Terre des Hommes
Suiza se enfrenta al horror absoluto: cerca de 2.000 niños adoptados fueron usados para experimentos médicos
Una investigación del semanario Beobachter revela que, entre 1964 y 1979, casi dos mil menores llegados del extranjero para ser adoptados fueron recluidos en cuarentenas ilegales y empleados en ensayos clínicos y operaciones experimentales. Cuatro décadas de silencio se rompen ahora en el Parlamento federal y en los cantones de Vaud y Ginebra.
Llegaban a Suiza con un nombre prestado y un futuro prometido. No los esperaban unos padres en la pista del aeropuerto de Ginebra, sino una camilla. Antes de conocer su nueva familia, casi dos mil niños procedentes de Corea del Sur, India, Vietnam o Marruecos pasaban por una cuarentena hospitalaria que, según la documentación reunida ahora, no tenía base legal alguna y servía de tapadera para algo mucho más turbio: el uso de esos cuerpos diminutos como material de investigación farmacológica y quirúrgica.
Es la conclusión de una extensa investigación del semanario suizo de lengua alemana Beobachter, publicada el 1 de abril de 2026 por el periodista Otto Hostettler y retomada en junio por el diario Le Temps, que ha trasladado el caso —hasta ahora apenas conocido en la Suiza francófona— a la primera línea del debate político. La oenegé Terre des hommes, fundada en Lausana en 1960 por el carismático Edmond Kaiser (1914-2000), figura en el centro de todas las acusaciones.
Cuarentenas sin firma médica
La cifra que manejan los investigadores es precisa: 1.933 niños fueron colocados con familias adoptivas suizas a través de Terre des hommes entre 1964 y 1979. Según la reconstrucción documental, todos ellos —con independencia de su estado de salud real— eran internados en cuarentena a su llegada al país.
El problema de fondo es jurídico antes que sanitario. La ley suiza exigía que cualquier medida de aislamiento fuera ordenada formalmente por los médicos cantonales competentes. Los archivos consultados indican que esos facultativos nunca fueron consultados ni dieron su aval. La cuarentena, en otras palabras, carecía de cobertura legal desde el primer día.
Aquellos internamientos prolongados —semanas, a veces meses— se repartieron por al menos diez hospitales de la Suiza romanda. Y, según los documentos, no fueron periodos de mera observación: se convirtieron en la coartada para someter a los menores a exámenes invasivos sin justificación médica.
Sangre, jugo gástrico y series farmacológicas
El expolio del caso es de una crudeza difícil de digerir. A los bebés se les extraían fluidos corporales —sangre y jugo gástrico— integrados en lo que dos proyectos científicos posteriores describen, sin eufemismos, como una serie de pruebas farmacológicas. El objetivo: cultivar las bacterias presentes en esas muestras, hacerlas crecer en una solución nutritiva y medir después la eficacia de distintos antibióticos. Las bacterias se inoculaban en cobayas de laboratorio que, transcurridos unos cuarenta días, eran sacrificadas para estudiar sus efectos. Los niños, en la práctica, eran el primer eslabón de esa cadena.
Las acusaciones no se sostienen solo en el trabajo periodístico. Dos investigaciones académicas las corroboran: el libro Mother Unknown (Mutter unbekannt, editorial Chronos, 2024), centrado en las adopciones procedentes de la India en los cantones de Zúrich y Turgovia, y un estudio de archivo sobre adopciones internacionales encargado por la Oficina Federal de Justicia, con participación de la Escuela Superior de Ciencias Aplicadas de Zúrich (ZHAW). Ambos describen historiales clínicos hallados en los propios expedientes de adopción y reportes hospitalarios que documentan exámenes repetidos a lo largo de varios días.
Lo más inquietante es que la alarma sonó en su momento y nadie la atendió. El 1 de julio de 1978, el periódico Ananda Bazar Patrika, publicado en Calcuta, llevó a su portada la denuncia de que se enviaban niños indios a Suiza "con fines de investigación" bajo la apariencia de adopciones. La embajada suiza en la India se inquietó; Berna no movió ficha.
El capítulo quirúrgico: el profesor Hahn y el verano negro de 1979
A la trama farmacológica se superpone otra, escrita con bisturí. Un acuerdo informal entre Edmond Kaiser y el reputado cirujano cardíaco ginebrino Charles Hahn propició el traslado a Suiza de cerca de 6.000 niños con malformaciones cardíacas procedentes de zonas en crisis —Vietnam, Marruecos, Túnez, Argelia—.
