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Lunes, 06 de Julio de 2026 Tiempo de lectura:
El regreso de Donna Hare

«Siempre los borramos antes de venderlas al público»: resurge la acusación de una ex contratista de la NASA sobre ovnis eliminados de las fotos oficiales

La historia de Donna Hare, contada por primera vez hace un cuarto de siglo y jamás respaldada por prueba documental alguna, vuelve a circular al calor de la polémica por las imágenes del objeto interestelar 3I/ATLAS y la reciente desclasificación de archivos ovni del Pentágono.

 

[Img #30813]

 

Hay acusaciones que envejecen mal y otras que, precisamente porque nunca se resuelven, no envejecen nunca. La de Donna Hare pertenece a la segunda categoría. Esta ex ilustradora gráfica, que trabajó entre 1967 y 1981 para Philco Ford Aerospace —contratista de la NASA— en el Centro Espacial Johnson de Houston, sostiene desde hace décadas que la agencia espacial estadounidense eliminaba sistemáticamente objetos no identificados de sus fotografías antes de hacerlas públicas. Su relato ha vuelto a los titulares esta semana, recuperado por el tabloide británico Daily Mail y amplificado desde entonces por medios de medio mundo.

 

Un laboratorio restringido y una pregunta sin respuesta

 

El episodio central de su testimonio se remonta a 1970 o 1971. Según Hare, durante una visita a un laboratorio fotográfico de acceso restringido, un técnico le mostró una imagen singular: un objeto blanco y redondo, de bordes nítidamente definidos, suspendido sobre un bosque de pinos. Desconcertada, preguntó si aquello era un ovni. «No puedo decírtelo», respondió el técnico, según su versión. Cuando insistió en saber qué destino aguardaba a la fotografía, la respuesta —siempre según Hare— fue tan escueta como inquietante: los retocaban con aerógrafo antes de que las imágenes llegaran al público.

 

Hare, que asegura haber contado con autorización de seguridad para acceder a zonas restringidas vinculadas al trabajo fotográfico, hizo pública su acusación por primera vez en mayo de 2001, en la rueda de prensa del llamado Disclosure Project celebrada en Washington. La ha repetido en entrevistas posteriores sin variar lo esencial. Tampoco lo accesorio: con los años fue sumando afirmaciones más ambiciosas, como que personal vinculado a las misiones Apolo le habría confiado que los astronautas fueron seguidos por naves extrañas y advertidos de guardar silencio por razones de seguridad nacional.

 

Lo que falta en el expediente

 

El problema de la historia de Hare es todo lo que no contiene. No existe la fotografía original. No hay nombre del técnico. No ha aparecido documento interno alguno que acredite una política de retoque en la NASA. Ningún archivo desclasificado la respalda. Medios que han revisado el caso, como IBTimes UK, subrayan que el relato no ha podido verificarse de forma independiente y debe tratarse con cautela. Queda, en definitiva, el testimonio reiterado de una ex contratista y la sugestiva posibilidad —para quienes quieran creerla— de que lo más extraño de aquellas imágenes fuera, justamente, lo que se borró.

 

Por qué ahora

 

Que una acusación de hace 25 años vuelva a portada no es casual. Las afirmaciones de Hare han cobrado nueva vida en 2026 por una doble coincidencia: las críticas al tratamiento que la NASA dio a las imágenes del objeto interestelar 3I/ATLAS, que algunos observadores llegaron a especular que podría ser tecnología alienígena avanzada, y la desclasificación, el pasado mayo, de documentos y material del Pentágono sobre fenómenos anómalos no identificados, que incluyen imágenes de las misiones Apolo con luces y formas sin explicar catalogadas en la superficie lunar.

 

Nada en esos archivos confirma que la NASA haya alterado fotografía alguna. Pero en el ecosistema informativo de lo inexplicable, la ausencia de prueba rara vez cierra un caso: lo alimenta. Y la historia de Donna Hare, huérfana de evidencias pero rica en detalle, sigue demostrando que los mejores misterios no son los que se resuelven, sino los que se niegan a desaparecer.

 

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