Martes, 08 de Septiembre de 2026

Actualizada Martes, 08 de Septiembre de 2026 a las 11:37:04 horas

Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

Continuar...

Martes, 08 de Septiembre de 2026 Tiempo de lectura:
Informe PÎSA 2025

PNV y PSOE sitúan la educación vasca entre las peores de España

Bajo los Gobiernos del PNV-PSOE, el País Vasco obtiene 459 puntos en ciencias, 420 en comprensión lectora y alrededor de 459 en matemáticas. El alumnado vasco se sitúa muy por debajo de las medias española, europea y de la OCDE, pese a contar con ventajas socioeconómicas, poco absentismo y una de las distribuciones de resultados más igualitarias del país

 

[Img #31112]

 

El País Vasco aparece en el Informe PISA 2025 atrapado en una contradicción difícil de ignorar. Su alumnado cuenta con uno de los entornos socioeconómicos más favorables de España, presenta el menor nivel de absentismo escolar entre todas las comunidades autónomas y estudia dentro de un sistema caracterizado por una reducida desigualdad interna. Sin embargo, sus resultados académicos se encuentran entre los más bajos del país. Los estudiantes vascos obtienen 459 puntos en ciencias, alrededor de 420 en comprensión lectora y aproximadamente 459 en matemáticas, unas calificaciones que los sitúan muy lejos de las medias española, europea e internacional.

 

La publicación del nuevo informe de la OCDE plantea así una pregunta incómoda para el sistema educativo vasco. Si los resultados no pueden atribuirse principalmente a la falta de recursos, a la pobreza, a una elevada dispersión social o a un absentismo generalizado, ¿qué está fallando en las aulas de Euskadi?

 

PISA no responde de manera concluyente a esa cuestión, porque su función consiste en medir competencias y estudiar las variables asociadas al rendimiento, no en identificar automáticamente las causas de cada resultado territorial. Pero el documento sí permite descartar algunas explicaciones habituales y ofrece una combinación de indicadores preocupantes: escasa curiosidad científica, reducido disfrute del aprendizaje, una percepción negativa del clima escolar, frecuentes distracciones digitales en las clases y una valoración comparativamente baja del apoyo recibido del profesorado.

 

La consecuencia es una fotografía particularmente severa. El sistema vasco consigue que los resultados sean relativamente homogéneos y que las diferencias socioeconómicas pesen menos que en otros territorios, pero esa igualdad se produce alrededor de unas puntuaciones bajas. No se trata, por tanto, de un sistema dividido entre una minoría excelente y una amplia bolsa de fracaso. El problema parece afectar al nivel general de conocimientos y competencias.

 

Mientras los sucesivos Gobiernos nacionalsocialistas (PNV-PSE) imponen a machamartillo la educación de los niños vascos en una lengua, el euskera, que no es su lengua materna, el rendimiento medio de los estudiantes vascos en competencia científica se queda en 459 puntos. Son 18 menos que la media española, situada en 477; 22 menos que el conjunto de la Unión Europea, que alcanza 481; y 23 menos que el promedio de la OCDE, establecido en 482 puntos.

 

Dentro del mapa autonómico, solamente la Comunidad Valenciana, con 450 puntos, presenta un resultado inferior entre las comunidades autónomas. Ceuta, con 420, y Melilla, con 404, quedan también por debajo, pero poseen características educativas, demográficas y socioeconómicas difícilmente comparables con las vascas. Andalucía, con 462 puntos, supera igualmente al País Vasco, aunque la diferencia no es estadísticamente significativa.

 

La distancia respecto a los territorios españoles mejor situados es muy considerable. Madrid obtiene 495 puntos en ciencias, Castilla y León 493, Asturias 492, Cantabria 490 y Galicia 486. Entre la Madrid de Isabel Díaz Ayuso y la Euskadi del ínclito Imanol P^radales existe una diferencia de 36 puntos a favor de la primera; entre Castilla y León y el País Vasco, de 34. Dado que PISA considera que cada nivel de competencia científica representa aproximadamente 75 puntos, las distancias territoriales no equivalen a cursos escolares completos, pero sí reflejan diferencias educativas sustanciales.

 

Los 459 puntos vascos tampoco presentan una diferencia estadísticamente significativa respecto a comunidades como Murcia, Canarias o Andalucía, ni respecto a Malta. El grupo de comparación del País Vasco se encuentra, por tanto, en la parte baja de las economías y territorios analizados, alejado no solo de Japón, Estonia o Corea, que lideran la clasificación internacional, sino también de buena parte de España.

