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Pablo Mosquera
Viernes, 24 de Julio de 2026 Tiempo de lectura:

La unidad de España

Tiene que ser el deporte del fútbol quien nos devuelva viejos y ocultos sentimientos de orgullo identitario. Tiene que ser una victoria en América motivo para devolvernos el sentimiento de la unidad como nación, pueblo, colectivo racial y lingüístico. Tiene que ser un gol el momento que ponga en marcha esa escondida fuerza que nos hace salir a las calles con presunción de ser españoles. Pero...¿ y si no se dan tales circunstancias?

 

Algo falla. Mucho se opone. Somos un país de gentes acomplejadas. Tenemos una clase dirigente más empeñada en la violencia verbal que en fomentar la unidad patria. Momentos como los vividos este verano 2026 muestran a las claras la colisión entre la alegría de compartir unidos la victoria de la selección nacional de España y la continua refriega de los mandarines con asiento en Las Cortes. Mientras el deporte nos traslada a lo mejor que tenemos y somos capaces de compartir, la política practicada por la partitocracia es mugrosa y casposa. O lo peor. Ganas de dividir, fomentar el odio, recrear las dos viejas y terribles Españas a las que puso versos don Antonio Machado.

 

Me emocionó la intervención del capitán Rodri. ¡Viva el Rey y viva España!. ¡Si señor, sin complejos!. Con todas las razones. S.M. el Rey Felipe VI no sólo es el Jefe del Estado, es también símbolo de la unidad en la nación española y de esta con la hispanidad. Lo ha demostrado. Cae bien. Y Leonor se comporta como una digna princesa de Asturias. Así que espero y deseo no haya sido la última vez en que los españoles silentes cundo nos volvemos parlantes, gritemos a unos para bien y a otros para mal.

 

Me enfureció ver a los "gudaris" actuar con las caras tapadas. En Navarra y en Bilbao. ¿ Qué pasa. Nadie es capaz de darles su merecido?. ¿Se nos ha olvidado el espíritu de aquel julio de Ermua cuando se acochinaron y vieron la ira del pueblo español ?. No se trata sólo de exigir a la autoridad. Hay que convertirse en paisano anónimo pero cabreado para poner las cosas en su lugar.

 

Hace años. Siendo responsable del deporte en Álava. Organicé más de treinta eventos nacionales. Promocioné el deporte minoritario y sobre todo el escolar. este último como escuela de vida, compañerismo y salud. Tuve el honor de organizar dos Copas del Rey de baloncesto. Tuve la inestimable ayuda del Mosad para garantizar la seguridad de tales competiciones mal queridas por el terrorismo que las veía como oportunidad para infringir daño y publicidad. Mi eslogan era " Vitoria ciudad del deporte". Pero también hube de enfrentarme con el sex seleccionador Javier Clemente. Me acusó de provocador por querer traer a Mendizorroza a la selección española de futbol que dirigía Camacho. Un gran jugador y español. Eran buenos tiempos para el futbol y el baloncesto. Pero los vasquitos y nesquitas nacionalistas no querían buenas noticias con sabor a España. Siempre he presumido de mis tres grandes broncas en público. Con Setién. Con Clemente. Con Josu Ternera. Ni me arrepiento. Ni olvido, ni perdono. Al igual que me siento orgulloso de haber jurado la Constitución española dos veces ante su majestad El Rey en La Zarzuela.   

 

Los nacionalistas vascos y catalanes saben la capacidad de movilización que tiene el espacio deportivo. Por eso tratan de imponer sus selecciones. Por eso el único lugar dónde no se guardaba minutos de silencio por los asesinatos de ETA era en San Mames. Por eso a los vascos como el alavés Unai Simón, hijo del cuerpo, no se lo perdonarán nunca. También debo recordar al gran jugador de balón mano. Iker Romero. Afiliado a Unidad Alavesa como sus padres.

 

También hubo algunos mamarrachos. Los vasquitos que jugaban en el Barca y se negaron a prestarnos ayuda cuando los secuestros de ETA y las manifestaciones que desde la Mesa de Ajuria Enea organizamos. Hecho que también compartía Carlos Arguiñano, con el que la tuve parda en la sede la TVE de Bilbao, al recordarle lo que hacía y ganaba gracias a España. Otro espécimen fue el montañero Juanito Oyarzabal. Batasuno al que le negué cualquier tipo de ayuda económica desde los presupuestos de la Diputación Foral de Álava. Si ayudé a Galdeano -ciclista- cuando estuvo perseguido por un control de una bebida en el criterio de Llodio. Luego fue campeón de España y me regaló su maillot que conservo, al igual que las dedicatorias de Almudena Cid a la que levanté de su crisis con la federación española en Madrid, hasta el punto de llegar a ser la gimnasta mejor y más longeva.

 

Los que hemos sido deportistas sabemos lo importante que es tal. Enseña a convivir. Hace amigos eternos. Nos enseña a trabajar en equipo. Nos estimula al sacrificio. Nos mantiene sanos por los años al convertirse en una fuente salubre para el ocio. No debemos dejar de ser deportistas, y desde luego huir de la conducta forofa. Y una vez más, todo lo que refuerce nuestra conciencia de ser y actuar como orgullosos españoles, bienvenida sea.    

 

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