La Torre Eiffel apartó a varias trabajadoras durante la visita de una delegación hindú
Los empleados paralizaron la actividad del monumento después de que varias mujeres fueran retiradas de sus puestos para limitar su contacto con un grupo religioso. La empresa gestora reconoce ahora, tras el escándalo suscitado, que nunca debió aceptar esas condiciones
![[Img #31114]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/09_2026/7202_screenshot-2026-09-08-at-16-02-28-tour-eiffel-buscar-con-google.png)
La Torre Eiffel permaneció cerrada al público durante la jornada del lunes 7 de septiembre debido a la protesta de sus trabajadores, indignados por el trato dispensado a varias empleadas durante la visita privada de una delegación religiosa hindú. Según denunciaron los representantes sindicales, algunas mujeres fueron obligadas a abandonar temporalmente sus puestos, sustituidas por compañeros varones y apartadas de determinadas zonas del monumento para evitar que coincidieran con los visitantes.
El incidente se produjo el sábado, cuando alrededor de un centenar de integrantes de la organización Bochasanwasi Akshar Purushottam Swaminarayan Sanstha (BAPS) recorrieron la Torre Eiffel. El grupo, una de las principales organizaciones internacionales vinculadas al movimiento Swaminarayan, se encontraba en Francia con motivo de la inauguración de su primer gran templo en el país, levantado en Bussy-Saint-Georges, al este de París.
La delegación había solicitado que la visita se organizara de manera que sus miembros mantuvieran un contacto limitado con mujeres. Los monjes de esta confesión religiosa observan unas estrictas normas de celibato que les impiden hablar, tocar o relacionarse directamente con ellas. La petición, sin embargo, no quedó circunscrita al comportamiento de los religiosos, sino que terminó afectando a la organización del trabajo dentro del monumento.
De acuerdo con el sindicato Confederación General del Trabajo (CGT), varias empleadas recibieron instrucciones para abandonar los lugares en los que desarrollaban habitualmente su actividad y trasladarse a otras dependencias. En ciertos puestos fueron reemplazadas por hombres, mientras que al conjunto de las trabajadoras se les habría indicado que no atravesaran determinadas zonas mientras permaneciera allí la delegación.
Los representantes de los empleados calificaron lo sucedido como una forma de discriminación por razón de sexo que había convertido a las trabajadoras en personas invisibles dentro de su propio lugar de trabajo. Diane Davoine, representante sindical, explicó que las afectadas se sintieron humilladas tanto por la medida como por la facilidad con la que la dirección había aceptado las exigencias de los visitantes.
El malestar fue creciendo a lo largo del fin de semana. El lunes por la mañana, los trabajadores se reunieron para exigir explicaciones a la dirección y garantías de que una situación semejante no volvería a repetirse. La protesta obligó a suspender la apertura de la Torre Eiffel, uno de los monumentos más visitados del mundo, que recibe anualmente a cerca de siete millones de personas.
La Société d’Exploitation de la Tour Eiffel (SETE), responsable de la gestión del recinto y controlada casi en su totalidad por el Ayuntamiento de París, reconoció que la delegación había solicitado limitar sus «interacciones con mujeres». La entidad admitió asimismo que esas condiciones nunca debieron ser aceptadas porque contradecían tanto los valores de la empresa como los principios de igualdad entre hombres y mujeres y de neutralidad que deben presidir la organización de las visitas.
El presidente de la SETE, Ariel Weil, consideró «claramente inaceptable» lo ocurrido y reiteró el compromiso del monumento con los valores republicanos franceses. La dirección pidió disculpas a los trabajadores y abrió un proceso interno para determinar cómo pudo autorizarse una medida de estas características.
Por su parte, BAPS negó que pretendiera discriminar a las empleadas. La organización explicó que la visita se programó a primera hora para reducir las molestias al resto del público debido al tamaño de la delegación. También aseguró que, según la información de la que disponía, nadie había sido privado del acceso a la Torre Eiffel. No obstante, pidió disculpas por el daño o las molestias que hubiera podido ocasionar el episodio y afirmó estar comprometida con los valores universales de respeto mutuo y servicio a los demás.
El suceso provocó una inmediata controversia política en Francia. El alcalde de París, Emmanuel Grégoire, consideró legítima la indignación de los trabajadores y anunció una investigación para esclarecer las circunstancias en las que se organizó la visita. «La igualdad entre mujeres y hombres no se detendrá nunca al pie de nuestros monumentos históricos», afirmó el regidor, quien subrayó que ese principio debe respetarse en toda la ciudad y sin excepciones.
La presidenta de la Asamblea Nacional, Yaël Braun-Pivet, también recordó que en Francia las mujeres deben poder ser vistas, escuchadas y respetadas en todos los espacios. Desde la derecha, Marine Le Pen y Eric Zemmour sostuvieron que el país no puede aceptar que la presencia femenina sea limitada por exigencias religiosas o culturales.
BAPS es una organización hindú internacional con presencia en numerosos países y grandes templos en ciudades como Londres, Los Ángeles y Sídney. Su doctrina exige a los monjes una separación estricta respecto de las mujeres como parte de su disciplina espiritual. La polémica surgida en París no cuestiona formalmente esa práctica interna, sino la decisión de trasladarla a las condiciones laborales de las empleadas de un monumento público francés.
La Torre Eiffel recuperó su actividad normal durante la mañana del martes, después de que la dirección se comprometiera ante los trabajadores a esclarecer lo sucedido y evitar que las creencias o normas de una delegación visitante vuelvan a determinar qué empleados pueden permanecer visibles en sus puestos de trabajo.