 

El resultado es especialmente relevante porque las ciencias constituían la competencia principal de PISA 2025. Esto significa que fueron evaluadas con mayor profundidad que la lectura y las matemáticas. La prueba no se limitó a comprobar si los estudiantes recordaban contenidos escolares, sino que midió su capacidad para explicar fenómenos, interpretar datos, valorar pruebas, distinguir una conclusión científica de una afirmación sin fundamento y diseñar procedimientos de investigación.

 

En todas esas dimensiones, el País Vasco aparece en la zona inferior de la clasificación autonómica. Madrid, Castilla y León, Asturias y Cantabria ocupan de manera reiterada las primeras posiciones, mientras que Melilla, Ceuta, la Comunidad Valenciana y Euskadi se concentran en la parte baja.

 

Los datos resultan todavía más preocupantes en comprensión lectora. Las alumnas vascas obtienen 438 puntos y los alumnos, 402, lo que deja la media territorial alrededor de los 420 puntos. La puntuación española se sitúa en 451; la de la Unión Europea, en 459; y la de la OCDE, en 461.

 

La distancia vasca respecto al promedio de España ronda, por tanto, los 30 puntos, y supera los 40 respecto a la OCDE. El resultado coloca al País Vasco claramente por debajo de la mayoría de las comunidades y confirma que su problema educativo no está circunscrito a las ciencias.

 

La comprensión lectora evaluada por PISA no consiste únicamente en saber descifrar un texto. La prueba exige localizar información, comprender argumentos, integrar datos procedentes de distintas partes, evaluar la fiabilidad de una afirmación y reflexionar sobre el contenido. Son capacidades transversales que condicionan también el aprendizaje de historia, ciencias, matemáticas y cualquier otra materia.

 

La OCDE ha detectado internacionalmente una creciente dificultad de los adolescentes para enfrentarse a textos extensos. Los alumnos resuelven mejor los ejercicios en los que deben localizar un dato aislado, pero empeoran cuando necesitan mantener la atención, recordar informaciones anteriores y relacionar varias ideas. El fenómeno coincide con el crecimiento de una lectura digital breve, selectiva y fragmentada, aunque el informe evita establecer una relación causal automática entre el uso de pantallas y el descenso académico.

 

En el caso vasco, la brecha entre chicas y chicos alcanza 36 puntos a favor de las alumnas, una de las mayores de España. Las estudiantes obtienen 438 puntos y los alumnos apenas 402. La diferencia es superior a la española, de 26 puntos; a la de la OCDE, de 30; y a la de la Unión Europea, de 31.

 

La ventaja de las alumnas no significa que sus resultados sean buenos en términos comparados. Tanto ellas como ellos se encuentran por debajo de los promedios correspondientes, pero el retroceso masculino es particularmente intenso. La igualdad entre sexos, por tanto, no se alcanza mediante una mejora general de los alumnos, sino mediante un rendimiento insuficiente que afecta con especial gravedad a los varones.

 

En matemáticas, el País Vasco obtiene alrededor de 459 puntos. Las alumnas alcanzan 457 y los alumnos 462, una diferencia de solo cinco puntos a favor de estos últimos. La brecha es pequeña y no resulta estadísticamente significativa, lo que sitúa a Euskadi entre los territorios españoles con mayor equilibrio entre chicos y chicas en esta competencia.

 

Pero, de nuevo, la igualdad no viene acompañada de un rendimiento elevado. La media española alcanza 457 puntos; la OCDE y la Unión Europea se sitúan en 463. El País Vasco queda aproximadamente en el entorno de la media nacional, pero continúa por debajo de las referencias internacionales y muy lejos de las comunidades mejor clasificadas.

 

Madrid obtiene alrededor de 478 puntos en matemáticas, Castilla y León 472, Cantabria 470, Asturias 468 y Galicia 466. Los resultados vascos están más próximos a los de Navarra, La Rioja y otros territorios intermedios, pero no consiguen compensar la fuerte desventaja registrada en lectura y ciencias.

 

La combinación de las tres competencias ofrece una conclusión inequívoca: el País Vasco no presenta una debilidad aislada en una materia determinada. El problema afecta a áreas diferentes y, especialmente, a aquellas capacidades que exigen comprensión, razonamiento, atención prolongada y aplicación práctica de los conocimientos.

 

El indicador más incómodo para las autoridades educativas vascas aparece cuando PISA descuenta estadísticamente el efecto del nivel socioeconómico y cultural de los estudiantes. En la mayor parte de España, los resultados mejoran al realizar ese ajuste, porque muchas comunidades educan a alumnos procedentes de entornos comparativamente desfavorecidos.

