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Pedro Chacón
Sábado, 01 de Agosto de 2026 Tiempo de lectura:

Qué entiende el nacionalismo vasco por normal

Hay un video en redes sociales en el que Aitor Esteban, presidente del PNV, trata de explicar (y, de paso, justificar) la furibunda reacción de ciertos grupúsculos nacionalistas aislados contra el triunfo de la selección española de fútbol y contra el entusiasmo –el grueso del mismo vivido en la intimidad de los hogares– que ha despertado el combinado nacional en la población vasca. No lo pueden soportar. Es superior a sus fuerzas. Les resulta indigerible. En resumidas cuentas, la clave del video es que para el presidente del PNV, con ascendientes sorianos, lo normal es que toda nación tenga su propia selección y que él solo quiere la selección vasca.

 

Para Aitor Esteban la nación es algo que se elige, que se condiciona, que se inculca. Lo cual es cierto desde el principio de la ideología nacionalista. Para los nacionalistas primigenios, los que empezaron esta ideología –y no me refiero a los vascos, que llegaron un siglo tarde, sino a los alemanes–, y aunque hubiera un componente “natural” en ella (la raza y la lengua, dos caras de la misma moneda), siempre sería necesario inculcar esa querencia a través del control de la educación. Lo cual deja claro que no las tenían todas consigo en cuanto a que el nacimiento lo condicionara todo. Y al final la clave acabó siendo la educación, que es lo mismo que decir la elección. Pero ya nos explicó Víctor Pradera que no hay raza que sirva para fundamentar la aparición de un Estado. Todo consiste en la sociabilidad natural de la gente y en sus necesidades económicas y de vida. El País Vasco, como dice un amigo mío, solo tenía salida natural hacia el centro de la Península, puesto que de la frontera con Francia para arriba había un páramo de más de doscientos kilómetros, luego poblado con pinos, donde no vivía nadie.

 

Lo que pasa es que esa posibilidad de elegir, así en abstracto, llevada a la realidad se restringe mucho. Y la inmensa mayoría de la gente en el mundo está condicionada por una misma educación que te lleva a ser nacional de un sitio y no plantearte nada más. Aquí el nacionalismo ha conseguido, en cambio, algo completamente anormal como es construir la ficción de que podemos ser otra cosa además de españoles. Una anormalidad que encuentra su punto álgido en que, para un nacionalista vasco, lo normal es ser vasco y además, muy importante, ser solo vasco, aun cuando todos hablan español y llevan el DNI con la bandera de España impresa guardado en el bolsillo.

 

Sabino Arana se empleó a fondo en esa discriminación atroz, aunque su vara de medir era muy estricta y conocida: Pradales y Esteban, por ejemplo, habrían quedado fuera de la condición de vascos por el fundador del propio partido al que ellos ahora homenajean. ¿Forma parte eso también de lo que entienden los nacionalistas vascos por normal? Por cierto, este año han tenido que celebrar el aniversario de la fundación del partido fuera de la fecha de su aniversario, 31 de julio, cuatro días antes, el 27 lunes, porque de hacerlo en la fecha que correspondía, siendo viernes y festivo, no habría ido nadie, muchos menos de los que ya van, a escucharles a los Jardines de Albia en Bilbao.

 

En su tiempo, en cambio, lo normal entre los fueristas (ya salió la palabra), es decir, entre la inmensa mayoría política de entonces, era que uno fuera de su patria chica y también, a la vez, de su patria grande. Y ojo, que para un fuerista la patria chica era la vasca pero también, incluso más, la vizcaína, la guipuzcoana o la alavesa.

 

Los fueristas que quedamos hoy decimos que lo normal en el caso vasco es que haya, como mínimo, una patria chica vasca y una patria grande española. Y nadie nos podría rebatir esa querencia, que viene de siglos. Lo raro, lo nuevo, lo sobrevenido es lo que trajo el nacionalismo, eso de que solo se pueda ser una de las dos cosas y de ahí que para ellos lo normal es que haya una nación vasca enfrentada en fútbol y en todo lo demás a una nación española.

 

Pues va a ser que no. Como tampoco es normal que uno sea originario de un pueblo de Castilla y vaya allí en verano diciendo que solo se siente vasco. Ya con solo ir está diciendo y sobre todo demostrando otra cosa. Lo normal es que lo que hacemos en nuestra vida tenga un reflejo, siquiera sea mínimo, en lo que decimos o pensamos. Todo lo demás es un quiero y no puedo que cansa mucho, que frustra y que abotarga. En resumidas cuentas, todo lo que el nacionalismo vasco llama “normal” o “normalización” es un sinónimo claro de impuesto y de imposición. Es decir, el nacionalismo es una ideología impostada. Y de ello tenemos un claro ejemplo en el actual lendacari Pradales y en el presidente del PNV Esteban.

 

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