Todos los nacionalistas vascos son españoles
Todos los nacionalistas (vascos o lo que sean) llevan un carnet de identidad español en el bolsillo, con su foto correspondiente y con la bandera de España bien visible ahí. Lo que pasa es que nunca lo sacan en público, como no lo sacamos nadie normalmente, a no ser que nos lo pidan, generalmente en una entidad pública, para demostrar quiénes somos.
Por lo tanto, todos los nacionalistas vascos son españoles. Y gracias a ser españoles y a que son españoles disfrutan de una serie de derechos políticos igual que los demás españoles que no somos nacionalistas.
Ellos dicen que no son españoles, cuando obviamente lo son.
Y también dicen que no se sienten españoles, pero eso a quién le importa.
La clave aquí está no en lo que son (españoles), o en lo que se sienten ser (solo vascos), sino en lo que quieren ser.
Porque lo que se sienten ser pues que se sientan lo que quieran. Pero en lo que quieren ser la cosa cambia.
Mientras consiguen ser lo que quieren ser, lo que no pueden evitar es seguir siendo una cosa, en este caso españoles, que te proporciona la posibilidad de querer ser lo que quieras, y al mismo tiempo despotricar de lo que eres en realidad y decir incluso que eres o te sientes ser otra cosa.
No crean que me estoy haciendo un lío, simplemente estoy intentando afinar el pifostio teórico-político y también práctico, qué duda cabe, con consecuencias enormes para la vida diaria, que se dirime aquí y que tanto nos afecta a los demás, como salta a la vista.
A finales de los noventa y primeros de los dos mil hubo un furor por el carnet de identidad vasco y hubo entidades de la izquierda abertzale que lo promovieron, como Udalbiltza. Se llamaba ENA (Euskal Nortasun Agiria, es decir, certificado o documento de identidad vasca) o, en su versión más masiva y conocida, EHNA (Euskal Herriko Naziotasun Aitormena, es decir, reconocimiento de la nacionalidad de Euskal Herria).
Pero la actuación gubernamental y judicial contra sus promotores pronto desinfló los prometedores augurios iniciales.
También en tiempos del lendacari Ibarretxe hubo un carnet de salud, el ONA (Osasun Nortasun Agiria: documento de identidad sanitaria), que pretendía hacer también las funciones de carnet de identidad vasco de manera subrepticia, pero a todas luces evidente. Y la cosa tampoco funcionó, debido al coste del asunto para el Gobierno Vasco, parece ser.
No es fácil sustituir un carnet de identidad español, con todo lo que te facilita y te proporciona. Ni los nacionalistas vascos, por mucho que lo han intentado, han conseguido algo equivalente. Lo cual quiere decir que todos lo llevan en el bolsillo (a su pesar, dirán, pero en el fondo para su beneficio).
Lo cual quiere decir también que, por mucho que impidan que la bandera de España aparezca en ninguna calle del País Vasco (y ya hemos visto cómo arremetieron contra grupos de españoles que querían animar a la selección española de fútbol en el último mundial), todos ellos la llevan en el bolsillo, en forma de DNI.
Por qué los que somos españoles y nos sentimos españoles tenemos que aguantar que haya personas que despotriquen del Estado al que pertenecen y que les proporciona todos los derechos que tienen, cuando son igual de españoles, a los efectos legales, prácticos y políticos, que todos los demás.
Si no son españoles, que renuncien a la nacionalidad española, si pueden. A ver lo que les queda.
Ellos te dirán que no pueden, que no les dejan. Lo cual es cierto en parte. Porque lo que no pueden, en realidad, es ser otra cosa que lo que son. Y lo que son es españoles, españoles renegados, desagradecidos, ignorantes y supremacistas, que piensan que al no querer serlo son más que los demás que lo quieren seguir siendo. Porque nadie quiere dejar de ser lo que es si piensa que lo que va a ser es peor o inferior a lo que dejó.
Por lo tanto, los nacionalistas vascos son españoles supremacistas de otra cosa que no existe más que en su imaginación. Que no van a conseguir nunca serlo, pero que mientras lo intentan están dando por saco a todos los demás. ¿Y por qué pasa esto? Porque en España uno puede querer ser lo que quiera. Otra cosa muy distinta es que lo consiga alguna vez. Pero el caso es que en España (para nada es algo usual en otros países de nuestro entorno) esa vía de intentar ser lo que uno quiera ser no penaliza sino que premia.
