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Lunes, 24 de Agosto de 2026 Tiempo de lectura:
Crónica de una guerra olvidada entre los cielos y la mente humana

Jason Jorjani y una teoría fascinante sobre el origen de las religiones

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I. La guerra que quiso librar Carlomagno

 

Dicen las crónicas que una vez el aire se abrió sobre Francia. Era el tiempo de Carlomagno, y la corte imperial debatía si debía declarar la guerra a los tiranos del aire.


Tres hombres y una mujer, afirman los testigos, descendieron del cielo en un navío luminoso, ante una multitud que se arremolinó en las plazas, murmurando oraciones y maldiciones. Algunos creyeron ver ángeles, otros demonios. Pero el emperador, aún fiel a los códigos de su razón militar, no vio ni unos ni otros: vio enemigos.

 

De ese episodio apenas quedan líneas sueltas en los códices medievales, palabras gastadas por el tiempo que hoy suenan como metáforas o desvaríos. Sin embargo, Jason Jorjani, filósofo de la era poshumana, las rescata con una seriedad que asusta. Para él, esa anécdota es la huella de una historia borrada, el eco de un contacto que los pueblos antiguos interpretaron a su manera. No se trataba de milagros ni de metáforas, dice, sino de encuentros reales con inteligencias no humanas.

 

Y en torno a esos encuentros —a esa confusión entre lo divino y lo extraterrestre— nació la religión.

 

II. El filósofo del fuego prohibido

 

Antes de continuar, conviene saber quién habla.


Jason Jorjani (nacido en 1981) es un pensador de origen iraní-estadounidense, formado en filosofía continental y ciencia política. Fue profesor en el New Jersey Institute of Technology y editor de la revista Arktos Media, antes de romper con toda estructura académica tradicional. Su obra más influyente, Prometheus and Atlas (2016), mezcla metafísica, historia de la ciencia y ufología filosófica en un manifiesto contra lo que llama el cautiverio espiritual de Occidente.

 

Jorjani se mueve en el territorio de las ideas prohibidas: su pensamiento orbita entre Nietzsche, Heidegger, Jung y la física cuántica, pero atraviesa también los mitos mesopotámicos, las visiones apocalípticas y las teorías sobre inteligencias no humanas. Es un filósofo que escribe como un visionario, y que habla —como en este texto— con la convicción de quien ha visto algo que no debería saberse.

 

III. Los dioses que bajaron del cielo

 

“Las religiones no nacieron para elevar al hombre”, dice con voz serena en el vídeo. “Nacieron para mantenerlo todo atado.” En su mirada, no hay cinismo, sino una especie de compasión por la humanidad engañada.

 

Jorjani sostiene que los “dioses” que poblaron las cosmogonías de la Antigüedad —los Anunnaki de Sumeria, los Elohim de Israel, los devas del hinduismo— eran entidades reales, biológicas o interdimensionales, que en distintos momentos intervinieron en la evolución humana.

 

Pero esas intervenciones no fueron benévolas.


Según su lectura, cada religión es una forma de programación, una arquitectura simbólica destinada a mantener al ser humano en un estado de dependencia emocional, moral y cognitiva.

 

El cielo, sugiere Jorjani, ha sido siempre un campo de batalla psicológico.

 

IV. El fuego robado

 

En el centro de su pensamiento se alza Prometeo, el titán que robó el fuego de los dioses para entregarlo a los hombres. Ese fuego —dice— no era solo calor o luz, sino conocimiento, tecnología, conciencia.

 

Cada vez que la humanidad ha intentado avanzar demasiado, algo o alguien ha intervenido para apagar ese fuego: diluvios, inquisiciones, guerras santas, prohibiciones.
Las religiones han sido, en su opinión, los instrumentos de esos reinicios, sistemas de control que disfrazaron la represión del saber bajo la forma de la fe.

 

“La historia humana es una serie de sabotajes divinos”, sentencia. “Cada religión nueva es una celda más sofisticada.”

 

En su interpretación, el drama prometeico es el verdadero mito fundacional de la civilización: una lucha constante entre la curiosidad del hombre y el miedo de los dioses. Y en esa lucha —advierte— aún seguimos atrapados.

 

V. Los ingenieros del alma

 

La teoría de Jorjani avanza entre conceptos filosóficos y revelaciones mitológicas. Describe un “software espiritual” que habría sido implantado en la mente colectiva para limitar nuestras posibilidades. El castigo por pensar, el temor al castigo eterno, el culto a la obediencia: todos esos mecanismos, dice, no son rasgos humanos, sino injertos culturales de origen externo.

