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Lunes, 21 de Septiembre de 2026 Tiempo de lectura:
Eurodiputada francesa y autora de "Le Casse du siècle" («El atraco del siglo»)

Sarah Knafo: "Soy una hija del pueblo"

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Pareja sentimental de Éric Zemmour, Sarah Knafo tiene 33 años, dejó la Cour des Comptes (máxima institución gala de auditorías financieras) por la política y es la gran figura en ascenso de la derecha francesa. Fue quien pensó en la sombra la campaña presidencial de su compañero, Éric Zemmour, y hoy es eurodiputada, vicepresidenta de Reconquête y autora del libro más vendido de la rentrée literaria en el país vecino:  "Le Casse du siècle" («El atraco del siglo»).

 

Su vida política empezó como un rumor. Se decía que era la estratega  en la sombra, la mujer que movía los hilos de la campaña de Zemmour en 2022. Nadie le ponía cara. En 2024 decidió dar un paso al frente: fue tercera en la lista de Reconquête a las europeas y acabó con escaño en Estrasburgo. En marzo de 2026 se presentó a la alcaldía de París y superó el listón del 10%. Ahora acaba de publicar Le Casse du siècle («El atraco del siglo»), un «thriller fiscal» sobre el Estado socialdemócrata despilfarrador. Ha vendido más de 120.000 ejemplares en quince días. 

 

Le llaman burguesa, elitista, tecnócrata. ¿De dónde viene usted?
 

Soy una hija del pueblo, nacida en una banlieue francesa, y Éric Zemmour también: él es hijo de un conductor de ambulancias. Venimos de orígenes humildes y triunfamos gracias a los estudios, a los libros, a la cultura. Él en el periodismo, yo como servidora pública. Si defendemos una forma de elitismo, queremos una élite que sirva al pueblo.
 

Durante años fue la mujer en la sombra. ¿Por qué salió a la luz?


Durante todo este tiempo organicé, estructuré, pensé… pero me quedé en segundo plano. Hace poco decidí cruzar ese umbral y defender nuestras ideas de frente.

 

Los libros de los políticos tienen mala fama. ¿Por qué el suyo sería distinto?
 

Los políticos publican libros que tienen todos el mismo tema: ellos mismos. Mi libro no habla de mí, sino de su dinero, de su nómina, de sus urgencias, de la escuela de sus hijos.

 

¿De dónde parte la investigación?
 

De una pregunta que me hago desde hace diez años, a lo largo de todas las experiencias que he tenido: ¿adónde va el dinero de nuestros impuestos? ¿Adónde va a parar la riqueza francesa, producida por un pueblo tan ingenioso y tan trabajador?
 

Deme una cifra.
 

A lo largo de su carrera, un asalariado que cobra 2.000 euros netos entrega más de un millón de euros a la administración. Ha leído bien. ¿Sabe que hoy gastamos 234.000 millones de euros más que en 2020, el año del Covid y del «cueste lo que cueste»?
 

¿Y dónde se pierde ese dinero?


¡Lo destruyen! He seguido el dinero partida por partida: en la sanidad, en la policía, en la escuela.
 

La izquierda le diría que defender el poder adquisitivo es dar más ayudas.
 

Es mentira, y nos negamos a participar en ella. El poder adquisitivo no es el dinero que el Estado nos da: es el dinero que el Estado no nos quita. A partir del día 16 de cada mes, los franceses ya no trabajan para sí mismos, sino para financiar un gasto público disparatado. Los franceses no quieren vivir de subsidios, quieren vivir de su trabajo.
 

Hay quien dice que a los franceses no les gusta trabajar.


Detesto la idea de que los franceses son vagos, de que quieren trabajar lo mínimo. Esa visión, tan condescendiente, también es de izquierdas. El socialismo es una máquina extraordinaria de maniatar a la gente, y Francia es su víctima favorita. Queremos destruir esa máquina.

 

Se presentó a la alcaldía de París. ¿Qué ciudad se encontró?


Una tragedia. Doscientos mil vecinos se han marchado en veinte años.

 

Hizo campaña contra la inmigración y a favor de más seguridad. ¿No es un discurso que divide?


Hoy la inmigración es el tema que más consenso genera en el pueblo francés.
 

¿Y el velo?
 

El velo simboliza la sumisión de la mujer.
 

Usted se define como soberanista. ¿Qué significa eso en el Parlamento Europeo?


La soberanía es un medio, no un fin. Hay que ponerla a trabajar para un objetivo, que hoy es defender nuestras naciones y nuestras identidades. Soy francesa, y a veces me tienta la rivalidad con los alemanes. Pero no quiero vivir en un mundo donde Berlín se convierta en una ciudad turca, donde Colonia deje de ser Colonia. No somos un único pueblo, pero somos la misma civilización. Quiero seguir viviendo en un mundo donde París siga siendo París, Bruselas siga siendo Bruselas, Roma siga siendo Roma y Budapest siga siendo Budapest.
 

Sobre el acuerdo con Mercosur, Emmanuel Macron prometió firmeza.
 

La palabra de Emmanuel Macron ya no vale nada.

 

En 2024, usted era implacable con Marine Le Pen.


Un país donde solo un partido puede presentarse a las elecciones se llama dictadura. Cuando oigo a Marine Le Pen afirmar que el islam es compatible con nuestro viejo país, cuando la oigo defender más impuestos cuando ya somos el país con más impuestos del mundo, cuando veo a sus diputados defender la gestación subrogada, me digo: «Menos mal que Éric Zemmour creó Reconquête».
 

Dos años después, en LCI, le preguntan si entraría en un gobierno de Jordan Bardella. Y responde: «¿Por qué no?». ¿Qué ha cambiado?
 

Vamos a necesitar entendernos.

 

¿Sigue habiendo diferencias con el Rassemblement National de Marine Le Pen?


Tiene reflejos socialistas. Ha votado a favor de un impuesto sobre la riqueza y ha pedido gravar los «superbeneficios» de Total. Y Marine Le Pen repite sin cansarse que no es de derechas. Pero no hay ninguna pelea que reconciliar: nuestros votantes son los mismos. Hay que acabar con el teatro del cordón sanitario.
 

¿Quién será el candidato de Reconquête?
 

Deseo que sea Éric Zemmour. Es el candidato natural de Reconquête.

 

Su libro la ha puesto en el mapa. ¿No es el trampolín de su propia ambición?
 

Más bien al revés: ¡soy yo la que está al servicio de mi libro! La verdadera medida del éxito será que se entienda. No solo que se compre, ni solo que se lea: que se entienda.
 

¿Qué propone para desbloquear el país?
 

Francia no será feliz mientras solo sea democrática un día cada cinco años. Quiero gobernar confiando en el pueblo, con referéndums periódicos.
 

¿Y qué les dice a los franceses que la escuchan?
 

Os quitan vuestro dinero y os piden que os calléis. 

 

Defínase políticamente en tres palabras.
 

Lucidez, verdad, sencillez. La lucidez permite ver el mundo como es, y no como uno querría que fuera. La verdad permite definir con exactitud los problemas más urgentes. La sencillez, porque las mejores soluciones están a nuestro alcance, ante nuestros ojos: basta con aplicarlas. ¿Qué le falta al mundo político? Lucidez, verdad y sencillez. Vamos a acabar con esa escasez.


 

Nota: Esta entrevista compilatoria se ha creado a partir de múltiples respuestas realizadas por Saraf Knafo a diversos medios de comunicación franceses. 

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