El caso vasco y PISA: la realidad indeseada del sistema hegemónico
El pasado domingo leí una noticia que, por una parte, me produjo rabia y por otra satisfacción personal. La noticia era que... “los alumnos que hicieron en castellano PISA sacaron la cuarta mejor nota de España”.
Eso parece positivo, ¿verdad? Leído así. Lo que ocurre es que la otra cara de la noticia es que los alumnos de inmersión lingüística obligatoria, forzada, han tenido el efecto contrario.
Mi rabia deriva de que tras cuarenta años de pelea personal por la defensa de los derechos individuales en materia de lengua materna, y persistiendo en algo tan razonable como es que se cumpla la ley (Normalización lingüística del año 1982, artículo 16.2, que establece que las políticas lingüísticas habrán de adaptarse a la realidad social y cultural de las zonas que comprenden la geografía vasca), mis advertencias sobre la debacle en los egresos educativos, y más específicamente, en las destrezas lectoras, la comprensión lectora y la comprensión verbal, han sido corroboradas con el dato contemplado en ese título de la noticia.
Fíjense en el detalle. Los alumnos que han hecho la prueba PISA en castellano, es decir, la lengua materna de al menos el 85 % del alumnado vasco, se han situado en la cuarta mejor nota de España, mientras que los alumnos que han hecho la prueba en la lengua de inmersión obligatoria están en la cola del ranking de los resultados en comprensión lectora no solamente de España, sino de los países de la OCDE. Y teniendo en cuenta que la comprensión verbal es una aptitud mental primaria y que su carencia impide los aprendizajes básicos; y que su abundancia y calidad los facilita (lo que se suele decir “mimbres mentales”), esa debacle en comprensión lectora es fruto, precisamente, de la destrucción en la adquisición culta del lenguaje materno, a través de la cual, de acuerdo a múltiples fuentes expertas consultadas, se adquiere la competencia básica para el pensamiento lógico deductivo y el éxito escolar.
Incluso otra aptitud mental primaria como el razonamiento abstracto deviene en buenos resultados o pobres si “el logos”, la lengua que reciben los niños en su seno familiar y social, está pobremente adquirida.
Es paradójico que,en la década de los años veinte del siglo pasado, próceres nacionalistas defendieran en congresos mundiales vascos este criterio. Y también resulta chocante que en la República se asumiera como criterio razonable la prevalencia de tres modelos según la lengua de uso ordinario de los educandos, muy similarmente a los actuales modelos que Bildu se empeña en erradicar, y que, en la práctica han sido fulminados (modelo B y A), convirtiendo al D (todo en euskera) en el modelo matriz general.
Eso lo expuse yo en una comparecencia en el año 21, es decir, hace un lustro, en el Parlamento Vasco, llevado por Vox en el seno de la personación de expertos para una reforma de la ley educativa vigente. Durante 15 minutos desarrollé una batería de argumentaciones de carácter científico, es decir, sometidas al criterio de teóricos del desarrollo y del aprendizaje en la infancia, y expliqué la gráfica del Informe PIRLS relacionada con cuarto de Primaria en la variable “comprensión lectora”. Tras mi exposición explicativa de los pobres resultados que ese estudio de la OCDE proyectó sobre los resultados vascos, y de sus efectos y consecuencias sobre los egresos educativos generales, el turno de preguntas se consumió en una sola intervención correspondiente a la única parlamentaria vasca de Vox, mientras el resto de los grupos se limitó a darme las gracias (por mera cortesía parlamentaria), liquidando la sesión sin más análisis de la realidad vasca en materia educativa.
Resulta descorazonador, por otra parte, que la consejera del ramo en el Gobierno Vasco aluda a la penuria de resultados en esta materia bajo el argumento simplista y estereotipado de que se debe al excesivo abuso de las pantallas, que, sin duda, es uno de los factores que influyen, pero en este caso, como bien sabe esta nacionalista de salón, no es la madre del cordero de la cuestión. Balones fuera.
Tras aquella comparecencia mía en el año 21 de este milenio, increpé a que, de una vez, se cumplala Carta de los derechos del niño de 1959, y la de 1989, en las que se define como principio regulador de esos derechos el del Superior Interés del Niño. Es decir que ningún otro propósito, por muy político que sea, o interés, debe suplantar el de la protección de los derechos fundamentales de la infancia, cosa que no se cumple.