Los empleados paralizaron la actividad del monumento después de que varias mujeres fueran retiradas de sus puestos para limitar su contacto con un grupo religioso. La empresa gestora reconoce ahora, tras el escándalo suscitado, que nunca debió aceptar esas condiciones
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La Torre Eiffel permaneció cerrada al público durante la jornada del lunes 7 de septiembre debido a la protesta de sus trabajadores, indignados por el trato dispensado a varias empleadas durante la visita privada de una delegación religiosa hindú. Según denunciaron los representantes sindicales, algunas mujeres fueron obligadas a abandonar temporalmente sus puestos, sustituidas por compañeros varones y apartadas de determinadas zonas del monumento para evitar que coincidieran con los visitantes.
El incidente se produjo el sábado, cuando alrededor de un centenar de integrantes de la organización Bochasanwasi Akshar Purushottam Swaminarayan Sanstha (BAPS) recorrieron la Torre Eiffel. El grupo, una de las principales organizaciones internacionales vinculadas al movimiento Swaminarayan, se encontraba en Francia con motivo de la inauguración de su primer gran templo en el país, levantado en Bussy-Saint-Georges, al este de París.
La delegación había solicitado que la visita se organizara de manera que sus miembros mantuvieran un contacto limitado con mujeres. Los monjes de esta confesión religiosa observan unas estrictas normas de celibato que les impiden hablar, tocar o relacionarse directamente con ellas. La petición, sin embargo, no quedó circunscrita al comportamiento de los religiosos, sino que terminó afectando a la organización del trabajo dentro del monumento.
De acuerdo con el sindicato Confederación General del Trabajo (CGT), varias empleadas recibieron instrucciones para abandonar los lugares en los que desarrollaban habitualmente su actividad y trasladarse a otras dependencias. En ciertos puestos fueron reemplazadas por hombres, mientras que al conjunto de las trabajadoras se les habría indicado que no atravesaran determinadas zonas mientras permaneciera allí la delegación.
Los representantes de los empleados calificaron lo sucedido como una forma de discriminación por razón de sexo que había convertido a las trabajadoras en personas invisibles dentro de su propio lugar de trabajo. Diane Davoine, representante sindical, explicó que las afectadas se sintieron humilladas tanto por la medida como por la facilidad con la que la dirección había aceptado las exigencias de los visitantes.
El malestar fue creciendo a lo largo del fin de semana. El lunes por la mañana, los trabajadores se reunieron para exigir explicaciones a la dirección y garantías de que una situación semejante no volvería a repetirse. La protesta obligó a suspender la apertura de la Torre Eiffel, uno de los monumentos más visitados del mundo, que recibe anualmente a cerca de siete millones de personas.
La Société d’Exploitation de la Tour Eiffel (SETE), responsable de la gestión del recinto y controlada casi en su totalidad por el Ayuntamiento de París, reconoció que la delegación había solicitado limitar sus «interacciones con mujeres». La entidad admitió asimismo que esas condiciones nunca debieron ser aceptadas porque contradecían tanto los valores de la empresa como los principios de igualdad entre hombres y mujeres y de neutralidad que deben presidir la organización de las visitas.
El presidente de la SETE, Ariel Weil, consideró «claramente inaceptable» lo ocurrido y reiteró el compromiso del monumento con los valores republicanos franceses. La dirección pidió disculpas a los trabajadores y abrió un proceso interno para determinar cómo pudo autorizarse una medida de estas características.
Por su parte, BAPS negó que pretendiera discriminar a las empleadas. La organización explicó que la visita se programó a primera hora para reducir las molestias al resto del público debido al tamaño de la delegación. También aseguró que, según la información de la que disponía, nadie había sido privado del acceso a la Torre Eiffel. No obstante, pidió disculpas por el daño o las molestias que hubiera podido ocasionar el episodio y afirmó estar comprometida con los valores universales de respeto mutuo y servicio a los demás.
El suceso provocó una inmediata controversia política en Francia. El alcalde de París, Emmanuel Grégoire, consideró legítima la indignación de los trabajadores y anunció una investigación para esclarecer las circunstancias en las que se organizó la visita. «La igualdad entre mujeres y hombres no se detendrá nunca al pie de nuestros monumentos históricos», afirmó el regidor, quien subrayó que ese principio debe respetarse en toda la ciudad y sin excepciones.
La presidenta de la Asamblea Nacional, Yaël Braun-Pivet, también recordó que en Francia las mujeres deben poder ser vistas, escuchadas y respetadas en todos los espacios. Desde la derecha, Marine Le Pen y Eric Zemmour sostuvieron que el país no puede aceptar que la presencia femenina sea limitada por exigencias religiosas o culturales.
BAPS es una organización hindú internacional con presencia en numerosos países y grandes templos en ciudades como Londres, Los Ángeles y Sídney. Su doctrina exige a los monjes una separación estricta respecto de las mujeres como parte de su disciplina espiritual. La polémica surgida en París no cuestiona formalmente esa práctica interna, sino la decisión de trasladarla a las condiciones laborales de las empleadas de un monumento público francés.
La Torre Eiffel recuperó su actividad normal durante la mañana del martes, después de que la dirección se comprometiera ante los trabajadores a esclarecer lo sucedido y evitar que las creencias o normas de una delegación visitante vuelvan a determinar qué empleados pueden permanecer visibles en sus puestos de trabajo.