Hahn no era un médico cualquiera. Nacido en La Chaux-de-Fonds en 1925 y fallecido en 2002, formado en el Brompton de Londres y en Leiden, fue uno de los pioneros de la cirugía cardiovascular en la Suiza francófona; su obituario en la revista Cardiovascular Surgery lo describió como una figura de proyección internacional. Ese prestigio choca hoy de frente con la lectura que hace la investigación: Terre des hommes habría buscado de forma dirigida esas patologías en el extranjero para alimentar las intervenciones a corazón abierto del profesor, en una época en la que la disciplina aún estaba en formación, y Hahn habría utilizado esos casos para afinar su técnica y publicar sus trabajos sin precisar el origen ni la edad de los pacientes.
La factura humana fue altísima. El clima se desbordó en el verano de 1979: entre julio y septiembre, al menos seis criaturas —Razzia, Abdelkader, Lotfi, Hassan, Samira y Ernest— murieron en el Hospital Universitario de Ginebra tras esas operaciones. En el hogar de acogida de Massongex, en el Valais, donde se alojaban, el personal describió el miedo y la desesperación de los niños que veían desaparecer a sus compañeros. Pese a la inquietud interna, las intervenciones continuaron.
Una ofensiva política en tres frentes
Ante la magnitud de las revelaciones, el centro nacional de competencias PACH (Niños acogidos y adoptados de Suiza) se ha declarado "consternado" y respalda la triple ofensiva parlamentaria abierta en junio de 2026.
En el plano federal, la consejera nacional socialista sangalesa Barbara Gysi presentó una interpelación que insta al Consejo Federal a pronunciarse: pregunta si Berna apoyará nuevas investigaciones independientes, si garantizará a las víctimas —hoy adultas— un acceso total y gratuito a sus historiales médicos, y qué reparaciones, económicas o simbólicas, contempla la Confederación.
En el cantón de Vaud, la diputada Oriane Sarrasin interpeló al Consejo de Estado (texto 26_INT_77), con el foco puesto en el hospital de Saint-Loup, en La Sarraz, por donde transitaron numerosos bebés considerados "sanos" a su partida. Sarrasin admite no saber qué documentación se conservó y subraya un contraste revelador: mientras en la Suiza alemana el debate sobre los malos tratos en la infancia y el deber de reparación lleva años siendo intenso, en la Suiza francófona este capítulo no había llegado nunca al primer plano. En Ginebra, el diputado Matthieu Jotterand registró una pregunta escrita similar dirigida al papel de las autoridades cantonales, el Hospital de Niños y el Hôpital de la Tour de Meyrin. A ellos se ha sumado la valesana Paola Riva Gapany, que prepara su propia iniciativa.
La respuesta de Terre des hommes
La fundación no rechaza de plano las acusaciones, pero pide tiempo. Su directora general, Barbara Hintermann, ha anunciado una investigación interna sobre las dos cuestiones —las cuarentenas y los experimentos médicos— antes de presentar unas disculpas formales. Hintermann sostiene que la organización no tenía conocimiento de los ensayos médicos, aunque admite que las cuarentenas sí eran conocidas internamente; lo que quiere esclarecer, dice, es si fueron autorizadas por el médico cantonal o se aplicaron por otra vía. Los Hospitales Universitarios de Ginebra (HUG), por su parte, han manifestado su voluntad de colaborar con las autoridades.
La colaboración entre Terre des hommes y la cirugía cardíaca ginebrina sobrevivió al escándalo y se prolongó durante décadas como programa humanitario —más de 10.000 niños operados desde 1970, según los propios HUG—, hasta que la fundación traspasó esa actividad en 2022. El debate actual no cuestiona ese legado asistencial, sino lo ocurrido en su origen, cuando el consentimiento, la supervisión legal y la frontera entre cuidar y experimentar se difuminaron sobre cuerpos que no podían defenderse.
Para las asociaciones de personas adoptadas, que hoy hablan abiertamente de "trata de seres humanos", lo que está en juego ya no es solo la verdad histórica. Es un deber de justicia y reparación hacia adultos cuyo cuerpo, sin que ellos lo supieran ni pudieran consentirlo, sirvió de laboratorio.
Fuentes: investigación de Beobachter (Otto Hostettler, 1/4/2026); Le Temps (Aïna Skjellaug, 22/6/2026); RTS, SRF y 20 Minuten; interpelación 26_INT_77 del Gran Consejo del cantón de Vaud; estudio Mother Unknown (Chronos, 2024) y estudio de archivo de la Oficina Federal de Justicia / ZHAW.