Los nacionalistas vascos consiguen beneficio por querer ser otra cosa distinta que españoles. En el País Vasco alcanzan el poder político y representan el 70 % del parlamento. Acaparan competencias para el País Vasco pensando que algún día serán solo para ellos y podrán así separarse del resto del Estado. Y mientras, el Estado les deja hacer. Como está pasando ahora en Ceuta. Exactamente igual, con miles de personas vagando por las calles y amenazando con quedarse lo que es de los ceutíes mientras el Estado no hace nada por evitarlo. Aquí tenemos a los nacionalistas vascos hechos los dueños de las calles, diciéndonos de mil maneras que ellos, por ser nacionalistas, tienen más derecho que los demás a vivir aquí y amenazándonos con quitarnos nuestra españolidad si no nos vamos. Y así llevamos cincuenta años. Generaciones enteras se han criado políticamente pensando que la cosa va bien y que llegarán más pronto que tarde a independizarse del resto de España.
Y, mientras tanto, España dejándoles hacer y dándoles todos los beneficios por ser españoles, exactamente igual que al resto de españoles. Pero, por qué digo igual. No, no, les da más derechos porque los convierte en los verdaderos amos del País Vasco, haciéndonos creer a todos los demás que ellos tienen más derechos sobre los que no somos nacionalistas, para vivir en el País Vasco. Como si ellos fueran los dueños de esta tierra y los demás fuéramos unos ocupas. Eso es lo que está haciendo España con los españoles que no somos nacionalistas en el País Vasco: quitándonos nuestro derecho para vivir aquí en pie de igualdad con los nacionalistas y pudiendo sacar la bandera española para decir lo que somos. Porque no nos conformamos con llevarla solo en el bolsillo, como hacen los nacionalistas vascos.
El Estado español reduce nuestros derechos políticos a los que no somos nacionalistas vascos en el País Vasco, en la medida que, al reconocer a los nacionalistas vascos su derecho a no querer ser españoles, nos convierte a los demás españoles en inferiores por querer seguir siéndolo. Y eso solo se aprecia viviendo en el País Vasco. Por eso fuera del País Vasco no se sabe por lo que estamos pasando los españoles aquí.
Todos los nacionalistas (vascos o lo que sean) llevan un carnet de identidad español en el bolsillo, con su foto correspondiente y con la bandera de España bien visible ahí. Lo que pasa es que nunca lo sacan en público, como no lo sacamos nadie normalmente, a no ser que nos lo pidan, generalmente en una entidad pública, para demostrar quiénes somos.
Por lo tanto, todos los nacionalistas vascos son españoles. Y gracias a ser españoles y a que son españoles disfrutan de una serie de derechos políticos igual que los demás españoles que no somos nacionalistas.
Ellos dicen que no son españoles, cuando obviamente lo son.
Y también dicen que no se sienten españoles, pero eso a quién le importa.
La clave aquí está no en lo que son (españoles), o en lo que se sienten ser (solo vascos), sino en lo que quieren ser.
Porque lo que se sienten ser pues que se sientan lo que quieran. Pero en lo que quieren ser la cosa cambia.
Mientras consiguen ser lo que quieren ser, lo que no pueden evitar es seguir siendo una cosa, en este caso españoles, que te proporciona la posibilidad de querer ser lo que quieras, y al mismo tiempo despotricar de lo que eres en realidad y decir incluso que eres o te sientes ser otra cosa.
No crean que me estoy haciendo un lío, simplemente estoy intentando afinar el pifostio teórico-político y también práctico, qué duda cabe, con consecuencias enormes para la vida diaria, que se dirime aquí y que tanto nos afecta a los demás, como salta a la vista.
A finales de los noventa y primeros de los dos mil hubo un furor por el carnet de identidad vasco y hubo entidades de la izquierda abertzale que lo promovieron, como Udalbiltza. Se llamaba ENA (Euskal Nortasun Agiria, es decir, certificado o documento de identidad vasca) o, en su versión más masiva y conocida, EHNA (Euskal Herriko Naziotasun Aitormena, es decir, reconocimiento de la nacionalidad de Euskal Herria).
Pero la actuación gubernamental y judicial contra sus promotores pronto desinfló los prometedores augurios iniciales.
