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Lunes, 24 de Agosto de 2026 Tiempo de lectura:
Copresidenta de Alternativa para Alemania (AfD)

Alice Weidel: "Alemania estaba mucho mejor antes del euro"

[Img #31031]Alice Weidel se ha convertido en pocos años en una de las figuras más reconocibles, influyentes y controvertidas de la política alemana. Copresidenta federal de Alternativa para Alemania (AfD) junto a Tino Chrupalla y presidenta de su grupo parlamentario en el Bundestag, representa además un perfil bastante alejado del que habitualmente se asocia, al menos desde fuera de Alemania, con el partido. Economista, antigua profesional del sector financiero, con una larga experiencia internacional y varios años de residencia en Asia, Weidel ha protagonizado el ascenso de una formación de derechas que nació como movimiento eurocrítico y que ha terminado convirtiéndose en uno de los grandes actores del sistema político alemán.

 

Nacida el 6 de febrero de 1979 en Gütersloh, en Renania del Norte-Westfalia, estudió Economía y Administración de Empresas en la Universidad de Bayreuth y posteriormente obtuvo el doctorado en Ciencias Económicas. Buena parte de su formación y de sus primeros años profesionales transcurrieron fuera de Alemania. Vivió durante varios años en Asia, especialmente en China, aprendió mandarín y dedicó precisamente al sistema chino de pensiones su tesis doctoral. Antes de dedicarse profesionalmente a la política trabajó en el mundo financiero y de la inversión, con etapas en compañías como Goldman Sachs y Allianz Global Investors, además de desarrollar actividades de consultoría, gestión empresarial y asesoramiento a empresas emergentes. Ese pasado como economista y ejecutiva continúa marcando su discurso, especialmente en cuestiones relacionadas con los impuestos, el gasto público, la competitividad empresarial, la energía y la política monetaria.

 

También su vida personal rompe algunos de los estereotipos construidos alrededor de AfD. Weidel vive en pareja con una mujer de origen esrilanqués y es madre de dos hijos. Ha procurado mantener esa dimensión de su vida relativamente alejada del debate político, aunque su situación familiar ha sido utilizada con frecuencia por sus críticos para señalar aparentes contradicciones entre su biografía y determinadas posiciones conservadoras defendidas por su partido. Ella, sin embargo, ha rechazado reiteradamente que exista incompatibilidad alguna entre su vida privada y su defensa de un modelo político basado en el control de la inmigración, la soberanía nacional y una concepción más restrictiva de las políticas identitarias.

 

Su carrera política comenzó prácticamente al mismo tiempo que la propia AfD. Weidel ingresó en el partido en 2013, año de su fundación, atraída inicialmente por su oposición a la política del euro y por sus críticas al funcionamiento de la Unión Europea. Su ascenso fue rápido. En las elecciones federales de 2017 formó, junto a Alexander Gauland, la candidatura nacional con la que AfD entró por primera vez con fuerza en el Bundestag. Desde entonces ha dirigido el grupo parlamentario del partido y se ha mantenido en su primera línea a pesar de las numerosas crisis internas, cambios de liderazgo y disputas ideológicas que han acompañado la transformación de AfD desde aquella formación esencialmente euroescéptica de sus comienzos hasta el actual partido nacional-conservador, soberanista, contrario a las políticas migratorias desarrolladas por los sucesivos gobiernos alemanes y situado generalmente dentro de la derecha europea más firme.

 

En 2021 volvió a encabezar la candidatura federal, esta vez junto a Tino Chrupalla, con quien asumió también la dirección del grupo parlamentario. Un año después, en junio de 2022, fue elegida copresidenta federal de AfD. Su consolidación definitiva llegó con las elecciones de febrero de 2025, en las que fue presentada como candidata del partido a la Cancillería. AfD obtuvo entonces el 20,8% de los votos, prácticamente duplicando su resultado de 2021, y se convirtió en la segunda fuerza política más votada de Alemania. Weidel pasó así de representar una oposición inicialmente periférica a encabezar una fuerza con más de diez millones de votantes. En julio de 2026 fue nuevamente confirmada, junto a Chrupalla, al frente de la formación.