 

Ceuta gana 22 puntos una vez descontada la situación socioeconómica; Melilla, 19; Murcia, 13; Andalucía, 11, y el conjunto de España, seis. El País Vasco recorre el camino contrario. Su puntuación científica ajustada baja de 459 a 457 puntos.

 

Euskadi y Madrid son los únicos territorios cuyos resultados empeoran después de neutralizar estadísticamente el contexto socioeconómico. Madrid pierde seis puntos y el País Vasco uno. Eso significa que parte de la puntuación inicial de ambos se encuentra asociada a unas condiciones sociales y culturales relativamente favorables.

 

La diferencia es que Madrid parte de 495 puntos y, después del ajuste, conserva 489, mientras Euskadi pasa de 459 a 457. Con unas condiciones socioeconómicas equivalentes, por tanto, el País Vasco no recorta la distancia respecto a España ni a Europa, sino que pierde la pequeña ventaja que le proporciona su entorno.

 

El documento no atribuye esa diferencia a una política concreta ni permite medir de forma aislada el efecto de las sucesivas reformas educativas. Sí afirma, sin embargo, que cuando el nivel socioeconómico no basta para explicar las puntuaciones deben considerarse otros factores: la organización escolar, las prácticas de enseñanza, el funcionamiento de los centros, el aprovechamiento del tiempo lectivo, la calidad del apoyo docente y las políticas educativas.

 

Euskadi presenta el menor rango intercuartil de España en ciencias: 121 puntos. El indicador mide la distancia entre el grupo que se encuentra en la parte superior de la distribución y el situado en la inferior. Cuanto menor es esa distancia, más homogéneos son los resultados.

 

El País Vasco se sitúa así por delante de Castilla-La Mancha, con 123 puntos, y de Cantabria y Madrid, con 124. También muestra una dispersión muy inferior a la de la OCDE y la Unión Europea. Desde la perspectiva empleada por el informe, se trata de un sistema educativo especialmente equitativo.

 

El problema surge al combinar equidad y rendimiento. Madrid y Cantabria consiguen una dispersión reducida con puntuaciones altas. El País Vasco presenta una dispersión todavía menor, pero con una media de solo 459 puntos. La igualdad interna no garantiza por sí misma la calidad del sistema. También puede existir homogeneidad cuando pocos estudiantes alcanzan los niveles superiores y la mayoría permanece concentrada en posiciones intermedias o bajas.

 

Esa es la paradoja central que revela PISA: Euskadi consigue limitar las diferencias entre alumnos, pero no logra elevar suficientemente sus competencias. El sistema parece más eficaz para igualar que para impulsar.

 

El nivel socioeconómico explica solamente el 6,2% de las diferencias de rendimiento en ciencias dentro del País Vasco, una de las proporciones más reducidas de España. Galicia registra un 5,6% y Canarias un 5,9%. El dato vuelve a ser favorable desde la perspectiva de la equidad, pero confirma que las bajas puntuaciones vascas no pueden imputarse principalmente a la pobreza o a una distribución desigual de los recursos familiares.

 

PISA desmonta también una segunda explicación posible. El País Vasco posee la tasa de absentismo más baja de España. Solo el 22,7% de sus estudiantes declaró haber faltado al menos a una clase o a un día completo de colegio durante las dos semanas anteriores a la prueba.

 

La cifra resulta muy inferior al 48,7% registrado en el conjunto de España, al 33,9% de la OCDE y al 38,5% de la Unión Europea. Navarra, con un 34,7%, y Galicia, con un 38,9%, ocupan las posiciones siguientes, pero se encuentran a considerable distancia del dato vasco.

 

La asistencia regular constituye, por tanto, una fortaleza del sistema de Euskadi. No obstante, PISA encuentra una diferencia muy marcada entre los estudiantes vascos favorecidos y los desfavorecidos. Entre los primeros, el absentismo afecta al 16,2%; entre los segundos, al 33,7%. La tasa de los alumnos con menos recursos duplica prácticamente la de quienes cuentan con un entorno más acomodado.

 

Además, cuando un estudiante vasco falta a clase, la penalización académica es muy importante. El alumnado que declaró alguna ausencia obtuvo 31 puntos menos en ciencias que el que asistió regularmente, una de las mayores diferencias de España junto a Baleares, Aragón y Asturias. El absentismo es poco frecuente en Euskadi, pero aparece fuertemente relacionado con un peor rendimiento entre quienes incurren en él.

