Viernes, 04 de Septiembre de 2026

Actualizada Viernes, 04 de Septiembre de 2026 a las 15:44:08 horas

Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

Continuar...

Pedro Chacón
Viernes, 04 de Septiembre de 2026 Tiempo de lectura:

Odiseo, España, los pretendientes nacionalistas, Penélope y el País Vasco

Los mitos sirven para poner orden en el caos. La actual situación política, social y cultural del País Vasco es de caos completo. Estamos ante una sociedad vasca profundamente enferma que ha producido una ingente cantidad de personas inauténticas, que no reconocen su propia identidad, que están atravesadas por un profundo complejo de inferioridad ante una identidad vasca mitificada a la que todos quieren pertenecer.

 

La gente piensa que tener un apellido de origen eusquérico te confiere un mayor estatus social. Y, al revés, que tenerlo no eusquérico te sume en la inferioridad y en el complejo. Nadie piensa en el origen de los apellidos, en cuándo se empezaron a poner. Se creen que proceden de tiempos inmemoriales, de cuando los seres humanos vivían en cavernas. Se asocian los apellidos eusquéricos a una supuesta raza ancestral a la que pertenecerían los verdaderos dueños del País Vasco. Se ignora el hecho de que la mayoría de los apellidos se pusieron muy recientemente en la historia y que, en particular los eusquéricos, están extendidos por toda España por efecto de los movimientos de población que en un principio eran del norte al sur, porque históricamente era en el sur donde había más posibilidades de mejorar la vida.

 

El efecto del nacionalismo ha sido catastrófico para la sociedad vasca. Ha inculcado un complejo en las personas que no tienen apellido eusquérico y que las obliga a convertirse en vascas como sea. Ahí tenemos los ejemplos del actual lendacari vasco, Imanol Pradales, o del presidente del PNV, Aitor Esteban, dos personas procedentes de otras partes de España, de Burgos y de Soria, las más españolas de todas, y que nos vienen a decir que ellos se sienten o, mejor dicho, que son solo vascos. Qué clase de enfermedad, de desviación, de complejo, les ha afectado a estas personas, y como a ellas a tantas miles de personas, para renegar de su origen verdadero, para renegar de su historia familiar, para renegar de todo lo español que conforma sus vidas y para abrazar una causa distinta, o cuando menos no propia, tenida por superior sin ninguna razón, ni aparente ni profunda, para ello.

 

España y lo español tienen en el País Vasco, en sus márgenes más directos, su propio origen. Porque el idioma castellano se originó ahí, en Valpuesta, en el valle de Valdegovía de Álava, o en San Millán de la Cogolla, en La Rioja, en los márgenes mismos entre los territorios vascos y el origen de Castilla, donde el eusquera y el latín contactaban. El español o castellano fue un idioma surgido de la necesidad, un idioma eficaz, compuesto por las cinco mismas vocales que tiene el eusquera, algo que lo diferencia de otros idiomas de origen latino, como el francés, con el doble de vocales que lo que hacen es dificultar sobremanera su aprendizaje para un español o para un vasco. El idioma vasco se escribe tal como se pronuncia en español, no tal como se pronuncia en francés. Los franceses que quieren aprender eusquera lo tienen mucho más fácil si al mismo tiempo saben español. El eusquera tiene muchas más concomitancias con el español que con el francés. El eusquera y el francés se dan la espalda, mientras que el eusquera y el español van de la mano.

 

En español están escritos todos los fueros y leyes ancestrales de los vascos. Porque para los vascos de entonces la lengua de cultura y de mundo era el español o castellano. No hay una historia del pueblo vasco hasta que aparece el nacionalismo vasco, porque para los vascos de todas las épocas solo existía el referente español, en política y en cultura. Nadie les obligó a nada. Ellos mismos vieron lo español y se involucraron con lo español y se convirtieron en impulsores principales de lo español porque era su mejor oportunidad para prosperar.

 

El nacionalismo ha venido al País Vasco como los pretendientes de Penélope: para usurpar la legitimidad preexistente, para aprovecharse de ella, para desvirtuarla, para tergiversarla, para convertirla en otra cosa que no era ni quería ser. Los nacionalistas han introducido el caos en el País Vasco. Los nacionalistas llevan al País Vasco a su ruina, a su desmantelamiento, a lo que nunca fue ni se sabe lo que será.

 

El relato de Ulises, la Odisea, es un mito de restablecimiento del orden. Los vascos se incorporaron desde el primer momento a la empresa de España en el mundo. Contribuyeron como los que más a crear un universo español, un imperio. Y ahora lo que necesitamos es que esa España, ese Odiseo que fue a conquistar Troya, vuelva a su lugar de origen, vuelva a Ítaca, vuelva al País Vasco, vuelva a donde está Penélope esperándole, para alcanzar el orden que quedó desvirtuado mientras estuvo ausente. Los pretendientes de Penélope, esas gentes soberbias, incapaces de respetar las jerarquías, desprovistas de honor y de cultura elevada, se han hecho con el palacio de Odiseo y lo llenan todo con sus procacidades y su falta de educación y de mesura. Reniegan de su propia lengua, del castellano, del español, porque no saben decir nada que valga la pena con ella. Prefieren decir que hablan eusquera, aunque tampoco sean capaces de crear una comunidad de comunicación con esa otra lengua de adopción. Todo lo desvirtúan, todo lo que tocan lo convierten en algo sucio, desprovisto de belleza y de grandeza.

 

Necesitamos que vuelva Ulises al País Vasco, necesitamos que vuelva España al País Vasco, como le pasa a Ceuta. Necesitamos que vuelva Odiseo y que expulse a los pretendientes. Necesitamos que vuelva el orden y que se acabe este caos que dura ya demasiado.

 

“Alegróse Penelope y, saltando de la cama, abrazó a la vieja, dejó que cayeran lágrimas de sus ojos, y profirió estas aladas palabras: —Pues, ea, ama querida, cuéntame la verdad, si es cierto que vino a esta casa, como aseguras, y de qué manera logró poner las manos en los desvergonzados pretendientes estando él solo y hallándose los demás siempre reunidos en el interior del palacio.

 

Respondióle su ama Euriclea: —No lo he visto, no lo sé, tan sólo percibí el suspirar de los que caían muertos, pues nosotras permanecimos, llenas de pavor, en lo más hondo de la sólida habitación con las puertas cerradas hasta que tu hijo Telémaco fue desde la sala y me llamó por orden de su padre. Hallé a Odiseo de pie entre los cadáveres, que estaban tendidos en el duro suelo, a su alrededor, los unos encima de los otros: se te holgará el ánimo de verle manchado de sangre y polvo, como un león.

 

Ahora yacen todos juntos en la puerta del patio y Odiseo ha encendido un gran fuego, azufra la magnífica morada y me envió a llamarte. Sígueme, pues, a fin de que ambos llenéis vuestro corazón de contento, ya que padecisteis tantos males. Por fin se cumplió aquel gran deseo. Odiseo tornó vivo a su hogar, hallándoos a ti y a tu hijo; y a los pretendientes que lo ultrajaban, los ha castigado en su mismo palacio.” Homero, La Odisea, Canto XXIII.

 

https://amzn.to/3rvLG5t

 

Portada

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.