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Pablo Mosquera
Viernes, 04 de Septiembre de 2026 Tiempo de lectura:

¡Viva El Rey!

Sin complejos. ¡Viva España y viva El Rey!. Ya está bien de cobardías ante los felones que mienten, utilizan, capturan para sus groseros intereses a las instituciones del Estado Español. Además hay cuestiones que no son ni de las antiguas derechas ni de las cutres casposas izquierdas. Me voy a referir una vez más a la soberanía del territorio nacional. 

 

¿Qué clase de gentes seríamos si por desventura ignoráramos lo que aconteció, acontece y puede acontecer en las ciudades españolas de Ceuta y Melilla?. ¿Dónde habría quedado el orgullo nacional, ese que vimos y sentimos cuando la selección española de Futbol ganó recientemente el campeonato mundial?. Ya sé que a determinados catalanes, les molestó, hasta es posible que llegaran a padecer cierto sarpullido propio del miserable apátrida que entre sofismas o mitos esconde la cobardía de quienes dieron un golpe de Estado y de inmediato pusieron piés en pólvora. Pero las demás tierras de España somos herederos de aquellos Tercios de Flandes, de los marinos que lucharon en Lepanto y desde luego de personajes como Blas de Lezo.

 

La Monarquía es el símbolo de la unidad patria y de nuestros irrenunciables antecedentes con Hispanoamérica. No importa que tal institución haya tenido su esplendor con el Emperador Carlos o Felipe, para caer en aquella desgraciada etapa que protagonizó Fernando VII, traidor, felón y nefasto. Hoy el Jefe del Estado es la cúspide de una vieja nación con un inmenso patrimonio para la humanidad.  

 

Por eso y muchas cuestiones históricas soy un español que lamenta no sólo la decadencia de mi nación, la ocupación del poder popular por una banda desalmada, corrupta y despreciable. Negociadora de todas las desgracias que van desde la partición, las desigualdades, la ruptura de la convivencia, la incertidumbre de las garantías que proclama el ordenamiento jurídico y desde luego el respeto a los ciudadanos que ejercen como tales en lugares fronterizos como Ceuta, Melilla sin olvidar a Las Canarias.

 

Echo de menos un estatuto de la Jefatura del Estado. Un derecho positivo que haga del Monarca el primero de los españoles con derechos históricos y desde luego libertad para estar dónde se le requiera por el pueblo. Y ha sido ese pueblo de Ceuta quien ante una agresión sin precedentes ha vuelto su mirada hacia la Zarzuela, como lo hicieron los valencianos y otros, cada vez que el dolor y la desolación es causa mortal para españoles que no son más que gentes pero no menos que seres humanos amparados por el Estado de Derecho.

 

La chulería conducta creciente y de uso diario para un ejecutivo desvergonzado, siempre embustero, cada día más desacreditado en España y en los países de nuestro entorno. Nos han convertido en la frontera sur de una Europa que nos hace sonrojar, que ya no nos toma en serio, que nos ve como un problema ineficiente, mientras los españoles presenciamos los debates en Las Cortes con estupor, ira y descrédito democrático. ¡A dónde iremos a parar!

 

España debe recuperar su capacidad para enfrentarse con la ocupación. Como sucedió tras aquel ocho de mayo en 1808. Sólo que ahora el enemigo es de nuestra propia estirpe. Son esos desalmados que nos han vendido en un proceso de alta traición con sombras aún ocultas pero que muy pronto llegaremos a conocer en las relaciones entre truhanes y con Marruecos. Me llamó la atención que hasta Bildu hizo un discurso parlamentario descalificador para el todavía presidente del gobierno. Pero sigo sin entender como el socialismo no se ha revuelto contra el sátrapa que está al timón de un barco que hasta los ciegos, ilusos e indigentes culturales, ven que se dirige a toda vela contra las rompientes en un naufragio sin precedentes.

 

Por eso pongo mis pensamientos y deseos en la institución de la Monarquía. Necesito notar que el primero de los españoles se subleva para encabezar la marcha y así terminar así con una de las etapas más desgraciadas de la democracia. Precisamente, por eso. para salvar no sólo el honor, salvar la propia democracia antes que poderes fácticos internos y externos "justifiquen" una intervención que nos devuelva a la larga noche de piedra.  

 

España más que nunca necesita liderazgo sin complejos. Ceuta una acción que no tarde ni un segundo en recuperar la normalidad y para ello no caben discursos cargados de buenismo o peor aun, henchidos de miedo legalista. ¿ En que mundo viven las gentes de Ceuta cuando en instancias supremas se discute si son galgos o podencos ?. Con los mismos argumentos de los dos últimos días de julio, el ejército de España en nombre de su obligada función para garantizar la paz y la territoralidad deben agrupar a los invasores y sin más explicaciones, ponerlos de patas en su país. Eso es lo que esperamos. Lo demás son paparruchas de mal pagador...  

 

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