Odio o violencia
Mi generación, nacida tras la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Civil en España, pusimos todo nuestro empeño activo y pasivo en ser ciudadanos amparado por la Constitución de 1978 y defender los derechos fundamentales en cada rincón de nuestra nación. Hoy, casi en el ocaso, jubilados pero informados, descansando tras muchos años de cotización como impositores, pero no alienados o capados, seguimos ejerciendo aquella rebeldía universitaria y paisana que se mezcla con el orgullo de ser español y haber contribuido al progresismo que no es otra cuestión que esa simple realidad tangible de haber contribuido a que nuestros hijos sean mejores, más preparados, viajados sin fronteras y con acceso a mayor y mejor calidad de vida que la de nuestros padres a los que nunca olvidamos.
Como tenemos tiempo y medios, somos lectores, escritores, tertulianos y visitamos archivos, museos, bibliotecas o toda suerte de espacios audiovisuales que nos permiten disponer de información que se acerque a la verdad sobre el pasado de esta vieja nación surgida en 1492 tras la conquista de Granada por los Reyes Católicos.
La Generación del 98: El odio como cainismo y el "dolor de España"
Miguel de Unamuno: Denunció el odio político y el fanatismo sectario bajo el concepto de la intrahistoria y el rechazo a la crispación cainita. Acuñó el famoso "me duele España", entendiendo que el verdadero patriotismo requería compasión intelectual y regeneración moral, no la confrontación violenta entre compatriotas. Antonio Machado: Abordó la dualidad de las dos Españas, advirtiendo cómo el orgullo estéril y el odio tradicionalista o reaccionario destruían el porvenir espiritual del país. Para él, el rencor sectario ahogaba las posibilidades de una convivencia civilizada. Pío Baroja y Azorín: Reflejaron en sus novelas y ensayos el hastío ante la intolerancia provinciana y el sectarismo político, diagnosticando la crispación social como un síntoma de debilidad colectiva.
La Generación del 27: La rehumanización frente al odio bélico
Federico García Lorca: Su obra encarnó el peligro de la intolerancia y el odio visceral hacia el diferente (social, sexual o ideológico), culminando en su trágica muerte como símbolo universal contra la violencia política. Luis Cernuda y Rafael Alberti: Desde el dolor del exilio, expresaron la desolación de ver a España rota por el odio ideológico. Su poesía posterior a 1936 transformó el grito cívico en elegía por la pérdida de la concordia y la libertad. Vicente Aleixandre: Defendió la comunión y la solidaridad entrañable entre los seres humanos como antídoto ético frente al odio destructivo de los totalitarismos y la guerra.
Como siempre busco en el pasado respuestas para el presente. Me duele y me preocupa la España que mi generación está a punto de dejar a nuestros hijos. La conducta que determinados nacionalismos sacan a las calles en cuanto los españoles que residen en Cataluña y Vascongadas se enorgullecen de ser españoles -historia sobre la victoria de la selección nacional de futbol- Las escenas de violencia conductal entre gentes muy jóvenes poniendo de manifiesto un cierto fracaso o insuficiencia en la transmisión de valores entre los miembros de la comunidad educativa. Esa violencia continuada sin argumentación que se cuela en nuestros hogares procedente de Las Cortes dónde sus señorías recurren a los insultos y así evitan los debates y enterrar aquello que supimos hubo: El Ágora: La plaza pública de las ciudades-estado griegas donde los ciudadanos se reunían para discutir asuntos cívicos y políticos. La Academia y el Liceo: Las instituciones fundadas por filósofos como Platón y Aristóteles para la enseñanza formal y la discusión científica. esa violencia que sustituye a la cultura del respeto, y que aumenta en nuestro entorno, desde una comunidad de vecinos hasta un ayuntamiento, y es que el ejemplo de los anteriores "justifica y anima" a los más cercanos para envestir en vez de aprender.
Parece que hay intereses bastardos en sembrar una vez más el odio entre los españoles. La violencia es consecuencia del odio o de la indigencia cultural que hace desaparecer la moral cristiana para implantar: Nihilismo, relativismo moral y creciente conflicto ideológico.
La violencia es negocio, punto de encuentro, salida insociable, bandera y cita para la partitocracia. Parece ser que sólo la denominada violencia de género o vicaria son susceptibles de actuaciones específicas que ven desde las manifestaciones hasta juzgados especiales. Echo de menos aquellos análisis que realizábamos en la Euskadi del plomo cuando los mayores artífices del odio y la violencia eran los etarras. ¿ Ya no hay violencia en la sociedad. Ya no hay violencia en el país de los vascuences?. Y lo peor. ¿ A dónde nos lleva la corriente ?. ¿ Hay gentes interesadas en que ejerzamos el odio y la violencia?. ¿ Cotiza de alguna forma y espacio la siembra de tales subculturas?. Por terminar como empecé buscando a los mejores, en este caso uno de auqellos viajeros que ni fueron turistas, ni veraneantes.
Ernest Hemingway describió el orgullo y el sentido común como rasgos definitorios del carácter español en su obra de 1932, Muerte en la tarde. El autor definió el orgullo como una dignidad inquebrantable y el sentido común como un realismo firme ante la adversidad.