Una investigación del semanario Beobachter revela que, entre 1964 y 1979, casi dos mil menores llegados del extranjero para ser adoptados fueron recluidos en cuarentenas ilegales y empleados en ensayos clínicos y operaciones experimentales. Cuatro décadas de silencio se rompen ahora en el Parlamento federal y en los cantones de Vaud y Ginebra.
Llegaban a Suiza con un nombre prestado y un futuro prometido. No los esperaban unos padres en la pista del aeropuerto de Ginebra, sino una camilla. Antes de conocer su nueva familia, casi dos mil niños procedentes de Corea del Sur, India, Vietnam o Marruecos pasaban por una cuarentena hospitalaria que, según la documentación reunida ahora, no tenía base legal alguna y servía de tapadera para algo mucho más turbio: el uso de esos cuerpos diminutos como material de investigación farmacológica y quirúrgica.
Es la conclusión de una extensa investigación del semanario suizo de lengua alemana Beobachter, publicada el 1 de abril de 2026 por el periodista Otto Hostettler y retomada en junio por el diario Le Temps, que ha trasladado el caso —hasta ahora apenas conocido en la Suiza francófona— a la primera línea del debate político. La oenegé Terre des hommes, fundada en Lausana en 1960 por el carismático Edmond Kaiser (1914-2000), figura en el centro de todas las acusaciones.
Cuarentenas sin firma médica
La cifra que manejan los investigadores es precisa: 1.933 niños fueron colocados con familias adoptivas suizas a través de Terre des hommes entre 1964 y 1979. Según la reconstrucción documental, todos ellos —con independencia de su estado de salud real— eran internados en cuarentena a su llegada al país.
El problema de fondo es jurídico antes que sanitario. La ley suiza exigía que cualquier medida de aislamiento fuera ordenada formalmente por los médicos cantonales competentes. Los archivos consultados indican que esos facultativos nunca fueron consultados ni dieron su aval. La cuarentena, en otras palabras, carecía de cobertura legal desde el primer día.
Aquellos internamientos prolongados —semanas, a veces meses— se repartieron por al menos diez hospitales de la Suiza romanda. Y, según los documentos, no fueron periodos de mera observación: se convirtieron en la coartada para someter a los menores a exámenes invasivos sin justificación médica.
Sangre, jugo gástrico y series farmacológicas
El expolio del caso es de una crudeza difícil de digerir. A los bebés se les extraían fluidos corporales —sangre y jugo gástrico— integrados en lo que dos proyectos científicos posteriores describen, sin eufemismos, como una serie de pruebas farmacológicas. El objetivo: cultivar las bacterias presentes en esas muestras, hacerlas crecer en una solución nutritiva y medir después la eficacia de distintos antibióticos. Las bacterias se inoculaban en cobayas de laboratorio que, transcurridos unos cuarenta días, eran sacrificadas para estudiar sus efectos. Los niños, en la práctica, eran el primer eslabón de esa cadena.
Las acusaciones no se sostienen solo en el trabajo periodístico. Dos investigaciones académicas las corroboran: el libro Mother Unknown (Mutter unbekannt, editorial Chronos, 2024), centrado en las adopciones procedentes de la India en los cantones de Zúrich y Turgovia, y un estudio de archivo sobre adopciones internacionales encargado por la Oficina Federal de Justicia, con participación de la Escuela Superior de Ciencias Aplicadas de Zúrich (ZHAW). Ambos describen historiales clínicos hallados en los propios expedientes de adopción y reportes hospitalarios que documentan exámenes repetidos a lo largo de varios días.
Lo más inquietante es que la alarma sonó en su momento y nadie la atendió. El 1 de julio de 1978, el periódico Ananda Bazar Patrika, publicado en Calcuta, llevó a su portada la denuncia de que se enviaban niños indios a Suiza "con fines de investigación" bajo la apariencia de adopciones. La embajada suiza en la India se inquietó; Berna no movió ficha.
El capítulo quirúrgico: el profesor Hahn y el verano negro de 1979
A la trama farmacológica se superpone otra, escrita con bisturí. Un acuerdo informal entre Edmond Kaiser y el reputado cirujano cardíaco ginebrino Charles Hahn propició el traslado a Suiza de cerca de 6.000 niños con malformaciones cardíacas procedentes de zonas en crisis —Vietnam, Marruecos, Túnez, Argelia—.