En aquella sesión, con el debido respeto a sus señorías, les invoqué a cumplir los requerimientos del Derecho Natural que protege la dignidad humana, y que dicha dignidad deviene del primigenio derecho de la infancia a que prevalezca su desarrollo como personas, que es la fuente y principio de cualquier sistema educativo que se precie.
Pero no... en esta tierra de Túbal -yo diría de Caín- lo único que prevalece es el control mental de la población y la “construcción nacional”, es decir la destrucción de España como unidad, y el asentamiento tras cuatro décadas de prevalencia obligada por la diáspora de doscientos mil residentes vascos obligados por el ambiente de coacción y terrorismo y una población bien pastoreada moviendo el árbol para recoger las nueces,de un cacicato bien afincado, donde los nacionalistas campan a sus anchas en un régimen feudal, encorsetando las conciencias y limitando las libertades de lo que llamamos ciudadanía. Esto no se parece en nada a un régimen basado en el principio del respeto a los individuos como detentadores del sistema de derechos y de libertades. Me limito a los resultados.
Lo fundamental para estos aprendices de brujos es la “hegemonía cultural” gramsciana basada en retazos de medias verdades en los contenidos curriculares, grandes lagunas en el conocimiento en las materias humanísticas para que la gente olvide cuál es su raíz, legado cultural real y linaje. Y llevarlos como rebaño hacia las ubres de los batxokis o herriko tabernas.
Llevo muchos años luchando por los niños y sus derechos y por un sistema educativo vasco que merezca ser tenido como tal. Pasé por la Delegación del Gobierno del País Vasco de forma efímera, como asesor. Vi que no había nada que hacer y me marché. Me liberé por un tiempo para organizar las primeras elecciones sindicales en el sector público de educación en el año 85. UGT que era en aquel tiempo mi sindicato (insisto en que era en aquel tiempo). Hoy no lo sería; ganó por amplia mayoría aquellas elecciones en Álava con un programa que contenía fundamentalmente la calidad educativa con el soporte de una carrera docente y una mejor formación. En aquel programa abogábamos por un sistema educativo despojado de elementos ideológicos y destinado a lo que tiene como objeto, que es el alumno.
Eso motivó que me propusiera, el que fuera viceconsejero de Educación, como Delegado Territorial de Educación en Alava, (año 86). Y como tal intenté introducir racionalidad en la planificación de la educación en Alava, frenando la apisonadora de la euskaldunización como caballo de Troya para el adoctrinamiento nacionalista. Me encontré con múltiples fuegos provocados por el mundo abertzale que iba apagando, pero con la pasividad y el abandono por parte del Departamento. Lo importante era tener buena relación con los nacionalistas, no una buena gestión de los asuntos educacionales.A los tres años dimití por ver que, en esas condiciones, sin apoyos, no se podía hacer nada.
Diversas expediencias más me dejaron claramente al descubierto que lo importante para el PSOE no era el combate contra el terrorismo, ni una educación vasca que no fuera correa de transmisión de una hegemonía no controlada ni corregida, de los caciques territoriales vascos. Y me marché del PSOE. Una de las decisiones más clarividentes que he tomado en la vida. Hoy me producen naúseas.
El PSOE miente más que habla. Lo que dicen sus programas es papel mojado. Son lo mismo o peor que los nacionalistas. Y a los resultados me atengo.
Decía al comienzo de este desarrollo que este domingo, al ver la noticia de El Correo, tuve también la satisfacción de que, por fin, se descubriera públicamente la justificación de mi trayecto vital durante tanto tiempo, sin apenas resultados prácticos.
El motivo, triste motivo, de esa satisfacción se limita a una sensación de revancha, vil sensación, por ver cumplido que lo que yo avisaba señalando a los responsables en la Comisión de Educación del Parlamento Vasco, diciéndoles que ellos serían los culpables y se les exigiría la responsabilidad por hacer caso omiso a la advertencia de que se iba a la debacle educativa.
Y hoy mi advertencia se ha cumplido. La cuestión es si alguien pedirá responsabilidades para que los culpables paguen por sus malas obras.
