Piddington y el independentismo vasco
Hemos asistido, el pasado 15 de este mes de septiembre, al caso de Piddington, ya saben, la pequeña localidad de la campiña inglesa, de 350 habitantes, situada en la comarca de Oxfordshire, que al ver cómo el gobierno británico les va a colocar 1250 inmigrantes, o sea, más del triple de los habitantes del propio Piddington, en una base militar en desuso cercana al pueblo ha decidido, entre bromas y veras, realizar un referéndum de independencia respecto del Reino Unido que se ha saldado, como estaba previsto, con una abrumadora mayoría de síes y algunos pocos noes, para que no se diga que no hubo un resultado democrático.
El episodio no va a pasar de lo anecdótico, pero ahí tienen cómo la reacción ante la inmigración provoca independentismo. Es el mismo caso que ocurrió en País Vasco y Cataluña a finales del siglo XIX y que convierte la aparición de los nacionalismos independentistas en una consecuencia provocada por el miedo y la desazón ante lo desconocido cuando se produce una invasión súbita y desaforada de población extraña.
Los elementos culturales, lingüísticos e históricos serían el socorrido justificante, pero no el desencadenante del nacionalismo. Piddington apenas tiene historia propia y diferenciada respecto de su contorno oxoniense. Y en cambio la reacción independentista se ha producido. En Galicia, con todos los elementos necesarios y suficientes para que hubiera brotado el nacionalismo (lengua propia, historia, tradición y algunos dicen que hasta raza), en cambio, al no tener la chispa provocadora de la inmigración, no ha dado lugar al independentismo.
También está el hecho de que en el caso de Piddington y en el de los independentismos vasco y catalán, los propios protagonistas buscan referencias históricas a lo que están haciendo, para no tener que reconocer que el verdadero motivo de su reacción es la presencia de unos inmigrantes que les molestan, ya que eso les convertiría en xenófobos sin remisión y afearía sus pretensiones. Piddington ha buscado su inspiración independentista en una película de 1949 titulada “Pasaporte a Pimlico”, donde los habitantes de ese barrio de Londres descubrían un documento que demostraba que pertenecían al ducado de Borgoña, y así veían legitimada históricamente su pretensión de independencia con la que librarse de los racionamientos provocados por los bombardeos alemanes de la Segunda Guerra Mundial. En ambos casos, Pimlico y Piddington, la referencia historicista les exime de tener que dar explicaciones poco presentables por su pretensión independentista. Lo mismo ocurre con los independentismos vasco y catalán, donde el recurso a sus historias respectivas y a sus supuestas independencias originarias hace desviar la atención respecto de sus verdaderas intenciones supremacistas.
Por mucho que ahora se las den de integracionistas y asimilacionistas y que recurran a la tergiversación de la historia para convertir la tradición fuerista, monárquica y españolista, en antecedente de su independentismo, los nacionalistas vascos tienen detrás una historia de supremacismo imposible de ocultar. Y lo mismo los catalanes. Se creen superiores al resto de los españoles. Y aunque lo nieguen o lo oculten con argumentos historicistas, esa es la razón originaria de su surgimiento. Nadie se quiere separar de un país al que considera superior o que le puede beneficiar, pero sí si lo considera inferior a la imagen que tiene de sí mismo, o si cree que lo puede perjudicar. La espontánea reacción de Piddington repite el mismo fenómeno social que estamos viendo en el País Vasco y en Cataluña.
También Piddington goza de una situación económica privilegiada en Gran Bretaña, o concretamente en Inglaterra. Con un alto nivel de vida y una renta per cápita muy por encima de la media inglesa o británica en general. Igual que pasa en País Vasco y Cataluña respecto del resto de España.
En Ceuta, por ejemplo, ha entrado también una cantidad ingente de inmigrantes, de manera súbita y desaforada. Muchos se han vuelto por donde entraron, pero otros muchos allí están, colapsando los servicios públicos de la ciudad, molestando a sus vecinos, impidiéndoles la vida tranquila que tenían hasta ahora. Pero a nadie de Ceuta le ha dado por el independentismo porque eso supondría quedar a merced del peligroso vecino del sur, el sultanato alauita de Mohamed VI. Para los vecinos de Ceuta, España es la garantía de su libertad. La misma España que para los independentistas vascos y catalanes es la fuente de su opresión. Pero es que Ceuta, a diferencia de Piddington o de las comunidades vasca y catalana, que gozan todas ellas de un alto nivel de vida en relación con el resto de sus compatriotas ingleses o españoles respectivamente, es una ciudad que depende exclusivamente de la ayuda española para poder mantener sus servicios y su nivel de vida.
