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Lunes, 15 de Junio de 2026 Tiempo de lectura:

El hombre que abrió los ojos después de morir

[Img #30689]La sala de emergencias estaba dominada por el ruido mecánico de la batalla. Monitores cardíacos, órdenes cortas, pasos apresurados, el golpe seco y repetitivo de las compresiones torácicas. Un hombre de cuarenta y nueve años yacía inmóvil sobre la camilla mientras un equipo médico trataba desesperadamente de arrancarlo de las garras de la muerte.

 

Su corazón había dejado de funcionar correctamente.

 

La fibrilación ventricular aparecía en el monitor como un garabato eléctrico caótico. No había pulso. No había circulación espontánea. Técnicamente, aquel hombre estaba muerto.

 

Entonces abrió los ojos.

 

No fue un espasmo.

 

No fue un reflejo.

 

No fue una contracción muscular involuntaria.

 

Abrió los ojos y comenzó a moverse.

 

Intentó apartar las manos de los sanitarios que comprimían su tórax. Movió las piernas. Emitió sonidos. Parecía comprender lo que ocurría a su alrededor.

 

Los médicos dejaron de realizar las maniobras de reanimación.

 

Pensaron que el corazón había vuelto a latir.

 

Pero al comprobar el monitor descubrieron algo imposible.

 

El paciente seguía en fibrilación ventricular.

 

Seguía sin pulso.

 

Seguía oficialmente en parada cardiaca.

 

La reanimación se reanudó inmediatamente.

 

Y la escena volvió a repetirse.

 

Varias veces.

 

Aquel hombre parecía consciente mientras su corazón permanecía incapaz de mantener la vida.

 

La historia ocurrió en el Hospital Universitario Sultan Qaboos, en Omán, y fue publicada posteriormente en la revista Oman Medical Journal por Al Yaqdhan Al Atbi, Amal Al Mandhari y Abdullah Al Reesi. El caso se ha convertido en uno de los ejemplos más llamativos de un fenómeno que comienza a llamar la atención de médicos e investigadores de todo el mundo: la denominada CPR-Induced Consciousness (CPRIC), o conciencia inducida durante la reanimación cardiopulmonar.

 

Nota: Los suscriptores de La Tribuna del País Vasco pueden solicitar una copia del estudio por los canales habituales: [email protected] o en el teléfono 650114502

 

Una anomalía que ya no parece tan rara

 

Durante décadas, los manuales médicos describieron la parada cardiaca como un proceso relativamente sencillo desde el punto de vista neurológico. Cuando el corazón deja de bombear sangre, el cerebro pierde rápidamente el oxígeno que necesita para funcionar. La conciencia desaparece. El organismo entra en una cascada fisiológica que, sin intervención inmediata, desemboca en la muerte irreversible.

 

Sin embargo, la realidad parece más compleja.

 

Los investigadores han comenzado a documentar pacientes que muestran signos inequívocos de conciencia durante las maniobras de reanimación. Algunos abren los ojos. Otros intentan hablar. Algunos apartan a los sanitarios. Otros incluso intentan levantarse.

 

El estudio citado en el propio artículo identificó 112 casos de CPRIC entre más de 16.500 paradas cardiacas extrahospitalarias. Puede parecer una cifra pequeña, pero resulta suficientemente significativa como para obligar a los especialistas a tomarse el fenómeno muy en serio.

 

Lo que antes parecía una rareza anecdótica empieza a perfilarse como una categoría clínica propia.

 

El problema que desconcierta a los médicos

 

La aparición de conciencia durante una reanimación plantea dificultades inmediatas.

 

El primer problema es operativo.

 

Cuando un paciente abre los ojos y trata de hablar, la reacción natural de cualquier sanitario es pensar que la circulación ha regresado. En lenguaje médico se denomina ROSC (Return of Spontaneous Circulation), el momento en que el corazón vuelve a latir eficazmente.

 

Pero en los casos de CPRIC esto no ocurre.

 

El paciente parece haber regresado.

 

Sin embargo, sigue clínicamente en parada cardiaca.

 

Los autores explican que esta confusión provoca interrupciones en las maniobras de reanimación, disminuye la calidad de la RCP y puede afectar negativamente a las posibilidades de supervivencia.