 

Ideológicamente, Weidel combina un acusado liberalismo económico —ha citado en distintas ocasiones a Margaret Thatcher como referente— con posiciones mucho más duras en inmigración, seguridad y soberanía nacional. Defiende una reducción sustancial de la inmigración irregular, mayores controles fronterizos, una profunda reforma de la Unión Europea, políticas energéticas orientadas a abaratar los costes de la industria alemana y un replanteamiento de las relaciones con Rusia. También ha cuestionado algunos de los consensos de la política exterior alemana surgidos después de la invasión rusa de Ucrania. Su discurso contra la burocracia comunitaria, la política climática europea y lo que considera una pérdida de soberanía de los Estados nacionales constituye otra de las señas de identidad de su liderazgo.

 

A sus 47 años, Alice Weidel ocupa una posición que habría parecido difícilmente imaginable cuando AfD nació en 2013. Ha sobrevivido a prácticamente todas las turbulencias internas del partido, ha ido acumulando poder dentro de la organización y ha contribuido a transformar una formación inicialmente euroescéptica en una fuerza nacional capaz de disputar la hegemonía electoral a los grandes partidos que han gobernado Alemania desde la posguerra. El salto producido desde las elecciones federales de febrero de 2025, cuando AfD obtuvo el 20,8% de los votos y se convirtió en la segunda fuerza del Bundestag, ha situado además a Weidel en una dimensión política completamente diferente.

 

Los últimos datos confirman la magnitud de ese cambio. El Politbarometer de ZDF publicado el 20 de agosto de 2026 sitúa a AfD en el 27% de intención de voto, cinco puntos por encima de la CDU/CSU, que aparece con un 22%. Es decir, si se celebraran ahora elecciones federales, la formación de Weidel sería, según esta proyección, el partido más votado de Alemania. El fenómeno es todavía más acusado en algunos territorios del este del país: ante las elecciones de Sajonia-Anhalt del próximo 6 de septiembre, AfD aparece en algunos sondeos con alrededor del 41%, frente al 24% de la CDU. Weidel ha comenzado por ello a presentar una eventual victoria regional no como un punto de llegada, sino como el primer peldaño de una operación política mucho más ambiciosa: alcanzar algún día el Gobierno federal.

 

El principal obstáculo sigue siendo el llamado Brandmauer, el «cordón sanatario» levantado alrededor de AfD por los restantes grandes partidos y, de manera especialmente decisiva, por la CDU, que rechazan acuerdos de gobierno con la formación. Pero precisamente ahí se encuentra ahora el centro de la estrategia de Weidel. Su apuesta consiste en crecer electoralmente hasta convertir ese aislamiento en insostenible: situar a AfD en una posición en la que excluir al partido implique, cada vez con mayor frecuencia, construir coaliciones heterogéneas entre sus adversarios. Para Weidel, ese cordón sanitario terminará debilitando fundamentalmente a la propia democracia cristiana y acercando, paradójicamente, a AfD al poder.

 

Por eso la pregunta que rodea hoy a Alice Weidel ya no es simplemente si AfD conseguirá consolidarse en el sistema político alemán. Eso, electoralmente, parece haber ocurrido ya. La pregunta es otra mucho más trascendental: si la mujer que ha llevado a AfD hasta el primer puesto de las encuestas será también capaz de derribar el muro político levantado a su alrededor y convertirse algún día en la primera dirigente de su partido en alcanzar el poder en Alemania.

 

Con ese escenario como telón de fondo, publicamos esta entrevista de compilación con Alice Weidel, copresidenta de Alternativa para Alemania, líder de su grupo parlamentario y una de las figuras fundamentales para entender la profunda transformación que está experimentando la política alemana y europea.

 

Doctora en Economía, exanalista de Goldman Sachs, abiertamente homosexual y criadora de dos hijos junto a su pareja de origen esrilanqués. ¿Cómo encaja ese perfil en un partido acusado de extremismo?

Me considero una liberal clásica, y creo que mi propia trayectoria —profesional y personal— es la prueba de que la AfD no es el partido que describen mis críticos. No es un terreno en el que me guste detenerme: prefiero llevar la conversación hacia lo que de verdad me ocupa, la política migratoria y la económica.

 

¿Qué haría distinto en la frontera alemana?

