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Jueves, 17 de Septiembre de 2026 Tiempo de lectura:
Septiembre 2025

Un dosier de Defensa alertó hace varios meses de que Ceuta y Melilla están expuestas a entradas masivas de invasores utilizados como «arma de presión»

El estudio advertía de que España depende de la voluntad política de Marruecos para proteger sus fronteras africanas y recordaba que más de 8.000 personas entraron en Ceuta en apenas 36 horas durante la crisis de mayo de 2021

 

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Ceuta y Melilla no se enfrentan únicamente a un problema migratorio. En determinadas circunstancias, las dos ciudades españolas del norte de África pueden convertirse en el escenario de una operación de presión política cuidadosamente dirigida desde el exterior, ejecutada sin soldados, sin declaración de guerra y sin necesidad de disparar un solo tiro. Basta con que Marruecos retire durante unas horas a sus fuerzas de seguridad, relaje deliberadamente la vigilancia de la frontera y permita que miles de personas acumuladas en sus inmediaciones avancen hacia territorio español. El resultado puede adquirir, en cuestión de minutos, las dimensiones de una auténtica invasión humana.

 

Esta es una de las conclusiones más inquietantes que se desprendían de Descifrando África: claves para la seguridad y defensa del mañana, un extenso volumen de 584 páginas publicado por el Ministerio de Defensa y elaborado a partir de las ponencias y comunicaciones presentadas durante el XXXII Curso Internacional de Defensa, organizado en Jaca por la Cátedra Miguel de Cervantes de la Academia General Militar. El dosier, publicado en septiembre de 2025 y ninguneado por el Gobierno extremaizquierdista de Pedro Sánchez, analizaba la explosión demográfica africana, las rutas de inmigración irregular hacia España, las redes criminales que controlan esos itinerarios y, sobre todo, la utilización de los movimientos migratorios como instrumento de coerción geopolítica.

 

El documento no constituía, en todos sus extremos, una posición oficial del Gobierno o de las Fuerzas Armadas. Junto a las intervenciones de altos responsables militares y policiales, recogía investigaciones académicas firmadas por profesores, especialistas y estudiantes universitarios. Sin embargo, la selección de los trabajos y su publicación por Defensa ofrecen una visión especialmente reveladora de los riesgos estudiados dentro de los ámbitos estratégicos españoles.

 

La frontera española depende de Rabat

 

Uno de los datos más significativos del trabajo aparecía en el capítulo firmado por el teniente general de la Guardia Civil Manuel Navarrete Paniagua, jefe del Mando de Fronteras y Policía Marítima. Según su análisis, alrededor del 90% de los intentos de entrada en Ceuta y Melilla son actualmente frustrados por las fuerzas de seguridad marroquíes antes de que los inmigrantes alcancen las vallas españolas... La cifra demuestra, según el analista, la eficacia de la cooperación bilateral, pero también expone "la enorme dependencia española". La seguridad de las dos ciudades autónomas no descansa exclusivamente en los dispositivos de la Guardia Civil, la Policía Nacional o las Fuerzas Armadas, sino en la voluntad de un Estado extranjero que continúa sin reconocer la soberanía española sobre Ceuta y Melilla.

 

El propio teniente general señalaba que la presión migratoria en las ciudades ha disminuido gracias a la cooperación con Marruecos y a la modernización de las infraestructuras fronterizas. Sin embargo, introducía inmediatamente una advertencia que, vista desde hoy, parece una premonición: «Cualquier relajación en los controles puede traducirse en un repunte inmediato de los intentos de entrada».

 

Esa frase resumía la vulnerabilidad esencial de la frontera sur española. Si Marruecos controla nueve de cada diez intentos antes de que lleguen a las vallas, también posee la capacidad material de dejar de controlarlos. La contención de los flujos depende, por tanto, de una decisión política adoptada en Rabat.