El detalle que nos quedaría por ver en Piddington para acabar de asimilarlo por completo a los casos conocidos de País Vasco y Cataluña sería el de comprobar la evolución hipotética del proceso independentista en esa pequeña población inglesa a partir de que no les quedara más remedio, a los vecinos originarios del lugar, de tener que compartir su vida cotidiana con los inmigrantes que el gobierno les ha puesto en sus proximidades. En el País Vasco y Cataluña, los independentistas respectivos no solo pretenden separarse del resto de España, como reacción a la inmigración española que les ha llegado, sino que lo que han hecho ha sido inculcar a esa inmigración la idea de que, para que les dejen de considerar invasores, les tienen que ayudar en su proceso independentista y convertirse también ellos en independentistas. En el País Vasco y Cataluña lo han logrado y ahí tenemos los ejemplos paradigmáticos de Pradales y Esteban por parte vasca y de Pere Aragonès o de Gabriel Rufián por parte catalana.
***
Desde que eligieron a Pradales candidato a lendacari o desde que Aitor Esteban fue nombrado presidente del PNV les llevo criticando todo lo que puedo y más debido a la gran mentira en la que se ha instalado ese partido y a la gran suplantación de su identidad que han llevado a cabo eligiendo a esas dos personas para los dos puestos más importantes de la política vasca.
Y hay quien ha salido en redes sociales o en comentarios a algún artículo escrito por mí donde me reprocha que antes criticaba al partido por privilegiar los apellidos y ahora, que se ha demostrado que ese partido no tiene en cuenta los apellidos, también lo sigo criticando. Que a ver quién me entiende.
La verdad es que no salgo de mi asombro. No salgo de mi asombro ni con la existencia misma de un partido así o, mejor dicho, de una ideología así, ni con los principios de dicha ideología, por no decir con la forma en que surgió en su momento, como hemos visto en el apartado anterior.
Y no salgo de mi asombro con que al cabo de más de cien años de matraca ahora se les ocurra darle la vuelta a la tortilla y poner a dirigir al partido a personas representativas de todo lo que el fundador del partido repudió, humilló y ninguneó desde su mismo origen.
Y todavía hay quien cree, y por eso sigo sin salir de mi asombro, que esa elección de personas sin las características originarias de quienes representaban a esa ideología en su origen, es una demostración evidente de que el partido ha cambiado, que ya no es lo que era, que sus dirigentes se han dado cuenta de que el fundador cometió un error o que eso se explica porque en aquellos tiempos todo el mundo hablaba de raza y eso era lo que explicaba aquella actitud xenófoba o aparentemente xenófoba, nos quieren decir.
En fin. De lo que era esa ideología cuando surgió siempre habrá que seguir recordando que fue la única que llevó a la práctica la exclusión sistemática de todo aquel que no fuera considerado vasco por sus apellidos eusquéricos. Eso ya de entrada es un síntoma de raquitismo mental y de ignorancia histórica.
Pero lo que ya resulta completamente salido de madre es que las personas que en el origen de ese partido fueron ninguneadas, estigmatizadas, arrinconadas y apestadas, sean, por sus descendientes, las que asuman los principios ideológicos de ese partido y además lo estén dirigiendo, como vemos ahora con Pradales y Esteban.
No se trata de que el partido haya abierto sus puertas y haya acogido en su seno a quienes en un principio discriminaba e insultaba. No. Es que las personas discriminadas e insultadas, por sus descendientes aquí, han pasado a formar parte de ese partido y a dirigirlo incluso y, por supuesto, a defender los mismos objetivos que ese partido defendía en su origen: la independencia del País Vasco respecto de España y que todo el mundo aquí hable eusquera y en ningún caso castellano o español.
Los mismos objetivos que defendía el partido que menospreciaba a los antepasados de sus actuales dirigentes, son ahora proclamados y defendidos por estos. ¿Cabe concebir algo más sofisticadamente perverso?
Porque si me dijeras que el partido ha cambiado, que ahora no odia a España, que ahora no quiere lo peor para ese país, pues todavía. Pero el partido no ha cambiado en nada de eso. Lo único que ha hecho ha sido seguir diciendo lo mismo que decía en su origen pero ahora por boca de las personas que en aquel principio discriminaba e insultaba, las cuales han sufrido, por eso, un proceso de abducción, de amnesia, de desconocimiento o de ignorancia aposta de lo que ese partido fue en origen y han asumido sus mismos objetivos fundacionales.
No sé si habrá en la historia un caso semejante, en su perversidad y en su disparate.
