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El mundo cambia de capital: las grandes ciudades del siglo XXI estarán en Asia y África

En 1950, Europa y América dominaban el mapa de las mayores concentraciones urbanas del planeta. Las proyecciones para 2100 dibujan un escenario completamente diferente: las quince ciudades más pobladas estarán situadas en Asia o África, mientras las antiguas metrópolis occidentales desaparecerán de los primeros puestos. Daca, Yakarta, Karachi, El Cairo y Nueva Delhi se convertirán en los grandes centros humanos de un planeta cada vez más urbano

 

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En 1950, cuando el mundo acababa de salir de la Segunda Guerra Mundial, Londres, Nueva York, París y Moscú todavía aparecían entre las mayores ciudades del planeta. Tokio ocupaba ya el primer puesto, con 12,6 millones de habitantes, pero la geografía urbana conservaba una apariencia relativamente equilibrada. Entre las quince mayores concentraciones de población había tres ciudades europeas —Londres, Moscú y París—, tres norteamericanas —Nueva York, Los Ángeles y Ciudad de México— y dos sudamericanas —Buenos Aires y São Paulo—. Asia estaba representada por Tokio, Osaka, Calcuta, Yakarta, Bombay y Shanghái, mientras El Cairo era la única ciudad africana de la lista.

 

Un siglo y medio después, ese mapa habrá quedado irreconocible. De acuerdo con las estimaciones recogidas por Visual Capitalist a partir de datos del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea y Our World in Data, las quince ciudades más pobladas del planeta en 2100 estarán situadas exclusivamente en Asia y África. Europa, Norteamérica y Sudamérica habrán desaparecido por completo de la clasificación. No se tratará únicamente de una alteración estadística, sino de uno de los mayores desplazamientos demográficos, económicos y geopolíticos de la historia contemporánea.

 

La transformación puede resumirse en una secuencia: durante la segunda mitad del siglo XX, el centro urbano del planeta se desplazó desde Europa y América hacia Asia; durante el siglo XXI, comenzará a avanzar también hacia África. Las ciudades que simbolizaron la modernidad industrial —Londres, París, Nueva York, Moscú o Los Ángeles— cederán el protagonismo a Daca, Yakarta, Karachi, El Cairo, Luanda o Lagos. Algunas de esas futuras megaciudades todavía arrastran graves carencias en materia de vivienda, transporte, saneamiento, suministro eléctrico o seguridad, pero reunirán poblaciones comparables a las de países enteros.

 

Tokio, la primera gran megaciudad

 

La evolución de Tokio resume como ninguna otra el auge y el posterior envejecimiento de las grandes urbes desarrolladas. En 1950 era ya la ciudad más poblada del mundo, con 12,6 millones de habitantes. En 1975 había alcanzado los 24,3 millones y en el año 2000 superaba los 30,3 millones. Las estimaciones incluidas en el gráfico la sitúan en 33,4 millones en 2025, pero a partir de ese momento comenzaría un descenso continuado: 30,7 millones en 2050, 26,6 millones en 2075 y 24,1 millones al terminar el siglo.

 

Tokio no desaparecerá, por tanto, del grupo de las mayores ciudades, pero caerá desde el primer puesto que mantuvo durante décadas hasta el noveno en 2100. Su retroceso refleja los problemas demográficos que afectan a Japón: baja natalidad, rápido envejecimiento y disminución de la población nacional. Osaka, que en 1950 era la tercera ciudad del mundo con ocho millones de habitantes y todavía figuraba en el puesto decimotercero en 2000, desaparecerá completamente de la clasificación en las décadas posteriores.

 

El caso de Nueva York es todavía más revelador. En 1950 era la segunda ciudad del planeta, con 9,3 millones de habitantes, y en 1975 conservaba el tercer puesto con 12,1 millones. En 2000 había crecido hasta los 13 millones, pero ya ocupaba la última posición entre las quince mayores urbes. A partir de entonces deja de aparecer en la lista. Londres había iniciado esa retirada mucho antes: cuarta en 1950, con 7,9 millones de personas, ya no figuraba entre las quince primeras en 1975. París resistió hasta ese año en el último puesto, con 7,4 millones, y luego siguió el mismo camino.

 

No significa que estas ciudades vayan a quedar despobladas o pierdan necesariamente su relevancia financiera, cultural y tecnológica. La clasificación expresa un descenso relativo: continuarán siendo grandes metrópolis, pero su crecimiento será mucho menor que el de las gigantescas aglomeraciones de los países todavía inmersos en procesos de expansión demográfica, migración interior y urbanización acelerada.