El pasado domingo leí una noticia que, por una parte, me produjo rabia y por otra satisfacción personal. La noticia era que... “los alumnos que hicieron en castellano PISA sacaron la cuarta mejor nota de España”.
Eso parece positivo, ¿verdad? Leído así. Lo que ocurre es que la otra cara de la noticia es que los alumnos de inmersión lingüística obligatoria, forzada, han tenido el efecto contrario.
Mi rabia deriva de que tras cuarenta años de pelea personal por la defensa de los derechos individuales en materia de lengua materna, y persistiendo en algo tan razonable como es que se cumpla la ley (Normalización lingüística del año 1982, artículo 16.2, que establece que las políticas lingüísticas habrán de adaptarse a la realidad social y cultural de las zonas que comprenden la geografía vasca), mis advertencias sobre la debacle en los egresos educativos, y más específicamente, en las destrezas lectoras, la comprensión lectora y la comprensión verbal, han sido corroboradas con el dato contemplado en ese título de la noticia.
Fíjense en el detalle. Los alumnos que han hecho la prueba PISA en castellano, es decir, la lengua materna de al menos el 85 % del alumnado vasco, se han situado en la cuarta mejor nota de España, mientras que los alumnos que han hecho la prueba en la lengua de inmersión obligatoria están en la cola del ranking de los resultados en comprensión lectora no solamente de España, sino de los países de la OCDE. Y teniendo en cuenta que la comprensión verbal es una aptitud mental primaria y que su carencia impide los aprendizajes básicos; y que su abundancia y calidad los facilita (lo que se suele decir “mimbres mentales”), esa debacle en comprensión lectora es fruto, precisamente, de la destrucción en la adquisición culta del lenguaje materno, a través de la cual, de acuerdo a múltiples fuentes expertas consultadas, se adquiere la competencia básica para el pensamiento lógico deductivo y el éxito escolar.
Incluso otra aptitud mental primaria como el razonamiento abstracto deviene en buenos resultados o pobres si “el logos”, la lengua que reciben los niños en su seno familiar y social, está pobremente adquirida.
Es paradójico que,en la década de los años veinte del siglo pasado, próceres nacionalistas defendieran en congresos mundiales vascos este criterio. Y también resulta chocante que en la República se asumiera como criterio razonable la prevalencia de tres modelos según la lengua de uso ordinario de los educandos, muy similarmente a los actuales modelos que Bildu se empeña en erradicar, y que, en la práctica han sido fulminados (modelo B y A), convirtiendo al D (todo en euskera) en el modelo matriz general.
Eso lo expuse yo en una comparecencia en el año 21, es decir, hace un lustro, en el Parlamento Vasco, llevado por Vox en el seno de la personación de expertos para una reforma de la ley educativa vigente. Durante 15 minutos desarrollé una batería de argumentaciones de carácter científico, es decir, sometidas al criterio de teóricos del desarrollo y del aprendizaje en la infancia, y expliqué la gráfica del Informe PIRLS relacionada con cuarto de Primaria en la variable “comprensión lectora”. Tras mi exposición explicativa de los pobres resultados que ese estudio de la OCDE proyectó sobre los resultados vascos, y de sus efectos y consecuencias sobre los egresos educativos generales, el turno de preguntas se consumió en una sola intervención correspondiente a la única parlamentaria vasca de Vox, mientras el resto de los grupos se limitó a darme las gracias (por mera cortesía parlamentaria), liquidando la sesión sin más análisis de la realidad vasca en materia educativa.
Resulta descorazonador, por otra parte, que la consejera del ramo en el Gobierno Vasco aluda a la penuria de resultados en esta materia bajo el argumento simplista y estereotipado de que se debe al excesivo abuso de las pantallas, que, sin duda, es uno de los factores que influyen, pero en este caso, como bien sabe esta nacionalista de salón, no es la madre del cordero de la cuestión. Balones fuera.
Tras aquella comparecencia mía en el año 21 de este milenio, increpé a que, de una vez, se cumplala Carta de los derechos del niño de 1959, y la de 1989, en las que se define como principio regulador de esos derechos el del Superior Interés del Niño. Es decir que ningún otro propósito, por muy político que sea, o interés, debe suplantar el de la protección de los derechos fundamentales de la infancia, cosa que no se cumple.
