En el infierno descanses, Gloria Steinem
El 2 de septiembre, a los 93 años, murió una de las principales activistas del feminismo y el aborto: Gloria Steinem.
Su vida estuvo marcada por el divorcio de sus padres y la inestabilidad en su infancia; quizá de ahí su desprecio por la familia. El aborto se convertiría en una de las causas dominantes en su carrera. Se estima que 62 millones de niños fueron abortados en USA antes de su propia muerte. Esa fue su gloria. Ella misma abortó a su único hijo en 1957, cuando la matanza de niños concebidos y aun no nacidos todavía no era legal. Según afirmó después “mi vida de feminista en activo no había comenzado hasta ese día”. Y también aseguró que nunca se sintió una mala persona después de abortar. Claro que hay seres humanos de primera –como dicen las periodistas “progres” y “tiernas” en los platós con voz dramática cuando se refieren, por ejemplo, a los que voluntariamente entraron en Ceuta– y seres humanos de segunda, como los que son carne de aborto, que no merecen la más mínima consideración y que están ahí, no voluntariamente, sino por la acción de quienes los engendraron.
Se inició como periodista y en 1968 fundo la revista New York Magazin. El centro de su periodismo fueron el feminismo y la defensa del aborto. Posteriormente se asocia con la feminista radical Betty Friedan, y otros lideres feministas para fundar la Alianza de Acción de la Mujer. Betty Friedan, sin embargo, a partir de 1981 planteará una fuerte autocrítica al feminismo de su época y reformulará sus prioridades, entre otras se desmarca del rechazo de la familia, los hijos o la maternidad.
Steinem acuñará la expresión “libertad reproductiva” que, ateniéndonos a la realidad, a llamar a las cosas por su nombre, sería “libertad para matar” al niño aun no nacido si nos molesta en la vida. O “salud reproductiva” como si sacrificar al hijo por la madre fuese saludable. Así se ha ido tejiendo una realidad ficticia para engañar a nuestras conciencias.
Las conexiones que estaban detrás de su carrera pública quizá nos hablan de una historia más compleja. Ella misma declararía en sus memorias de 2015 que había trabajado para la CIA, al tiempo que defendía su trabajo en la Agencia. Según el presentador Alex Jones una de sus misiones era romper la familia, enfrentar a las mujeres contra los hombres y conseguir que las mujeres fuesen fácilmente “controlables por el Estado”. También según Jones trabajó con Paul Ehrlich, cerebro del movimiento de despoblación global. ¿Le importaban las mujeres?
No, los movimientos a favor del aborto no eran, no son, espontáneos, sino inducidos y programados para conseguir determinados fines políticos.
En 2021, a este personaje que tanto mal hizo, al menos a aquellos seres humanos que no pudieron ver la luz gracias a su activismo, se le concedió el premio Princesa de Asturias. ¡En hora buena por ser tan políticamente correctos o tan despreciablemente correctos señores del jurado!
También acaba de morir el 11 de este mes Emma Bonino, responsable al menos de 6 millones de abortos desde 1978. Igualmente, firme defensora del derecho de las mujeres a matar al bebé que llevan en su seno. Y cómo no, también se le concedió el premio Principe de Asturias de Cooperación Internacional. Como ha dicho alguien, “Hoy el mundo está un poco mejor sin ella”.
El 2 de septiembre, a los 93 años, murió una de las principales activistas del feminismo y el aborto: Gloria Steinem.
Su vida estuvo marcada por el divorcio de sus padres y la inestabilidad en su infancia; quizá de ahí su desprecio por la familia. El aborto se convertiría en una de las causas dominantes en su carrera. Se estima que 62 millones de niños fueron abortados en USA antes de su propia muerte. Esa fue su gloria. Ella misma abortó a su único hijo en 1957, cuando la matanza de niños concebidos y aun no nacidos todavía no era legal. Según afirmó después “mi vida de feminista en activo no había comenzado hasta ese día”. Y también aseguró que nunca se sintió una mala persona después de abortar. Claro que hay seres humanos de primera –como dicen las periodistas “progres” y “tiernas” en los platós con voz dramática cuando se refieren, por ejemplo, a los que voluntariamente entraron en Ceuta– y seres humanos de segunda, como los que son carne de aborto, que no merecen la más mínima consideración y que están ahí, no voluntariamente, sino por la acción de quienes los engendraron.
Se inició como periodista y en 1968 fundo la revista New York Magazin. El centro de su periodismo fueron el feminismo y la defensa del aborto. Posteriormente se asocia con la feminista radical Betty Friedan, y otros lideres feministas para fundar la Alianza de Acción de la Mujer. Betty Friedan, sin embargo, a partir de 1981 planteará una fuerte autocrítica al feminismo de su época y reformulará sus prioridades, entre otras se desmarca del rechazo de la familia, los hijos o la maternidad.
Steinem acuñará la expresión “libertad reproductiva” que, ateniéndonos a la realidad, a llamar a las cosas por su nombre, sería “libertad para matar” al niño aun no nacido si nos molesta en la vida. O “salud reproductiva” como si sacrificar al hijo por la madre fuese saludable. Así se ha ido tejiendo una realidad ficticia para engañar a nuestras conciencias.
Las conexiones que estaban detrás de su carrera pública quizá nos hablan de una historia más compleja. Ella misma declararía en sus memorias de 2015 que había trabajado para la CIA, al tiempo que defendía su trabajo en la Agencia. Según el presentador Alex Jones una de sus misiones era romper la familia, enfrentar a las mujeres contra los hombres y conseguir que las mujeres fuesen fácilmente “controlables por el Estado”. También según Jones trabajó con Paul Ehrlich, cerebro del movimiento de despoblación global. ¿Le importaban las mujeres?
No, los movimientos a favor del aborto no eran, no son, espontáneos, sino inducidos y programados para conseguir determinados fines políticos.
En 2021, a este personaje que tanto mal hizo, al menos a aquellos seres humanos que no pudieron ver la luz gracias a su activismo, se le concedió el premio Princesa de Asturias. ¡En hora buena por ser tan políticamente correctos o tan despreciablemente correctos señores del jurado!
También acaba de morir el 11 de este mes Emma Bonino, responsable al menos de 6 millones de abortos desde 1978. Igualmente, firme defensora del derecho de las mujeres a matar al bebé que llevan en su seno. Y cómo no, también se le concedió el premio Principe de Asturias de Cooperación Internacional. Como ha dicho alguien, “Hoy el mundo está un poco mejor sin ella”.



