«Hoy puede entrar cualquiera» —lo dije en mi comparecencia veraniega ante el ZDF—, y lo vinculo con hechos de violencia que atribuyo a la falta de control fronterizo: agresiones con arma blanca, violaciones en grupo. Mi propuesta es cerrar las fronteras alemanas y sacar al país del espacio Schengen, sustituyendo la libre circulación por controles permanentes —algo que ya empezamos a ensayar en la frontera con Austria a finales de 2020— y que yo convertiría en política de Estado.

 

¿Y con quienes ya llevan años en Alemania, como la comunidad siria?

Me opongo a facilitar la naturalización de ciudadanos sirios tras cinco años de residencia, que es la vía actualmente vigente. Sobre acuerdos de repatriación con Siria o Afganistán, prefiero no dar una respuesta directa.

 

Como economista, ¿qué diagnóstico hace de la moneda única?

Alemania «estaba mucho mejor antes de la introducción del euro»: es una de mis posiciones más constantes. Para mí, la moneda común es una fuente de inestabilidad que ha debilitado al país y que explica el deterioro del poder adquisitivo de nuestros trabajadores. De ahí que defienda sacar a Alemania de la eurozona.

 

¿Y en política industrial? ¿Coches eléctricos, transición energética?

Rechazo lo que llamo «políticas prohibitivas» y la intervención estatal en las decisiones de consumo: no acepto que el Estado me diga, ni le diga a ningún ciudadano, qué automóvil debe conducir. Reclamo, en su lugar, apertura de mercado y neutralidad tecnológica.

 

Más allá del euro, ¿qué papel debería jugar Alemania en Europa?

Ya en plena precampaña, en mi entrevista con Bloomberg en Berlín, defendí una relectura de la posición alemana en la UE, menos supeditada a Bruselas: en la línea de lo que después reclamé sobre controles fronterizos permanentes y sobre la moneda común.

 

¿Y respecto a Donald Trump y Estados Unidos?

«Tengo grandes esperanzas» puestas en su segundo mandato: lo dije en esa misma entrevista con Bloomberg. Años antes, hablando con Associated Press, ya había señalado que «se puede aprender mucho de la campaña electoral de Trump, incluso en términos de movilización de personas y de temas», y sostuve que para un partido como el nuestro es «existencialmente importante» construir una presencia mediática que refleje nuestra oposición a la inmigración masiva, al euro compartido y a una integración política europea más estrecha. Esa cercanía con el entorno de Trump se hizo visible también el 9 de enero de 2025, cuando Elon Musk me entrevistó en directo en X —él ya había dicho que la AfD era «la última salvación» para una Alemania «al borde del abismo»—: hablamos de soberanía nacional, autonomía energética y de la relación futura entre Berlín y Washington.

 

El resto de los partidos mantiene el cordón sanitario frente a la AfD. ¿Cómo lo vive?

Con desdén hacia mis interlocutores, lo reconozco, y con sensación de asedio. En mi Sommerinterview de 2026 llamé a políticos rivales «Flachzangen» —literalmente, «alicates planos», un modo coloquial de decir mediocres o ineptos— y auguré que «la CDU no volverá a ganar unas elecciones federales». Un año antes, en mi entrevista de verano con la ARD, el 20 de julio de 2025, un grupo de manifestantes interrumpió la señal en directo con altavoces y consignas; llegué a quitarme el auricular por el ruido —«tengo un eco en el oído, ahora no puedo escuchar nada»— y después, en X, acusé a una ONG de haber organizado el boicot bajo un gobierno berlinés de la CDU. Meses antes, en el programa de Caren Miosga, el 3 de febrero de 2025, corté una línea de preguntas con un lacónico «esta discusión entera me parece demasiado estúpida».

 

¿Qué expectativa tiene para las próximas citas electorales?

Tengo confianza máxima. Encadeno la promesa de gobiernos regionales de la AfD con la de una futura mayoría nacional, y en mi comparecencia de agosto de 2026 reiteré esa seguridad, y las encuestas me sitúan ya al frente del partido que podría ser el más votado de Alemania.

 

Nota al lector

Esta no es una entrevista concedida de una sola vez. Es un montaje periodístico: un compendio de lo que Alice Weidel ha dicho, en momentos distintos y ante interlocutores distintos, sobre las preguntas que definen su proyecto político. A continuación, señalamos las fuentes.

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