Cicerón y el factor humano
Aburrido de escuchar opiniones de tertulianos sobre la corrupción politica, anoche decidí consultar al fantasma del viejo Cicerón, para conocer su opinión sobre este asunto que hoy nos golpea y que él también vivió intensamente en sus tiempos.
Marco Tulio Cicerón fue testigo directo de la agonía de la República romana y contempló cómo las instituciones que habían gobernado Roma durante siglos se veían progresivamente erosionadas por el soborno, la ambición personal, la compra de votos y la concentración del poder en manos de miembros de familias de origen senatorial o de advenedizos ambiciosos sin pasado político, que eran casi peores.
Lo primero que me dijo mi amigo espectral es que "no hay que fiar de las palabras de los hombres, solo de sus actos: el peligro para la República puede surgir en cualquier lado si no hay férreos controles."
Yo sabía que en los días de Cicerón el sistema político de Roma estaba llegando a un callejón sin salida, y las luchas continuas entre los optimates conservadores y los populares reformistas agravaban día a día el problema de cómo gobernar una República que ya era de facto un imperio que controlaba el Mediterráneo. Un estado con millones de habitantes cuyas estructuras de poder estaban ancladas en una organización política basada en anticuadas tradiciones de una ciudad estado que había ido creciendo en poder. "Necesitábamos una nueva Constitución, como la llamaríais vosotros, pero no supimos articularla para salvar la República, pues cada bando solo velaba por su interés inmediato."
"La corrupción no es simplemente un conjunto de delitos administrativos. Es algo mucho peor si no se ataja: un fenómeno moral y político capaz de destruir los fundamentos de una comunidad libre."
"Una República como asociación humana tiene que estar fundada sobre el derecho y el interés común. Cuando los gobernantes utilizan el poder para su propio enriquecimiento, el Estado deja de perseguir el interés colectivo y se convierte en instrumento de intereses particulares."
"La corrupción supone por ello una perversión de la propia naturaleza de la comunidad política. No es una simple infracción legal: un magistrado corrupto no es únicamente un funcionario que incumple sus deberes; es alguien que traiciona la confianza depositada en él por la comunidad."
"Por ello, la corrupción representa una forma de injusticia muy grave, porque afecta al conjunto de los ciudadanos y daña la legitimidad de las instituciones."
"Yo lo denuncié", me dijo, "en mis discursos contra Verres, gobernador de Sicilia en mis días: acusado de extorsión, saqueo y enriquecimiento ilícito. Verres se convirtió en el símbolo de una enfermedad más profunda."
"El problema no era únicamente que un hombre hubiera abusado de su cargo; el verdadero escándalo era que el sistema político hubiera permitido y hasta intentado ignorar los abusos."
"Pero la corrupción que más me preocupó en mi época fue la electoral: las campañas políticas se habían convertido en competiciones cada vez más costosas, en las que abundaban los regalos, los banquetes públicos y el soborno encubierto. Yo mismo tuve que participar en ello para ser elegido Cónsul, pues era imposible alcanzar el cargo sin comprar apoyos electorales, ya que los electores de mi tiempo esperaban de los candidatos beneficios inmediatos además de promesas.”
"Incluso mi hermano Quinto escribió un manual al respecto para que quienes lo leyeran fueran conscientes del tipo de mercadeo en que se habían transformado nuestras campañas electorales: la corrupción deliberada de los electores que esperaban ser comprados para dar su voto. Algo que ataca la idea de que los cargos públicos deben recaer en los ciudadanos más virtuosos y capaces, y no en los que dispongan de más medios para comprar los votos."
"Cuando el dinero y el interés sustituyen al mérito como criterio de selección, las magistraturas dejan de estar al servicio de la comunidad y pasan a ser una inversión destinada a generar beneficios futuros a quienes resultan elegidos. El político compra votos porque espera recuperar posteriormente lo gastado mediante el ejercicio del poder. Así, la corrupción electoral se convierte en antesala de la corrupción gubernamental."
"Yo conocía perfectamente el peso en mis días de las redes clientelares, de las alianzas personales y de los compromisos necesarios para construir una carrera pública. Llegué al Consulado navegando en un mar de pactos con poderosos, algo imprescindible para un "homo novus" como yo, sin antepasados ilustres. Pero nunca en mi vida política admití la subordinación absoluta del interés público al beneficio privado."
