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Martes, 30 de Junio de 2026 Tiempo de lectura:
Tres heridos de gravedad

Mónaco investiga su primer atentado terrorista: el objetivo, un oligarca ucraniano sancionado por Kiev

[Img #30784]A las nueve de la noche, Mónaco es una postal que se ilumina sola. El verano empuja a la gente hacia los paseos, los yates encienden sus luces sobre el agua negra y el principado entero parece existir para demostrar que el dinero puede comprar también la tranquilidad. La noche del lunes, frente a un edificio residencial a pocos metros de la frontera francesa, alguien dejó una mochila en el portal y se alejó caminando.

 

Dentro no había ropa. Había un artefacto explosivo casero cargado de tornillos y metralla para multiplicar el daño. Cuando estalló, la explosión, hacia las nueve de la noche en la entrada de una residencia cercana a la frontera, hirió a dos adultos y a un menor, que fueron trasladados a hospitales en Francia. Las cámaras de seguridad ya habían grabado a su autor: un hombre con pantalón claro, camisa oscura y un sombrero de ala que le cubría parte del rostro, que huyó a pie. Para entonces ya había desaparecido cruzando la frontera hacia la vecina localidad francesa de Beausoleil.

 

La escena tenía nombre y apellido. Las cadenas BFM y el medio Ucrania Pravda identificaron a uno de los heridos como el magnate ucraniano de la construcción Vadim Ermolaev. También resultaron gravemente heridas su mujer y su hijo adolescente.

 

El hombre del portal

 

Ermolaev, de 58 años, no es un personaje cualquiera. Nacido en Dnipró, es el fundador y dueño del grupo Alef, con intereses en el sector inmobiliario, la producción de alcohol, el agronegocio y el comercio; durante años fue uno de los grandes promotores de su ciudad natal. Llegó a figurar en el puesto 23 de la lista Forbes de los ucranianos más ricos, con una fortuna estimada en más de 300 millones de dólares antes de la guerra. Parte de ese imperio se levantó sobre el vino y el alcohol, una pista que más tarde se volvería incómoda.

 

En 2019 dio un giro que hoy se lee distinto: renunció a la ciudadanía ucraniana para obtener la nacionalidad chipriota. Y como buena parte de la élite empresarial de su país tras la escalada bélica de 2022, eligió Mónaco para vivir. Ermolaev figura entre los miembros del llamado "Batallón Mónaco", decenas de figuras ucranianas acusadas de abandonar el país tras el estallido del conflicto y que, como sugiere el apodo irónico, se instalaron en el principado. El refugio dorado que tantos buscaron acababa de demostrar que las fronteras de Mónaco no detienen del todo lo que se quiere dejar atrás.

 

La sombra de Crimea

 

Aquí empieza el terreno de las hipótesis, y conviene pisarlo con cuidado. Ermolaev fue sometido a sanciones ucranianas en diciembre de 2023, por acusaciones de haber vendido alcohol en la Crimea ocupada por Rusia. Las sanciones del Consejo de Seguridad ucraniano, de diez años de duración, se vincularon a que parte de su negocio habría seguido operando en Crimea tras 2014; él lo negó públicamente. La guerra, el dinero y un territorio anexionado: los ingredientes están sobre la mesa, pero ninguna autoridad ha establecido todavía que ese sea el hilo que conduce a la mochila del portal. El móvil del atentado, oficialmente, sigue abierto.

 

La cacería

 

Lo que sí es excepcional es el lugar. Las autoridades describieron el ataque como el primer acto terrorista en la historia del principado. La maquinaria de un microestado acostumbrado a otra clase de sobresaltos se puso en marcha de inmediato: las autoridades francesas y monegascas buscan al atacante, cuyo motivo está bajo investigación, según declaró el ministro de Estado, Christophe Mirmand. Una operación policial se lanzó para encontrar al autor, que sigue en libertad; varios testigos aportaron información que podría ayudar a identificarlo.

 

Desde el palacio, la condena fue inmediata. El príncipe Alberto II lo calificó de "acto odioso" y aseguró que todos los servicios del país estaban movilizados para garantizar la seguridad.

 

Lo que queda en el aire

 

Mientras los investigadores reconstruyen los segundos previos a la detonación a partir de unas imágenes de videovigilancia, quedan en pie las preguntas que de verdad importan. Quién encargó dejar esa mochila. Por qué. Y si el sombrero de ala que cruzó hacia Beausoleil responde a una vendetta empresarial, a un ajuste de cuentas de guerra o a algo todavía sin nombre. Por ahora, lo único cierto es que el silencio dorado de Mónaco se rompió a las nueve de una noche de verano, y que tardará en recomponerse.

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