Acuerdo
Estados Unidos tendrá acceso militar permanente a Groenlandia, que seguirá siendo danesa
Trump anuncia un acuerdo con Dinamarca y el Gobierno de Nuuk que da a Estados Unidos acceso militar permanente a la isla, prohíbe las bases de países ajenos a la OTAN y veta las inversiones sensibles de China y Rusia. El pacto se firmará el martes en Nueva York.
![[Img #31169]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/09_2026/6052_screenshot-2026-09-19-at-11-51-01-groenlandia-youtube-buscar-con-google.png)
Donald Trump no ha comprado Groenlandia, pero ha conseguido algo que en la práctica se le parece mucho. El presidente estadounidense ha anunciado un acuerdo con Dinamarca y con el Gobierno autónomo groenlandés que, en sus palabras, da a Estados Unidos «el control permanente sobre la seguridad, y todas las demás necesidades, en Groenlandia». La isla más grande del mundo sigue bajo soberanía danesa. Lo que cambia es quién decide sobre su defensa.
Trump lo anunció en Truth Social, como suele hacer: «Por orden mía, hemos trabajado con representantes de Dinamarca y Groenlandia para garantizar que Estados Unidos tendrá SIEMPRE la plena capacidad de hacer lo necesario en Groenlandia». Añadió que ningún adversario de Washington podrá «JAMÁS» tener una base, una presencia militar o inversiones sensibles en la isla «sin nuestra aprobación expresa por escrito». También dijo que empezará «de inmediato» a desarrollar allí una «gran presencia militar».
Según un alto funcionario del Departamento de Estado citado por CBS News, el texto garantiza a Estados Unidos acceso permanente al territorio y derechos de sobrevuelo militar. Le permite además abrir más bases. Prohíbe que países de fuera de la OTAN instalen infraestructura militar en la isla y cierra la puerta a las inversiones estratégicas de China y Rusia.
La cláusula más importante mira al futuro: el acuerdo no caduca y seguiría vigente incluso si Groenlandia llegara a ser un país plenamente independiente. Es decir, el Nuuk soberano con el que sueña buena parte de sus 56.000 habitantes nacería ya con ese compromiso de defensa firmado.
El secretario de Estado, Marco Rubio, lo llamó un «acuerdo histórico» y una «enorme victoria». Según Rubio, Groenlandia «formará parte para siempre del área estratégica de defensa de Norteamérica» y el pacto resuelve «de forma permanente y completa» las preocupaciones de seguridad de su país.
Desde Copenhague y Nuuk el tono es otro. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, destacó que el acuerdo «reconoce la soberanía y la integridad territorial» del Reino y el derecho de los groenlandeses a decidir su futuro. Añadió que «refuerza nuestra seguridad común en el Ártico y el Atlántico Norte» y que por eso es bueno «para la OTAN y para Europa». Su homólogo groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, lo calificó de «satisfactorio» porque «reconoce los intereses de Groenlandia y nuestro lugar en la cooperación internacional».
Cada capital cuenta el mismo texto a su manera. Washington dice que ha ganado el control. Copenhague y Nuuk dicen que han salvado la soberanía. Las dos lecturas son compatibles, y ahí está la clave del pacto.
El anuncio cierra el capítulo más tenso entre Estados Unidos y Dinamarca en décadas. Trump quiere Groenlandia desde su primer mandato. En los últimos meses insistió en que Dinamarca se la vendiera, no descartó usar la fuerza contra un aliado de la OTAN y amenazó con aranceles a Copenhague y a los países europeos que la apoyaran. En enero retiró esa amenaza tras hablar con el secretario general de la Alianza, Mark Rutte, sobre «el marco de un futuro acuerdo». El texto anunciado ahora es el resultado de ese marco.
Estados Unidos ya tiene presencia militar en la isla desde el tratado de defensa de 1951. Su pieza central es la base espacial de Pituffik, en el noroeste, clave para la alerta temprana de misiles y la vigilancia espacial de la OTAN. El nuevo acuerdo amplía mucho ese marco: Washington pasa de tener una base a tener, sobre el papel, toda la isla a su disposición.
Para Mikkel Olesen, del Instituto Danés de Estudios Internacionales, el pacto ofrece «una salida para acabar con el pulso» y excluye la presencia militar rusa y china, algo que también preocupaba a daneses y groenlandeses. Richard Weitz, del Colegio de Defensa de la OTAN, cree que Trump «se ha conformado con menos» que la anexión, aunque ha obtenido concesiones militares importantes.
El acuerdo todavía no es definitivo. Las tres partes lo firmarán el martes en Nueva York, durante la Asamblea General de la ONU, pero después tendrán que aprobarlo el Parlamento danés y el groenlandés. Quedan además varias preguntas sin respuesta: cuántas bases se abrirán y dónde, quién las pagará, qué pasará con los minerales estratégicos de la isla y cómo se aplicará un veto a inversiones «sensibles» que nadie ha definido todavía.
Trump no ha conseguido la bandera, pero sí buena parte de lo que buscaba. Dinamarca conserva la soberanía formal sobre Groenlandia. Si el acuerdo se ratifica, Estados Unidos tendrá la última palabra sobre su defensa, y esa palabra, según el texto, no caduca.