 

En el dosier la crisis de Ceuta de mayo de 2021 aparecía repetidamente como el ejemplo más claro de lo que puede suceder cuando esa colaboración desaparece. Tras la entrada en España del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, para recibir tratamiento médico, las autoridades marroquíes relajaron los controles fronterizos y permitieron que más de 8.000 personas alcanzaran Ceuta en aproximadamente 36 horas. Otro de los estudios incluidos en el volumen eleva el periodo analizado a 48 horas y cifra en más de 1.500 los menores no acompañados que participaron en aquella entrada.

 

No se trató, según los investigadores, de un movimiento espontáneo. La comunicación titulada La inmigración irregular como arma de presión, firmada por Juan Manuel León Larios, de la Universidad de Granada, sostiene que Rabat instrumentalizó explícitamente el control migratorio para convertirlo en un mecanismo de coerción diplomática. El movimiento de miles de personas habría sido utilizado como represalia por una decisión del Gobierno español relacionada con el Sáhara Occidental. Cinco años después, Marruecos volvería a hacer lo mismo alentando la actual invasión  de Ceuta.

 

Otro estudio, elaborado por J. Luigi M. Kunz Saponaro, de la Universidad Carlos III de Madrid, iba todavía más lejos. Definía la utilización deliberada de los inmigrantes para presionar a un país vecino como un acto de «weaponization» o conversión de los flujos migratorios en un arma híbrida. "Este procedimiento permite provocar un grave impacto político, policial, humanitario y mediático sin recurrir a una confrontación militar abierta".

 

La crisis de 2021 demostró además que las entradas masivas obligan a España a movilizar precipitadamente recursos policiales y militares hacia las dos ciudades, dejando potencialmente desatendidos otros ámbitos de la seguridad nacional. Al mismo tiempo, generan divisiones políticas internas, saturan los servicios de acogida y ponen a prueba la capacidad de la Unión Europea para proteger sus propias fronteras exteriores.

 

El dosier situaba estos acontecimientos dentro de las denominadas amenazas híbridas: acciones hostiles que persiguen objetivos estratégicos mediante instrumentos económicos, energéticos, informativos o migratorios, sin alcanzar el umbral de una guerra convencional. La migración, en este contexto, deja de ser solamente el movimiento de personas que huyen de la pobreza, la violencia o la falta de oportunidades y se transforma en una palanca manejada por Estados, organizaciones criminales y otros actores interesados en desestabilizar a Europa.

 

«Las rutas migratorias que convergen en territorio español han demostrado ser en distintos momentos espacios operativos de presión diplomática, manipulación táctica y negociación asimétrica», concluía la investigación de León Larios. Entre los ejemplos mencionaba la crisis de Ceuta, la relajación de los controles marítimos argelinos después del cambio de posición de España sobre el Sáhara y el uso condicionado de los acuerdos de retorno por distintos países africanos.

 

Las fronteras terrestres de Ceuta y Melilla presentan una vulnerabilidad particular. Los estudios recogidos por Defensa aseguraban que algunos intentos colectivos no son movimientos desordenados, sino operaciones planificadas en las que centenares de personas actuaban simultáneamente, emplean herramientas y escaleras artesanales y mantienen una coordinación efectiva para desbordar a los agentes.

 

"Las vallas conservan una importante capacidad de disuasión, pero no garantizan por sí solas la protección de las ciudades. Cada mejora introducida en los perímetros fronterizos ha sido respondida con nuevos procedimientos para superarlos, lo que ha provocado una carrera permanente entre las autoridades españolas y las organizaciones que dirigen los flujos". "En determinadas ocasiones", añade el documento, "grupos suficientemente numerosos pueden desbordar las barreras físicas con independencia de las mejoras técnicas realizadas".

 

El volumen publicado por Defensa incorporaba también un trabajo titulado Marruecos cuestiona nuestra soberanía: nuestros territorios de África en peligro constante, firmado por Marina Arnau Segura y David Espinosa Pérez, de la Universidad de Zaragoza. Sus autores relacionaba la presión migratoria con las reclamaciones territoriales marroquíes sobre Ceuta, Melilla, las plazas de soberanía e incluso las aguas próximas a Canarias.

