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Viernes, 24 de Julio de 2026 Tiempo de lectura:
El fuego más grande de la historia de la región

Madrid vive el peor incendio de su historia, con más de 10.000 evacuados y las llamas fuera de capacidad de extinción

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Hay una frase que ninguna administración pronuncia a la ligera, y este viernes la pronunció Isabel Díaz Ayuso desde el Puesto de Mando Avanzado de Cenicientos: el que arrasa el suroeste de la región es "el peor incendio de la historia de la Comunidad de Madrid". No lo dijo desde un despacho, sino a pie de operativo, con los frentes todavía activos y una sola prioridad declarada: "salvar vidas".

 

La emergencia no llegó de golpe. Se fue tejiendo a lo largo del jueves, cuando la Comunidad reconoció una situación crítica de incendios "múltiples y de extrema gravedad" y anunció que solicitaría la activación de la Situación Operativa 3, la de interés nacional, reservada para las catástrofes que desbordan a una sola administración. El mapa explicaba por sí solo la petición: tres comunidades autónomas —Castilla-La Mancha, Castilla y León y Madrid— ardían a la vez, con fuegos simultáneos de extrema gravedad.

 

El diagnóstico del consejero de Medio Ambiente, Agricultura e Interior, Carlos Novillo, fue de una crudeza inusual en el lenguaje oficial: los incendios se encontraban fuera de la capacidad de extinción y suponían una grave amenaza para la población. Traducido: los medios desplegados ya no podían apagar el fuego, solo contenerlo, guiarlo, y sobre todo apartar a la gente de su camino. Más de 10.000 personas fueron evacuadas de sus casas en Villa del Prado, San Martín de Valdeiglesias, Pelayos de la Presa y Aldea del Fresno.

 

Cuatro frentes y una tormenta perfecta

 

La geografía del desastre se dibuja sobre la comarca del Alberche. Por un lado, el incendio de Villa del Prado, con afección a Aldea del Fresno. Por otro, el de San Martín de Valdeiglesias, nacido de algo tan prosaico como un vehículo incendiado en la carretera M-501, y extendido hasta Pelayos de la Presa. A ellos se sumó el fuego declarado el miércoles por la tarde en Almorox, ya en tierras toledanas, que se reactivó el jueves al mediodía y cruzó hacia territorio madrileño. Y en el horizonte, un cuarto actor: el incendio de Burgohondo, en Ávila, cuya evolución, empujada por la meteorología, amenazaba con entrar también en la región.

 

Ese es, precisamente, el corazón de la explicación oficial. Díaz Ayuso atribuyó la magnitud de la catástrofe a una conjunción de factores excepcionales: las altas temperaturas, el viento fuerte y la confluencia de tres incendios que terminaron uniéndose y multiplicando sus efectos. El fuego, cuando se encuentra consigo mismo, no suma: multiplica.

 

El operativo, sobre el terreno

 

Frente a las llamas, la aritmética de la respuesta: más de 270 profesionales y una cuarentena de medios terrestres desplegados en la zona. En Villa del Prado, 21 vehículos y 90 efectivos; en San Martín de Valdeiglesias, 17 vehículos y 65 efectivos. La Unidad Militar de Emergencias mantiene tres secciones sobre el terreno —dos en San Martín y una en Villa del Prado—, con 40 militares cada una, trabajando codo con codo con los Bomberos de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid.

 

Las autoridades insisten en un mensaje único a la población: seguir en todo momento las indicaciones de los servicios de emergencia.

 

El día después, todavía lejos

 

Con los frentes aún vivos, nadie se atreve a poner cifras a lo perdido. La propia presidenta admitió que es pronto para evaluar el alcance total de los daños. Pero el Gobierno regional ya ha empezado a preparar la reconstrucción: una línea específica de ayudas, canalizada a través del Plan de Inversión Regional, destinada a los ayuntamientos afectados para las labores de limpieza, la reparación de infraestructuras dañadas y las necesidades que vayan aflorando cuando el humo se disipe.

 

Porque el humo, tarde o temprano, se disipará. Lo que quede debajo —los montes del Alberche, los pueblos vaciados en una noche, la memoria de más de 10.000 personas que salieron de casa sin saber si volverían a encontrarla en pie— tardará bastante más en aclararse.

 

 

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