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Winston Galt
Lunes, 28 de Septiembre de 2026 Tiempo de lectura:

Mari Carmen no es una víctima

Mari Carmen Abascal, de 87 años, ha sido finalmente desahuciada del piso de la calle Alcálde Sainz de Baranda, en el barrio de Retiro de Madrid, donde vivía desde 1956. El contrato de renta antigua lo firmó su padre. A su muerte se subrogó la madre. Cuando ésta falleció en 2005, se subrogó ella. ¡Han tardado 19 años en poder desahuciarla!, lo que demuestra que España es un país sin Ley, al menos de una Ley que merezca llamarse así.

 

Durante décadas pagó una renta ridícula —alrededor de 440 o 500 euros actualmente— por un piso de unos 90 metros en una de las zonas más caras de la capital. El mercado actual pediría en torno a 2.500 euros. El Tribunal Supremo dio la razón a la propiedad (después de 19 años, pues el contrato quedaba extinguido en 2007). El lanzamiento se ejecutó tras varios intentos, entre protestas y el traslado de la inquilina en camilla.

 

La narrativa dominante es previsible: una anciana vulnerable, un "fondo buitre", una ley franquista y el capitalismo despiadado.

 

Falta, como siempre en el relato de la izquierda, la verdad: La víctima real no es Mari Carmen. Las verdaderas víctimas son los propietarios que, durante generaciones, vieron cómo el Estado les obligaba a mantener una vivienda a precio bajísimo para beneficio de una familia que no la había comprado.

 

Quienes habían comprado la vivienda con su dinero legítimo, habían pagado los impuestos abusivos y pertinentes, setenta años de IBI, y previsiblemente otros gastos, como seguro, comunidad, etc, no han podido disfrutar ni un solo día de su propiedad desde que la maldita ley franquista de arrendamientos urbanos se la robase.

 

La ley franquista era profundamente socialista. Se vende como un logro o una contradicción que fuera el decreto Boyer, socialista, el que permitiese, después de tantos años, el desahucio. Pero ni es un logro ni es una contradicción, sino la constatación de lo que hemos dicho aquí muchas veces: el Partido Socialista ha sido el continuador natural del franquismo. El franquismo fue profundamente socialista (falangista) durante sus primeros veinte años, y sólo el aperturismo de los años sesenta permitió cierto desarrollo económico.

 

Mari Carmen no era una persona ignorante ni económicamente en la indigencia (lo que ahora se llama falsamente "vulnerable", en el lenguaje que toda la izquierda utiliza y que, ¡cómo no!, la derecha ha hecho suyo). Había tenido un trabajo de cierta cualificación, disponía de una pensión digna, y aún así ha continuado disfrutando una propiedad que no le pertenece a costa de sus legítimos propietarios por un precio irrisorio. La Ley permite el abuso, discrimina socialmente a unos en favor de otros (es decir, esclaviza a unos para beneficio de otros), y atenta contra la propiedad privada. Por tanto, es ley en sentido positivo y una injusticia en sentido moral. Es una ley que, si hubiera políticos valientes y honrados, estaría entre sus objetivos abolirla de raíz (no existe actualmente el concepto de renta antigua e indefinida, pero ya lo están pidiendo desde Sol, y las prórrogas forzosas y la ocupación actuales son favorecidas por la ley vigente, lo cual supone una expropiación de facto en contra de los propietarios).

 

Por tanto, Mari Carmen no sólo NO es una víctima, es una persona sin vergüenza en toda la extensión del término, en el sentido más profundo de la expresión. La lástima que da es la lástima de los idiotas, de los débiles mentales y de los que sienten más lástima por el verdugo que por la víctima. Dada la perversión moral que sufre España, no es extraño que tanta gente sienta lástima por quien no tiene vergüenza.

 

El caso es utilizado por la izquierda, ¡cómo no!, para lanzar sus mensajes equivocados, pero que confunden a gran parte de la población, haciéndole creer que la moral está de parte de la que ha abusado sin pudor alguno durante décadas de una familia que compró honradamente (da igual que ahora la vivienda sea de una empresa o de un fondo, que tienen derecho a disfrutar su derecho de propiedad también).

 

La izquierda ya está montando, con la complicidad del Gobierno, otro estúpido 15M. Los cientos de personas que se concentran allí (ninguno protesta por Ceuta), y los que comparten sus inquietudes, son el ejemplo perfecto del nivel intelectual y moral de una sociedad venida a menos y profundamente imbécil. Esas personas no sólo son ignorantes de cómo debe funcionar un mercado, sino que defienden, como única solución, más intervención pública, cuando todos los intentos de solucionar el problema de la vivienda desde el poder político han fracasado (y son las políticas públicas, precisamente, las que crean el problema: escasez de suelo, altos impuestos, regulaciones que encarecen el producto, etc). Esto demuestra varias cosas: que el coeficiente intelectual de los españoles cada vez es más bajo, que el pensamiento de la izquierda es el esquema mental de una secta (ajeno por completo a la realidad y los hechos), y que tenía razón aquel polaco que dijo que el socialismo es una estupidez, esto es, un esquema sencillo para mentes simples.

 

Mientras tanto, la derecha llora por las esquinas para justificar que hizo por Mari Carmen todos los esfuerzos posibles, cuando la tal Mari Carmen no se merecía ni necesitaba, dada su pensión, que se hiciera por ella ninguno; y la empresa recula y en un ejercicio de cobardía pretende ahora volver a dejar la vivienda a Mari Carmen. La coacción de la izquierda en pleno ejercicio domina el relato social.

 

Para reforzar el relato, se ha montado la escenografía ridícula habitual de la izquierda: la patética Ana Belén (¿qué de malo ha hecho el comunismo?, y que pronto estará encantada de cantar: ¡¡Ahí está, ahí está, la Puerta de Abdallah!!) salió de su mansión para leer un poema de otro comunista ante gente que no ha leído jamás un poema y que si lo leyera no lo entendería. El Barden menos tonto le dio sus ánimos a Paquita. Y el ganado aplaudió fervorosamente.

 

Esta es la gente que vota a la izquierda y cuyas decisiones tenemos que soportar los demás. Va siendo hora de plantearse cómo deben afectar las decisiones, aunque sean mayoritarias, de unos sobre otros y de cómo evitar que esto ocurra. Va siendo hora de plantearse la democracia en estos términos de mayorías tiránicas. Se trata de un mecanismo profundamente injusto de exacción de unos a costa de otros y eso no hay democracia ni argumento político que lo justifique. Hay que empezar a buscar mecanismos de justicia real que eviten que las Mari Carmen de turno y el ganado de la izquierda nos roben nuestra vida.

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