 

En cualquier caso, su reducida incidencia impide presentarlo como explicación general de las malas puntuaciones vascas. Los alumnos asisten a clase con mayor regularidad que en casi cualquier otro territorio y, pese a ello, obtienen resultados inferiores.

 

Los cuestionarios de contexto introducen otro elemento significativo. El País Vasco es la comunidad con el índice más bajo de curiosidad hacia el aprendizaje científico y la única que registra un valor negativo, de -0,11 puntos. Canarias, Extremadura y Murcia aparecen en el extremo contrario.

 

El dato mide la disposición del alumnado a interesarse por fenómenos nuevos, formular preguntas, buscar explicaciones y ampliar sus conocimientos. No equivale a una calificación académica, pero mantiene una relación muy estrecha con el rendimiento.

 

De hecho, esa asociación es más intensa en Euskadi que en cualquier otra comunidad. Por cada punto adicional en el índice de curiosidad, el rendimiento científico aumenta 32 puntos. Después de descontar el nivel socioeconómico del estudiante y del centro, la relación sigue siendo de 30 puntos, la mayor de España.

 

La combinación resulta reveladora: los alumnos vascos presentan la curiosidad científica más baja, pero allí donde existe esa curiosidad su influencia sobre los resultados es especialmente elevada. El informe no demuestra que la falta de curiosidad cause por sí sola las puntuaciones, aunque muestra que ambas variables están estrechamente relacionadas.

 

Algo semejante ocurre con la perseverancia. En el País Vasco, el incremento de una unidad en este índice está asociado con 21 puntos más en ciencias y con 19 después de descontar el nivel socioeconómico. También se trata de la relación más intensa entre todas las comunidades autónomas.

 

El disfrute de las ciencias obtiene igualmente un valor bajo, de -0,11, claramente inferior a la OCDE y la Unión Europea. La distancia académica entre el alumnado vasco que más disfruta de estas materias y el que menos alcanza los 90 puntos, la mayor de España. Incluso después de considerar las diferencias socioeconómicas, el disfrute conserva una asociación de 25 puntos con el rendimiento científico.

 

Los datos sugieren que en Euskadi las actitudes personales hacia el aprendizaje —curiosidad, perseverancia, interés y disfrute— poseen un peso particularmente importante. Al mismo tiempo, varios de esos indicadores se encuentran entre los más bajos del país.

 

Uno de los datos más llamativos del informe se refiere al uso de dispositivos electrónicos. El 42,3% de los estudiantes vascos considera que las distracciones digitales son frecuentes durante las clases de ciencias. Es el porcentaje más elevado de España y supera ampliamente las medias nacional, europea y de la OCDE.

 

Murcia ocupa la segunda posición, con un 33,8%, seguida de Canarias, con un 32,5%, y de Melilla y la Comunidad Valenciana, ambas con un 32,4%. El País Vasco se encuentra unos nueve puntos por encima del siguiente territorio.

 

PISA pregunta a los estudiantes con qué frecuencia pierden la atención debido al uso de recursos digitales propios o de sus compañeros. El indicador no permite determinar qué dispositivos generan las interrupciones, si estos pertenecen a los estudiantes o a los centros, ni distinguir automáticamente entre un empleo educativo ineficaz y un uso ajeno a la enseñanza. Pero sí mide la percepción de que las pantallas interfieren en el desarrollo normal de las clases.

 

En Euskadi, además, la relación entre distracción digital y rendimiento se intensifica ligeramente después de descontar las condiciones socioeconómicas. Esto significa que el problema no queda explicado por la composición social del alumnado.

 

El dato introduce una cuestión especialmente relevante en un sistema que ha realizado una fuerte apuesta por la digitalización educativa. PISA no cuestiona el uso pedagógico de la tecnología, pero advierte de que disponer de más herramientas digitales no garantiza por sí solo un mejor aprendizaje. Cuando los dispositivos fragmentan la atención, multiplican las interrupciones o sustituyen actividades que requieren concentración sostenida, pueden convertirse en parte del problema.

 

Los estudiantes vascos expresan también una valoración poco favorable del apoyo recibido por parte de sus profesores. El País Vasco registra un índice de -0,14 puntos, el más bajo de España. Galicia, con -0,08, y Madrid, con -0,05, son las otras comunidades con valores negativos.

