El antisemitismo sale gratis
La escritora judía Ariana Harwicz ha sido excluida –cancelada, se dice ahora— del festival de Granada. No sólo eso, sino que 500 escritores y similares han refrendado la cancelación por su semitismo, como la reacción más lógica a semejante personalidad.
Como se ve, ser antisemita está de moda, sobre todo entre la izquierda. Pero no siempre fue así. En su día, Israel consiguió la entrada en la ONU gracias al voto de la Unión Soviética y sus países satélites. Y en aquella época y en años posteriores, los intelectuales progresistas se mostraban partidarios de la experiencia política israelí, sobre todo con la creación de los kibutz, comunidades colectivas basadas en los principios del socialismo.
Hoy las cosas han cambiado, sobre todo entre nosotros, que no acudimos a Eurovisión por la presencia de Israel o que boicoteamos la Vuelta Ciclista a España por la participación de un equipo hebreo. Pero el antisemitismo no nos afecta sólo a nosotros, Acaba de celebrarse el partido de fútbol entre Irlanda y el país de Netanyahu y, más allá del resultado, los jugadores de Eire no han hecho más que desplantes a sus adversarios.
Así están, querámoslo o no, las cosas. En cuanto al Gobierno español, obvio es decirlo, se hacen un día sí y otro también menciones denigratorias al país hebreo. La última, la de la ministra Sira Rego, que reiterando declaraciones anteriores de otra miembro de su Gabinete afirmó que Gaza debía ser libre “desde el río hasta el mar”, reconociendo así su deseo del exterminio del Estado de Israel que ocupa parte de ese territorio. La reconvención de Jerusalén al encargado de negocios de España es lo menos que podría pasar.
El antisemitismo aparece muchas veces entre nosotros sin venir a cuento. Por ejemplo, en la concentración de la Puerta del Sol en apoyo a la desahuciada Mari Carmen flameaban banderas palestinas cuando ese asunto no se dirimía entre los concentrados. Por cierto, banderas palestinas sí, pero ni una sola en apoyo a los ceutíes en esta hora de angustia para ellos.
Como se ve, el antisemitismo está de moda, sin que semejante actitud suponga ningún menoscabo para sus practicantes.
La escritora judía Ariana Harwicz ha sido excluida –cancelada, se dice ahora— del festival de Granada. No sólo eso, sino que 500 escritores y similares han refrendado la cancelación por su semitismo, como la reacción más lógica a semejante personalidad.
Como se ve, ser antisemita está de moda, sobre todo entre la izquierda. Pero no siempre fue así. En su día, Israel consiguió la entrada en la ONU gracias al voto de la Unión Soviética y sus países satélites. Y en aquella época y en años posteriores, los intelectuales progresistas se mostraban partidarios de la experiencia política israelí, sobre todo con la creación de los kibutz, comunidades colectivas basadas en los principios del socialismo.
Hoy las cosas han cambiado, sobre todo entre nosotros, que no acudimos a Eurovisión por la presencia de Israel o que boicoteamos la Vuelta Ciclista a España por la participación de un equipo hebreo. Pero el antisemitismo no nos afecta sólo a nosotros, Acaba de celebrarse el partido de fútbol entre Irlanda y el país de Netanyahu y, más allá del resultado, los jugadores de Eire no han hecho más que desplantes a sus adversarios.
Así están, querámoslo o no, las cosas. En cuanto al Gobierno español, obvio es decirlo, se hacen un día sí y otro también menciones denigratorias al país hebreo. La última, la de la ministra Sira Rego, que reiterando declaraciones anteriores de otra miembro de su Gabinete afirmó que Gaza debía ser libre “desde el río hasta el mar”, reconociendo así su deseo del exterminio del Estado de Israel que ocupa parte de ese territorio. La reconvención de Jerusalén al encargado de negocios de España es lo menos que podría pasar.
El antisemitismo aparece muchas veces entre nosotros sin venir a cuento. Por ejemplo, en la concentración de la Puerta del Sol en apoyo a la desahuciada Mari Carmen flameaban banderas palestinas cuando ese asunto no se dirimía entre los concentrados. Por cierto, banderas palestinas sí, pero ni una sola en apoyo a los ceutíes en esta hora de angustia para ellos.
Como se ve, el antisemitismo está de moda, sin que semejante actitud suponga ningún menoscabo para sus practicantes.



















