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Domingo, 26 de Julio de 2026 Tiempo de lectura:
Una mujer asesinada y varios heridos de gravedad

24 horas de terror islamista en Berlín: del atropello en el Orgullo a la muerte del sospechoso en un huerto de Spandau

Una mujer muerta y 29 heridos en un ataque con furgoneta y machete que las autoridades califican de atentado islamista. El presunto autor, Abdul Ballout, de 21 años, fue abatido este domingo por la Policía tras una cacería con 2.000 agentes.

 

[Img #30904]La noche del sábado, el Tiergarten era una fiesta. Miles de personas apuraban las últimas horas del Christopher Street Day, la gran celebración del Orgullo berlinés, en el corazón verde de la capital alemana, a un paso de la Puerta de Brandeburgo. Veinticuatro horas después, en el extremo opuesto de la ciudad, en una tranquila colonia de huertos urbanos del distrito de Spandau, los disparos de la Policía ponían fin a la mayor cacería humana que ha vivido Alemania en los últimos años. Entre un escenario y otro: una mujer muerta, 29 heridos —varios de ellos graves—, un país conmocionado y la reapertura de un debate que Alemania no consigue cerrar.

 

El estruendo en el parque

 

Ocurrió el sábado por la noche, cuando el desfile ya había dado paso al fin de fiesta en el Tiergarten. Los testigos hablaron después de un golpe sordo, un estruendo apagado que precedió al caos. Una furgoneta blanca de alquiler se abrió paso entre la gente que caminaba hacia y desde el recinto festivo, arrollando a cuantos encontró en su camino.

 

No fue el final. Según el relato oficial de la Policía de Berlín, tras el impacto una o varias personas salieron del vehículo, y varios asistentes resultaron heridos con arma blanca. El ministro del Interior, Alexander Dobrindt, precisaría al día siguiente que el agresor iba armado probablemente con un machete y que atacó con él a viandantes que se cruzaron en su huida.

 

El balance inicial —un muerto y 16 heridos— fue creciendo con las horas. Este domingo, desde el propio Tiergarten, Dobrindt lo elevaba: 29 heridos, varios de ellos de gravedad. La única víctima mortal confirmada es una mujer cuya identidad no ha trascendido.

 

La organización suspendió de inmediato la marcha. Donde horas antes ondeaban banderas arcoíris, los berlineses empezaron a depositar flores y velas junto a la Puerta de Brandeburgo.

 

Un detalle subrayado por el alcalde de Berlín, Kai Wegner, matiza la escena: el recinto del festival, fuertemente protegido por la Policía, no llegó a ser alcanzado. El ataque se produjo a unos 400 metros, en la zona de tránsito de los asistentes. El perímetro funcionó; la vulnerabilidad estaba, como casi siempre, en los márgenes.

 

"Todo indica un atentado islamista"

 

La calificación llegó pronto y sin ambages. "Todo lo que vemos aquí indica que nos enfrentamos a un atentado islamista", declaró Dobrindt este domingo ante los medios, en el lugar de los hechos. El canciller Friedrich Merz condenó lo ocurrido con las palabras manidas y vacías de siempre: esto es un acto abominable y un ataque contra la sociedad alemana en su conjunto.

 

El sospechoso: un rostro conocido

 

La Policía no tardó en poner nombre y fotografía a su hombre más buscado: Abdul Ballout, ciudadano alemán de origen libanés, nacido en 2005, 21 años, más de metro noventa, pelo oscuro y barba perfilada. "Posiblemente armado y peligroso", advirtió la orden de búsqueda.

 

Su biografía reciente es el retrato de un fracaso del sistema de prevención. Ballout era sobradamente conocido por las autoridades: condenado por delitos previos —según Reuters, había recibido una pena de un año y diez meses, luego conmutada—, habría intentado unirse al Estado Islámico y publicó en Internet material de apoyo al grupo terrorista. Los servicios de inteligencia interior lo tenían clasificado como potencialmente peligroso. El portavoz policial Florian Nath fue explícito: se le consideraba parte de la escena islamista de Berlín.

 

Había salido del centro de detención juvenil de Plötzensee a finales de mayo, apenas dos meses antes del ataque, tras cumplir su condena. Estaba obligado a seguir un programa de desradicalización: había asistido a dos sesiones y tenía la tercera este lunes. Los responsables del programa, citados por Die Welt, lo describieron como alguien amable que seguía las indicaciones, pero "inescrutable", lo que sembraba dudas sobre su sinceridad. Fuentes de seguridad que monitorizaban su teléfono señalaron al mismo diario que en las últimas semanas había adoptado un tono más radical en conversaciones con conocidos. Seguía, de hecho, en la fase de evaluación del riesgo que representaba para el público.

 

Y sin embargo, nada de ello impidió lo esencial: Ballout alquiló la furgoneta blanca del ataque con su propia documentación.

 

La cacería

 

Con el sospechoso en fuga, Alemania desplegó una operación de búsqueda de dimensiones extraordinarias: unos 2.000 agentes peinaron Berlín, mientras la vigilancia se extendía a fronteras, aeropuertos y estaciones de tren de todo el país. La Policía rastreó los bosques del Tiergarten y difundió la imagen del fugitivo, en una excepción a la habitual reserva alemana sobre la identidad de los sospechosos que da la medida de la urgencia.

 

El desenlace llegó a primera hora de la tarde de este domingo, en el distrito occidental de Spandau. La pista condujo a los agentes hasta una colonia de huertos urbanos —esos Kleingärten que salpican la periferia berlinesa de casetas y parcelas—, donde Ballout fue localizado y abatido a tiros durante la operación policial.

 

La primicia fue de la emisora regional RBB; poco después, la Policía de Berlín confirmaba oficialmente en un comunicado la muerte del sospechoso. Las circunstancias exactas del tiroteo —si hubo enfrentamiento, si el sospechoso iba armado en ese momento— no han sido detalladas públicamente por el momento, y cabe esperar la investigación interna preceptiva que en Alemania sigue a todo uso letal de armas por parte de la Policía.

 

Un país ante su espejo

 

El atropello del Tiergarten reabre heridas recientes. Alemania acumula una larga serie de ataques islamistas con vehículo contra multitudes que han marcado su última década, desde el mercadillo navideño de Breitscheidplatz en 2016 hasta los episodios más recientes, y cada uno de ellos ha alimentado un debate cada vez más áspero sobre inmigración, seguridad y los límites del sistema de prevención de la radicalización.

 

Este caso concentra todos los elementos de esa discusión: un ciudadano alemán radicalizado, fichado, condenado, excarcelado, sometido a un programa de desradicalización aún en fase de evaluación, con el teléfono monitorizado... y aun así capaz de alquilar una furgoneta a su nombre y lanzarla contra una multitud. Las preguntas sobre qué falló —y si algo podía haber funcionado de otro modo— dominarán previsiblemente la semana política alemana.

 

Queda también, y no en último lugar, la dimensión simbólica del objetivo: un ataque contra la celebración de la diversidad en una de las capitales europeas que la han hecho bandera. La marcha fue suspendida, pero las flores ante la Puerta de Brandeburgo apuntan a un fuerte choque en el interior de la comunidad LGTBIQ+ berlinesa, caracterizada por su islamofilia propalestina, su extremoizquierdismo y su apoyo a la apertura de fronteras.

 

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