 

Por eso algunos protocolos modernos recomiendan incluso la sedación de estos pacientes para poder continuar adecuadamente el masaje cardíaco.

 

La paradoja es extraordinaria.

 

Los médicos deben sedar a alguien cuyo corazón sigue sin funcionar.

 

El impacto psicológico sobre quienes intentan salvar vidas

 

Quizá el aspecto más desconocido del fenómeno sea su efecto sobre los equipos médicos.

 

Los autores señalan que muchos profesionales experimentan una fuerte conmoción emocional al enfrentarse a estos casos. Algunos estudios muestran que más de la mitad de los médicos describen sentimientos de incomodidad durante estas reanimaciones y una minoría refiere insomnio, pesadillas o alteraciones emocionales posteriores.

 

No resulta difícil comprender por qué.

 

Toda la formación médica moderna está construida sobre la idea de que la conciencia depende de un cerebro adecuadamente irrigado.

 

Cuando un paciente sin pulso intenta apartar las manos de quienes lo están reanimando, esa convicción parece tambalearse.

 

El puente hacia las experiencias cercanas a la muerte

 

Es aquí donde la investigación conecta con uno de los campos más controvertidos de la ciencia contemporánea.

 

Las experiencias cercanas a la muerte.

 

Durante los últimos treinta años, diversos equipos han recopilado miles de testimonios de supervivientes de parada cardiaca. Muchos describen recuerdos extraordinariamente vívidos.

 

Algunos afirman haber escuchado conversaciones mantenidas en la sala de reanimación.

 

Otros recuerdan detalles específicos de procedimientos médicos.

 

Otros hablan de túneles luminosos, encuentros con familiares fallecidos, sensaciones de paz o experiencias fuera del cuerpo.

 

El artículo de Omán recuerda que entre un 10 % y un 20 % de los supervivientes de una parada cardiaca pueden recordar detalles de su reanimación. Asimismo, señala que algunos pacientes eran conscientes incluso de conversaciones mantenidas por el personal médico durante esos momentos críticos.

 

Estos datos enlazan directamente con investigaciones como el proyecto AWARE, dirigido por el médico británico Sam Parnia, que durante años ha estudiado sistemáticamente la conciencia durante la parada cardiaca.

 

¿Qué está ocurriendo realmente?

 

La respuesta honesta es que nadie lo sabe con certeza.

 

La explicación más aceptada sostiene que las maniobras modernas de reanimación son capaces de generar un flujo sanguíneo cerebral suficiente para preservar ciertos niveles de actividad consciente.

 

No sería una conciencia normal.

 

Tampoco una función cerebral plenamente restaurada.

 

Sería una especie de estado intermedio.

 

Un territorio biológico fronterizo que la medicina apenas empieza a explorar.

 

Sin embargo, esta explicación deja preguntas abiertas.

 

¿Por qué algunos pacientes recuerdan acontecimientos complejos?

 

¿Por qué ciertos relatos mantienen una notable coherencia temporal?

 

¿Por qué algunos recuerdos parecen producirse durante períodos en los que la actividad cerebral debería encontrarse gravemente comprometida?

 

Los investigadores continúan buscando respuestas.

 

La frontera más misteriosa de la medicina

 

El caso del paciente omaní terminó trágicamente.

 

Después de más de dos horas de reanimación y veintitrés descargas eléctricas, los médicos no lograron salvarlo. Finalmente la fibrilación ventricular degeneró en asistolia y se declaró el fallecimiento.

 

Pero la pregunta que dejó tras de sí sigue viva.

 

Durante siglos hemos imaginado la muerte como un instante preciso. Una línea perfectamente definida que separa la existencia de la nada.

 

La investigación moderna sugiere algo muy distinto.

 

La muerte podría no ser un momento.

 

Podría ser un proceso.

 

Una larga transición biológica en la que algunas funciones desaparecen antes que otras.

 

Una zona gris donde el corazón puede haber dejado de latir mientras ciertos aspectos de la conciencia aún se resisten a extinguirse.

 

Y si eso es cierto, quizá estemos contemplando uno de los últimos grandes misterios de la ciencia.

 

Porque cuanto más estudian los investigadores el momento de morir, más evidente resulta una paradoja inquietante: sabemos mucho mejor cómo se detiene el corazón que cómo desaparece la conciencia.

 

 

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