También en tiempos del lendacari Ibarretxe hubo un carnet de salud, el ONA (Osasun Nortasun Agiria: documento de identidad sanitaria), que pretendía hacer también las funciones de carnet de identidad vasco de manera subrepticia, pero a todas luces evidente. Y la cosa tampoco funcionó, debido al coste del asunto para el Gobierno Vasco, parece ser.
No es fácil sustituir un carnet de identidad español, con todo lo que te facilita y te proporciona. Ni los nacionalistas vascos, por mucho que lo han intentado, han conseguido algo equivalente. Lo cual quiere decir que todos lo llevan en el bolsillo (a su pesar, dirán, pero en el fondo para su beneficio).
Lo cual quiere decir también que, por mucho que impidan que la bandera de España aparezca en ninguna calle del País Vasco (y ya hemos visto cómo arremetieron contra grupos de españoles que querían animar a la selección española de fútbol en el último mundial), todos ellos la llevan en el bolsillo, en forma de DNI.
Por qué los que somos españoles y nos sentimos españoles tenemos que aguantar que haya personas que despotriquen del Estado al que pertenecen y que les proporciona todos los derechos que tienen, cuando son igual de españoles, a los efectos legales, prácticos y políticos, que todos los demás.
Si no son españoles, que renuncien a la nacionalidad española, si pueden. A ver lo que les queda.
Ellos te dirán que no pueden, que no les dejan. Lo cual es cierto en parte. Porque lo que no pueden, en realidad, es ser otra cosa que lo que son. Y lo que son es españoles, españoles renegados, desagradecidos, ignorantes y supremacistas, que piensan que al no querer serlo son más que los demás que lo quieren seguir siendo. Porque nadie quiere dejar de ser lo que es si piensa que lo que va a ser es peor o inferior a lo que dejó.
Por lo tanto, los nacionalistas vascos son españoles supremacistas de otra cosa que no existe más que en su imaginación. Que no van a conseguir nunca serlo, pero que mientras lo intentan están dando por saco a todos los demás. ¿Y por qué pasa esto? Porque en España uno puede querer ser lo que quiera. Otra cosa muy distinta es que lo consiga alguna vez. Pero el caso es que en España (para nada es algo usual en otros países de nuestro entorno) esa vía de intentar ser lo que uno quiera ser no penaliza sino que premia.
Los nacionalistas vascos consiguen beneficio por querer ser otra cosa distinta que españoles. En el País Vasco alcanzan el poder político y representan el 70 % del parlamento. Acaparan competencias para el País Vasco pensando que algún día serán solo para ellos y podrán así separarse del resto del Estado. Y mientras, el Estado les deja hacer. Como está pasando ahora en Ceuta. Exactamente igual, con miles de personas vagando por las calles y amenazando con quedarse lo que es de los ceutíes mientras el Estado no hace nada por evitarlo. Aquí tenemos a los nacionalistas vascos hechos los dueños de las calles, diciéndonos de mil maneras que ellos, por ser nacionalistas, tienen más derecho que los demás a vivir aquí y amenazándonos con quitarnos nuestra españolidad si no nos vamos. Y así llevamos cincuenta años. Generaciones enteras se han criado políticamente pensando que la cosa va bien y que llegarán más pronto que tarde a independizarse del resto de España.
Y, mientras tanto, España dejándoles hacer y dándoles todos los beneficios por ser españoles, exactamente igual que al resto de españoles. Pero, por qué digo igual. No, no, les da más derechos porque los convierte en los verdaderos amos del País Vasco, haciéndonos creer a todos los demás que ellos tienen más derechos sobre los que no somos nacionalistas, para vivir en el País Vasco. Como si ellos fueran los dueños de esta tierra y los demás fuéramos unos ocupas. Eso es lo que está haciendo España con los españoles que no somos nacionalistas en el País Vasco: quitándonos nuestro derecho para vivir aquí en pie de igualdad con los nacionalistas y pudiendo sacar la bandera española para decir lo que somos. Porque no nos conformamos con llevarla solo en el bolsillo, como hacen los nacionalistas vascos.
El Estado español reduce nuestros derechos políticos a los que no somos nacionalistas vascos en el País Vasco, en la medida que, al reconocer a los nacionalistas vascos su derecho a no querer ser españoles, nos convierte a los demás españoles en inferiores por querer seguir siéndolo. Y eso solo se aprecia viviendo en el País Vasco. Por eso fuera del País Vasco no se sabe por lo que estamos pasando los españoles aquí.



