"Me opuse a la revolución de Catilina, al que derroté, me opuse al poder absoluto de César y finalmente me enfrenté públicamente a las ambiciones de Antonio, que ordenó mi muerte."
"Para mí, la raíz última del problema de la corrupción política es moral. La utilidad jamás puede separarse de la honestidad. El gobernante debe actuar conforme a la justicia incluso cuando ello resulte contrario a sus intereses inmediatos."
"Nada hay útil que no sea honesto. Cuando una sociedad comienza a considerar ventajoso aquello que es injusto, se inicia un proceso de descomposición que termina afectando a todas sus instituciones."
"La corrupción no surge únicamente de leyes defectuosas o de mecanismos administrativos ineficaces. Surge, ante todo, de la degradación moral de quienes ejercen el poder: la avaricia, la ambición desmedida y la búsqueda de fama personal son los verdaderos enemigos de la República."
"Las instituciones pueden contener estos impulsos durante un tiempo, pero si la virtud desaparece de las élites gobernantes, ninguna constitución será capaz de salvar el Estado."
"Cuando los ciudadanos dejan de creer en los magistrados, en los tribunales y en los mecanismos legales, aumenta la tentación de confiar el poder a un individuo excepcional que prometa restaurar el orden."
“Al final, si no se combate con éxito, el cansancio por la corrupción produce en la sociedad un deseo de soluciones extraordinarias, generalmente a través de demagogos ambiciosos. Pero esas soluciones terminan destruyendo precisamente la libertad que pretenden aparentemente proteger.”
“Eso sucedió en mi tiempo: Aparecieron Mario, Sila, Catilina, Craso, Pompeyo, César, Antonio y Octavio. Y la República se convirtió al final en una propiedad del líder que iba a salvarla y de sus partidarios.”
Tras escuchar al viejo Cicerón tuve claro que para prevenir la corrupción, hay que saber elegir gente honesta, no demagogos ambiciosos con soluciones mágicas, pues nos jugamos nuestro futuro.
Al igual que en tantas otras cosas en la vida, la clave es el factor humano. Cuando lleguen las elecciones los ciudadanos tendremos la palabra.
(*) Arturo Aldecoa Ruiz. Apoderado en las Juntas Generales de Bizkaia 1999 - 2019
Aburrido de escuchar opiniones de tertulianos sobre la corrupción politica, anoche decidí consultar al fantasma del viejo Cicerón, para conocer su opinión sobre este asunto que hoy nos golpea y que él también vivió intensamente en sus tiempos.
Marco Tulio Cicerón fue testigo directo de la agonía de la República romana y contempló cómo las instituciones que habían gobernado Roma durante siglos se veían progresivamente erosionadas por el soborno, la ambición personal, la compra de votos y la concentración del poder en manos de miembros de familias de origen senatorial o de advenedizos ambiciosos sin pasado político, que eran casi peores.
Lo primero que me dijo mi amigo espectral es que "no hay que fiar de las palabras de los hombres, solo de sus actos: el peligro para la República puede surgir en cualquier lado si no hay férreos controles."
Yo sabía que en los días de Cicerón el sistema político de Roma estaba llegando a un callejón sin salida, y las luchas continuas entre los optimates conservadores y los populares reformistas agravaban día a día el problema de cómo gobernar una República que ya era de facto un imperio que controlaba el Mediterráneo. Un estado con millones de habitantes cuyas estructuras de poder estaban ancladas en una organización política basada en anticuadas tradiciones de una ciudad estado que había ido creciendo en poder. "Necesitábamos una nueva Constitución, como la llamaríais vosotros, pero no supimos articularla para salvar la República, pues cada bando solo velaba por su interés inmediato."
"La corrupción no es simplemente un conjunto de delitos administrativos. Es algo mucho peor si no se ataja: un fenómeno moral y político capaz de destruir los fundamentos de una comunidad libre."
"Una República como asociación humana tiene que estar fundada sobre el derecho y el interés común. Cuando los gobernantes utilizan el poder para su propio enriquecimiento, el Estado deja de perseguir el interés colectivo y se convierte en instrumento de intereses particulares."
"La corrupción supone por ello una perversión de la propia naturaleza de la comunidad política. No es una simple infracción legal: un magistrado corrupto no es únicamente un funcionario que incumple sus deberes; es alguien que traiciona la confianza depositada en él por la comunidad."
"Por ello, la corrupción representa una forma de injusticia muy grave, porque afecta al conjunto de los ciudadanos y daña la legitimidad de las instituciones."