Trump anuncia un acuerdo con Dinamarca y el Gobierno de Nuuk que da a Estados Unidos acceso militar permanente a la isla, prohíbe las bases de países ajenos a la OTAN y veta las inversiones sensibles de China y Rusia. El pacto se firmará el martes en Nueva York.
![[Img #31169]](https://latribunadelpaisvasco.com/upload/images/09_2026/6052_screenshot-2026-09-19-at-11-51-01-groenlandia-youtube-buscar-con-google.png)
Donald Trump no ha comprado Groenlandia, pero ha conseguido algo que en la práctica se le parece mucho. El presidente estadounidense ha anunciado un acuerdo con Dinamarca y con el Gobierno autónomo groenlandés que, en sus palabras, da a Estados Unidos «el control permanente sobre la seguridad, y todas las demás necesidades, en Groenlandia». La isla más grande del mundo sigue bajo soberanía danesa. Lo que cambia es quién decide sobre su defensa.
Trump lo anunció en Truth Social, como suele hacer: «Por orden mía, hemos trabajado con representantes de Dinamarca y Groenlandia para garantizar que Estados Unidos tendrá SIEMPRE la plena capacidad de hacer lo necesario en Groenlandia». Añadió que ningún adversario de Washington podrá «JAMÁS» tener una base, una presencia militar o inversiones sensibles en la isla «sin nuestra aprobación expresa por escrito». También dijo que empezará «de inmediato» a desarrollar allí una «gran presencia militar».
Según un alto funcionario del Departamento de Estado citado por CBS News, el texto garantiza a Estados Unidos acceso permanente al territorio y derechos de sobrevuelo militar. Le permite además abrir más bases. Prohíbe que países de fuera de la OTAN instalen infraestructura militar en la isla y cierra la puerta a las inversiones estratégicas de China y Rusia.
La cláusula más importante mira al futuro: el acuerdo no caduca y seguiría vigente incluso si Groenlandia llegara a ser un país plenamente independiente. Es decir, el Nuuk soberano con el que sueña buena parte de sus 56.000 habitantes nacería ya con ese compromiso de defensa firmado.
El secretario de Estado, Marco Rubio, lo llamó un «acuerdo histórico» y una «enorme victoria». Según Rubio, Groenlandia «formará parte para siempre del área estratégica de defensa de Norteamérica» y el pacto resuelve «de forma permanente y completa» las preocupaciones de seguridad de su país.
Desde Copenhague y Nuuk el tono es otro. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, destacó que el acuerdo «reconoce la soberanía y la integridad territorial» del Reino y el derecho de los groenlandeses a decidir su futuro. Añadió que «refuerza nuestra seguridad común en el Ártico y el Atlántico Norte» y que por eso es bueno «para la OTAN y para Europa». Su homólogo groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, lo calificó de «satisfactorio» porque «reconoce los intereses de Groenlandia y nuestro lugar en la cooperación internacional».
Cada capital cuenta el mismo texto a su manera. Washington dice que ha ganado el control. Copenhague y Nuuk dicen que han salvado la soberanía. Las dos lecturas son compatibles, y ahí está la clave del pacto.
El anuncio cierra el capítulo más tenso entre Estados Unidos y Dinamarca en décadas. Trump quiere Groenlandia desde su primer mandato. En los últimos meses insistió en que Dinamarca se la vendiera, no descartó usar la fuerza contra un aliado de la OTAN y amenazó con aranceles a Copenhague y a los países europeos que la apoyaran. En enero retiró esa amenaza tras hablar con el secretario general de la Alianza, Mark Rutte, sobre «el marco de un futuro acuerdo». El texto anunciado ahora es el resultado de ese marco.
Estados Unidos ya tiene presencia militar en la isla desde el tratado de defensa de 1951. Su pieza central es la base espacial de Pituffik, en el noroeste, clave para la alerta temprana de misiles y la vigilancia espacial de la OTAN. El nuevo acuerdo amplía mucho ese marco: Washington pasa de tener una base a tener, sobre el papel, toda la isla a su disposición.
Para Mikkel Olesen, del Instituto Danés de Estudios Internacionales, el pacto ofrece «una salida para acabar con el pulso» y excluye la presencia militar rusa y china, algo que también preocupaba a daneses y groenlandeses. Richard Weitz, del Colegio de Defensa de la OTAN, cree que Trump «se ha conformado con menos» que la anexión, aunque ha obtenido concesiones militares importantes.
El acuerdo todavía no es definitivo. Las tres partes lo firmarán el martes en Nueva York, durante la Asamblea General de la ONU, pero después tendrán que aprobarlo el Parlamento danés y el groenlandés. Quedan además varias preguntas sin respuesta: cuántas bases se abrirán y dónde, quién las pagará, qué pasará con los minerales estratégicos de la isla y cómo se aplicará un veto a inversiones «sensibles» que nadie ha definido todavía.
Trump no ha conseguido la bandera, pero sí buena parte de lo que buscaba. Dinamarca conserva la soberanía formal sobre Groenlandia. Si el acuerdo se ratifica, Estados Unidos tendrá la última palabra sobre su defensa, y esa palabra, según el texto, no caduca.