 

La investigación recordaba que Marruecos ha incluido las ciudades españolas en mapas oficiales, las ha calificado en distintas ocasiones como territorios ocupados y ha permitido la actividad de organizaciones que reclaman su incorporación al reino alauí. También recoge informaciones sobre una supuesta estrategia denominada «Marruecos 2030», atribuida inicialmente al rey Hasán II, que habría contemplado una entrada «masiva, simultánea y pacífica» en Ceuta, Melilla y Canarias.

 

Esa supuesta operación, cuya existencia no ha sido acreditada mediante documentación oficial marroquí y debe considerarse una hipótesis recogida por los autores, habría previsto la entrada de alrededor de 20.000 personas por tierra y por mar en las dos ciudades autónomas. Los investigadores consideraba improbable una ofensiva militar convencional, pero creían más verosímil una táctica semejante a la Marcha Verde de 1975, ejecutada esta vez mediante población civil e inmigración instrumentalizada. Acertaron de pleno, aunque el Gobierno socialista no escuchó.

 

Según el trabajo avalado por Defensa, el problema adquiere una dimensión todavía mayor cuando se incorpora la evolución demográfica del continente africano. El teniente general Navarrete adviertía de que África concentrará en 2050 aproximadamente el 25% de la población activa mundial y de que algunas regiones pueden experimentar un crecimiento demográfico del 180%. Si esa inmensa población joven no encuentra empleo, estabilidad y oportunidades en sus países, la presión sobre las rutas que conducen hacia Europa seguirá aumentando.

 

Los movimientos no parten de un único territorio. Las redes trasladan hacia el norte a personas procedentes del Sahel, África occidental, el golfo de Guinea y otras regiones castigadas por la pobreza, los golpes de Estado, el terrorismo yihadista, el deterioro climático o la desaparición de las economías tradicionales. Mali, Burkina Faso, Níger, Nigeria, Senegal, Gambia, Mauritania, Guinea, Costa de Marfil, Argelia y Marruecos aparecen como lugares de origen, tránsito, concentración o salida.

 

El documento también planteaba, aunque expresamente como una hipótesis estratégica y no como un hecho probado, que potencias como Rusia o Irán podrían aprovechar su creciente presencia en África occidental para desestabilizar los sistemas fronterizos y fomentar movimientos artificiales de población hacia Europa. La Ruta Atlántica y las vías terrestres que terminan en Ceuta y Melilla se convertirían así en escenarios secundarios de una competición internacional mucho más amplia.

 

Frente a esta situación, los especialistas proponían que España reduzca su dependencia de Marruecos y traslade parte de su dispositivo de prevención hacia el Sahel y África occidental. Las recomendaciones incluían potenciar los servicios de inteligencia, crear sistemas de alerta temprana, perseguir a las redes que organizan las salidas, ampliar la cooperación con Mauritania, Senegal, Argelia, Mali y Níger y desplegar tecnologías de vigilancia capaces de detectar movimientos masivos antes de que alcancen las fronteras españolas.

 

También se planteaba reforzar las misiones civiles y militares europeas en África y emplear drones y otros sistemas tecnológicos para observar los principales corredores. El objetivo no sería eliminar las vallas de Ceuta y Melilla, sino impedir que estas constituyan la última y casi única línea defensiva frente a concentraciones humanas que pueden ser organizadas a cientos o miles de kilómetros de distancia.

 

El dosier de Defensa dibujaba, en definitiva, una amenaza que ya no puede ser contemplada exclusivamente desde la perspectiva policial o humanitaria. Ceuta y Melilla son la frontera terrestre entre Europa y África, pero también dos territorios españoles rodeados por un país que los reclama y que controla buena parte de los movimientos que se dirigen hacia ellos. "La cooperación con Marruecos resulta imprescindible, pero esa misma necesidad proporciona a Rabat una capacidad extraordinaria de presión".

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