la muerte del líder de la organización "narcoterrorista". Donovan recordó que Guerrero era un fugitivo acusado por la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York de ordenar, dirigir y facilitar actos de terrorismo dentro de Estados Unidos.

 

La confirmación venezolana llegó por la noche, en un comunicado del Ministerio del Poder Popular para la Comunicación e Información difundido en X. Caracas habló de una "operación combinada" entre organismos de seguridad de ambos países en el sureste del estado Bolívar, en la que se desarticularon "estructuras de delincuencia organizada". Según el texto, durante los combates "resultó neutralizado" Guerrero Flores. El comunicado subrayó que la acción se sostuvo en "apoyo tecnológico especializado" y en mecanismos de intercambio de inteligencia, y el Ejecutivo de Rodríguez reafirmó su compromiso contra el crimen organizado.

 

La geografía del operativo apunta a Las Claritas, un enclave minero del sur del país, cerca de la frontera con Brasil, donde esta misma semana las Fuerzas Armadas venezolanas habían desplegado helicópteros. Es una zona aurífera bajo control histórico del Tren de Aragua, y la coincidencia temporal refuerza —sin confirmarla de forma independiente— la versión de los hechos.

 

De delincuente común a amenaza transnacional

 

La trayectoria de Guerrero explica el peso simbólico de su muerte. Nacido en Maracay, pasó de ser un delincuente de barrio a controlar, desde la prisión de Tocorón, una organización fundada en 2014 que llegó a contar con miles de miembros y a extender sus operaciones por Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Perú, México, Estados Unidos y hasta España. Extorsión, trata de personas, prostitución forzada, minería ilegal, secuestros y narcotráfico componían su catálogo.

 

Su rastro se perdió en septiembre de 2023, cuando las autoridades venezolanas intervinieron Tocorón —el cuartel general del grupo— y no lo encontraron allí. Desde entonces era un fantasma buscado por media docena de cuerpos de seguridad de la región. En diciembre, la fiscalía neoyorquina lo imputó formalmente; el fiscal Jay Clayton lo había descrito como el cerebro de la mutación del Tren de Aragua, de pandilla carcelaria a multinacional del delito.

 

Su muerte representa uno de los golpes más duros a la cúpula de la organización. Pero conviene la cautela que repiten los especialistas: una estructura ya transnacional, con células autónomas en una decena de países, no se descabeza con una sola bomba. En Washington, legisladores republicanos celebraron con un tono triunfal —"DECAPITATED", escribieron— que contrasta con la prudencia de los analistas.

 

 

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