Vestuarios e igualdad
![[Img #30895]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/07_2026/3716_222222222222222.jpg)
Resido en un municipio vizcaíno muy implicado con las políticas de igualdad de género. Así lo demuestra al menos en toda su comunicación institucional, controlada por el partido que rige en tetrarquía ciudad, provincia y comunidad. Siendo como es un municipio tan preocupado por el body positive, no es extraño que erija además enormes complejos deportivos donde grandes y chicos podemos asistir a cultivar nuestra condición física.
En estas iba yo con mi nesquita de poco más de un año al polideportivo más grande de la ciudad —el más cercano a mi casa— a enseñarle a chapotear en un día de calor. El conserje, muy simpático, me indicó que entrase en un vestuario donde podríamos cambiarnos y acceder a una piscinita infantil. Me sorprendió que el habitáculo fuese de mujeres, pero como en mi municipio —y gobierno autonómico— se promocionan los baños mixtos, supuse que a los aitas con hijos se haría una excepción, amén de que en esta época de plena igualdad, en los urinarios masculinos escasean los cambiadores de bebés — por ello entro siempre en los de mujeres cuando mi hija lo requiere.
Grande fue la sorpresa de las señoras en cueros cuando accedí con mi carrito en el vestuario, que se apresuraron a explicarme, aspaventosas, las razones por las que debía huir de su territorio. Les indiqué que así me lo había mandado el conserje, lo cual no bastó para amansar a las fieras. Enfrenté pues a jauría enviando a su líder al conserje para que le diera parte de mi profanación, que acabó con el muchacho pidiéndome perdón por haberme arrojado a las lobas y buscándome resguardo en el vestuario de hombres, adonde me trasladé con mi hija semidesnuda.
Mientras mi municipio —y gobierno— seguirá gastando fondos en explicar a la ciudadanía la deconstrucción de género y la ruptura de roles tradicionales, yo me cuidaré muy mucho de volver a romper los sagrados dogmas que indican, por sentido común, que un varón es hombre y una fémina mujer, y que a los dos se les reservan espacios y roles que, sobre todo ellas, no están dispuestas a ceder. Y eso siendo ellas, dice la estadística, las más proclives a las políticas de igualdad y de progreso. ¿Por qué no me preguntaron por mi género?
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Resido en un municipio vizcaíno muy implicado con las políticas de igualdad de género. Así lo demuestra al menos en toda su comunicación institucional, controlada por el partido que rige en tetrarquía ciudad, provincia y comunidad. Siendo como es un municipio tan preocupado por el body positive, no es extraño que erija además enormes complejos deportivos donde grandes y chicos podemos asistir a cultivar nuestra condición física.
En estas iba yo con mi nesquita de poco más de un año al polideportivo más grande de la ciudad —el más cercano a mi casa— a enseñarle a chapotear en un día de calor. El conserje, muy simpático, me indicó que entrase en un vestuario donde podríamos cambiarnos y acceder a una piscinita infantil. Me sorprendió que el habitáculo fuese de mujeres, pero como en mi municipio —y gobierno autonómico— se promocionan los baños mixtos, supuse que a los aitas con hijos se haría una excepción, amén de que en esta época de plena igualdad, en los urinarios masculinos escasean los cambiadores de bebés — por ello entro siempre en los de mujeres cuando mi hija lo requiere.
Grande fue la sorpresa de las señoras en cueros cuando accedí con mi carrito en el vestuario, que se apresuraron a explicarme, aspaventosas, las razones por las que debía huir de su territorio. Les indiqué que así me lo había mandado el conserje, lo cual no bastó para amansar a las fieras. Enfrenté pues a jauría enviando a su líder al conserje para que le diera parte de mi profanación, que acabó con el muchacho pidiéndome perdón por haberme arrojado a las lobas y buscándome resguardo en el vestuario de hombres, adonde me trasladé con mi hija semidesnuda.
Mientras mi municipio —y gobierno— seguirá gastando fondos en explicar a la ciudadanía la deconstrucción de género y la ruptura de roles tradicionales, yo me cuidaré muy mucho de volver a romper los sagrados dogmas que indican, por sentido común, que un varón es hombre y una fémina mujer, y que a los dos se les reservan espacios y roles que, sobre todo ellas, no están dispuestas a ceder. Y eso siendo ellas, dice la estadística, las más proclives a las políticas de igualdad y de progreso. ¿Por qué no me preguntaron por mi género?


