 

El indicador recoge la percepción del alumnado sobre cuestiones como la disponibilidad del profesor para ayudar, su capacidad para explicar hasta que los estudiantes comprenden la materia y la atención que presta a sus dificultades. Paradójicamente, la relación entre ese apoyo y el rendimiento es especialmente intensa en Euskadi: después de descontar el nivel socioeconómico, una unidad adicional en el índice se asocia con nueve puntos más en ciencias, el efecto más elevado entre las comunidades autónomas.

 

No significa que los profesores vascos presten necesariamente menos apoyo que los de otros lugares, puesto que PISA mide la percepción declarada por el alumnado y no una observación directa de las prácticas docentes. Pero el dato revela que los estudiantes lo sienten en menor medida y que esa percepción aparece relacionada con sus resultados.

 

El clima escolar ofrece una imagen semejante. Euskadi y Melilla registran el índice más negativo de España, con -0,22 puntos. Los alumnos vascos, especialmente los chicos, describen un ambiente menos favorable que el observado en otros territorios. Entre ellos, el índice cae hasta -0,33, frente al -0,10 de las chicas.

 

Una mejora de una unidad en la percepción del clima escolar se asocia en el País Vasco con 18 puntos más en ciencias, después de descontar el nivel socioeconómico. La relación supera la media española, situada en 14 puntos, y las de la OCDE y la Unión Europea, de diez y once respectivamente.

 

De nuevo aparece el mismo patrón: Euskadi presenta valores bajos en varios factores relacionados con el aprendizaje, mientras la influencia de esos factores sobre el rendimiento es comparativamente elevada.

 

La implicación familiar mantiene en el País Vasco una de las relaciones más fuertes con los resultados académicos. Una vez neutralizado el nivel socioeconómico, cada unidad adicional en el índice de apoyo familiar se asocia con 15 puntos más en ciencias, la cifra más alta de todas las comunidades y muy superior a los seis puntos del conjunto de España.

 

El indicador mide la frecuencia con la que los padres preguntan a sus hijos qué han hecho en clase, se interesan por lo que están aprendiendo, hablan con ellos sobre sus problemas escolares o conversan acerca de su futuro educativo. No se refiere únicamente a ayudar con los deberes, sino a mantener una comunicación cotidiana sobre la escuela.

 

PISA detecta en toda España un descenso del apoyo familiar percibido entre 2022 y 2025. En el País Vasco, la fuerza de su asociación con los resultados sugiere que cualquier debilitamiento de esas conversaciones puede tener un efecto particularmente relevante.

 

El documento tampoco encuentra una explicación sencilla relacionada con la falta de exposición a materias científicas. Solo el 15% del alumnado vasco declaró no estar recibiendo clases de ciencias durante el curso en el que realizó la prueba. Es el porcentaje más bajo de España y queda muy lejos del 36,6% de Andalucía, el 34,5% de Canarias o el 31,5% de Madrid. A pesar de cursar ciencias en una proporción mayor, los alumnos vascos obtienen resultados sensiblemente inferiores.

 

El Informe PISA 2025 no permite responsabilizar de los resultados a un único elemento. No demuestra que la digitalización, el clima escolar, las prácticas docentes, el modelo lingüístico, los currículos, la organización de los centros o la política educativa expliquen por separado el retroceso vasco. Tampoco evalúa directamente conocimientos específicos de historia, lengua, física o matemáticas conforme a los programas autonómicos. Mide la capacidad de los estudiantes para utilizar lo aprendido ante problemas nuevos.

 

Pero la acumulación de evidencias resulta difícil de soslayar. Euskadi se encuentra casi al final de la clasificación autonómica en ciencias, presenta una profunda debilidad lectora y no destaca en matemáticas. Todo ello sucede en un territorio con elevado nivel socioeconómico, una inversión educativa importante, muy poco absentismo, escasa desigualdad interna y una alta proporción de alumnos que cursan asignaturas científicas.

 

Las variables actitudinales y escolares ofrecen algunas pistas: menor curiosidad, poco disfrute de las ciencias, una percepción desfavorable del apoyo docente, un clima escolar negativo y la mayor incidencia de distracciones digitales de España. Son asociaciones, no pruebas definitivas de causalidad, pero señalan los ámbitos en los que una investigación más profunda debería buscar respuestas.

 

PISA muestra, en definitiva, que el País Vasco ha conseguido construir un sistema bastante igualitario, pero no uno capaz de transformar sus ventajas sociales y económicas en un rendimiento educativo equivalente. Sus estudiantes faltan poco a clase y se encuentran separados por brechas menores que las de otros territorios. El problema es lo que ocurre durante las horas en las que están dentro del aula y el nivel de conocimientos y competencias con el que salen de ella.

Portada

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.