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Pedro Chacón
Viernes, 17 de Julio de 2026 Tiempo de lectura:

La final del campeonato del mundo de fútbol y los nacionalistas vascos a lo suyo: a mentir

Con motivo de la final del campeonato del mundo de fútbol entre España y el país hermano que es Argentina, los dos principales partidos nacionalistas, PNV y EH Bildu, no se han podido resistir más (ya llevan sufriendo demasiado con las victorias de la selección española de fútbol hasta llegar a la final) y han decidido contraprogramar el día 19 domingo, en que se juega la final, publicando y firmando juntos una infumable “Declaración de Bergara”, en la que vienen a poner al día todas sus alucinaciones historiográficas de una historia poco y mal leída, muy mal digerida y peor asimilada.

 

Se trata de conmemorar dos acontecimientos como fueron la Ley llamada abolitoria de los fueros de 1876 y el Movimiento de Alcaldes de Bergara (Vergara) de 1976, protagonizado por quien luego fuera miembro de la Mesa Nacional de Herri Batasuna, José Luis Elkoro. Como se puede deducir, el primer hecho tuvo lugar ahora hace 150 años y el segundo 50. Y ambos tuvieron lugar un 21 de julio, que este año cae en martes. Y qué mejor que adelantarlo un par de días y hacerlo coincidir con la final del Mundial de fútbol, para recordar de nuevo a la ciudadanía vasca la matraca nacionalista y no dejarnos disfrutar en paz de los momentos previos a la final del Mundial.

 

Ahora, eso sí, los actos tendrán lugar en Vergara por la mañana, para que así toda la gente que asista pueda irse con tiempo a su casa para ver el partido. Que es lo que todos querrán ver ese día, sin la más mínima duda, desde Otegi, Pradales y Esteban hasta el último militante del PNV y EH Bildu originario de, qué se yo, Soria, Burgos o cualquier otra provincia española de la que procedieran sus ancestros o, si te descuidas, hasta ellos mismos directamente.

 

Por qué mentirán tanto los nacionalistas. Bueno, fundamentalmente porque si no mintieran no habría ideología nacionalista que sostener. El nacionalismo se basa en mentiras desde su mismo origen y en tergiversar y manipular la historia.

 

Y esta “declaración de Vergara” es un ejemplo manifiesto. Basta con leer las dos hojas que han empleado para explicarnos su propósito.

 

Definen lastimosamente la Ley de 1876 como la puntilla a la Ley de 1839 y ambas con un ataque del Estado español a la independencia de Euskal Herria. Cuando en ambas ocasiones no había un sujeto político denominable así (ni hoy tampoco). No saben que entonces no había nada llamado “pueblo vasco” y sí en cambio dos corrientes enfrentadas de vascos, los liberales y los carlistas. No saben tampoco que entre 1839 y 1876 los liberales fueron dominantes, constituyendo lo que entonces se llamó un “oasis foral”, durante el cual las tres diputaciones vascas alcanzaron el predominio sobre las juntas, tal como se demuestra en la majestuosidad de los edificios que erigieron en el centro de las tres capitales. No saben tampoco que tras la segunda Guerra Carlista y la derrota de este sector, los liberales vascos también pagaron las consecuencias en la Ley de 1876, lo que les llevó a dividirse en dos facciones, los transigentes y los intransigentes. Y que fueron los primeros, los transigentes, los que lograron negociar con el presidente del Gobierno español, Antonio Cánovas del Castillo, el régimen de Conciertos Económicos en 1878, que hoy se considera la joya de la foralidad y que inauguró entonces la etapa que cabe denominar de la “neoforalidad”.

 

Me atrevo a reproducir aquí las palabras escritas por Juan José Echevarría, uno de los mejores conocedores de la foralidad vasca (para mi gusto el mejor), cuando ha leído esta llamada “Declaración de Vergara”. Se desglosan en los siguientes puntos:

 

1) La ley de 1876, más que abolitoria de los fueros, pretendió conjugar el “bienestar de los pueblos vascongados” con “el buen gobierno” de la nación española, nacida en el marco democrático de la Constitución de Cádiz de 1812.

 

2) La ley de 1876 obligó a las provincias vascas a aportar al ejército una contribución de hombres para la defensa común (concepto este hoy muy en vigor ante el panorama internacional), mediante el sistema de quintas existentes en el resto de la nación, y otra económica con respecto a los gastos públicos.

 

3) Tras la ley, hubo un amplio desarrollo foral que se sustanció en los Conciertos Económicos en cada una de las tres provincias, rasgo que otorga como ningún otro la bilateralidad e incluso una concepción confederal del Estado.

 

4) La concepción foral está basada en la bilateralidad Monarquía-Juntas Generales de cada uno de los territorios, que es la esencia histórica de la construcción política de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya.

 

5) El Estatuto de 1936 y sobre todo el de 1979 introdujeron un nuevo elemento sobrevenido: la Comunidad Autónoma Vasca, aunque en virtud de la Constitución de 1978 que respeta y ampara lo foral, esta lo reconoce a los territorios históricos: Álava, Guipúzcoa y Vizcaya.

 

6) El denominado derecho a la autodeterminación no ha existido nunca en la relación foral. Se trata de una aportación de otros planteamientos políticos ya en el siglo XX, ajena completamente a la tradición foral.

 

7) La bilateralidad foral ofrece un desarrollo futuro del autogobierno por separado en cada provincia o en el sobrevenido marco unitario vasco, dentro de la lealtad de los dos sujetos forales ya mencionados: Monarquía (representada constitucionalmente en el gobierno de la nación) y cada uno de los tres territorios que constitucionalmente disfrutan de reconocidos derechos históricos.

 

A estos puntos, podríamos añadir también algo respecto del llamado “Movimiento de Alcaldes de Vergara”, que fue, en cualquier caso, minoritario, surgido en 1976 en plena escalada del terrorismo etarra, que no diremos que actuó en consonancia con este pero sí que su principal líder, José Luis Elkoro acabó integrando la Mesa Nacional de Herri Batasuna en la peor época del terrorismo de ETA, banda armada a la que ese partido justificó, defendió y dio cobertura, como todos sabemos.

 

En 1976 fueron asesinadas por la banda terrorista ETA un total de 17 personas, entre ellas, el 4 de octubre, el entonces presidente de la Diputación de Guipúzcoa, Juan María Araluce Villar, que estaba trabajando denodadamente, desde dentro del régimen franquista, por la recuperación de los conciertos económicos y la foralidad anulados por el régimen de Franco en 1937 para Vizcaya y Guipúzcoa. Pero a ETA no le interesaban ese tipo de gestiones. Seguramente es que ni las entendía siquiera. Sobre todo las veía como una amenaza a sus designios: vascos franquistas luchando por mejorar las condiciones jurídicas, políticas y económicas de su tierra desde dentro mismo del régimen.

 

En fin, para qué seguir.

 

Solo pido que este domingo 19 de julio, en que celebraremos la alegría de estar en la final del mundial de fútbol, e independientemente del resultado, esta gente nos deje en paz con sus mentiras y sus manipulaciones históricas. Y ya que no podemos sacar a la calle la bandera de España, porque nos lo tienen prohibido, al menos que no tengamos que tragarnos una nueva rueda de molino con sus delirantes interpretaciones de la historia.

 

Sirva este texto para exorcizarnos contra ese peligro. Y que les den.

 

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