Hahn no era un médico cualquiera. Nacido en La Chaux-de-Fonds en 1925 y fallecido en 2002, formado en el Brompton de Londres y en Leiden, fue uno de los pioneros de la cirugía cardiovascular en la Suiza francófona; su obituario en la revista Cardiovascular Surgery lo describió como una figura de proyección internacional. Ese prestigio choca hoy de frente con la lectura que hace la investigación: Terre des hommes habría buscado de forma dirigida esas patologías en el extranjero para alimentar las intervenciones a corazón abierto del profesor, en una época en la que la disciplina aún estaba en formación, y Hahn habría utilizado esos casos para afinar su técnica y publicar sus trabajos sin precisar el origen ni la edad de los pacientes.
La factura humana fue altísima. El clima se desbordó en el verano de 1979: entre julio y septiembre, al menos seis criaturas —Razzia, Abdelkader, Lotfi, Hassan, Samira y Ernest— murieron en el Hospital Universitario de Ginebra tras esas operaciones. En el hogar de acogida de Massongex, en el Valais, donde se alojaban, el personal describió el miedo y la desesperación de los niños que veían desaparecer a sus compañeros. Pese a la inquietud interna, las intervenciones continuaron.
Una ofensiva política en tres frentes
Ante la magnitud de las revelaciones, el centro nacional de competencias PACH (Niños acogidos y adoptados de Suiza) se ha declarado "consternado" y respalda la triple ofensiva parlamentaria abierta en junio de 2026.
En el plano federal, la consejera nacional socialista sangalesa Barbara Gysi presentó una interpelación que insta al Consejo Federal a pronunciarse: pregunta si Berna apoyará nuevas investigaciones independientes, si garantizará a las víctimas —hoy adultas— un acceso total y gratuito a sus historiales médicos, y qué reparaciones, económicas o simbólicas, contempla la Confederación.
En el cantón de Vaud, la diputada Oriane Sarrasin interpeló al Consejo de Estado (texto 26_INT_77), con el foco puesto en el hospital de Saint-Loup, en La Sarraz, por donde transitaron numerosos bebés considerados "sanos" a su partida. Sarrasin admite no saber qué documentación se conservó y subraya un contraste revelador: mientras en la Suiza alemana el debate sobre los malos tratos en la infancia y el deber de reparación lleva años siendo intenso, en la Suiza francófona este capítulo no había llegado nunca al primer plano. En Ginebra, el diputado Matthieu Jotterand registró una pregunta escrita similar dirigida al papel de las autoridades cantonales, el Hospital de Niños y el Hôpital de la Tour de Meyrin. A ellos se ha sumado la valesana Paola Riva Gapany, que prepara su propia iniciativa.
La respuesta de Terre des hommes
La fundación no rechaza de plano las acusaciones, pero pide tiempo. Su directora general, Barbara Hintermann, ha anunciado una investigación interna sobre las dos cuestiones —las cuarentenas y los experimentos médicos— antes de presentar unas disculpas formales. Hintermann sostiene que la organización no tenía conocimiento de los ensayos médicos, aunque admite que las cuarentenas sí eran conocidas internamente; lo que quiere esclarecer, dice, es si fueron autorizadas por el médico cantonal o se aplicaron por otra vía. Los Hospitales Universitarios de Ginebra (HUG), por su parte, han manifestado su voluntad de colaborar con las autoridades.
La colaboración entre Terre des hommes y la cirugía cardíaca ginebrina sobrevivió al escándalo y se prolongó durante décadas como programa humanitario —más de 10.000 niños operados desde 1970, según los propios HUG—, hasta que la fundación traspasó esa actividad en 2022. El debate actual no cuestiona ese legado asistencial, sino lo ocurrido en su origen, cuando el consentimiento, la supervisión legal y la frontera entre cuidar y experimentar se difuminaron sobre cuerpos que no podían defenderse.
Para las asociaciones de personas adoptadas, que hoy hablan abiertamente de "trata de seres humanos", lo que está en juego ya no es solo la verdad histórica. Es un deber de justicia y reparación hacia adultos cuyo cuerpo, sin que ellos lo supieran ni pudieran consentirlo, sirvió de laboratorio.
Fuentes: investigación de Beobachter (Otto Hostettler, 1/4/2026); Le Temps (Aïna Skjellaug, 22/6/2026); RTS, SRF y 20 Minuten; interpelación 26_INT_77 del Gran Consejo del cantón de Vaud; estudio Mother Unknown (Chronos, 2024) y estudio de archivo de la Oficina Federal de Justicia / ZHAW.