 

El ascenso de Daca y Yakarta

 

El relevo aparece encabezado por Daca. La capital de Bangladés ni siquiera figuraba entre las quince mayores ciudades en 1950 o 1975. En 2000 entró directamente en el noveno puesto, con 17,4 millones de habitantes. Según la serie representada en la imagen, habría alcanzado los 36,6 millones en 2025, subiría hasta 52,1 millones en 2050 y llegaría a su máximo hacia 2075, con 57,9 millones. Al terminar el siglo conservaría el primer puesto, con unos 55 millones de habitantes.

 

Daca podría reunir entonces una población superior a la que actualmente posee España. Su expansión responde tanto al crecimiento natural de Bangladés como al desplazamiento de millones de personas desde las zonas rurales hacia la capital. A ello se añade la vulnerabilidad climática de un país situado en el delta del Ganges y el Brahmaputra, donde las inundaciones, la erosión fluvial, la salinización y la elevación del nivel del mar pueden intensificar las migraciones internas.

 

La segunda gran protagonista será Yakarta. La capital indonesia ocupaba en 1950 el décimo puesto, con 3,9 millones de habitantes; subió al cuarto en 1975, con 11,7 millones, y al segundo en 2000, con 29,6 millones. El gráfico le atribuye 41,9 millones en 2025, 51,8 millones en 2050 y un máximo de 52,9 millones en 2075. Para 2100 descendería ligeramente hasta los 49,7 millones, pero seguiría siendo la segunda ciudad más poblada del planeta.

 

Estas previsiones convierten en especialmente significativa la decisión del Gobierno indonesio de trasladar la capital administrativa a Nusantara, en la isla de Borneo. Yakarta padece hundimiento del terreno, inundaciones recurrentes, contaminación, congestión y una presión enorme sobre sus servicios públicos. El cambio de capital puede descargar parte de sus funciones políticas, pero difícilmente neutralizará el peso económico y demográfico de su inmensa área metropolitana.

 

Karachi, Nueva Delhi y El Cairo completan el nuevo mapa

 

Karachi representa otro crecimiento espectacular. No aparecía entre las quince primeras ciudades hasta 2025, cuando el gráfico le asigna 21,4 millones de habitantes. En 2050 alcanzaría los 32,6 millones; en 2075, los 40,8 millones, y en 2100 se convertiría en la tercera mayor concentración urbana del mundo, con 43,7 millones. Su ascenso situaría a Pakistán, junto con Bangladés, India e Indonesia, en el corazón del sistema urbano asiático.

 

El cuarto puesto correspondería a El Cairo, con 36,7 millones de habitantes. La capital egipcia, única representante africana en la lista de 1950, es también una de las pocas ciudades que permanece en la clasificación a lo largo de todo el periodo. Tenía 3,1 millones de habitantes a mediados del siglo XX, 7,4 millones en 1975 y 15,7 millones en 2000. La estimación para 2025 asciende a 25,6 millones; en 2050 alcanzaría los 32,4 millones y continuaría creciendo hasta finales de siglo.

 

Nueva Delhi ocuparía el quinto lugar con 32 millones de habitantes, después de haber alcanzado aproximadamente 34,2 millones en 2075. La capital india constituye un caso llamativo porque las proyecciones anticipan que tocará techo antes de terminar el siglo. Algo parecido sucedería en Bombay, que pasaría de 17,8 millones en 2000 a 23,1 millones en 2075, para retroceder hasta 21,5 millones en 2100. Calcuta, una de las ciudades más importantes del mundo en 1950, también perdería población durante el último tramo del siglo.

 

India seguirá albergando varias de las mayores urbes del planeta, pero su descenso de la fecundidad y su progresivo envejecimiento pueden moderar el crecimiento de sus grandes áreas metropolitanas. El dinamismo demográfico se desplazará entonces hacia Pakistán y, sobre todo, hacia África.

 

África entra en la era de las ciudades gigantes

 

La mayor transformación de la segunda mitad del siglo XXI se producirá en el continente africano. En 1950, El Cairo era su única ciudad entre las quince mayores del mundo. En 2050 se habrá incorporado Luanda, con 20,3 millones de habitantes. En 2075, la capital angoleña habrá ascendido hasta 27,3 millones. Y en 2100, África contará con cuatro representantes: El Cairo, Luanda, Dar es Salaam y Lagos.

 

Luanda ocuparía el sexto puesto mundial al alcanzar los 30,7 millones de habitantes. Dar es Salaam, principal centro económico de Tanzania, llegaría a 20,1 millones y Lagos, en Nigeria, a 17,9 millones. Esta última cifra puede parecer relativamente moderada frente a otras proyecciones demográficas, una señal de que los resultados dependen enormemente de los límites utilizados para definir cada ciudad y de las hipótesis sobre natalidad, mortalidad y migraciones.

