Ingeniería social y política totalitaria
Ciertamente el feminismo radical intenta promover un nuevo modelo de mujer al tiempo que niegan una naturaleza humana biológica y psíquica de mujer y hombre. Si como mantiene la teoría de la tabla rasa tanto la naturaleza del hombre como la de la mujer se debían a la educación, se trata de diseñar ahora el hombre perfecto y la mujer perfecta, esos seres humanos que alcanzarán la felicidad sin crear conflictos sociales, ya se sabe esos nuevos tipos dóciles que “no tendrán nada, pero serán felices”. Hay que abolir la manera de sentir de cada uno y crear la que a los que mandan les interese, siempre por nuestra felicidad.
Se trata de diseñar una mujer nueva y sin una esencia vertebradora –anulando a la mujer tradicional con una naturaleza fija e inmutable–, sustituirla, según las conveniencias del momento, por otra moldeable según la voluntad y los propósitos de quienes dirigen y, por tanto, objeto de politización. Manipulable políticamente. Pura ingeniería antropológica y social. Todo es cuestión de hacer la “pedagogía necesaria” –decía el vocero de turno ante la angustia de los ciudadanos ceutíes– que queda mejor que decir “vamos a condicionar su mente para que piensen lo que nosotros queramos”.
Ya con la Ilustración aparecen esos sueños o esas utopías que consideran que cuando el ser humano sea instruido y completamente racional dominará sus pasiones y sus deseos y se llegará a una sociedad sin conflictos y sin guerras. Y de pensar en un hombre, todavía con una naturaleza universal racional, se pasa a considerar que el hombre y la mujer no tienen naturaleza, sino que todo ha sido producto de la educación social. Se pueden hacer hombres como mujeres, y mujeres como hombres y todo será cuestión de cómo se auto-perciba cada uno o de que se definirán según sus gustos. ¿Se puede concebir mayor control? ¿Quién o quienes son los encargados de diseñar estas nuevas mujeres, jugando a ser dioses o sustituyendo a la naturaleza? Pues a este grado de estupidez hemos llegado sin que nadie se atreva a llevar la contraria a los ideólogos, marionetas ellos de quienes han hecho el diseño en vistas a la consecución de ciertos fines.
Como decía Dalmacio Negro en El mito del hombre nuevo, “Los modernos creían que, armados con la ciencia y la técnica, podían ganar la lucha contra la naturaleza”. Pero si echamos una ojeada a nuestro alrededor, nos encontramos que todo es una gran mentira y que hombres y mujeres siguen teniendo los mismos deseos, los mismos sentimientos y las mismas pasiones, aunque parezca que hay un cambio. Apariencias que a las primeras quedan al descubierto.
Predican en el vacío contra la agresividad y cada vez hay más agresividad, en los colegios, en las competiciones deportivas, en las familias, en las relaciones sociales, en las parejas y entre naciones; incitan a la satisfacción sexual desde tempranas edades al tiempo que predican el “respeto” a la mujer y nunca antes hubo mayor numero de violadores y abusadores sexuales, incluidos aquellos que lo predican; todo el día hablando de solidaridad, pero se trata de una solidaridad obligada o impuesta por el Estado que maneja los recursos ciudadanos, siendo que cada vez hay más ambiciosos en la sociedad especialmente los que dirigen el Estado y obligan a los gobernados a ser solidarios; se desprecia y desnaturaliza la maternidad y cada vez hay más mujeres desesperadas porque se les pasa la edad de tener hijos y han de recurrir a inseminación artificial, etc. y no hablemos de pasiones como los celos, la envidia, la soberbia, la pereza, el egoísmo…que siguen ahí, aumentadas en un mundo nihilista, en vez de encauzadas. Impulsar el individualismo para acabar en la docilidad y la soledad.
Y en cuanto a la felicidad conseguida, tenemos algunos indicativos importantes sobre los efectos de esta imposición suave, de este espejismo de una nueva persona –a través de la propaganda– son los índices de suicidios de mujeres y hombres. Desde 1980 en que la “educación-perversión” de la naturaleza humana estaba en sus inicios en España la tasa de suicidios se ha duplicado tanto en hombres como en mujeres; y la tasa de consumo de ansiolíticos y antidepresivos se ha disparado en las últimas décadas, especialmente en mujeres.
¿Esta es la felicidad que consiguen los ingenieros sociales?