"Yo lo denuncié", me dijo, "en mis discursos contra Verres, gobernador de Sicilia en mis días: acusado de extorsión, saqueo y enriquecimiento ilícito. Verres se convirtió en el símbolo de una enfermedad más profunda."
"El problema no era únicamente que un hombre hubiera abusado de su cargo; el verdadero escándalo era que el sistema político hubiera permitido y hasta intentado ignorar los abusos."
"Pero la corrupción que más me preocupó en mi época fue la electoral: las campañas políticas se habían convertido en competiciones cada vez más costosas, en las que abundaban los regalos, los banquetes públicos y el soborno encubierto. Yo mismo tuve que participar en ello para ser elegido Cónsul, pues era imposible alcanzar el cargo sin comprar apoyos electorales, ya que los electores de mi tiempo esperaban de los candidatos beneficios inmediatos además de promesas.”
"Incluso mi hermano Quinto escribió un manual al respecto para que quienes lo leyeran fueran conscientes del tipo de mercadeo en que se habían transformado nuestras campañas electorales: la corrupción deliberada de los electores que esperaban ser comprados para dar su voto. Algo que ataca la idea de que los cargos públicos deben recaer en los ciudadanos más virtuosos y capaces, y no en los que dispongan de más medios para comprar los votos."
"Cuando el dinero y el interés sustituyen al mérito como criterio de selección, las magistraturas dejan de estar al servicio de la comunidad y pasan a ser una inversión destinada a generar beneficios futuros a quienes resultan elegidos. El político compra votos porque espera recuperar posteriormente lo gastado mediante el ejercicio del poder. Así, la corrupción electoral se convierte en antesala de la corrupción gubernamental."
"Yo conocía perfectamente el peso en mis días de las redes clientelares, de las alianzas personales y de los compromisos necesarios para construir una carrera pública. Llegué al Consulado navegando en un mar de pactos con poderosos, algo imprescindible para un "homo novus" como yo, sin antepasados ilustres. Pero nunca en mi vida política admití la subordinación absoluta del interés público al beneficio privado."
"Me opuse a la revolución de Catilina, al que derroté, me opuse al poder absoluto de César y finalmente me enfrenté públicamente a las ambiciones de Antonio, que ordenó mi muerte."
"Para mí, la raíz última del problema de la corrupción política es moral. La utilidad jamás puede separarse de la honestidad. El gobernante debe actuar conforme a la justicia incluso cuando ello resulte contrario a sus intereses inmediatos."
"Nada hay útil que no sea honesto. Cuando una sociedad comienza a considerar ventajoso aquello que es injusto, se inicia un proceso de descomposición que termina afectando a todas sus instituciones."
"La corrupción no surge únicamente de leyes defectuosas o de mecanismos administrativos ineficaces. Surge, ante todo, de la degradación moral de quienes ejercen el poder: la avaricia, la ambición desmedida y la búsqueda de fama personal son los verdaderos enemigos de la República."
"Las instituciones pueden contener estos impulsos durante un tiempo, pero si la virtud desaparece de las élites gobernantes, ninguna constitución será capaz de salvar el Estado."
"Cuando los ciudadanos dejan de creer en los magistrados, en los tribunales y en los mecanismos legales, aumenta la tentación de confiar el poder a un individuo excepcional que prometa restaurar el orden."
“Al final, si no se combate con éxito, el cansancio por la corrupción produce en la sociedad un deseo de soluciones extraordinarias, generalmente a través de demagogos ambiciosos. Pero esas soluciones terminan destruyendo precisamente la libertad que pretenden aparentemente proteger.”
“Eso sucedió en mi tiempo: Aparecieron Mario, Sila, Catilina, Craso, Pompeyo, César, Antonio y Octavio. Y la República se convirtió al final en una propiedad del líder que iba a salvarla y de sus partidarios.”
Tras escuchar al viejo Cicerón tuve claro que para prevenir la corrupción, hay que saber elegir gente honesta, no demagogos ambiciosos con soluciones mágicas, pues nos jugamos nuestro futuro.
Al igual que en tantas otras cosas en la vida, la clave es el factor humano. Cuando lleguen las elecciones los ciudadanos tendremos la palabra.
(*) Arturo Aldecoa Ruiz. Apoderado en las Juntas Generales de Bizkaia 1999 - 2019

















