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Pedro Chacón
Viernes, 28 de Agosto de 2026 Tiempo de lectura:

Los españoles desprotegidos de Ceuta y del País Vasco

Dentro de los cientos, miles diría yo, artículos de opinión escritos en la prensa de este mes de agosto acerca de la invasión de Ceuta, ha habido uno que voy a rescatar aquí, cuyo autor es Manuel Vilas, un tipo con cosas interesantes pero también criticables y que se me ha quedado grabado. Salió en El Correo del pasado 19 de agosto y se titula “El adiós a Ceuta”. Este artículo se centra en lo desprotegidos que se sienten los ceutíes frente a todo lo que está pasando, en lo mucho que echan de menos al Estado español que vele por su seguridad y por su tranquilidad, algo que es la principal función de un Estado, que es para lo que existen los Estados, en realidad, desde que surgieron por primera vez.

 

El articulista tenía toda la razón poniendo el foco en el protagonismo de los habitantes de Ceuta sufriendo la presencia masiva en las calles de un montón de gente desconocida y en la mayor parte de los casos hambrienta y en muchos casos pendenciera, por aburrida y por no tener otra cosa mejor que hacer, presentándonos un cuadro verdaderamente estremecedor. Con la gente encerrada en sus casas viendo pasar por la calle hordas de gentes sin oficio ni beneficio dispuestas a asaltar un comercio, a quitarle lo que lleve puesto a un pacífico viandante y alterando profundamente la vida de la ciudad.

 

No podía ser, no puede ser que un Estado no responda inmediatamente a este estado de cosas y tome todos los medios para que unos pacíficos ciudadanos puedan disfrutar libre y despreocupadamente de su ciudad.

 

Los ceutíes sufriendo la avalancha humana de un dictador que les gobierna, como todo su linaje, desde el más absoluto desprecio y supremacismo; un tipejo que es capaz de manejar las vidas de sus súbditos, porque en este caso son súbditos, porque estamos ante una monarquía de corte medieval, con un monarca absoluto que no está sometido a ningún control, que se mueve por los impulsos de su capricho, que controla todos los recursos económicos del país y que vive en unas condiciones de privilegio y desigualdad abusivas y obscenas en relación con la inmensa mayoría de su población. Y este sujeto y sus secuaces lanzaron a la gente de su propio país sobre Ceuta sin importarle ni sus vidas ni lo que fuera a ser de ellos. Muchos murieron en el intento. Se dice que más de cien.

 

Pues bien, ante una situación así, el autor de ese artículo se lamenta de la situación de los habitantes de Ceuta, que se sienten orgullosos de su españolidad, que quieren en una inmensa mayoría continuar siendo españoles y que ven que su propio Estado, que su propio Gobierno no les defiende inmediatamente en un caso de semejante atropello de sus libertades y de su modo habitual de vida.

 

Esta frase por ejemplo: “Si yo fuera ceutí, si mis pasos diarios tropezaran con el viento de Levante sobre un mar que parece un espejo de mercurio, sentiría mucha deslealtad y traición. Sentiría la fatiga de pertenecer a un Estado indigno, inepto, estúpido. Pobre Ceuta, que tiene los días contados.” Y entonces fue que leyendo esto me dio por pensar que lo mismo se podría decir cambiando Ceuta por el País Vasco, pero no de ahora, sino desde hace cincuenta años para acá, desde que nos cayó aquí la plaga del independentismo y del cambio de chaqueta y del creerse mejor o más por ser solo vasco que por ser vasco y español. Quedaría más o menos así: “Si yo fuera vasco, si mis pasos diarios tropezaran con el viento del Cantábrico sobre un mar que parece un espejo de mercurio, sentiría mucha deslealtad y traición. Sentiría la fatiga de pertenecer a un Estado indigno, inepto, estúpido. Pobre País Vasco, que tiene los días contados.”

 

Luego hay otras frases que no hace falta cambiarlas siquiera, porque son perfectamente aplicables bien a Ceuta, bien al País Vasco o también a Cataluña, no lo olvidemos, porque allí, desde el llamado “procés”, los españoles también se sienten desprotegidos en su propio país.