 

El crecimiento africano será resultado de dos procesos simultáneos: el fuerte aumento de la población del continente y su acelerada urbanización. Millones de personas abandonarán el medio rural en busca de trabajo, educación y servicios, mientras las propias ciudades mantendrán durante varias décadas poblaciones muy jóvenes y tasas de natalidad superiores a las de Asia, Europa o América. La gran incógnita es si las infraestructuras crecerán al mismo ritmo que sus habitantes.

 

El reto será extraordinario. Una ciudad de veinte, treinta o cuarenta millones de personas necesita redes de transporte masivo, millones de viviendas, suministro continuo de agua y energía, sistemas de alcantarillado, recogida de residuos, hospitales, escuelas y un mercado laboral capaz de absorber cada año a centenares de miles de jóvenes. Cuando la expansión urbana supera la capacidad institucional, aparecen asentamientos informales, congestión permanente, contaminación, economía sumergida e inseguridad. Pero esas mismas ciudades también pueden convertirse en grandes centros de producción, consumo, innovación y creatividad.

 

Europa y América salen de la clasificación

 

La desaparición de Europa y América de los quince primeros puestos no significa necesariamente decadencia absoluta. Nueva York, Londres, París, Los Ángeles, Moscú, São Paulo, Buenos Aires y Ciudad de México continuarán siendo ciudades de enorme importancia. Sin embargo, pertenecerán a regiones donde el crecimiento demográfico será limitado, nulo o incluso negativo. Su poder descansará menos en el número de habitantes que en su capacidad financiera, tecnológica, cultural e institucional.

 

São Paulo ilustra bien esta evolución. En 1950 tenía apenas 3,1 millones de habitantes; en 1975 alcanzaba los 10,5 millones y en 2000 llegaba a 16,7 millones. Para 2025, el gráfico calcula 18,9 millones, pero a partir de entonces sale de la lista. Buenos Aires había desaparecido ya después del año 2000 y Ciudad de México deja de figurar tras 2025. Las grandes ciudades latinoamericanas seguirán creciendo o mantendrán poblaciones muy numerosas, pero lo harán a menor velocidad que las asiáticas y africanas.

 

Guangzhou y Shanghái reproducirán en China un fenómeno semejante. La primera pasaría de 19 millones en 2000 a un máximo de 29,2 millones en 2050, antes de descender hasta 18,1 millones en 2100. Shanghái, que alcanzaría los 34,9 millones a mediados de siglo, terminaría con 24,7 millones. La contracción prevista responde a la fuerte caída de la natalidad china y al envejecimiento del país, factores capaces de reducir incluso la población de algunos de sus principales centros urbanos.

 

Una proyección, no una fotografía anticipada

 

Las cifras para 2050, 2075 y 2100 deben interpretarse con cautela. No son predicciones inexorables, sino proyecciones basadas en determinadas hipótesis demográficas y en una forma concreta de delimitar las ciudades. La comparación entre municipios, áreas metropolitanas y aglomeraciones urbanas produce resultados muy distintos. Una frontera administrativa puede dejar fuera barrios y localidades integrados funcionalmente en una metrópoli, mientras una definición territorial más amplia puede sumar decenas de millones de personas.

 

Esta precaución es especialmente importante porque la metodología internacional ha seguido evolucionando desde la elaboración del gráfico. La edición de 2025 de las perspectivas de urbanización de Naciones Unidas introdujo criterios más homogéneos, apoyados en la densidad de población y la continuidad territorial, y situó ya a Yakarta en torno a los 42 millones de habitantes, por delante de Daca y Tokio. La ONU calcula además que en 2025 el 45 % de la humanidad reside en ciudades y prevé que buena parte del crecimiento demográfico de las próximas décadas se concentre en áreas urbanas de Asia y África. Naciones Unidas ha advertido igualmente de que el número de megaciudades —aquellas con más de diez millones de habitantes— continuará aumentando.

 

Por tanto, el valor principal de la imagen no reside en asegurar que Daca tendrá exactamente 55 millones de habitantes en 2100 o que Karachi alcanzará precisamente los 43,7 millones. Su importancia consiste en mostrar la dirección del cambio. En apenas 150 años, el centro de gravedad de la población urbana habrá abandonado el Atlántico Norte, se habrá desplazado primero hacia Asia y comenzará a asentarse en África.

 

La ciudad que definió el siglo XIX fue Londres; Nueva York simbolizó buena parte del XX, y Tokio representó el despegue asiático de las últimas décadas. El siglo XXI, sin embargo, no tendrá una única capital indiscutible. Su paisaje estará formado por una sucesión de gigantes urbanos —Daca, Yakarta, Karachi, El Cairo, Nueva Delhi, Luanda— cuyos nombres todavía ocupan un espacio secundario en el imaginario occidental. Allí vivirán decenas de millones de personas, se concentrarán enormes mercados y se decidirá una parte creciente del futuro económico, social y político del planeta.

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