Hemos asistido, el pasado 15 de este mes de septiembre, al caso de Piddington, ya saben, la pequeña localidad de la campiña inglesa, de 350 habitantes, situada en la comarca de Oxfordshire, que al ver cómo el gobierno británico les va a colocar 1250 inmigrantes, o sea, más del triple de los habitantes del propio Piddington, en una base militar en desuso cercana al pueblo ha decidido, entre bromas y veras, realizar un referéndum de independencia respecto del Reino Unido que se ha saldado, como estaba previsto, con una abrumadora mayoría de síes y algunos pocos noes, para que no se diga que no hubo un resultado democrático.
El episodio no va a pasar de lo anecdótico, pero ahí tienen cómo la reacción ante la inmigración provoca independentismo. Es el mismo caso que ocurrió en País Vasco y Cataluña a finales del siglo XIX y que convierte la aparición de los nacionalismos independentistas en una consecuencia provocada por el miedo y la desazón ante lo desconocido cuando se produce una invasión súbita y desaforada de población extraña.
Los elementos culturales, lingüísticos e históricos serían el socorrido justificante, pero no el desencadenante del nacionalismo. Piddington apenas tiene historia propia y diferenciada respecto de su contorno oxoniense. Y en cambio la reacción independentista se ha producido. En Galicia, con todos los elementos necesarios y suficientes para que hubiera brotado el nacionalismo (lengua propia, historia, tradición y algunos dicen que hasta raza), en cambio, al no tener la chispa provocadora de la inmigración, no ha dado lugar al independentismo.
También está el hecho de que en el caso de Piddington y en el de los independentismos vasco y catalán, los propios protagonistas buscan referencias históricas a lo que están haciendo, para no tener que reconocer que el verdadero motivo de su reacción es la presencia de unos inmigrantes que les molestan, ya que eso les convertiría en xenófobos sin remisión y afearía sus pretensiones. Piddington ha buscado su inspiración independentista en una película de 1949 titulada “Pasaporte a Pimlico”, donde los habitantes de ese barrio de Londres descubrían un documento que demostraba que pertenecían al ducado de Borgoña, y así veían legitimada históricamente su pretensión de independencia con la que librarse de los racionamientos provocados por los bombardeos alemanes de la Segunda Guerra Mundial. En ambos casos, Pimlico y Piddington, la referencia historicista les exime de tener que dar explicaciones poco presentables por su pretensión independentista. Lo mismo ocurre con los independentismos vasco y catalán, donde el recurso a sus historias respectivas y a sus supuestas independencias originarias hace desviar la atención respecto de sus verdaderas intenciones supremacistas.
Por mucho que ahora se las den de integracionistas y asimilacionistas y que recurran a la tergiversación de la historia para convertir la tradición fuerista, monárquica y españolista, en antecedente de su independentismo, los nacionalistas vascos tienen detrás una historia de supremacismo imposible de ocultar. Y lo mismo los catalanes. Se creen superiores al resto de los españoles. Y aunque lo nieguen o lo oculten con argumentos historicistas, esa es la razón originaria de su surgimiento. Nadie se quiere separar de un país al que considera superior o que le puede beneficiar, pero sí si lo considera inferior a la imagen que tiene de sí mismo, o si cree que lo puede perjudicar. La espontánea reacción de Piddington repite el mismo fenómeno social que estamos viendo en el País Vasco y en Cataluña.
También Piddington goza de una situación económica privilegiada en Gran Bretaña, o concretamente en Inglaterra. Con un alto nivel de vida y una renta per cápita muy por encima de la media inglesa o británica en general. Igual que pasa en País Vasco y Cataluña respecto del resto de España.
En Ceuta, por ejemplo, ha entrado también una cantidad ingente de inmigrantes, de manera súbita y desaforada. Muchos se han vuelto por donde entraron, pero otros muchos allí están, colapsando los servicios públicos de la ciudad, molestando a sus vecinos, impidiéndoles la vida tranquila que tenían hasta ahora. Pero a nadie de Ceuta le ha dado por el independentismo porque eso supondría quedar a merced del peligroso vecino del sur, el sultanato alauita de Mohamed VI. Para los vecinos de Ceuta, España es la garantía de su libertad. La misma España que para los independentistas vascos y catalanes es la fuente de su opresión. Pero es que Ceuta, a diferencia de Piddington o de las comunidades vasca y catalana, que gozan todas ellas de un alto nivel de vida en relación con el resto de sus compatriotas ingleses o españoles respectivamente, es una ciudad que depende exclusivamente de la ayuda española para poder mantener sus servicios y su nivel de vida.