Mi generación, nacida tras la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Civil en España, pusimos todo nuestro empeño activo y pasivo en ser ciudadanos amparado por la Constitución de 1978 y defender los derechos fundamentales en cada rincón de nuestra nación. Hoy, casi en el ocaso, jubilados pero informados, descansando tras muchos años de cotización como impositores, pero no alienados o capados, seguimos ejerciendo aquella rebeldía universitaria y paisana que se mezcla con el orgullo de ser español y haber contribuido al progresismo que no es otra cuestión que esa simple realidad tangible de haber contribuido a que nuestros hijos sean mejores, más preparados, viajados sin fronteras y con acceso a mayor y mejor calidad de vida que la de nuestros padres a los que nunca olvidamos.
Como tenemos tiempo y medios, somos lectores, escritores, tertulianos y visitamos archivos, museos, bibliotecas o toda suerte de espacios audiovisuales que nos permiten disponer de información que se acerque a la verdad sobre el pasado de esta vieja nación surgida en 1492 tras la conquista de Granada por los Reyes Católicos.
La Generación del 98: El odio como cainismo y el "dolor de España"
Miguel de Unamuno: Denunció el odio político y el fanatismo sectario bajo el concepto de la intrahistoria y el rechazo a la crispación cainita. Acuñó el famoso "me duele España", entendiendo que el verdadero patriotismo requería compasión intelectual y regeneración moral, no la confrontación violenta entre compatriotas. Antonio Machado: Abordó la dualidad de las dos Españas, advirtiendo cómo el orgullo estéril y el odio tradicionalista o reaccionario destruían el porvenir espiritual del país. Para él, el rencor sectario ahogaba las posibilidades de una convivencia civilizada. Pío Baroja y Azorín: Reflejaron en sus novelas y ensayos el hastío ante la intolerancia provinciana y el sectarismo político, diagnosticando la crispación social como un síntoma de debilidad colectiva.
La Generación del 27: La rehumanización frente al odio bélico
Federico García Lorca: Su obra encarnó el peligro de la intolerancia y el odio visceral hacia el diferente (social, sexual o ideológico), culminando en su trágica muerte como símbolo universal contra la violencia política. Luis Cernuda y Rafael Alberti: Desde el dolor del exilio, expresaron la desolación de ver a España rota por el odio ideológico. Su poesía posterior a 1936 transformó el grito cívico en elegía por la pérdida de la concordia y la libertad. Vicente Aleixandre: Defendió la comunión y la solidaridad entrañable entre los seres humanos como antídoto ético frente al odio destructivo de los totalitarismos y la guerra.
Como siempre busco en el pasado respuestas para el presente. Me duele y me preocupa la España que mi generación está a punto de dejar a nuestros hijos. La conducta que determinados nacionalismos sacan a las calles en cuanto los españoles que residen en Cataluña y Vascongadas se enorgullecen de ser españoles -historia sobre la victoria de la selección nacional de futbol- Las escenas de violencia conductal entre gentes muy jóvenes poniendo de manifiesto un cierto fracaso o insuficiencia en la transmisión de valores entre los miembros de la comunidad educativa. Esa violencia continuada sin argumentación que se cuela en nuestros hogares procedente de Las Cortes dónde sus señorías recurren a los insultos y así evitan los debates y enterrar aquello que supimos hubo: El Ágora: La plaza pública de las ciudades-estado griegas donde los ciudadanos se reunían para discutir asuntos cívicos y políticos. La Academia y el Liceo: Las instituciones fundadas por filósofos como Platón y Aristóteles para la enseñanza formal y la discusión científica. esa violencia que sustituye a la cultura del respeto, y que aumenta en nuestro entorno, desde una comunidad de vecinos hasta un ayuntamiento, y es que el ejemplo de los anteriores "justifica y anima" a los más cercanos para envestir en vez de aprender.
Parece que hay intereses bastardos en sembrar una vez más el odio entre los españoles. La violencia es consecuencia del odio o de la indigencia cultural que hace desaparecer la moral cristiana para implantar: Nihilismo, relativismo moral y creciente conflicto ideológico.
La violencia es negocio, punto de encuentro, salida insociable, bandera y cita para la partitocracia. Parece ser que sólo la denominada violencia de género o vicaria son susceptibles de actuaciones específicas que ven desde las manifestaciones hasta juzgados especiales. Echo de menos aquellos análisis que realizábamos en la Euskadi del plomo cuando los mayores artífices del odio y la violencia eran los etarras. ¿ Ya no hay violencia en la sociedad. Ya no hay violencia en el país de los vascuences?. Y lo peor. ¿ A dónde nos lleva la corriente ?. ¿ Hay gentes interesadas en que ejerzamos el odio y la violencia?. ¿ Cotiza de alguna forma y espacio la siembra de tales subculturas?. Por terminar como empecé buscando a los mejores, en este caso uno de auqellos viajeros que ni fueron turistas, ni veraneantes.
Ernest Hemingway describió el orgullo y el sentido común como rasgos definitorios del carácter español en su obra de 1932, Muerte en la tarde. El autor definió el orgullo como una dignidad inquebrantable y el sentido común como un realismo firme ante la adversidad.



