 

“Este país que tanto amáis no os quiere, y os venderá el día menos pensado. No os ama.  Os desprecia. Pedid asilo en cualquier país europeo decente. Vais a caer.” En una buena parte del artículo Manuel Vilas les propone a los ceutíes que se ofrezcan al amparo del Reino Unido, que en Gibraltar esto no pasaría. Pero eso es lo que me carga del artículo. La apelación a la pérfida Albión como recurso. Yo a Manuel Vilas le recordaría en este punto que Sabino Arana también pedía la ayuda de Gran Bretaña para emancipar a los vascos independentistas del resto de España. O sea que un país que lo mismo sirve para alojar a independentistas españoles que a españoles sometidos por el independentismo de otros españoles, como que no me resultaría muy cómodo a mí que digamos. Aparte de que Gran Bretaña también la hizo parda de puertas adentro. No hay más que recordar las sarracinas en Irlanda o los odios africanos entre los diferentes países dentro del país, o la manera supremacista con que los ingleses miran por encima del hombro a los escoceses, no digamos ya a los irlandeses. Gran Bretaña lo que pasa es que funciona también como un imperialismo de los rancios y con tener Gibraltar se piensa que ya por eso es más que España y parece mentira que un español como Manuel Vilas pueda ver en ese país un ejemplo para solucionar nada de lo que nos pase como españoles. Así nos va también.

 

Y cierra Manuel Vilas con esta reflexión: “España ha decidido capitular en silencio, sustituyendo la dignidad histórica por la cobardía institucional. Cuando un Estado renuncia a proteger sus fronteras con firmeza y a defender a sus ciudadanos, su final no es una hipótesis: es solo cuestión de tiempo. Quien abandona la defensa de sus fronteras está condenado a ver cómo otros escriben su sentencia de muerte.”

 

A mí de estas reflexiones, que suscribo cien por cien, lo que me admira es que hayan sido provocadas ahora por una invasión de una ciudad autónoma como Ceuta. No sé de la trayectoria periodística de este autor, por lo que no me voy a poner ahora a afirmar cosas que no sé. Solo pregunto. ¿Escribía Manuel Vilas cuando actuaba el terrorismo en el País Vasco? Estamos de acuerdo con que el terrorismo afectó en mayor o menor medida a todos los españoles porque asesinó en muchas ciudades españolas, aparte de las del País Vasco. Pero es que en el País Vasco fue donde implantó una dictadura del terror como no se ha visto en ninguna otra parte de España. En el País Vasco el terrorismo convirtió la convivencia en un infierno y posibilitó que cualquier chiquilicuatre nacido en Algeciras saliera a la calle con una icurriña, mientras que estaba terminantemente prohibido, hasta hoy mismo, salir con la bandera de España o hacer cualquier demostración pública de españolidad. Eso es lo que ha traído el terrorismo al País Vasco. Y ante eso España ha permanecido callada, absorta en sus propios pensamientos, ajena a cualquier responsabilidad sobre lo que aquí, en el País Vasco, ha pasado y pasa hoy mismo.

 

Por eso me llama la atención esta exhibición de españolidad herida por lo que pasa en Ceuta, que me parece muy bien, conste, y por eso la traigo aquí, mientras que otras manifestaciones tan lacerantes como la ceutí, y durante cincuenta años seguidos además, de asesinatos, secuestros, extorsiones, destrozos callejeros, violencia de persecución y señalamiento que hemos padecido en el País Vasco, no eran merecedoras de un artículo parecido a este de “El adiós a Ceuta”. Y repito que no sé si este autor lo haya podido escribir. Solo que yo no lo he conocido ni recuerdo haberlo leído.

 

En el País Vasco también padecemos una invasión, como en Ceuta. Y los que nos sentimos españoles nos sentimos desprotegidos por parte del Estado que no vela por nosotros. Es más, pensamos incluso que el Estado español protege más a los que quieren destruirlo que a nosotros, que queremos que esto siga siendo España.

 

A los españoles en el País Vasco nadie nos premia por continuar queriendo ser españoles. Lo hacemos gratis, porque lo sentimos así. En cambio, vemos que los que se decantan por el bando nacionalista consiguen buenos puestos, mejores que los del resto, en la administración, en la política, en la universidad, en el mundo de la cultura, es decir, allá donde llegue el largo brazo político del nacionalismo.

 

Mucha gente en España siente ahora compasión de los ceutíes y eso está muy bien. Y se han convocado manifestaciones para solidarizarse con ellos. Pero yo pienso que los que nos sentimos españoles en el País Vasco llevamos viviendo, durante los últimos cincuenta años, un proceso semejante al que ahora estamos viendo con los españoles en Ceuta. Y nadie, que yo ahora mismo recuerde, escribió un artículo semejante al que hemos comentado aquí de Manuel Vilas, para referirse a nosotros. Nadie en España, que yo recuerde, escribió un artículo como este referido a Ceuta, ni lo pensó así ni lo sintió así para referirse al País Vasco. Y eso es lo tremendo.

 

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