 

Las religiones serían así una ingeniería social cósmica, diseñada para moldear nuestras emociones y mantenernos en una infancia espiritual perpetua. Los “ángeles” serían los intermediarios de ese control; los profetas, sus transmisores. Y los milagros, los efectos secundarios de una tecnología demasiado avanzada como para ser comprendida por una mente medieval.

 

Lo más perturbador, sin embargo, no es la hipótesis extraterrestre, sino su consecuencia filosófica: si la moral humana ha sido condicionada desde el cielo, ¿qué significa entonces ser libre?

 

VI. El ciclo de revelación y olvido

 

Jorjani habla de un ciclo que se repite a lo largo de la historia: revelación, florecimiento, catástrofe, olvido. Cada vez que la humanidad alcanza una cumbre tecnológica o espiritual, algo sucede que lo destruye todo. Las ruinas de civilizaciones antiguas, los mitos del diluvio universal, las tablillas sumerias que narran visitas celestes: todo encajaría, según él, en ese patrón de interferencia.

 

“La Atlántida, Mesopotamia, incluso la modernidad —dice— son capítulos de un mismo experimento. Cada vez que aprendemos demasiado, los tiranos del aire restablecen el equilibrio.” Lo que en teología se llama “providencia divina”, él lo llama “mantenimiento de control”. Y lo que las religiones interpretan como revelación, él lo traduce como contacto. Un contacto que nunca cesó, pero que cambió de rostro a medida que cambiaba nuestro lenguaje: ayer eran dioses, hoy son UAPs u ovnis.

 

VII. El retorno de los dioses

 

La teoría de Jorjani alcanza su punto más inquietante cuando se refiere al presente. Los informes oficiales sobre fenómenos aéreos no identificados, los testimonios de pilotos, las filtraciones del Pentágono… Todo eso, dice, no es nuevo. Es el preludio de una nueva fase del mismo drama.

 

“Estamos entrando en una era prometeica”, afirma. “El fuego vuelve a nuestras manos.”
Por primera vez, la humanidad posee herramientas que antes eran exclusivas de los dioses: inteligencia artificial, manipulación genética, física cuántica. Y eso —advierte— podría provocar una respuesta de los antiguos amos del cielo.

 

“No necesitamos su religión”, dice con un brillo frío en los ojos. “Pero ellos podrían intentar darnos una nueva.”

 

Una religión sin iglesias, sin profetas, sin cruces: la religión de la tecnología, de la red omnisciente, del algoritmo que lo sabe todo. Los “ángeles digitales” ya están aquí —añade— y los adoramos cada vez que cedemos nuestros pensamientos a una máquina.

 

VIII. El filósofo contra el cielo

 

Jorjani no predica el ateísmo, sino algo más radical: la emancipación metafísica. “Debemos dejar de adorar para empezar a crear”, dice. La liberación humana no consiste en destruir a los dioses, sino en superar la necesidad de tenerlos.

 

Su visión del futuro es ambigua: puede ser un renacimiento o un apocalipsis. Si la humanidad asume su papel prometeico —si roba el fuego y aprende a sostenerlo sin miedo— podría acceder a un nivel de existencia nuevo, sin mediadores ni salvadores.
Pero si vuelve a ceder su conciencia a los nuevos tiranos —los del aire, los del código o los del culto mediático—, el ciclo se repetirá otra vez.

 

IX. El fuego vuelve a arder

 

Hacia el final de su charla, el filósofo se queda en silencio unos segundos. Es un silencio que pesa como una advertencia. “Tal vez los ángeles no nos temen porque seamos imperfectos”, dice finalmente. “Tal vez nos temen porque un día podríamos dejar de necesitarlos.”

 

En esa frase se condensa toda su filosofía: la rebelión prometeica como destino inevitable de la especie humana. Una rebelión no contra Dios, sino contra la manipulación disfrazada de divinidad. Un llamado a mirar el cielo sin arrodillarse.

 

Porque quizás —como sugiere Jorjani— los verdaderos tiranos nunca estuvieron en el trono de la Tierra, sino flotando sobre nosotros, sosteniendo los hilos invisibles del alma humana desde las alturas.

 

Epílogo

 

Jason Jorjani habla desde un territorio fronterizo donde se mezclan la filosofía, la teología y la ciencia ficción.


Sus ideas incomodan, pero también fascinan. No se presentan como dogmas, sino como espejos: espejos que devuelven una pregunta antigua —¿de dónde venimos realmente?— con un reflejo distinto.

 

Quizá su mayor provocación no sea afirmar que los dioses eran extraterrestres, sino insinuar que la humanidad lleva demasiado tiempo actuando como su rebaño. Y que, al fin, ha llegado la hora de romper la bóveda celeste y reclamar el fuego.

 

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