Ciertamente el feminismo radical intenta promover un nuevo modelo de mujer al tiempo que niegan una naturaleza humana biológica y psíquica de mujer y hombre. Si como mantiene la teoría de la tabla rasa tanto la naturaleza del hombre como la de la mujer se debían a la educación, se trata de diseñar ahora el hombre perfecto y la mujer perfecta, esos seres humanos que alcanzarán la felicidad sin crear conflictos sociales, ya se sabe esos nuevos tipos dóciles que “no tendrán nada, pero serán felices”. Hay que abolir la manera de sentir de cada uno y crear la que a los que mandan les interese, siempre por nuestra felicidad.
Se trata de diseñar una mujer nueva y sin una esencia vertebradora –anulando a la mujer tradicional con una naturaleza fija e inmutable–, sustituirla, según las conveniencias del momento, por otra moldeable según la voluntad y los propósitos de quienes dirigen y, por tanto, objeto de politización. Manipulable políticamente. Pura ingeniería antropológica y social. Todo es cuestión de hacer la “pedagogía necesaria” –decía el vocero de turno ante la angustia de los ciudadanos ceutíes– que queda mejor que decir “vamos a condicionar su mente para que piensen lo que nosotros queramos”.
Ya con la Ilustración aparecen esos sueños o esas utopías que consideran que cuando el ser humano sea instruido y completamente racional dominará sus pasiones y sus deseos y se llegará a una sociedad sin conflictos y sin guerras. Y de pensar en un hombre, todavía con una naturaleza universal racional, se pasa a considerar que el hombre y la mujer no tienen naturaleza, sino que todo ha sido producto de la educación social. Se pueden hacer hombres como mujeres, y mujeres como hombres y todo será cuestión de cómo se auto-perciba cada uno o de que se definirán según sus gustos. ¿Se puede concebir mayor control? ¿Quién o quienes son los encargados de diseñar estas nuevas mujeres, jugando a ser dioses o sustituyendo a la naturaleza? Pues a este grado de estupidez hemos llegado sin que nadie se atreva a llevar la contraria a los ideólogos, marionetas ellos de quienes han hecho el diseño en vistas a la consecución de ciertos fines.
Como decía Dalmacio Negro en El mito del hombre nuevo, “Los modernos creían que, armados con la ciencia y la técnica, podían ganar la lucha contra la naturaleza”. Pero si echamos una ojeada a nuestro alrededor, nos encontramos que todo es una gran mentira y que hombres y mujeres siguen teniendo los mismos deseos, los mismos sentimientos y las mismas pasiones, aunque parezca que hay un cambio. Apariencias que a las primeras quedan al descubierto.
Predican en el vacío contra la agresividad y cada vez hay más agresividad, en los colegios, en las competiciones deportivas, en las familias, en las relaciones sociales, en las parejas y entre naciones; incitan a la satisfacción sexual desde tempranas edades al tiempo que predican el “respeto” a la mujer y nunca antes hubo mayor numero de violadores y abusadores sexuales, incluidos aquellos que lo predican; todo el día hablando de solidaridad, pero se trata de una solidaridad obligada o impuesta por el Estado que maneja los recursos ciudadanos, siendo que cada vez hay más ambiciosos en la sociedad especialmente los que dirigen el Estado y obligan a los gobernados a ser solidarios; se desprecia y desnaturaliza la maternidad y cada vez hay más mujeres desesperadas porque se les pasa la edad de tener hijos y han de recurrir a inseminación artificial, etc. y no hablemos de pasiones como los celos, la envidia, la soberbia, la pereza, el egoísmo…que siguen ahí, aumentadas en un mundo nihilista, en vez de encauzadas. Impulsar el individualismo para acabar en la docilidad y la soledad.
Y en cuanto a la felicidad conseguida, tenemos algunos indicativos importantes sobre los efectos de esta imposición suave, de este espejismo de una nueva persona –a través de la propaganda– son los índices de suicidios de mujeres y hombres. Desde 1980 en que la “educación-perversión” de la naturaleza humana estaba en sus inicios en España la tasa de suicidios se ha duplicado tanto en hombres como en mujeres; y la tasa de consumo de ansiolíticos y antidepresivos se ha disparado en las últimas décadas, especialmente en mujeres.
¿Esta es la felicidad que consiguen los ingenieros sociales?



