En aquella sesión, con el debido respeto a sus señorías, les invoqué a cumplir los requerimientos del Derecho Natural que protege la dignidad humana, y que dicha dignidad deviene del primigenio derecho de la infancia a que prevalezca su desarrollo como personas, que es la fuente y principio de cualquier sistema educativo que se precie.
Pero no... en esta tierra de Túbal -yo diría de Caín- lo único que prevalece es el control mental de la población y la “construcción nacional”, es decir la destrucción de España como unidad, y el asentamiento tras cuatro décadas de prevalencia obligada por la diáspora de doscientos mil residentes vascos obligados por el ambiente de coacción y terrorismo y una población bien pastoreada moviendo el árbol para recoger las nueces,de un cacicato bien afincado, donde los nacionalistas campan a sus anchas en un régimen feudal, encorsetando las conciencias y limitando las libertades de lo que llamamos ciudadanía. Esto no se parece en nada a un régimen basado en el principio del respeto a los individuos como detentadores del sistema de derechos y de libertades. Me limito a los resultados.
Lo fundamental para estos aprendices de brujos es la “hegemonía cultural” gramsciana basada en retazos de medias verdades en los contenidos curriculares, grandes lagunas en el conocimiento en las materias humanísticas para que la gente olvide cuál es su raíz, legado cultural real y linaje. Y llevarlos como rebaño hacia las ubres de los batxokis o herriko tabernas.
Llevo muchos años luchando por los niños y sus derechos y por un sistema educativo vasco que merezca ser tenido como tal. Pasé por la Delegación del Gobierno del País Vasco de forma efímera, como asesor. Vi que no había nada que hacer y me marché. Me liberé por un tiempo para organizar las primeras elecciones sindicales en el sector público de educación en el año 85. UGT que era en aquel tiempo mi sindicato (insisto en que era en aquel tiempo). Hoy no lo sería; ganó por amplia mayoría aquellas elecciones en Álava con un programa que contenía fundamentalmente la calidad educativa con el soporte de una carrera docente y una mejor formación. En aquel programa abogábamos por un sistema educativo despojado de elementos ideológicos y destinado a lo que tiene como objeto, que es el alumno.
Eso motivó que me propusiera, el que fuera viceconsejero de Educación, como Delegado Territorial de Educación en Alava, (año 86). Y como tal intenté introducir racionalidad en la planificación de la educación en Alava, frenando la apisonadora de la euskaldunización como caballo de Troya para el adoctrinamiento nacionalista. Me encontré con múltiples fuegos provocados por el mundo abertzale que iba apagando, pero con la pasividad y el abandono por parte del Departamento. Lo importante era tener buena relación con los nacionalistas, no una buena gestión de los asuntos educacionales.A los tres años dimití por ver que, en esas condiciones, sin apoyos, no se podía hacer nada.
Diversas expediencias más me dejaron claramente al descubierto que lo importante para el PSOE no era el combate contra el terrorismo, ni una educación vasca que no fuera correa de transmisión de una hegemonía no controlada ni corregida, de los caciques territoriales vascos. Y me marché del PSOE. Una de las decisiones más clarividentes que he tomado en la vida. Hoy me producen naúseas.
El PSOE miente más que habla. Lo que dicen sus programas es papel mojado. Son lo mismo o peor que los nacionalistas. Y a los resultados me atengo.
Decía al comienzo de este desarrollo que este domingo, al ver la noticia de El Correo, tuve también la satisfacción de que, por fin, se descubriera públicamente la justificación de mi trayecto vital durante tanto tiempo, sin apenas resultados prácticos.
El motivo, triste motivo, de esa satisfacción se limita a una sensación de revancha, vil sensación, por ver cumplido que lo que yo avisaba señalando a los responsables en la Comisión de Educación del Parlamento Vasco, diciéndoles que ellos serían los culpables y se les exigiría la responsabilidad por hacer caso omiso a la advertencia de que se iba a la debacle educativa.
Y hoy mi advertencia se ha cumplido. La cuestión es si alguien pedirá responsabilidades para que los culpables paguen por sus malas obras.




