El detalle que nos quedaría por ver en Piddington para acabar de asimilarlo por completo a los casos conocidos de País Vasco y Cataluña sería el de comprobar la evolución hipotética del proceso independentista en esa pequeña población inglesa a partir de que no les quedara más remedio, a los vecinos originarios del lugar, de tener que compartir su vida cotidiana con los inmigrantes que el gobierno les ha puesto en sus proximidades. En el País Vasco y Cataluña, los independentistas respectivos no solo pretenden separarse del resto de España, como reacción a la inmigración española que les ha llegado, sino que lo que han hecho ha sido inculcar a esa inmigración la idea de que, para que les dejen de considerar invasores, les tienen que ayudar en su proceso independentista y convertirse también ellos en independentistas. En el País Vasco y Cataluña lo han logrado y ahí tenemos los ejemplos paradigmáticos de Pradales y Esteban por parte vasca y de Pere Aragonès o de Gabriel Rufián por parte catalana.
***
Desde que eligieron a Pradales candidato a lendacari o desde que Aitor Esteban fue nombrado presidente del PNV les llevo criticando todo lo que puedo y más debido a la gran mentira en la que se ha instalado ese partido y a la gran suplantación de su identidad que han llevado a cabo eligiendo a esas dos personas para los dos puestos más importantes de la política vasca.
Y hay quien ha salido en redes sociales o en comentarios a algún artículo escrito por mí donde me reprocha que antes criticaba al partido por privilegiar los apellidos y ahora, que se ha demostrado que ese partido no tiene en cuenta los apellidos, también lo sigo criticando. Que a ver quién me entiende.
La verdad es que no salgo de mi asombro. No salgo de mi asombro ni con la existencia misma de un partido así o, mejor dicho, de una ideología así, ni con los principios de dicha ideología, por no decir con la forma en que surgió en su momento, como hemos visto en el apartado anterior.
Y no salgo de mi asombro con que al cabo de más de cien años de matraca ahora se les ocurra darle la vuelta a la tortilla y poner a dirigir al partido a personas representativas de todo lo que el fundador del partido repudió, humilló y ninguneó desde su mismo origen.
Y todavía hay quien cree, y por eso sigo sin salir de mi asombro, que esa elección de personas sin las características originarias de quienes representaban a esa ideología en su origen, es una demostración evidente de que el partido ha cambiado, que ya no es lo que era, que sus dirigentes se han dado cuenta de que el fundador cometió un error o que eso se explica porque en aquellos tiempos todo el mundo hablaba de raza y eso era lo que explicaba aquella actitud xenófoba o aparentemente xenófoba, nos quieren decir.
En fin. De lo que era esa ideología cuando surgió siempre habrá que seguir recordando que fue la única que llevó a la práctica la exclusión sistemática de todo aquel que no fuera considerado vasco por sus apellidos eusquéricos. Eso ya de entrada es un síntoma de raquitismo mental y de ignorancia histórica.
Pero lo que ya resulta completamente salido de madre es que las personas que en el origen de ese partido fueron ninguneadas, estigmatizadas, arrinconadas y apestadas, sean, por sus descendientes, las que asuman los principios ideológicos de ese partido y además lo estén dirigiendo, como vemos ahora con Pradales y Esteban.
No se trata de que el partido haya abierto sus puertas y haya acogido en su seno a quienes en un principio discriminaba e insultaba. No. Es que las personas discriminadas e insultadas, por sus descendientes aquí, han pasado a formar parte de ese partido y a dirigirlo incluso y, por supuesto, a defender los mismos objetivos que ese partido defendía en su origen: la independencia del País Vasco respecto de España y que todo el mundo aquí hable eusquera y en ningún caso castellano o español.
Los mismos objetivos que defendía el partido que menospreciaba a los antepasados de sus actuales dirigentes, son ahora proclamados y defendidos por estos. ¿Cabe concebir algo más sofisticadamente perverso?
Porque si me dijeras que el partido ha cambiado, que ahora no odia a España, que ahora no quiere lo peor para ese país, pues todavía. Pero el partido no ha cambiado en nada de eso. Lo único que ha hecho ha sido seguir diciendo lo mismo que decía en su origen pero ahora por boca de las personas que en aquel principio discriminaba e insultaba, las cuales han sufrido, por eso, un proceso de abducción, de amnesia, de desconocimiento o de ignorancia aposta de lo que ese partido fue en origen y han asumido sus mismos objetivos fundacionales.
No sé si habrá en la historia un caso semejante, en su perversidad y en su disparate.




















